Phoenix, un tributo
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miércoles, 31 de diciembre de 2025

Resumen del año 2025

 El año concluye y, como es costumbre, toca resumir. Este 2025 ha sido un año de luchas. Sí, porque cada vez que en Estados Unidos hay cambio de Administración, supone todo un vuelco en los programas espaciales. Y la recién llegada propuso todo un tajo al presupuesto que suponía reducir a la mitad el dinero dedicado a los programas científicos, especialmente a los de observación terrestre, si bien los de exploración del sistema solar y los de estudios del universo también se resentirían. Aún no hay decisión, puesto que no hay cabeza visible en la NASA. Al menos, no oficialmente. Dejando la política a un lado, este año comenzó con la mirada puesta en la Luna. Una vez más, el programa de misiones comerciales envió dos vehículos, con resultados dispares. Así, la pequeña firma Firefly Aerospace llevó a cabo con su lander Blue Ghost una misión perfecta de principio a fin, con un
Fuente: Firefly Aerospace 
alunizaje de libro y catorce días en el Mare Crisium en el que probó todo lo que transportaba. Por su parte, Intuitive Machines envió su segunda misión y... Le pasó como a la primera: alunizó de lado. Peor aún: lo hizo dentro de un cráter. Sólo pudo funcionar unas horas. Las caras fueron un auténtico poema. No hubo dos sin tres, puesto que la firma japonesa iSpace lanzó un segundo lander Hakuto-R y casi consiguió alunizar. A ver si a la tercera va la vencida. En Marte la actividad ha sido, básicamente, la normal, con Curiosity y Perseverance acaparando la atención. Ambos siguen recorriendo sus parcelas, y nos han dado cada uno un retazo del pasado marciano. El más viejo, aún en forma, ha detectado sustancias orgánicas grasas, las más grandes detectadas hasta ahora, mientras que el segundo parece haber dado con las primeras huellas de vida fosilizada. No hace falta decir que un laboratorio en casa nos daría resultados definitivos. Ah, y el planeta rojo tuvo doble visita a comienzos de año, primero con Europa Clipper, después con Hera. Ambos pasos sucedieron sin problemas, entregando datos e imágenes del máximo interés. Y hablando de los ingredientes para la vida, las muestras de OSIRIS-REx (aún de camino a Apophis, tras un sobrevuelo a nosotros en septiembre) han revelado precisamente algunos de los ingredientes básicos para la formación de seres vivos en las condiciones correctas. Por otros lados, BepiColombo realizó su último paso a Mercurio previo a su inserción orbital (para noviembre del año que viene), Parker Solar Probe sigue estudiando al Sol sin sofocarse (demasiado), Solar Orbiter nos ha enseñado por vez primera uno de los polos solares, Proba-3 ha conseguido el primer vuelo en formación autónomo para conseguir eclipsar al Sol y tomar imágenes de la corona... Hay que decir que tanto Parker Solar Probe como Juno están el el limbo. Nos explicaremos. De nuevo la política en acción, hubo cierre de gobierno durante el mes de octubre en Estados Unidos. Por esa razón, nadie tomó una decisión sobre ambas misiones. En el caso de la Bella Dama del Espacio, su labor extendida en Júpiter debió finalizar el 30 de septiembre. Según últimas noticias, es decir, el seguimiento de sus comunicaciones, permanece activa. En cuanto a la sonda solar, su tarea primaria concluyó tras su perihelio número 24, en el mes de junio. Pero ahí sigue, tras el vigesimoquinto, de nuevo sin problemas. Y si algo está dominando estos últimos meses es el paso del
Fuente: NASA, ESA, STScI, D.
Jewitt (UCLA), M.-T. Hui
(Shanghai Astronomical
Observatory). Image
Processing: J.
DePasquale (STScI)
cometa interestelar 3I/ATLAS por el sistema solar. Dejando aparte teorías conspirativas, buena parte de los activos que tenemos en el espacio han apuntado, o lo harán, en un momento u otro, a este veloz visitante. No sólo los observatorios espaciales como Hubble, James Webb, XMM-Newton o XRISM lobhan visto, también nuestro grupo en Marte, sondas como Lucy, Psyche, JUICE o Europa Clipper también. Y está resultando fascinante. Ya se nos olvidaba: Lucy sobrevoló el asteroide Donaldjohanson, resultando ser un objeto alargado, dos unidos en realidad. Un anticipo de lo que nos espera en los troyanos. Y lanzamientos. La lista de altas es larga: SPHEREx y PUNCH, EZIE, Biomass, Tianwen-2, MTG-S1 (con Sentinel-4), MetOp-SG-A1 (con Sentinel-5), TRACERS, IMAP, CGO y SWFO-L1, Sentinel-1D, Sentinel-6B, NISAR, HydroGNSS, ESCAPADE, y otras de las que no nos acordamos en este instante. En la de bajas, siempre donde duele. Sí, estábamos avisados, pero no deja de ser triste el tener que despedirnos de Gaia primero, e INTEGRAL después. También previsible ha sido el anuncio del fin de la misión Akatsuki en Venus, algo que veíamos venir. Y aunque nos resistimos a contarlo, es probable que haya que agregar a MAVEN a la lista. Desde el pasado día seis no sabemos nada de ella. Sólo que parece girar de forma incontrolada y que su órbita parece haber cambiado. Por la descripción, suponemos que algo a bordo ha explotado, o se ha chocado con algo. Y ahora, con Marte en conjunción solar hasta finales de enero, las esperanzas de recuperarla se reducen. Y lo que nos espera en el 2026: más misiones comerciales a la Luna, el retorno del ser humano a Selene en la misión Artemis II,  las llegadas de BepiColombo a Mercurio y Hera a Didymos-Dimorphos, más misiones de observación terrestre... Y sorpresas, que no os quepa duda. E intentaremos estar aquí para relatarlo.

