Phoenix, un tributo

jueves, 18 de noviembre de 2010

¿Y si ya estuvieran aquí?

Con este título no queremos parecer sensacionalistas, ni hablar de sucesos paranormales ni de ovnis que nos visitan. Para nada. Solo hablamos de la posibilidad de que seres de otros mundos podrían estar andando por la calle, incluso que a lo largo de la historia nos han visitado. Si nos olvidamos de la ilusa "afirmación" de que estamos solos en esta galaxia, si no ya en el universo, solo caben varias preguntas: ¿de dónde vienen? ¿qué aspecto tienen? ¿qué cultura y qué logros han conseguido? Ha sido sobre todo en el siglo XX cuando más "ruido" hemos hecho, y no es descabellado decir que ese ruido ha debido llamar la atención a los que están más allá. Pero por qué no, tal vez ya hayamos recibido visitas de otras civilizaciones, muy atrás en la historia. Hay tantos casos raros que es complicado realizar afirmaciones.

Pero lo dicho, no hablaremos de casos OVNIS ni nada parecido. Solo hablamos de que estén por aquí, examinándonos al microscopio. Prácticamente, desde que existe la ciencia-ficción, se han prodigado los relatos sobre seres de otros mundos que visitan nuestro planeta, con distintos fines, o incluso a la inversa, humanos que visitan otros mundos y se camuflan en ellos (un espléndido ejemplo es la novela "¡Qué difícil es ser Dios" de los hermanos soviéticos Arkadi y Boris Strugatski). Y sobre todo, con la aparición del medio audiovisual, multitud de películas y series sobre el tema hemos tenido y tenemos aún. Uno de los ejemplos más inquietantes de aparición extraterrestre oculta en la Tierra es la película "La invasión de los ladrones de cuerpos" (1956), espléndido ejemplo de terror psicológico en el que la gente está siendo sustituída...

Por otro lado, casi de la mísma época está la película "Ultimatum a la Tierra" (1951) (basado en el relato "El amo ha muerto" de Harry Bates, os aconsejamos encarecidamente su lectura) en el que un extraterrestre llega a nuestro planeta, para advertirnos de que como se nos crucen los cables la Tierra la tiraremos a la basura, más que nada ante el peligro nuclear que se propagó tras la segunda guerra mundial y se desarrolló durante la larga guerra fría. Lo obvio es que para llegar a esa conclusión ya han debido visitar la Tierra, durante bastante tiempo. Y en otro lado están los alienígenas malaleche de la infame "Independence Day" (1997), que aparecen con toda una armada para conquistar la Tierra, que ya fue visitada por una o varias naves de exploración (tomando los hechos de Roswell de 1947), informando a sus jefes que vengan para acá, que tenemos una panda de borregos escasamente avanzados, y un planeta rico de recursos. Pero no tuveron en cuenta ese éxtasis nacionalista que es para los americanos el cuatro de julio, que hizo que todo el mundo se uniera a ellos y así derrotar al invasor (el asunto del virus informático es desde entonces motivo de burla), y lo que es más importante, que el presidente americano subiera en sus encuestas de popularidad. En fin. Y otro punto de vista curioso es el que nos ofrece "Men in Black", en la cual se nos muestra que hay extraterrestres viviendo en la Tierra, completamente integrados y pasando desapercibidos, aunque es un hecho ocultado al mundo.

En cuanto a series, quizás la que muestra más que ninguna otra que la Tierra es y ha sido un lugar visitado con asiduidad por los extraterrestres es Doctor Who, en la que nuestro planeta ha sido lugar de exilio, para ocultarse, campo de batalla, y todas las posibilidades que se pueden imaginar. Son tantos los ejemplos que es complicado quedarse solo con uno. Es un auténtico desfile de razas. Otra que sucede en la actualidad es Stargate (en todas sus variantes), en las que se nos muestra que la Tierra no ha sido terreno de paso, sino que también ha sido terreno conquistado por una raza de seres superinteligentes pero que necesitan introducirse en cuerpos de otras especies para dar rienda suelta a sus terribles maquinaciones: son los Goa'uld, que, utilizando la red de stargates instalada en la galaxia expanden su poder y trasladan mano de obra a otras partes. Por otro lado, hay otra raza que según vemos ha visitado la Tierra con frecuencia: los Asgards, seres bajitos, de piel gris, ojos negros, pero con una inteligencia impresionante y una tecnología casi insuperable. Para ambas razas se han basado principalmente en las mitologías terrestres, tales como la egipcia, micénica, griega, babilónica, azteca, vikinga... Es una afirmación propia, pero usando Stargate como punto de partida, algunas de las cosas raras de las eras antiguas se explican razonablemente.

