lunes, 14 de septiembre de 2026

Misión al planeta Tierra: FLEX

Fuente: Forschungszentrum
Jülich
 Pensar en esta entrada nos hace volver a los días de escuela. Se trata de la fotosíntesis, el proceso por el que las plantas sintetizan alimentos a partir del dióxido de carbono atmosférico y la luz solar, con el que terminan emitiendo oxigeno a la atmósfera. Es una simplificación, lo sabemos, pero sin la fotosíntesis, la vida en la Tierra sería imposible. Por eso su estudio es, aún a día de hoy, un importantísimo tema.

Pero, ¿se puede ver la fotosíntesis desde el espacio? No. Sin embargo, lo que sí podemos adivinar es su estado. Las plantas, dependiendo de su tipo, transmiten luz infrarroja que los sensores orbitales pueden detectar y, a través de éstas imágenes, saber, por ejemplo, cuando una cosecha está "estresada", ya sea por calor, frío, falta de agua, y otros factores. En la actualidad, los sensores en los satélites como Landsat o Sentinel-2 son las mejores herramientas porque cuentan con la cobertura, longitudes de onda y resolución para estos estudios.

En el año 2009, Japón puso en órbita el primer satélite dedicado al estudio del cambio climático: GOSAT. También conocido como Ibuki, su misión es la de estudiar gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono y el metano. Pronto, en sus datos se descubrió una débil señal la cual, tras diversos experimentos, se descubrió que era una fluorescencia procedente de las plantas, asociada a la clorofila de las plantas cuando hacen la fotosíntesis. Y la NASA descubrió que sus misiones OCO-2 y OCO-3 eran capaces de registrar esta fluorescencia.

Esta es una época en la que la vida vegetal está más estresada que nunca. Ya hay una misión enfocada en el estudio de la masa forestal como es Biomass. Pertenece a la ESA, y la agencia europea dio un paso
más cuando, en noviembre del 2015, aprobó una nueva misión dedicada en exclusiva al estudio de esta fluorescencia.

La octava misión Earth Explorer responde al acrónimo de FLEX, el Explorador de Fluorescencia. Se dedicará en exclusiva a este elusivo componente del sistema terrestre usando un instrumento a la última.

La forma más barata y rápida de tener listo un satélite es usar una plataforma común. Para FLEX se recurre a la francesa Myriade, que ya ha dado satélites como PARASOL o Picard. Se trata de un satélite considerado pequeño, pero a la última en tecnología. Su pequeño bus se forma en dos partes, el módulo de servicio y el de interfaz de carga útil. Se construye principalmente en aluminio además de contar con elementos en polímero reforzado
Fuente: ESA/Mlabspace
con fibra de carbono, por ligereza y resistencia. Una vez en el espacio, sus medidas serán de 1.5 x 4.9 x 1.6 metros. Sus sistemas internos son conocidos, y se basan, en algunos elementos, en la serie de satélites Sentinel-3. Su ordenador usa un procesador ERC-32, con una memoria interna de 8 GB, que gestiona las operaciones de a bordo, y almacena toda la información en un grabador de datos en dos módulos de 256 GB cada uno. Como muchos otros, usa un sistema de comunicaciones de banda-S bidireccional para recepción de comandos y envío de telemetría, y uno unidireccional de banda-X para la transmisión de datos a alta velocidad. Estabilizado en sus tres ejes, usa los elementos básicos: escáner estelar (dos unidades), ruedas de reacción (cuatro unidades) y un magnetómetro, sensores solares, un receptor de GNSS, entre otros. También usará propulsión, cuatro pequeños motores para maniobras orbitales. Dos paneles solares desplegables (superficie activa total de 3.69 m²) alimentarán de energía al satélite, y la almacenará en una batería de ión-litio. En cuanto al control termal, más bien pasivo con mantas multicapa más calentadores eléctricos. ¿Qué decir de su instrumentación? Que es único en su tipo. FLORIS, el Espectrómetro de Imágenes de Fluorescencia, es
Fuente: ESA/ATG medialab
un sistema de luz visible. Nada de infrarrojos, o ultravioleta. Pura luz visible. No es lo habitual, sólo conocemos el que cargó la misión LCROSS a la Luna en tiempos recientes. Se ha configurado como un sistema pushbroom hiper espectral de dos canales. Un único telescopio sirve a ambos. Se trata de una unidad de cinco lentes (apertura, 75.6 mm) en forma de objetivo Petzval que, en su entrada, cuenta con un scrambler de polarización. La luz llega, tras recorrer el tren óptico del telescopio (longitud focal, 234.5 mm, f/3.1) a un ensamblaje de doble abertura, cada una en uso para cada canal. Ambos canales son semejantes, con un espectrómetro tipo Offner con rejillas holográficas y sensores CCD. El canal HR, de Alta Resolución, registrará la luz entre 670 y 780 nm, usando dos detectores con 1060 x 450 pixels de superficie activa. Por su parte, el canal LR, de Baja Resolución, observará la luz entre 500 y 758 nm, usando un único CCD idéntico. FLORIS se ha diseñado para detectar las bandas del Oxígeno-A (759-769 nm), Oxígeno-B (686-697 nm), absorción de la clorofila (600-677 nm) y el índice de absorción fotoquímica (500-600 nm). La configuración del instrumento le dota un campo de visión de 150 km para una resolución de 300 metros. Repostado y listo para el lanzamiento, FLEX declara una masa de 400 kg.

Fuente: ESA–P. Carril
Por el tamaño y el peso del satélite, queda claro que lo más sensato es usar un lanzador ligero. Por eso, se recurre al Vega-C desde Kourou. Y no viajará solo porque lo hará acompañado por Sentinel-3C. Por los diseños de ambos, este último estará en la posición superior, mientras que FLEX, dentro de una cofia secundaria, se sitúa en la inferior. Su lanzamiento, para el día 15. De hecho, es muy apropiado, porque ambos van a la misma órbita, polar sincrónica solar, a 814 km de altitud. El ciclo repetitivo de FLEX será de 27 días.

Fuente: ESA/ATG medialab
La idea detrás de FLEX es la de no estar solo. No, porque orbitará a poca distancia (entre 40 y 100 km) de uno de los satélites Sentinel-3, concretamente en la primera unidad lanzada, de momento. Una vez en posición y plenamente verificado, FLEX observará su campo de visión y, con los datos en tierra, se podrán fusionar con los que generen los sensores OLCI y SLSTR de Sentinel-3A

Durante tres años y medio, FLEX proporcionará daros para estudiar globalmente la fluorescencia (técnicamente, Fluorescencia Inducida por el Sol) para poder inferir la
Fuente: ESA/ATG medialab
fotosíntesis. Dos son los objetivos: medir globalmente la fluorescencia de la vegetación, y a partir de ella cuantificar la actividad fotosintética y el estrés de la vegetación. Con esta información los científicos serán capaces de ver la reacción de la vegetación al clima cambiante de la Tierra.