lunes, 31 de marzo de 2025

Ventana al espacio (CXCII)


El lander Blue Ghost en la superficie lunar (Arriba, recién alunizado; Abajo, antes de la puesta de sol)
(Fuente: Firefly Aerospace)

miércoles, 19 de febrero de 2025

Las próximas misiones a la Luna: Lunar Trailblazer

Está más que confirmado: hay hielo en la Luna. Se ha registrado indirectamente, se ha sentido, se ha saboreado, y se ha detectado de forma remota pero directamente. Estamos en plena carrera para saber cuánta hay cuán accesible es, cómo usarla. El agua, en forma de hielo, es un elemento volátil, y no es el único. Hay otros, potencialmente útiles. Ahora, la duda es: ¿cómo llegó? Existen alternativas:  ya estaba ahí cuando la Luna se formó; llegó por impacto; o más bizarro, por interacciones entre el material selenita y los elementos del viento solar.

Aún más bizarro: ¿podría haber un ciclo de agua y elementos volátiles allí? Para eso, y para hacer una cuantificación más exacta, necesitamos una misión específica. Y ahí entramos.

Es cierto, el programa Discovery se creó para una investigación económica y enfocada del sistema solar. Enfocada a indagaciones concretas. Desde su comienzo hasta ahora, el coste por misión ha aumentado, y por eso la NASA creó un nuevo programa idéntico en filosofía, pero más económico, si cabe. Ya hemos hablado de SIMPLEx, en el que las misiones son de presupuesto aquilatado y vehículos diminutos, para lanzarse como cargas secundarias de otras misiones más importantes. Es cierto que supone un pequeño problema porque dependen de la preparación de la misión primaria, pero es una alternativa muy interesante, al usar todas las prestaciones de un cohete para poner en el espacio más de una misión.

El paradigma de la pequeñez son los Cubesats, si bien hay formas algo mayores para regirse según los parámetros de SIMPLEx. De hecho, las firmas constructoras han desarrollado plataformas ideales para misiones así, fácilmente configurables para cada misión, y usando componentes baratos, incluso aptos para Cubesats. 

Un proyecto de SIMPLEx, nuestra protagonista de hoy, lleva varios años en planificación y desarrollo, y es vista como básica antes de que volvamos a posar el pie en nuestro satélite. Su nombre: Lunar Trailblazer.

Bajo la Investigadora Principal Bethany Ehlmann, la misión no puede ser más importante para el futuro de la exploración selenita tripulada. Sobre sus hombros se impone un enorme peso porque, de lo que detecte, se verá hasta qué punto la Luna será hospitalaria para nosotros. 