Y por supuesto, en Star Trek, en alguno de los episodios nos hemos encontrado que los vulcanos ya han estado en la Tierra, aunque por accidente, cuando su nave se estrella mientras examinaban el planeta tras el lanzamiento del primer Sputnik...

Pero en fin, quizás nos hemos ido por las ramas, pero a donde queremos llegar es a un punto vital: ¿Cómo reaccionaría la población mundial ante el hecho de que los alienígenas han visitado, están visitando nuestro planeta, y quieren darse a conocer?, y más importante aún ¿qué ocurriría si se hiciera público que están mucho más cerca de lo que creemos? Esa es la premisa de una interesante novela: Tierra 2, de J. Ministral. Para empezar, y antes que nada, advertir que, como el mismo autor nos explica antes de empezar el texto, no es una novela de ciencia-ficción, tampoco pretende serlo. Lo que se nos ofrece en estas páginas, relatado de modo periodísitico en algunas partes, con agilidad en otros, y sobre todo, en absoluta progresión, cómo se va dando a conocer al mundo no sólo que seres de otro planeta nos visitan, sino que vienen del mismo sistema solar. Todo se centra en dos personajes: un científico y su amigo periodista. El primero es el que está recibiendo toda la información por parte de los visitantes, para que éste la divulgue. El segundo es periodista, que no cree nada en estos temas, pero que es mandando a dar cobertura a las conferencias sobre la posibilidad de vida más allá de la Tierra. Más que contarnos el cómo el científico ha recibido la información, de manos del extraterrestre, se centra más en la reacción de la gente, sobre todo de los colegas del científico, desde el miedo, la incredulidad, hasta el más absoluto rechazo, una negación que exaspera. Otra reacción interesante es la de la gente de la calle, se según se va reflejando el en libro, al darle la información en pequeñas dosis, está con sed de nuevas cosas del nuevo mundo.

En fin, como sigamos contando os destriparemos el libro, y no es el caso. Aunque lo que hacemos es lanzar la pregunta: ¿Y si ya estuvieran aquí?

miércoles, 20 de octubre de 2010

Pequeña iniciación a la Astronomía

Ya que hemos escrito muchos temas acerca de planetas, estrellas, e incluso constelaciones, ha llegado el tiempo de que expliquemos los rudimentos de cómo empezar a observar el cielo. Muchos pensarán que es indispensable un gran telescopio, con enormes aumentos. Sin embargo hay que decir que a veces ni siquiera es necesario nada de esto para poder maravillarnos con lo que el cielo nos ofrece.

Bajo la humilde experiencia de este cronista no hay que empezar a lo bestia, con lo más de lo más en materia de de telescopios. Un primer consejo es salir de las ciudades y su perenne contaminación lumínica y admirar el cielo nocturno, con las estrellas, la Luna, y si las condiciones son muy buenas, incluso la Vía Láctea. La mejor manera de entrenar el ojo es entonces identificar las constelaciones, y para ello no hay telescopio que valga. Desde la Osa Mayor (quizás la más identificable), pasando por Orión (visto solo en los meses de invierno), recordemos, en un cielo estrellado solo veremos un puñado de las 88 constelaciones que han sido identificadas y registradas. La única herramienta que ayuda en estas circunstancias es un planisferio (y una linterna para poder verla, claro está). También hay que decir que hay constelaciones más fáciles de identificar que otras. También hay ciertos trucos: si se quiere identificar la estrella polar, en el extremo de la Osa Menor, hay que coger las estrellas Merak y Dubhe, que son las dos de la parte de fuera de lo que sería "la cuchara", prolongar su distancia cuatro veces y entonces se encontrará la estrella polar. En cuanto a constelaciones, hay que decir que las hay que no las podemos ver desde el hemisferio norte, como la de la Cruz del Sur, que es la que identifica el polo sur celeste. Otra de las constelaciones fáciles de ver, y más satisfactorias, es la de Orión, sobre todo lo que es el Cinturón. Es de las más grandes, muy extensa, y si un observador con buen ojo se fija un poco, encontrará la nebulosa M42, es decir, la nebulosa de Orión, que ya ha ilustrado alguna Ventana al Espacio en esta Crónica. Lo particular es que se puede distinguir a simple vista, o incluso con unos simples prismáticos (unos decentes, vamos) se podrá observar decentemente. Y otro espectáculo celeste que puede ser visto casi a simple vista o por prismáticos es el cúmulo de las Pléyades. Situado prácticamente en la constelación de Tauro, las Pléyades no es más que un criadero de estrellas, por lo que aún hay muchas de ellas muy brillantes, que es lo que provoca que seamos capaces de verlas solo con nuestro propio ojo. Desde luego, la sola observación del cielo nocturno ya es suficiente regalo.