Pequeño tamaño, misión hercúlea. Necesita un poco de suerte.

lunes, 31 de agosto de 2026

Ventana al espacio (CCIX)


 Marte creciente (Psyche/PMI-A) (Fuente: NASA/JPL-Caltech/ASU)

domingo, 23 de agosto de 2026

Bajo el rojo: Telescopio Espacial Nancy Grace Roman

Fuente: NASA,
ESA, S. Beckwith
(STScI), and
The Hubble
Heritage
Team (STScI/AURA)
 No es necesario que imaginéis las imágenes del telescopio Hubble. Además, hablan por sí mismas. La agudeza, la calidad, la profundidad... Sin embargo, si miráis al cielo, e intentáis imaginar su campo de visión... pues teniendo como escala la Luna llena, resulta que podría ser tan pequeño como, tal vez la cabeza de un alfiler. Con telescopios más modernos, como Euclid, ahora podemos observar grandes franjas del cielo de una sentada. ¿Y si en vez de uno, tenemos más? ¿Y si, además, resulta tener la calidad de imagen del mismísimo Hubble? Dejad de soñar. Su lanzamiento está a la vuelta de la esquina.

La idea de un telescopio con la calidad de imagen del gran observatorio espacial pero con un campo de visión mucho mayor nació hacia el comienzo de la década del 2010 en uno de los muchos estudios que
suelen presentarse. Se le denominó WFIRST, o Telescopio de Rastreo Infrarrojo de Campo Ancho. Al mismo tiempo, en la NASA se barajó la posibilidad de tener un telescopio para el estudio de la materia y la energía oscura. Aún más, existía la posibilidad de que la agencia recibiera, como donación, dos telescopios procedentes de la NRO, la Agencia Nacional de Reconocimiento, que opera los satélites espía del gobierno estadounidense. ¿Y si fuera posible fusionar todas estas ideas en una gran misión, la siguiente GRAN misión después del telescopio James Webb? La fusión se la conoció, durante un tiempo como WFIRST-AFTA (Activos Telescópicos Enfocados a la Astrofísica), y los trabajos progresaron. Al final, tras numerosas decisiones sobre el observatorio, qué cohete usar, dónde lanzarlo, el proyecto fue aprobado para su desarrollo el 17 de febrero del 2016, con una misión dedicada a la cosmología y a la exploración. Pero, ¿cómo nombrarlo?

Los grandes observatorios que lanza la NASA suelen nombrarse en honor de grandes figuras de la astronomía. Muchos de estos nombres son de astrónomos que contribuyeron en el avance de la astronomía. Sin embargo, ¿Quién da nombre al nuevo telescopio?

Nancy Grace Román (Nashville, 1925-Germantown, 2018) fue una astrónoma de vocación muy temprana. Su madre fue profesora de música, mientras su padre fue físico y matemático, por lo que su destino en ciencias estaba cantado. Es cierto que, en la época de su juventud una mujer dedicada a la ciencia, especialmente en astronomía, era algo casi nunca visto, hasta el punto que hubo profesores que intentaron disuadirla, sin éxito. Estudió primero en la universidad Swarthmore College, para después trasladarse a la de Chicago. Se doctoró en 1949, para dedicar sus esfuerzos en las estrellas, su estudio espectroscópico. También estaba versada en el análisis de datos, y tan pronto como 1954 propuso a la Universidad de Chicago la adquisición de un ordenador para poder procesar los datos de observación. Sin embargo, un gigante de la astronomía como fue Subrahmanyan Chandrasekhar rechazó la idea al considerarla no útil para el propósito. Decisiones como está, y la total falta de oportunidades para las mujeres en los estudios superiores y la investigación hicieron que Roman abandonase la Universidad. En este tiempo publicó diversos artículos científicos. Uno de ellos versa sobre el estudio de estrellas semejantes al Sol, que ella dividió en dos categorías según su contenido químico y sus movimientos, siendo las que tienen menor abundancia de elementos pesados que el hidrógeno y el helio se mueven más rápido que las que cuentan con una mayor cantidad. También pudo descubrir que las estrellas comunes, a pesar de su parecido entre sí, no necesariamente tienen la misma edad. Y, también pudo ver que aquellas estrellas con líneas de emisión más fuertes se mueven más próximas al centro galáctico, mientras que las que no se mueven en patrones más elípticos fuera del plano galáctico, una primera descripción de la forma de la Vía Láctea. Este estudio dio la primera pista de la formación de nuestra galaxia, siendo el precursor de trabajos futuros, y hoy es considerado como uno de los 100 artículos más importantes del siglo. En 1955 publicó un catálogo de estrellas de alta velocidad, en el que proporciona un método para encontrar estrellas más pesadas. Incluso en 1959 ya publicó un artículo acerca de la posibilidad de encontrar planetas alrededor de otras estrellas. Después de abandonar Chicago, el astrónomo Gerard Kuiper le sugirió entrar en el Laboratorio de Investigación Naval, entrando en está institución en 1954 en el programa de radio astronomía, geodesia y propagación del sonido bajo el agua. En el tiempo en que trabajó allí entró en uno de los primeros proyectos de la recién nacida NASA, el Vanguard. Era tal su prestigio que fue invitada a la Unión Soviética para dar una charla en Armenia con motivo de la inauguración de un observatorio. Se convirtió en la primera civil occidental en visitar Armenia tras el inicio de la Guerra Fría.

Roman entró en la NASA en 1959, para convertirse, un año después, en la jefa de astronomía dentro de la agencia. De este modo, era ella quien, a lo largo de los siguientes 21 años, decidía qué misiones debían seguir adelante, y cuáles no, según su valor científico. Ella heredó el programa de los Observatorios Solares Orbitales (OSO) y, durante su tiempo en el cargo, además, autorizó los OAO, los primeros observatorios astronómicos en el espacio, los Pequeños Satélites Astronómicos (tres unidades ya conocidas en está crónica), los experimentos llevados a cabo en las misiones tripuladas Gemini, Apollo, Skylab y Spacelab (en los transbordadores), puso en marcha el Observatorio Aerotransportado Kuiper (antecesor de SOFIA), así como misiones tan pioneras como IRAS, IUE, COBE (que ganaría el premio Nobel) y, sobre todo, el proyecto del LST.

Sí, fue Roman la fuerza viva tras la aprobación y el diseño de lo que acabaría siendo el telescopio Hubble. Fue su empeño el que fundó el Instituto Científico del Telescopio Espacial (que hoy en día gestiona a Hubble y Webb) . Fue ella la que agarró el petate y se marchó a hablar y convencer a los congresistas para que aprobarán el proyecto. Fue ella misma quien se presentó en el mismo Congreso para hablar a favor del proyecto. Fue ella la que empujó a usar sensores CCD en los instrumentos del telescopio. Y ella estuvo en el primer comité de selección científico para el telescopio. Creía hasta tal punto en el proyecto que estaba convencida que está herramienta permitiría dar pasos en la detección y estudio de planetas fuera del sistema solar. Ella propuso, en 1980, usar la coronografía como método mara encontrarlos, y con los instrumentos que se montarían a bordo del gran observatorio se podría conseguir. También que el telescopio sería capaz de detectar planetas más allá de muestro sistema solar mediante astrometría. Spoiler: acertó. Podemos decir que, si ella, el telescopio Hubble no sería el enorme éxito que es hoy. Creemos que su nombre es uno que todo el mundo debería conocer gracias a sus contribuciones. Que un nuevo observatorio lleve su nombre es un primer paso.