Veámosla en profundidad. Lunar Trailblazer es un orbitador de dimensiones y masa comedidas. Su pequeño bus, llamado plataforma Curio, ha sido diseñado y producido por la firma Lockheed Martín, y apenas cuenta con apéndices que desplegar. Una vez en el espacio, su envergadura es de tres metros y medio. Dado lo pequeña que es, no cuenta con elementos repetidos que garanticen redundancia. De hecho, es más bien selectiva. Pero cuenta con lo necesario
para funcionar. Su ordenador usa el procesador Sphinx, usado en misiones como Lunar Flashlight, proporcionado por la firma Cobham. Cuenta con 256 MB de memoria RAM dinámica, y hasta 8 GB de memoria flash, almacenando telemetría de ingeniería y los datos de sus instrumentos. Para comunicar con Tierra, se ha decidido por otro sistema de Cubesats, como es el pequeño transpondedor Iris. Trabajando en banda-X, usará cuatro antenas de baja ganancia y una de media ganancia. En cuanto a su sistema de control de actitud triaxial, cuenta con el paquete FleXcore de la firma Blue Canyon, que en una carcasa sola de 12.1 x 11.4 x 4.9 cm, aloja casi de todo. Por ello, cuenta con unidad de medición inercial, ruedas de reacción, un escáner estelar, sensores solares... Su sistema de propulsión se ha diseñado para acomodarse a todo tipo de trayectorias, salvo un vuelo directo a la Luna. Semejante al de las sondas GRAIL, usa combustible químico convencional, y todo un juego de propulsores para sus maniobras tanto en el espacio profundo como en órbita selenita. Para generar energía, usará tres pequeños paneles solares, de tres secciones cada uno, que se desplegarán a cada lado de la plataforma. Y su control termal, el básico: radiadores, calentadores eléctricos y mantas multicapa. Para explorar la
superficie selenita, usará dos instrumentos: el primario es HVM3, el Cartógrafo Lunar de Alta resolución de Volátiles y Minerales. Basado en el exitoso M³ a bordo de la misión Chandrayaan-1, es una versión más compacta y ligera. Emplea un telescopio fuera de ejes, con una abertura estrecha (18 mm de largo, treinta micrones de ancho) para la obtención de la luz. Un espejo inicial introduce la luz recogida en el telescopio, de tres espejos, llevándola a una estrecha abertura que la mete en el espectrómetro tipo Offner, formado por dos espejos y una rejilla de difracción. El telescopio posee una longitud focal de 43 mm (f/3.4), y como sensor, dispone de uno para detección infrarroja de mercurio-cadmio-telurio, de 640 x 480 pixels, con una placa de filtros adosada sobre los sensores. Registrará la luz en el rango infrarrojo de 0.6 a 3.6 micrones, estando optimizado para registrar hidróxilo, hielo empotrado en el regolito, así como pleno hielo de agua. Trabajará en modo Pushbroom, creando escaneos de 20 km. de ancho, formando así un cubo de imágenes en el que estará cada longitud de onda detectado por el sistema, y todo con una resolución que puede variar entre 50 y 90 metros por pixel, dependiendo de la altitud. Y el
segundo, procedente de la Universidad de Oxford, es LTM, el Cartógrafo Termal Lunar. Es una cámara termal multiespectral que sentirá, por lo general, la temperatura de la superficie selenita. Un espejo de apuntamiento móvil entrega la luz al sistema, un compacto telescopio con cinco espejos, separados por dos juegos de dos y tres espejos por un ensamblaje de filtros. Como detector usa un conjunto de microbolómetros, por lo que no requiere refrigeración activa. Cuenta con dos modos: uno registra once longitudes de onda entre siete y diez micrones, dedicado a cartografía de composición de áreas con agua y propiedades físicas; el segundo, entre seis y cien micrones en cuatro bandas espectrales, es el que registrará la temperatura absoluta. Cabe la pena decir que tres de las bandas del modo cartográfico coinciden con bandas de medición del instrumento Diviner a bordo de LRO. También trabajará en modo Pushbroom, creando franjas de once km. de ancho y con resoluciones de hasta 25 metros. Ambos instrumentos están coalineados, es decir, observarán la misma localización simultáneamente. Con todo su combustible cargado, declarará una masa de 200 kg.