Si uno quiere elevar las apuestas, hay que pasar a un telescopio. Para alguien que se inicia, lo idear para aprender lo esencial de como manejarlo es el telescopio refractor. Ese es el mismo tipo de telescopio que Galileo Galilei inventó, por 1609 o por ahí. Pero que siga siendo usado aún ahora es porque es quizás la herramienta más fácil de manejar, y sobre todo, más barato. Antes que nada, más importante que un telescopio, es su base, su trípode, porque gracias a él y su soporte dependerá de cómo se maneje, como en horizontal
como en la inclinación. Una vez superado este
importante punto, toca comenzar a observar. Y para ello lo mejor es por supuesto empezar con tranquilidad. Y lo mejor para empezar es la Luna. La razón es tan evidente que no la mencionaría, pero hay que hacerlo: al ser el objeto celeste más cercano, la experiencia que ganes viéndola te ayudará a luego conseguir observar otros planetas u otros objetos celestes. Y en este punto tenemos que confesar que, por nuestra parte, somos horribles distinguiendo en el cielo estrellas o planetas. Si este verano hemos conseguido observar a Júpiter ha sido más por casualidad que por otra cosa...

Siguendo en el tema del telescopio refractor, hace falta indicar que cuando se observa a través de él, la imagen que vemos a través de la óptica está al revés, algo de lo que nos damos cuenta sobre todo al levantar la cabeza, y ver la Luna en creciente o menguante. Eso es porque la luz, tras entrar en el tubo del telescopio, se retuerce y se gira, y es lo que provoca este efecto.

Si os aventuráis en buscar los planetas en el cielo nocturno, sin el telescopio, unos consejos. Si buscais Venus (Mercurio es tan dificil de encontrar) hay que mirar hacia el crepúsculo, aún bastante arriba en el cielo, y comprobaréis que es una de las más brillantes, a causa de que las nubes perpétuas del planeta reflejan gran parte de la luz del Sol, haciéndole partícularmente fácil de encontrar, ya que es la primera que suele aparecer. En cuanto a los planetas exteriores, dejamos aparte tanto Urano y Neptuno como Plutón (a pesar de que pueden ser vistos en condiciones óptimas) y hablamos de Marte, Júpiter y Saturno. Marte suele ser más fácil de observar cada dos años, cuando más cerca de nosotros está, y una buena forma de identificarlo es por su color rojo sangre (de ahí el nombre del planeta). Júpiter, a pesar de ser más lejano, también es bastante brillante, reflejando un color gris plateado bastante característico (y en esta época ha estado bastante cerca). Y Saturno, más lejano todavía, y algo menos brillante, nos regala un color más azulado. Todos estos planetas, si son vistos durante largo período, veremos que en un momento retroceden, para luego volver a avanzar. Eso es porque al tener años más largos que el nuestro, la Tierra "adelanta" al resto. Y como último rasgo característico, a diferencia de las estrellas, los planetas dan un brillo uniforme, mientras que las estrellas parece que parpadean, pero claro, entre tanta estrella, encontrar los planetas puede ser harto complicado.

Si con el tiempo el modesto refractor se te ha quedado pequeño, o quieres ver las cosas con mayor claridad, hay que pasar a los reflectores o refrectores (o de Newton). Estos telescopios (eso si, más caros) ofrecen mejor calidad de imagen, y no invierten la imagen. Eso es porque cuentan con dos espejos, uno en el que rebota la luz, y un segundo que es el que envía la luz hacia la óptica. A modo de detalle, este tipo de telescopio es el que equipan todos los mayores observatorios (que yo sepa) del mundo, incluso el telescopio espacial Hubble y su futuro sustituto utilizan esta configuración. Es notablemente más eficiente, pero en cuanto a manejo, ahí nos habiéis pillado, ya que no hemos manipulado ninguno. Y si quieres dar un paso (o unos cuantos más) más allá, existen los trípodes motorizados, que equipan un mando en el que le tecleas las coordenadas, y el telescopio gira hacia el punto seleccionoado, e incluso los hay que rizan el rizo, ya que van directamente acoplados a los ordenadores (éstos, con su software correspondiente), y si sobre todo están conectados a internet, pues eres capaz prácticamente en tiempo real de seguir el movimiento de los astros que estás observando. El no va más, vamos. Pero esa ya es una opción para bolsillos un poco más llenos.