Fuente: Goddard Space Flight Center
Ya conocemos a la persona. Es el momento de hacer lo mismo con el observatorio. El Telescopio Espacial Nancy Grace Roman (Lo llamaremos Roman para abreviar) es una verdadera bestia, con 12.7 metros de alto y 4.4 de ancho. Como es la tendencia actual se puede separar en dos partes. Casi todo lo que necesita para funcionar se sitúa en el módulo de servicio, de 4 metros de diámetro y 2 de alto, con forma hexagonal. En verdad, nos gustaría conocerla más íntimamente, pero la NASA ha sido parca en detalles sobre sus tripas. Claro, sabemos que está estabilizado en sus tres ejes usando lo básico para que su orientación sea lo más precisa y estable posible. Sí conocemos dos aspectos de los sistemas se a bordo. Así, cuenta con
Fuente: Goddard Space Flight Center
Scientific Visualization Studio
un sistema de comunicaciones dual, con banda-S como sistema bidireccional (telemetría de ingeniería y comandos desde Tierra) más el canal científico en banda-Ka, que transmitirá datos de sus sensores a una cadencia de hasta 500 Mbps, ya que se esperará que genere, al día, hasta 1.4 Terabytes de datos. Para esto, usará una antena parabólica de 1.7 metros de diámetro y sólamente 10.7 kg. de masa. Casi nada. El otro aspecto conocido está en su generación de energía con seis paneles solares de 2.3 metros, totalizando 3092 células entre todos los segmentos. Cuatro de ellos se desplegarán una vez en el espacio, los otros son fijos. Generarán un total de 4 Kw de electricidad para el telescopio. Ah, y contará con
Fuente: NASA
propulsión propia. El núcleo del telescopio Roman es su telescopio. Y su espejo primario es una de estas donaciones del NRO, siendo una unidad de 2.4 metros de diámetro. Sí, es como el del Telescopio Hubble. Sin embargo, el instalado en Roman tiene una masa de 186 kg, es decir, menos de un cuarto del peso del situado en su antecesor, gracias a las nuevas técnicas de fabricación. El espejo es la pieza central de un sistema reflector topo anagtismático de tres espejos, (f/7.4), y optimizado para observar el espectro electromagnético entre 0.48 y 2.3 micrones, convirtiéndolo en un observatorio infrarrojo. A bordo serán dos los instrumentos. WFI, Instrumento de Campo Ancho, es el principal de la misión. Realizará la mayoría de observaciones de la misión puesto que es el único plenamente dedicado a la ciencia. Un
espejo mete la luz en el instrumento, atravesando el Ensamblaje de Rueda de Elementos hasta llegar, en un ángulo de 90°, al plano focal, una espectacular unidad que dispone de dieciocho sensores de mercurio-cadmio-telurio. Semejantes a los usados en el telescopio Webb, el formato de cada unidad es de 4096 x 4096 pixels, pixels más pequeños que en las unidades de las que deriva, es decir, más sensibles, más datos. Contará en total con 300 megapixels, creando así imágenes descomunales. Además, el plano focal está sobre un sistema
de seis patas que servirá para el óptimo enfoque del telescopio. A esto hay que unirle la funcionalidad de la rueda de elementos. Dispone de once posiciones, ocho para filtros de imágenes, uno ocupado por un grisma (mezcla de prisma y rejilla de difracción) para espectroscopia sin abertura de alta dispersión (1-1.93 micrones), un prisma para espectroscopia sin abertura de baja dispersión (0.75-1.80 micrones) y una posición oscura para calibración. Es decir, con WFI, Roman hará estudios de imágenes y espectroscopia de amplias franjas del cosmos y, al carecer de estrechas aberturas para espectroscopia, los estudios serán de campo integral, por lo que sacará un espectro de cada pixel del plano focal. Impresionante. El segundo instrumento es más una prueba tecnológica. Se llama, simplemente, Coronógrafo. Es cierto que hay instrumentos en Hubble y
Webb que disponen de máscaras para tapar la luz estelar y así estudiar los alrededores de una estrella. El coronógrafo de Roman lleva esto más allá. Cuenta con un total de ocho espejos parabólicos convencionales descentrados, dos espejos "flexibles", un espejo de dirección rápida como entrada, un sistema de control de enfoque más diversos juegos de máscaras y filtros, así como un nuevo tipo de sensor denominado CCD de multiplicación de electrones, que observarán entre 575 y 825 nanómetros. Cuenta con tres modos de observación: imagen directa estrecha, imagen directa ancha, y espectroscopia. La idea es conseguir una cantidad de supresión de luz estelar muy superior a la que se consigue con los sistemas actuales, lo que permitiría al instrumento obtener imágenes directas de un planeta extrasolar y, con la suficiente resolución, hacer estudios, ya de su atmósfera, ya incluso de su superficie. Es un experimento tecnológico y, como tal, su prioridad es más baja. Si demuestra operaciones exitosas, puede ser la clave para el probable Observatorio de Mundos Habitables. Una vez repostada y lista, Roman declarará una masa de unos 8000 kg. Casi nada.

Para el lanzamiento de semejante peso pesado no se han andado con chiquitas. Para nada, se ha escogido el más potente del catálogo: ni más ni menos que el Falcon Heavy. Sí, el Falcon 9 pero con dos núcleos adicionales, lo que eleva el número de motores a veintisiete. El suelo temblará cuando el cohete ruja a plena potencia el día 30.

En los primeros días de la propuesta, del proyecto, hubo graves dudas sobre en qué lugar del espacio ubicar a Roman. Unos eran partidarios de situarla en órbita geoestacionaria, o en su defecto, geosincrónica. ¿Por qué? La idea que tenían era la de mantener el telescopio en el espacio, más o menos como se hizo con el telescopio Hubble. Para Roman, el mantenimiento se hubiera hecho con medios robóticos, si bien se habló de mandar naves como Orion con astronautas para hacer la tarea. Otros sugirieron una alternativa más económica: el
Fuente: Goddard Space Flight Center
Scientific Visualization Studio
punto de Lagrange L2, ya un poco ocupado. Con el observatorio allí, se eliminaba cualquier posibilidad de mantenimiento, haciendo el proyecto más económico. Como el dinero no abunda, la decisión quedó tomada: acompañará al telescopio Webb y a Euclid en torno al L2. Como la experiencia ha demostrado, ir hasta allí no es algo inmediato. Son unos cuatro meses de viaje, dependiendo de la trayectoria. ¿Qué hacer en este tiempo, cruzarse de brazos? En absoluto. Horas después de separarse de la etapa superior, los paneles solares se desplegarán y, dos días después del despegue la antena de alta ganancia se desplegará, e inmediatamente después la cubierta que cierra la abertura del telescopio (en realidad, una manta multicapa que se tensará una vez en
Fuente: Goddard Space Flight Center
Scientific Visualization Studio
posición vertical) se desplegará. Ese será el punto de partida del período de pruebas y calibración de todos los subsistemas de a bordo, incluyendo los instrumentos. En este tiempo las primeras pruebas tecnológicas con el coronógrafo comenzarán. No esperéis las primeras imágenes en los primeros días; para la primera luz de Roman habrá que esperar unos tres meses. Sólo después de esto, llegará la inserción orbital en el L2, usando su propulsión. Tras más pruebas, y una reducción de temperatura en el telescopio y los instrumentos (es enteramente pasiva en este sentido) entrará en operaciones.