Para que veáis a los problemas a que se enfrenta una misión de este tipo, Lunar Trailblazer tenía previsto volar como acompañamiento de IMAP, la nueva misión que investigará la heliosfera. Sin embargo, un retraso de su fecha de lanzamiento empujó a la dirección de la misión a pedir a la NASA un cambio en su despegue. La agencia claudicó, y ahora está en el
manifiesto de otra misión selenita. ¿Por qué el cambio? Porque la sonda estaría lista mucho antes, lo que hubiera supuesto parar meses almacenada hasta iniciar los preparativos previos al despegue. Por lo que sí, cuanto antes, mejor. En cuanto a la misión a la que acompañará, supone todo un cambio de paradigma en la exploración espacial, dicho globalmente. Conocido como CPLS, o Servicios Comerciales de Cargas útiles Lunares, se inició en abril del 2018. En él una firma privada proporciona el vehículo que enviar a Selene (siempre un lander) y la NASA se encarga de escoger qué instrumentación, ya sea científica, ya sea tecnológica, viajará a bordo. Actualmente hay catorce compañías con tratadas, y se han manifestado, hasta la fecha, nueve misiones de seis firmas distintas. En concreto, Lunar Trailblazer estará en la segunda de la empresa Intuitive Machines y su lander Nova-C, que buscará alunizar en el polo sur lunar. Ambas despegarán usando un Falcon 9, desde la plataforma 39A de Cabo Cañaveral. El despegue se ha programado para el 27 de febrero.

En cuanto se separe del lanzador, Lunar Trailblazer iniciará su propio camino. Se ha escogido una transferencia de baja energía para ahorrar los escasos recursos de a bordo. Sí, al principio la sonda irá recta hacia la Luna, corrigiendo su trayectoria en camino, pero ese sólo será el primero de dos sobrevuelos a nuestro satélite, que le situarán en una órbita elíptica que hará que retorne a Selene para el segundo sobrevuelo en unos dos meses, corrigiendo la órbita y reduciendo la velocidad para que, en el tercer acercamiento a la Luna, usar su propulsión para insertarse en una órbita polar selenita que irá graduando con el tiempo para situarse en la definitiva, a unos 100 km. sobre su superficie.

En cuanto lo tenga todo listo, la misión comenzará a trabajar, recopilando datos que buscan una meta: entender la forma, distribución y abundancia del agua lunar y su ciclo. Para ello, posee cuatro objetivos: determinar la forma, abundancia y distribución del agua y del volátil hidroxilo en la cara iluminada de nuestro satélite; investigar la variabilidad temporal de los volátiles lunares; determinar la forma y abundancia del hielo, agua e hidróxilo encajados en el regolito en las regiones en sombra permanente; y entender cómo los cambios en albedo y temperatura afectan a la concentración de hielo y otros elementos volátiles. Ah y como bonus, indagará en zonas seleccionadas para alunizajes, ya robóticos, ya tripulados, y cartografiar la composición litográfica del manto lunar. Debido al pequeño tamaño y a los escasos recursos de a bordo, conseguirá imágenes de objetivos ya planificados de antemano. Su misión durará, aproximadamente, un año desde el inicio de su actividad científica.

Pues ya veis, lo pequeño también es hermoso, y útil, además. Esencia grande en frasco pequeño. Así es Lunar Trailblazer.