Si una vez superada la fase de observar las constelaciones decides buscar con tu telescopio los planetas, lo mejor es informarse, bien por internet, bien por revistas especializadas, donde, además de los artículos, también te describe la situación de estrellas, planetas, constelaciones, e incluso satélites a través de planisferios. También encontrarás información sobre tránsitos de asteroides, ocultaciones entre objetos celestes, etc, etc, y más todavía incluso. Gran parte de esta afición es estar al día de donde están situadas las cosas.

¿Donde encontrar telescopios? Si eres asiduo de las revistas de astronomía, hay ámplia publicidad de tiendas, en las que sirven todo, o casi todo relacionado con el tema. Si no, un par de pistas: En ciertas ópticas o en algunas tiendas de fotografías puedes encontrar telescopios majos. Recomendación: no vayas a lo loco.

Por nuestra parte, eso es todo, nuestro tiempo de observación ha sido tan bajo, y la cantidad de objetos celestes tan escasa, que poco más podemos añadir desde aquí. Seguramente habrá muchos libros por ahí, que cuentan mejor que un servidor como meterse en este mundillo tan maravilloso, pero esperemos que lo aquí contado os sirva para comenzar con buen pie.

PD.: MUY IMPORTANTE: no pienses que todas las estrellas y planetas están fijos en el cielo. Ya comprobarás que, cuando observas algo por el telescopio, tendrás que estar todo el rato ajustando tu telescopio para poder verlo porque se te escapa en cuanto te despistas. Todos los objetos poseen su movimiento, como la Tierra, y que no lo notemos no quiere decir que no lo haga. Mucho ojo y mucha atención, que no se os escapen.

lunes, 13 de septiembre de 2010

sábado, 11 de septiembre de 2010

Nuevos sistemas

En estos últimos tiempos, son dignas de destacar las noticias más recientes. Dos, y repetimos, dos sistemas solares han sido encontrado, uno por parte de los chicos del ESO, y el segundo gracias al buen ojo del telescopio interferómetro Kepler. El primero, descubierto desde el observatorio chileno de La Silla, es probablemente el que más planetas tiene. La estrella, HD 10180, tiene a su alrededor al menos 5, quizás siete planetas. De los cinco confirmados, de masas similares a Neptuno, están situados bastante cerca de su estrella, a distancias de entre 0.06 y 1.4 la distancia de la Tierra al Sol. Sus años van entre los 6 días y los seiscientos. Lo que es más digno de mencionar es que las distancias entre ellos es regular, al igual que en nuestro sistema solar. Además, hay que confirmar otros dos, uno de ellos con un período más o menos de 2200 días, y con una masa próxima a la de Saturno. Este sistema solar está apenas 127 años luz de nosotros. El segundo sistema solar detectado, el ahora llamado Kepler-9, tiene dos planetas, de masas algo menores de Saturno, pero trementamente cerca de sus estrellas, ya que orbitan en 19 y 38 días. Lo que queda claro es que son dos tórridos lugares, y utilizando la lógica, inhábitables. Actualmente son 490 planetas los encontrados fuera del sistema solar, pero ninguno tipo Tierra, por el momento...

Antes de la década de 1990 se teorizaba con la posibilidad de que hubiera muchos sistemas solares por la galaxia (y no digamos por el universo), pero como no se había encontrado ninguno, los más cerrados y egoistas decían que nuestro planeta era el único habitado no sólo de la galaxia, sino que también del universo. Una afirmación realmente insensata. Todo cambió cuando en 1995, alrededor de la estrella 51 Pegasi (o Peg 51) se localizó el primer planeta extrasolar. Situado a 48 años luz de aquí, es de menor masa que Júpiter, y orbita alrededor de su estrella en algo más de cuatro días.

A partir de ahí, la fiebre buscaplanetas empezó a causar furor, y prácticamente cada mes se iban descubriendo planetas. La pega es que la inmensa mayoría de ellos son inmensas bolas de gas (el más grande es el BD20 2457b, con 21'47 masas de Júpiter), tremendamente cerca de sus estrellas (el más caliente es el HD189733b, con más de dos mil grados centígrados medidos), aunque hay excepciones. Con el tiempo, y con los nuevos medios (mejores telescopios, cámaras muy avanzadas, satélites) los tamaños se han ido reduciendo, e incluso algunos de ellos (en concreto 11 de los 490) se cree que son tipo terrestre, incluso, uno de ellos, el Gliese 581 e, el cuarto y de momento último planeta de su sistema solar, que tarda en orbitar su enana roja en 122 días, que se le creen unas condiciones similares a las terrestres en cuanto a temperatura.