Fuente: NASA
La misión de Roman se enfoca en los problemas de la cosmología centrados en la materia y la energía oscuras (para una explicación sobre esto, por favor, leed aquí). Como es algo que no se puede ver directamente sino percibir sus efectos, lo que hará será algo análogo a lo que hace Euclid en este mismo momento: observar grandes franjas del cielo de una sola vez. Hemos hablado de que tendrá la calidad de imagen del telescopio Hubble, con un campo de visión mayor. ¿Hasta qué punto? El de Roman es, en esencia, doscientas veces mayor. Mientras que su antecesor necesita cientos de imágenes para enseñarnos la galaxia de Andrómeda, o M31, Roman
Fuente: NASA/GSFC/
ASU/Lunar
Reconnaissance Orbiter;
Background Sky Image
Credit: Digitalized
Sky Survey and R. Gendler
apenas usará cuatro. Pero también dedicará su potencia de observación para la hercúlea tarea de localizar planetas extrasolares usando uno de los métodos más complejos llamado Microlensing. ¿En qué consiste? Imaginad que observáis una estrella situada bastante lejos de nosotros. De repente, otra estrella, más cercana, aparece delante. El efecto de este cuerpo masivo más cercano es el de una lupa, ampliando, por efecto de su gravedad, la luz de la más lejana. Si, en ese preciso momento, un planeta que órbita esa estrella lejana pasa justo por delante, la señal del tránsito será más clara. Ya se han descubierto exoplanetas con este método, pero que es una oportunidad única. Ya hace unos años se hizo una demostración con el telescopio Kepler, en su misión extendida K2, cuyos resultados completos ignoramos. Además de este método, podrá detectarlos usando el más habitual método del tránsito, y usando la imagen directa con el coronógrafo. Por último, el programa de observación permitirá tocar otros temas, como la astrometría (ahora que la misión Gaia ha terminado), eventos transitorios, espectroscopia general para el estudio del espacio entre galaxias, y las propias galaxias... Un programa de amplio espectro.

Su misión durará cinco años, de los cuales el setenta y cinco por ciento del tiempo será la exploración de campo ancho de amplias franjas de la bóveda celeste. Estás exploraciones se dividen en fases. La primera se centrará en regiones de altas latitudes cósmicas, norte y sur. Estás exploraciones se dedicarán a estudios de materia y energía oscura, al tiempo que indagará en problemas de evolución galáctica, formación estelar, estudiará los vacíos cósmicos, la materia entre galaxias, y otros. La segunda fase seguirá centrada en las altas latitudes, pero centrada en el dominio
temporal, es decir, cambios en las galaxias, detección de estallidos estelares, como los GRB's o las supernovas (hasta cien mil se calcula que podría detectar), y otros eventos transitorios. Y la tercera fase estará centrada también en el dominio temporal, pero en el centro galáctico. Es en está etapa de la misión en la que buscará exoplanetas mediante el Microlensing, tanto alrededor de estrellas como vagando por la galaxia en solitario, los llamados planetas "rebeldes". También detectará enanas marrones, enanas blancas, estrellas de neutrones, practicará astrosismología... Sus
imágenes nos mostrarán una región a rebosar de estrellas, nebulosas, cúmulos estelares, criaderos... Sus datos, además, de todas estas fases, se usarán para un programa de astrofísica general: detección de novas, obtención de imágenes de campos profundos (como los telescopios Hubble, Chandra o XMM-Newton), estudios de formación estelar, y cualquier otra idea que tengan los astrónomos.

Con los telescopios Hubble y Webb, conseguimos los detalles precisos y preciosos de los fenómenos del cosmos. Con Roman, conseguiremos la gran imagen, que será la fuente de nuevas maravillas que explorar más profundamente. En uno de esos raros casos, una misión prevista para la primavera del 2027 ha acabado adelantándose nueve meses. ¿Las prisas habrán merecido la pena? El tiempo, y sus imágenes, lo dirán.

viernes, 31 de julio de 2026

Ventana al espacio (CCVIII)

 

La bóveda celeste en luz visible, desde TESS (Fuente: NASA/MIT/TESS and Veselin Kostov (University of Maryland College Park))

martes, 7 de julio de 2026

De tres en tres

 Sí, lo admitimos: lo hemos retrasado por necesidad. Pero todo aquello que se hace esperar merece más la pena. Ya lo veréis.

A diferencia de la visita a Dinkinesh, el paso cercano a Donaldjohanson por parte de Lucy no resultó tan espectacular. Un poco de contexto antes.

El sobrevuelo de Lucy a 52246 Donaldjohanson ya estaba previsto al comienzo de la misión. Se planeó para ser el ensayo general de la misión antes de que la sonda alcanzará sus objetivos troyanos. Su distancia de sobrevuelo, mil km., se hizo conservadora a propósito. Y llegó, el 20 de abril del año pasado. 

Fuente: NASA/Goddard/SwRI/
Johns Hopkins APL/NOIRLab
En las horas posteriores al encuentro, practicado a 960 km. de distancia, fue muy poco lo que vimos del asteroide. ¿Interesante? Siempre. Las imágenes nos devolvieron un cuerpo formado por dos objetos, con un estrecho cuello. Fuertemente craterizado, como es norma, los tiene tirando a desgastados. Gracias a la información recibida, se calcula que posee unas medidas de 8.8 x 4.4 x 3.1 km. Sí, rota sobre sí mismo, con bastante lentitud, en diez días y medio. Lo interesante llegó hace poco: resulta que también se mueve en su eje longitudinal, bamboleándose de acá para allá cada veintiséis días y medio. Mola, ¿eh? Pues ya veréis. Por la información recogida, se establece que está forma de cacahuete que tiene es el resultado de una "colisión" suave, y que su rotación era mucho más veloz, para irse frenando gradualmente. La causa de está reducción muy posiblemente fue a causa del ciclo diurno y nocturno, el calentamiento solar y el posterior enfriamiento nocturno causando la deceleración de su rotación. En cuanto a la apariencia desgastada de los cráteres, fue a causa de las fuerzas que actuaban y que llevó al impacto, causando como desprendimientos. Con respecto a su clasificación, es un tipo C de asteroides carbonáceos, y los
Fuente: NASA/Goddard/SwRI/
Dan Gallagher
datos espectrales de Lucy muestran la existencia de minerales arcillosos ricos en hierro. ¿Qué significa? Es muy probable que el cuerpo original del que se originó contó con agua líquida; sin embargo, la exposición resultó breve, de ahí la existencia del hierro. Según el equipo científico, es más joven que otros similares investigados, como Bennu o Ryugu, y el hecho de permanecer en el cinturón principal significa poca alteración. Ya lo veis: interesante por derecho propio, y un anticipo de lo que nos espera el año que viene, cuando alcance los primeros asteroides troyanos de su misión. Ah, por cierto: si queréis saber los nombres que han recibido sus formaciones geológicas, mirad aquí.