martes, 31 de diciembre de 2024

Resumen del año 2024

Ha llegado el momento de resumir. Un 2024 cuya primera parte ha estado centrada en la Luna, y la segunda en los lanzamientos, algunos importantes. Sí, la Luna fue el foco, con hasta tres misiones que llegaron, o intentaron llegar. Acabamos el 2023 con la misión japonesa SLIM en órbita selenita. Y su descenso y alunizaje fue bien... hasta que uno de los motores sufrió un problema. No, no se estrelló, sino que acabó reposando en una posición distinta a la pretendida, impidiendo que sus paneles solares recibieran luz solar. Al menos, no durante todo el día lunar, porque se reactivó pasado el tiempo, pudiendo así realizar algunos experimentos en superficie. Además, sobrevivió a varias noches lunares, algo para lo que no estaba preparada, hasta sucumbir al frío nocturno selenita. Sin embargo, sus objetivos, al menos gran parte de ellos, se cumplieron. No mucho después, se inició el programa de misiones comerciales de la NASA con el lanzamiento de Peregrine, uno de los lander diseñados por la firma Astrobotic. Tras un despegue exitoso, la misión se topó con problemas cuando se produjo una grave fuga de combustible. Eso hizo imposible el alunizaje previsto, y en los días que la misión aguantó, se probaron varias de las cargas útiles de a bordo. Todo acabó con una reentrada en la atmósfera terrestre. Más fortuna tuvo el lander Nova-C de la empresa Intuitive Machines, bautizado Odysseus. Todo fue correcto hasta el momento del alunizaje, puesto que uno de los sensores que debía emplear para la maniobra no funcionó, pasando a uno de los experimentos transportados. Alunizó, sí... pero de lado, en vez de quedar derecho. Llegó, que es lo que importa, significando el retorno estadounidense a la superficie selenita después de las misiones tripuladas Apollo. Ahí es nada. ¿Y por Marte? Mientras Curiosity y Perseverance proseguían con sus misiones, rodando por sus terrenos respectivos (alcanzando nuevas tierras, el segundo incluso a punto de abandonar el cráter en el que cayó) nos hemos despedido, más o menos, del vigilante aéreo que ha sido Ingenuity. Un problema durante su último vuelo, el número 72, provocó un duro aterrizaje que destruyó sus aspas, haciendo imposible, por tanto, el vuelo. Pero funciona, a pesar de todo, y mientras funcione, que según lo que sabemos, es el caso, tomará datos meteorológicos que almacenará en su memoria hasta que alguien, en el futuro, recupere ese valioso registro de su interior. En cuanto a los recursos en órbita, la vida sigue, con MAVEN celebrando los diez años desde su inserción orbital. En Venus, mientras, estamos ante lo que podría ser el final de Akatsuki. Desde abril, llevamos sin saber nada del orbitador japonés, que tan dura misión ha tenido desde su primer intento de inserción orbital. Pase lo que pase, sus datos son, y seguirán siendo, un tesoro para la ciencia. Teniendo en cuenta que las próximas no volarán hasta la década que viene... ¿Qué decir de Júpiter? Bueno, Juno entra en la que es su última fase de misión, dejando atrás los pasos cercanos a las lunas jovianas una vez cumplimentados los acercamientos a Io, que nos han proporcionado datos casi cruciales para saber qué ocurre en el interior de esta luna torturada. Ah, y problemas para BepiColombo, cuando los paneles solares del módulo de propulsión han empezado a fallar. Si bien cumplimentó los sobrevuelos de este año sin problemas, su llegada a Mercurio se retrasa un año, hasta noviembre del 2026. Con que llegue, nos basta, la verdad. Sobre la sección telescópica, aniversarios: los 25 años de Chandra y XMM-Newton, los 20 de Swift... Todos trabajan sin descanso, si bien con Chandra ha habido problemas... de financiación, lo que podría suponer una reducción en sus operaciones, si no su fin, sin reemplazo a la vista, salvo por la misión XRISM japonesa, que ya nos entrega sus primeros resultados. Luego están los telescopios Hubble, James Webb, Gaia, INTEGRAL, IXPE, más los más recientes Einstein Probe y SVOM, de los que sabemos poco, o nada. Como decimos, los lanzamientos han estado a la orden del día de la segunda parte del año. Vale, acontecen todo el año, pero en esta segunda parte del 2024 varios han remontado los cielos, alguno por primera vez, como el novísimo Ariane 6, no sin un pequeño problema que evitó cumplir su primera misión con un cien por cien de éxito. Con el problema comprendido, la campaña de lanzamiento del segundo ejemplar está en marcha. Y su hermano menor, el Vega-C, ha retornado al vuelo con un éxito rotundo. Crucemos los dedos con que no haya más. Ah, y luego está el gigantesco Starship de SpaceX, con cuatro vuelos de prueba a lo largo de este año, con distintos grados de éxito, entre ellos el más espectacular: usar unas pinzas de tamaño colosal para atrapar la primera etapa cuando ésta retornaba... a la plataforma de lanzamiento desde la que se lanzó. Que lo consiguieran, y al primer intento, pone los pelos de punta, la verdad. Y para el año que viene, más, en anticipo de que la nave sirva como forma de alunizaje para astronautas en el programa Artemis. Pero los lanzamientos que importan ocurrieron con días de diferencia. Primero la sonda europea Hera, de camino a Didymos, después la sonda de la NASA Europa Clipper, de camino a Júpiter y Europa. Ambos despegues acontecieron perfectamente, y ambas cuentan con rumbos similares. Al menos, por unos meses. En cuanto a otras misiones, JUICE nos visitó para el sobre sobrevuelo Luna-Tierra, Lucy está en marcha por fin de camino a los asteroides troyanos... Y Parker Solar Probe ha alcanzado su destino, en su máximo perihelio al Sol acontecido esta nochebuena pasada. Sobrevivió, y sólo queda saber qué registraron sus sensores en tan crucial paso. En cuanto a la lista de altas, diversas. a las ya contadas, mencionamos las misiones terrestres PACE y PREFIRE de la NASA, las europeas EarthCARE, AWS, Sentinel-2C y Sentinel-1C, así como la solar PROBA-3, más otras que ahora no están en nuestra cabeza. En la de bajas, más allá de la Ingenuity, recordamos la del satélite CloudSat, veterano que llevaba desde el 2006 estudiando las nubes con su radar de precipitación. Y lo que nos espera para el 2025: Sobrevuelos a Marte de Hera y Europa Clipper, más perihelios para Parker Solar Probe, el últimos sobrevuelo a Mercurio de BepiColombo, previo a su inserción órbital, el paso cercano de Lucy por el asteroide Donaldjohanson en abril, más misiones a la Luna, y a Marte (ESCAPADE), y otras cosas de las que no nos acordamos en este momento. Esto ha sido todo, y el año que viene procuraremos estar aquí para relatarlo.