El gran problema es como encontrar los planetas. Naturalmente el gran problema para localizar los planetas extrasolares son sus propias estrellas. Teniendo en cuenta que la luz que emiten al espacio eclipsa todo lo que le rodea, es harto complicado observar sus alrededores. Pero cuando uno fija la vista en una estrella durante largos períodos de tiempo (y si tiene suerte) descubrirá que en períodos regulares la estrella reduce su luminosidad. Entonces estará tras la pista. Después, si descompone la luz se dará cuenta de que por ahí hay algo más que acompaña a la estrella. A eso se le llama tránsito. Es el método más fácil, pero también el más trabajoso. Muchos observatorios terrestres y varios satélites utilizan este método. Uno de los más exitosos, aunque ahora está un poco parado, es el satélite francés COROT, con 15 planetas en 3 años, el último en julio de este año. Y lo que le queda todavía.

Cuando se empezaron a estudiar los primeros exoplanetas, al ser tan grandes y al estar tan cerca, se observó que al orbitarles hacían que sus estrellas "temblaran". Entonces empezaron a aplicar un método parecido al que usaban para encontrar agujeros negros, es decir, medir el tirón gravitatorio que los planetas generan a sus estrellas. Este sistema posiblemente es el que nos ha hecho descubrir varios sistemas solares.

Ya son varios los sistemas solares encontrados. Los más "poblados", son el anteriormente mencionado HD10180, con ya seis planetas confirmados, el 55 Cancri, con cinco y los Gliese 581 y 876 y el HD160691, con cuatro. Todos ellos con gran variedad de tamaños y órbitas. Y teniendo en cuenta a nuestro sistema solar, es bastante seguro que en muchos de esos planetas haya satélites, y al estar los planetas en las llamadas zonas habitables, algunos de sus satélites sean habitables, por lo tanto se abre otro frente de búsqueda, con los satélites extrasolares.

Ahora cada vez más, van apareciendo misiones diseñadas exclusivamente diseñadas para buscar planetas, sobre todo principalmente lo que se busca es un planeta tipo terrestre con condiciones muy similares a las que disfrutamos en este planeta. Y el primero fabricado específicamente para esta tarea es el interferómetro Kepler. Lanzado el año pasado, su cuenta de planetas es de 7, de momento, debido a que su tarea se ha visto retrasada por unos problemas ya solucionados. La pega de Kepler es que tiene una zona de búsqueda bastante limitada, en la que solo podrá observar unas 800 estrellas, pero como uno nunca sabe, podrían aparecer varios. Este telescopio utiliza el método de tránsito, se dedica a observar las estrellas, encontrar los tránsitos, para luego descomponer la luz de la estrella y el posible planeta, para definir la composición de ámbos. Y entonces, si lo que orbita a esa estrella es un planeta, se le investiga más en serio: se calcula su masa, se mide su órbita, la distancia a la estrella. En general, aparte de los métodos de tránsito y de detección gravitatoria, lo que hemos relatado es el procedimiento habitual.

Y esto solo es el principio, ya que muchos nuevos se están proyectando y construyendo, como el sustituto del Hubble, el telescopio espacial James Webb, que portará un espejo de 8 metros, a base de segmentos hexagonales (hay que tener en cuenta que el espejo del Hubble es de 2,4 metros, y sin la interferencia de la atmósfera es tan potente como los más grandes telescopios basados en Tierra), y otros más específicos, como SIM Planetquest, y el principal de todos ellos, Terrestrial Planet Finder, que ese ya promete ser lo más de lo más. Y para echarles una mano, la ESA prepara Gaia, un satélite con la misión de realizar el mejor y más exacto mapa de la galaxia y del grupo local, y cuyos datos ayudarán a localizar estrellas en las que se detecten los tránsitos, por si acaso tuvieran planetas.

Y como último asunto de interés, no sólo se han encontrado los planetas, sino que, gracias al telescopio de infrarrojos Spitzer, se han detectado los restos de dos planetas que colisionaron en una lejana estrella. Realmente lo detectado fue el cinturón de escombros, es decir, de asteroides, generado por el impacto de estos dos cuerpos planetarios. Está situado en la estrella en formación HD172555, a 100 años luz. Aunque por lo visto en los últimos meses, parece ser bastante común en este tipo de sistemas.

Este es un asunto bastante complejo, y que aquí hemos intentado simplificar. Pero si queréis más información (y si sabeis algo de inglés) en esta página tendréis mucho de lo que buscáis, incluyendo un atlas galáctico con las estrellas que contienen planetas o sistemas solares. Está claro que esto es solo el comienzo.