Podríamos haber redactado está entrada tiempo atrás, cuando nos percatamos de que en poco tiempo veríamos dos objetos nuevos, gracias a dos sondas procedentes del continente asiático.

Cuando Hayabusa2 nos entregó su carga en diciembre del 2020, la sonda estaba más que capacitada para seguir. Por eso los responsables de la misión idearon un plan de misión extendida de lo más interesante, haciendo uso intensivo de su impulsión iónica. Son dos los objetos a investigar, y hace nada que ha observado el primero.

Descubierto por el proyecto LINEAR el 3 de febrero del 2001, recibió la designación 2001 CC21. Órbita al Sol entre 0.8 y 1.3 unidades astronómicas de nuestra estrella, tardando 1.05 años en completarla. Se le considera un tipo A de asteroides silicatados, con un eje de rotación inclinado 5°, rotando en 5.02 horas. Por supuesto, una vez seleccionado para ser inspeccionado, se le dio nombre, mediante un concurso. Por eso se llama, desde septiembre del 2024, como 98943 Torifume. Este nombre procede de la historia del nacimiento de los dioses de Japón tras la creación del archipiélago nipón. Y ya, hasta el sobrevuelo del pasado día 5.

Fuente: JAXA, The
University of Tokyo, Chiba
Institute of Technology,
Institute of Science
Tokyo, AIST, Paris
Observatory, IAC
Para el sobrevuelo, la sonda usó toda su instrumentación, si bien sólo tenemos un par de apuntes procedentes de la cámara de alta resolución (ONC-T) y su instrumento termal (TIR). ¿Qué nos encontramos? Pues otro binario por contacto. Recuerda un poco a Itokawa, salvo sin una zona despejada. Las rocas abundan y con un sobrevuelo hecho a 800 metros de distancia, podemos ver que no hay apenas zonas despejadas. Luego está la imagen termal, que enseña la distinta inercia térmica de la superficie, mayor en la zona de máxima insolación, con un cuello mucho más frío, más que nada por las formas del objeto. Aún faltan datos del espectrómetro de infrarrojo cercano, la cámara de campo ancho y su altímetro láser. Además, por la geometría del sobrevuelo y la arquitectura de la sonda, sólo hay información en la fase de aproximación, pero no durante la partida. No os preocupéis: lo mejor está por llegar.

Hay que decirlo: Hayabusa2 ya da muestras de fatiga en su impulsión iónica. Un aumento de voltaje en los neutralizadores está reduciendo la capacidad de empuje de ellos. Recordemos que cuenta con cuatro, habiendo usado tres intensivamente en su tarea primaria. En vista de la aparición de este problema, se optó por usar el cuarto, pero también da muestras de fatiga. En vista que tiene otro encuentro asteroidal previsto para julio del 2031 (el 1998 KY26, de aproximadamente once metros de diámetro y rotando en cinco MINUTOS) se optará por incrementar el flujo de combustible para reducir el desgaste. Con dos sobrevuelos a la Tierra previstos (diciembre del 2027 y junio del 2028) toda la capacidad tendrá que estar disponible. Ah, y mientras ha sido capaz de detectar dos exoplanetas (previamente conocidos) usando su cámara más potente. Está es la operación más llamativa de las realizadas. Sólo queda esperar a que llegue el resto.

Hay un tercer punto de interés en lo que se refiere a asteroides. Hace años y un poco que China lanzó su Tianwen-2 y, como con cualquier misión procedente de este populoso país, poco se ha sabido de lo que ha hecho. Lo único que teníamos era el plan de misión, que declaraba que, para el 7 de junio, la sonda llegaría a su primer destino, el 469219 Kamoʻoalewa, para alcanzarlo y empezar a verlo para comienzos de este mes. Dicho y hecho.

Las primeras noticias no llegaron de las autoridades chinas, no. Fueron radioaficionados los que, vigilando las señales de radio procedentes desde la sonda, descubrieron un gran desplazamiento Doppler el pasado 7 de junio, denunciando un gran cambio de velocidad. Ya hablamos que cuenta con propulsión química y motores iónicos. Para está, empleó la química. En días posteriores se pudieron detectar más cambios en la señal recibida, denunciando nuevas maniobras, más pequeñas. En principio, la sonda debía situarse a 20 km de su objetivo para el pasado día 4. ¿Lo consiguió?

Fuente: CNSA
Hay que admitirlo: no es la mejor imagen del mundo, pero es suficiente para ver un objeto irregular, muy irregular, posiblemente abrupto y con regiones de color más claro y oscuro. Recordemos, la distancia es de veinte km, mientras que el objeto es de unos 40 metros (estimados) de diámetro, rotando en menos de 28 minutos. Recordad: es solamente un primer vistazo. Con el paso del tiempo, se irá acercando, hasta el punto de posarse y recoger muestras de su superficie. Para eso, toca esperar (y que informen).

Tres asteroides distintos, tres sondas diferentes. Todos con su propia personalidad. ¿Qué pensáis de estos objetos?

martes, 30 de junio de 2026

Ventana al espacio (CCVII)

 

La región Cygnus X, desde SPHEREx (Fuente: NASA/JPL-Caltech/IPAC/Hora et al.)

domingo, 31 de mayo de 2026

Ventana al espacio (CCVI)

 

Eclipse anular de Sol, 17 de febrero del 2026, desde Proba-2. (Fuente: ESA/Royal Observatory of Belgium)

miércoles, 27 de mayo de 2026

Aves de paso (y II)

 No pensábamos hacer una segunda parte, sin embargo resulta necesaria. Sí, la temporada de sobrevuelos marcianos acabó. Al menos, durante un tiempo. En el futuro no hay ninguo programado. Así que, veamos qué nos ha deparado esta vez.

Fuente: NASA/JPL-Caltech/ASU/SwRI
Pero antes, rebobinemos. Sí, al encuentro que practicó Europa Clipper. Allí donde lo dejamos, apenas nos entregó una diminuta imagen termal y palabras sobre que su radar REASON funcionó sin problemas. Sólo semanas y meses después la misión nos entregó algo más. Lo primero fue una imagen (algo) mejor desde E-THEMIS, a un día del sobrevuelo y a 900.000 km del planeta. Sigue sin ser gran cosa pero... En la imagen, podemos ver bien el disco bien redondo, una mancha oscura que es su casquete polar norte, más una zona circular que es la provincia volcánica de Elysium. Ah, y como dos pequeños puntitos, los dos satélites marcianos. Un detalle más: no sólo demostró registrar la temperatura, también su segundo canal espectral. Si en la primera imagen, más lejana, usaba el primero, que cubre el rngo de los 7 a 14 micrones (el mismo que el THEMIS de Mars Odyssey) en esta la imagen registra entre los 14 y 28 micrones. Pero lo interesante, sin ninguna duda, fueron los datos de REASON. El radar operó durante cuarenta minutos a distancias de entre 5000 y 884 km del planeta, generando, en ese plazo, un total de seis gigabytes de datos. Datos que no envió a casa hasta más de dos meses después. Han sido muy
Fuente: NASA/JPL-Caltech/UT-Austin
valiosos porque ha sido la primera prueba funcional del sistema, demasiado grande para hacerlo en la Tierra. A la espera de un mejor procesado (los procedimientos están en formación), el equipo procesó lo que llegó en forma de un "radargrama" que abarca una amplia franja ecuatorial de las planicies volcánicas marcianas. Lo qué vemos es un perfil topográfico, con sus cráteres, montes, pendientes inclinadas... a lo largo de 900 km. El sistema funciona, y todo lo del procesado necesita trabajo, pero es una buena señal. Ah, y no desfallezcais. Para diciembre de este año Europa Clipper nos sobrevolará, para su último impulso hacia Júpiter.

Mejor volvamos a la actualidad, ¿sí? Marte ha vuelto a tener visita, de una nueva sonda al cinturón de asteroides. Como hizo Dawn en su día, su prima hermana Psyche ha hecho lo propio. Un detallito: a la hora de planificar Dawn, la misión no contemplaba pasar por el planeta rojo. Con el aplazamiento de su despegue, se vio que se podía usar una visita allí para recibir un pequeño empujón que alterara su inclinación sobre la eclíptica. El paso de Psyche se planeó con el mismo objetivo. 

A diferencia de las múltiples misiones de espacio profundo, que se reservan para sí el bruto de los datos, y sólo publicar el resto meses (o años) después de capturarlos, la misión Psyche tomó la decisión divulgativa de abrir una página de imágenes en bruto, como las marcianas de superficie o Cassini en su día. Por lo general, es sólo el espacio vacío, con las estrellas de fondo... Todo cambió cuando tuvo Marte a la vista. 

Fuente: NASA/JPL-Caltech/ASU
Psyche
obtuvo las primeras vistas de Marte el pasado día dos de mayo. A pesar de la distancia, esta primera secuencia nos mostró que la sonda se estaba aproximando al planeta rojo desde "detrás", viendo de este modo un lejano creciente. Un detalle más que estas imágenes nos han ofrecido no es ver las lunas, sino operativo. Como Dawn, cuenta con dos cámaras gemelas, con la única diferencia siendo la orientación. Por ello, durante la aproximación usó la cámara B, con todos sus filtros.

Como el único encuentro de estas características antes de alcanzar el asteroide, la misión Psyche decidió encender toda la carga útil para el encuentro con Marte, el 15 de mayo. No sólo las cámaras (con enorme herencia "marciana") también su magnetómetro y sus espectrómetros de rayos gamma y neutrones. Tiene todo el sentido porque ya conocemos bastante del entorno magnético del planeta, y poseemos toda una base de datos de composición química recabada por Mars Odyssey. Como Hera y Europa Clipper antes que ella, la intención fue la calibración previa a alcanzar su destino.

La sonda sobrevoló Marte con éxito, a una distancia de máxima aproximación de 4609 km de la superficie, con todos los instrumentos encendidos y recabando datos durante todo el evento. Lo más interesante, obviamente, son las imágenes. Durante el encuentro, Psyche cambió a usar la cámara A,
Fuente: NASA/JPL-Caltech/ASU
obteniendo interesantes vistas de diversas regiones marcianas, como el cráter Huygens. Aparte del clásico color óxido del planeta, la combinación de filtros ha permitido mostrarnos algo de la composición superficial. Y mientras se marchaba, nos permitió ver el casquete polar sur, con vistas de alta resolución. En los días posteriores, Psyche continuó capturando vistas de un Marte más pequeño hasta ya no ver nada más. Sin duda, nos sirven como buen anticipo para cuando llegue al asteroide.

¿Y del resto? Aún no tenemos confirmación total, pero parece que el magnetómetro fue capaz de registrar la onda de choque de la magnetosfera marciana. En cuanto a los sensores de rayos gamma y neutrones, su adquisición careció de problemas. Pero lo importante fue la maniobra en sí. Marte aceleró a Psyche lo suficiente para que llegue a su destino en agosto del 2029. Además, alteró la inclinación de su trayectoria 1° con respecto a la eclíptica. Puede parecer poco, sin embargo, con el tiempo y el uso de su impulsión iónica, la aumentará hasta hacerla coincidir con la de su destino, el asteroide Psyche, que es de 3.1°. 

Ya veis: no sólo Venus y nosotros servimos para las asistencias gravitatorias. Vale cualquier planeta. O, como las misiones Galileo y Cassini demostraron, hasta los satélites grandes. Usar Marte puede resultar excepcional, pero ya que está, y con las investigaciones en curso allí, se pueden hacer ínter comparaciones.

Visitas un mundo para una cosa, y te marchas, además, con bonitas postales. ¿Qué más se puede pedir?

jueves, 30 de abril de 2026

Ventana al espacio (CCV)

Llamarada solar del 4 de febrero (intensidad X4.2), desde SDO (Fuente: NASA/SDO)

miércoles, 22 de abril de 2026

Ventana a la Tierra (XXV)


 El volcán Pico de Fogo, en la isla Fogo, Cabo Verde (EO-1/ALI) (Fuente: Jesse Allen/NASA EO-1 team)

Ventana a la Tierra (XXIV)


 El delta del río Mekong, desde Sentinel-2. (Fuente: Copernicus Sentinel data/ESA)

Ventana a la Tierra (XXIII)


 República de Maldivas, desde Sentinel-3. (Fuente: Copernicus Sentinel data/ESA)

Ventana a la Tierra (XXII)

 

Temperatura de la superficie y de la capa superior de nubes, desde MTG-S1. (Fuente: Thales/OHB/Eumetsat/ESA)

jueves, 2 de abril de 2026

Misión al planeta Tierra: SMILE

 Son muchos los que sonríen al ver al Sol (no un servidor), pero todos esos deben tener en cuenta una cosa sobre nuestra estrella: nos bombardea constantemente. No hace más que echarnos encima el viento solar, también llamaradas, eyecciones de masa coronal… Si no fuera por nuestra magnetosfera, nuestro escudo protector, la vida en la Tierra, tal y como la conocemos, sería improbable, por no decir imposible. Hay que decir que, de la magnetosfera sabemos poco, sobre todo de cómo reacciona ante tanta agresión. Pues bien, es hora de que veamos cómo funciona este reino de lo invisible.

Durante los primeros años de la era espacial, la única forma que teníamos de “ver” cómo respondía la magnetosfera a todo lo que Helios nos echaba encima era mediante los sensores in situ de los satélites que poníamos en órbita. Datos muy útiles, que no quepa duda. Pero todo cambió tras el lanzamiento de la misión Dynamics Explorer allá por 1981. De los dos satélites que componían el proyecto, uno de ellos contaba con algo inaudito para el estudio de la magnetosfera: un sistema de visión. Llamado SAI, observaba en luz visible y en ultravioleta. Durante el tiempo de misión, fue la primera que nos proporcionó imágenes globales de las auroras desde su alta órbita. Tras esta misión, se lanzarían más, como el dúo Wind y Polar (la primera aún en funcionamiento, en torno al L1), con la segunda teniendo varias cámaras, incluyendo una de rayos X. Pero la que de verdad cambió la perspectiva fue IMAGE. Lanzada en el año 2000, casi en el máximo solar de aquellos días, proporcionó información crucial en el tiempo que funcionó (de su “muerte”,
Fuente: B. Sandel
and T. Forrester,
Univ. of Arizona.
“resurrección”, y otra vez “muerte”, ya hablaremos otro día). Si resultó rompedora fue porque se trató de la primera misión que estudiaría, de forma remota, la respuesta de la magnetosfera a la agresión del viento solar. Contaba con varias cámaras (dos de luz ultravioleta, y tres “cámaras” de átomos neutrales energéticos, o ENA’s) que nos ofrecieron toda la película de qué pasaba en torno a nosotros. Desde entonces hasta ahora, sólo las misiones in situ nos han proporcionado una parte de la imagen global. Ya es hora de cambiar, creemos desde aquí.

A diferencia de lo que pasa en Estados Unidos, donde sus científicos tienen prohibido, POR LEY, colaborar con la ciencia china, la Agencia Europea del Espacio tiene firmes lazos de cooperación con el gigante asiático. Allí se recuerda, con orgullo, la cooperación con la misión china Double Star, dos satélites que, los cuales, contaban con instrumentación, en muchos casos, idéntica a la que portaban los satélites Cluster II. Así, desde el lanzamiento del primero, hasta su fin de misión, entre los años 2003 y 2007 la constelación Cluster se compuso de seis satélites, no los cuatro originales. La cooperación sigue y, además de entrenar conjuntamente astronautas de la ESA y taikonautas de la agencia china, se tomó la decisión de llevar la cooperación más allá. Así, la ESA y la Academia de Ciencias de China seleccionaron, y más tarde aprobaron, a finales del 2015, nuestra protagonista de hoy.

Responde al acrónimo de SMILE, Explorador de Conexión Viento solar-Magnetosfera-Ionosfera, y su tarea es, virtualmente, análoga a la de IMAGE: el estudio de la respuesta de la magnetosfera al flujo del viento solar. Y busca hacerlo observando continuamente durante horas. ¿Cómo? Averigüémoslo.

 A la hora de producir SMILE, la ESA y la Academia de Ciencias de China (CAS en inglés) se repartieron las responsabilidades aproximadamente al cincuenta por ciento. Por ejemplo, CAS encargó la plataforma a la firma IAMC de Shanghai. Este elemento, dividido en el módulo de servicio y el módulo de propulsión, cuenta con casi todo lo básico para funcionar. La plataforma se ha construido usando paneles de fibra de carbono de
Fuente: ESA/CNES/Avio/Optique
vidéo du CSG–P Piron
polímero reforzado, alojando los distintos subsistemas en su interior. Su ordenador, por ejemplo, usa un procesador SPARC V8, con 256 MB de RAM dinámica. Hace funcionar todo, como un sistema de comunicaciones en banda-S que emplea varias antenas de baja ganancia. Controlará el satélite en sus tres ejes, empleando tres escáneres estelares, siete sensores solares, dos giróscopos, un complejo de cuatro ruedas de reacción, más el sistema de propulsión, compuesto por doce motores de maniobra más un motor principal de 490 Newtons de empuje. Y los tanques de combustible, claro. Ah, y un receptor de GNSS acoplado a una de las antenas. Parte del sistema energético está aquí, con todo su aparataje, incluyendo una batería de ion litio. En cuanto al control termal, elementos activos y pasivos, como mantas multicapa, tuberías de calor, o radiadores. La ESA encargó a Airbus de Madrid el módulo de carga útil.
Fuente: ESA
Se ha construido en aluminio, quedando acoplado a la parte superior del módulo de servicio de la plataforma mediante ciento veinte tornillos. Sirve como base para casi todos los instrumentos de a bordo, y además se ha diseñado con un alto grado de independencia operacional. Sí, recibe la energía de la plataforma, si bien los paneles solares se acoplan mecánicamente a este módulo, contando con los mecanismos de despliegue y sistemas de amortiguación. Cada panel solar, proporcionado por China, cuenta de tres secciones cada uno, y ofrece una superficie activa total de 4.1 m², generando así más que de sobra para funcionar. Un aspecto interesante del módulo de carga útil es la inclusión de un ordenador propio, llamado ECU, Unidad de Control Extendida. Se usará para gestionar la operación de los instrumentos, almacenando la información generada en un grabador de datos masivo de hasta 260 Gb. En la ECU se sitúa el módulo de procesado general, el núcleo del ordenador de la sección europea del satélite que se asegura una completa interfaz con el ordenador de la plataforma. Por si faltara poco, integra incluso dos transmisores de banda-X (por redundancia) conectados a una antena exclusiva, para así volcar todos los datos obtenidos a alta velocidad. Con las dos unidades acopladas, SMILE mide 4.8 x 9.8 x 3.5 metros, una vez desplegado en el espacio. De todos los instrumentos, SXI es considerado el primario. La
Fuente: ESA/CAS
Cámara de Rayos X Blandos es un sistema compacto y de alto rendimiento que nos ofrecerá algo que ningún otro instrumento ha conseguido: observar la magnetosfera terrestre. ¿Cómo lo conseguirá? Debido a los requisitos de masa y campo de visión, se ha adoptado una óptica de ojo de langosta (su nombre técnico, no nos inventamos nada) empleando ópticas de microporos. En esencia, usa una serie de pequeñas y delgadas placas de cristal curvadas con montones de micro perforaciones en forma de canales, con un recubrimiento metálico dentro de cada canal. Para SXI se usan dos unidades ópticas formadas por cuadrículas 4 x 4, una unidad junto a la otra, creando una área curva, lo que incrementa el campo de visión. Estas ópticas sirven, cada una a un sensor CCD de 4510 x 4510 píxels, cubriendo cada uno un tamaño de 8.12 x 8.12 cm, lo que les convierte el los detectores de su tipo más grandes que se envían al espacio. Derivan de los sensores desarrollados para la misión europea PLATO, con modificaciones para hacerlos sensibles al rango de detección de SXI de 0.2 a 2 keV. Ah, y estos detectores estarán enfriados a -120°C mediante un gran radiador. También quedará protegido mediante mantas multicapa y un bafle solar. Además, cuenta con una tapa para protección contra la radiación de los cinturones de Van Allen. En esencia, SXI lo que observará es un fenómeno llamado "intercambio de carga", en el que, en esencia, una partícula cargada procedente del Sol entra en la magnetosfera terrestre, encontrándose con partículas neutras, y cargándolas de energía, emitiendo rayos X. Un fenómeno visto por primera vez por el observatorio germano ROSAT en 1996 mientras apuntaba al cometa Hyakutake. Como este fenómeno también sucede en la magnetosfera (visto por ROSAT y por XMM-Newton, interfiriendo en sus observaciones) se ve como el método lógico. Y, por eso, lo hará fuera de la magnetosfera. SXI verá el impacto directo del viento solar con la sección diurna de la magnetosfera terrestre, creando una especie de 'sonrisa' (de ahí el acrónimo) justo en la zona de contacto, allí donde se produzca el intercambio de carga. Y para verlo todo de una sola vez y durante horas, su trayectoria e lo alto sobre la Tierra. SXI es la principal contribución europea a la carga útil de SMILE, con la Universidad de Leicester como institución principal. Complementario a
Fuente: X.-X. Zhang, CMA, China
and Y. Wang, National
Space Science Center,
Chinese Academy of Sciences
SXI, está UVI, la Cámara UltraVioleta. Es un sistema muy curioso que emplea una configuración reflectora coaxial de cuatro espejos con recubrimientos multicapa, con una longitud focal de 104.6 mm. Para la detección de su rango de observación de entre 160 y 180 nm, cuenta con un ensamblaje que equipa una ventana de fluoruro de magnesio, una placa microcanal sobre la que se sitúa un fotocátodo de ioduro de cesio, más una pantalla de fósforo, que convierte la nube de electrones generada por la placa microcanal en una emisión de luz visible que es enfocada al CCD de 1024 x 1024 píxels por un grupo de lentes de retransmisión. La tarea de UVI será observar la aurora boreal durante horas, capturando una imagen aproximadamente cada sesenta segundos, en forma de varios frames capturados cada entre dos y cinco segundos y agregados a bordo para así crear cada imagen. La resolución dependerá de la distancia, de entre 30 km en su punto más cercano de observación (aproximadamente 40.000 km de altitud) a 90 km en su apogeo. Por debajo de los 34.000 km, la cámara estará desactivada como protección. UVI ha sido producida por el Centro Nacional de Ciencia Espacial de China, con contribuciones del Centre Spatial de Liège, la ESA, la Universidad de Calgary en Canadá, y el Instituto de Investigación Polar de China. LIA es, de todos los instrumentos, el
Fuente: L. Dai and L.-G. Kong,
National Space Science
Center, Chinese
Academy of Sciences
único no en el módulo de carga útil. De hecho, se trata de dos unidades idénticas instaladas en lados opuestos de la plataforma. Cada Analizador de Iones Ligeros se compone de un analizador electrostático, deflectores de apertura electrostáticos, y una placa microcanal para medir la función de distribución de la velocidad de los iones en el rango energético de entre 5 eV y 25 keV, analizando energía, dirección y flujos, con una resolución temporal de entre 0.25 y 2 segundos. Su misión será estudiar el viento solar y la magnetovaina bajo distintas condiciones, registrando también protones y partículas alfa. También China, mediante su Centro de Ciencia Espacial, proporciona la instrumentación, con contribuciones inglesas y francesas. Por último, MAG. Otra contribución china, consiste en un magnetómetro de núcleo saturado digital, compuesto por dos típicos detectores de núcleo saturado triaxiales instalados en un mástil de fibra de carbono de plástico reforzado, tres segmentos y tres metros de longitud plenamente extendido. Uno de los sensores está en su extremo, el segundo a 2.2 metros del satélite. Como sensores similares, registrará la orientación y la magnitud del campo magnético del viento solar, detectando shocks o discontinuidades alrededor del satélite. Con las dos partes integradas, la masa seca de SMILE es de de 707 kg. Con su combustible cargado, dará un peso en báscula de 2300 kg. Casi nada.


Fuente: ESA–J. Huart
Es la ESA la encargada de poner el lanzador y y dirigir las operaciones de lanzamiento. El cohete seleccionado es el Vega-C, la variante mejorada, con dos nuevas etapas sólidas en las dos primeras, y una etapa superior líquida mejorada, más una cofia mayor. Su lanzamiento, desde el CSG de Kourou, Guayana Francesa. El 9 de abril, si no hay problemas, despegará, y una vez termine su misión, SMILE quedará en una órbita baja terrestre, circular y casi polar a 700 km de altitud. ¿Ese es su destino? No. Se trata del inicio del viaje.

Fuente: ESA
El separarse del cohete, desplegar sus paneles solares y el mástil del magnetómetro, no es más que el comienzo. En cuanto llame a casa (su centro de control está en China) se establecerá que todo funcione, se preparará subsistema de propulsión, se comprobará su órbita. Con todo verificado, empezará una estresante fase que durará aproximadamente un mes, a lo largo del cual encenderá su motor principal hasta once veces para reformar su órbita. Al final del proceso, SMILE estará en ya trayectoria altamente elíptica, con un perigeo sobre el polo sur de  5.000 km, y un apogeo de 121.000 km, inclinada 73°, tardando 51 horas en completarla. Y gran parte de ella, fuera de la magnetosfera.

Fuente: ESA
Durante los tres años que dure su misión, SMILE estudiará cómo Helios nos agrede con su viento solar. Sus dos cámaras no apuntarán a la vertical del planeta, sino hacia la zona frontal, en el contacto entre la magnetosfera terrestre y el viento solar, y con la Tierra a la vista. De hecho, con hasta cuarenta y cinco horas de observación continua en cada órbita, serán las observaciones más largas que se han realizado en este sentido, en especial las visiones en ultravioleta que serán, de hecho, las primeras de su tipo DESDE EL 2008. Ya ha llovido. Toda la información quedará grabada a bordo hasta que se ponga a la altura de su estación de tierra primaria, la Estación Antártica O'Higgins, operada por el DLR, mientras que para recibir comandos, y descargar en caso de necesidad, está la estación de tierra en Sanya, en China. Un grupo de más de doscientos cincuenta científicos, chinos y europeos, se ocuparán de convertir los datos en resultados.

Fuente: ESA
Son tres las cuestiones que apunta a responder: ¿qué sucede donde se encuentran el viento solar y la magnetosfera? (Spoiler: reconexión magnética); ¿qué causa los "problemas magnéticos en el lado nocturno de la magnetosfera terrestre? (Spoiler: subtormentas); ¿cómo podemos predecir antes las tormentas magnéticas más peligrosas? (Spoiler: CME's). Esta información no irá sola, sino que será complementaria a más no poder con la que ya consiguen misiones como SOHO, ACE, STEREO, SDO, DSCOVR, MMS o las más recientes IMAP, CGO, TRACERS o PUNCH

¿Qué podemos decir? Que SMILE es una misión deseada, esperada, ansiada. Estamos en tiempo de máximo solar, y ya hemos visto fenómenos extremos, como auroras llegando hasta la península Ibérica. Saber cómo la Tierra responde, saber cómo proteger nuestra tecnología, es crucial en el mundo de hoy. Y para eso, la ciencia, y la cooperación, es crucial. Suerte.