domingo, 31 de diciembre de 2023

Resumen del año 2023

 Una vez más, toca resumir. ¿Qué podemos decir? Pues que ha sido un año de altos y bajos, de bienvenidas y también de despedidas. Quizá, más que ningún otro de los años anteriores, ha sido el año de la Luna. Tres misiones, tres, todas con rumbo a la superficie selenita. La primera rusa en casi cincuenta años, Luna 25, pues sí, se lanzó bien, llegó a la órbita bien, pero se dio el morrón. La culpa, un orden incorrecta que hizo a la sonda encender su propulsión más de lo que debía. Otro fiasco de espacio profundo. La segunda, fue el intento de la India de resarcirse. Y lo lograron. Chandrayaan-3 fue un éxito de principio a fin, con su rover recorriendo el regolito del polo sur lunar sin problemas, mientras el módulo de propulsión por allí permanece, dando vueltas a nuestro alrededor. ¿Nos hubiera encantado de que sobreviviera a su primera noche selenita? Pues claro, aunque no se diseñaron para ello. Y la tercera, desde Japón, aún está de misión. Lanzada en septiembre, SLIM sólo ahora ha llegado a la órbita, y para mediados del mes que viene espera alunizar, con éxito, claro. Esta misión es principalmente tecnológica, para probar que tienen lo necesario para un aterrizaje de suma precisión. En cuanto a Marte, nuestros dos embajadores por su superficie (el rover de China, Zhurong, claudicó el año pasado, y no se le espera) han alcanzado hitos de sus viajes. Curiosity superó los cuatro mil soles de funcionamiento desde que llegó, y aún con capacidades menguadas (la rueda de filtros de una de las cámaras se bloqueó entre posiciones, y hasta la fecha no hay respuesta) sigue su ascenso cumpliendo sus tareas ejemplarmente. Perseverance, ya en tarea extendida, y con más de mil soles en su plataforma, avanza a ritmo de récord, habiéndose adentrado en el delta de su cráter. ¿Achaques? Ninguno todavía, si bien su experimento MOXIE ha sido desactivado. No porque funcione mal, todo lo contrario, ha sido un éxito, pero con él se han hecho todas las pruebas que se las han ocurrido, y más. El siguiente aparato, gracias a la experiencia, será mayor y más potente y eficiente. Ah, y no nos olvidamos de Ingenuity. El helicóptero sí ha sufrido alguna dificultad (aterrizaje de "emergencia" incluido), pero sigue fuerte a pesar de las adversidades. En órbita, poco que informar. Por Júpiter, la bella dama del espacio mantiene su buen hacer, incluso con su tour por los satélites galileanos. Es el turno de Io, la más cercana de todas las lunas grandes jovianas, la más activa, y a la que es más peligroso acercarse, por la brutal radiación en la que está empotrada. Precisamente, ya empieza a manifestarse a bordo, en especial en su cámara de divulgación. Diseñada para sobrevivir a sólo unos pasos por el perihelio, que haya llegado hasta aquí es un éxito rotundo. El último paso de este año de Juno a Io fue ayer, y esperamos ansiosos las imágenes. Son las más cercanas desde los tiempos de Galileo, así que ya ha llovido. Otros lugares, como Mercurio, recibieron su visita preceptiva de BepiColombo, Lucy nos ha enseñado un nuevo asteroide (tres, en realidad), Parker Solar Probe ha acortado distancias con Helios, y New Horizons sigue con su viaje por la porra, como las gemelas Voyager, otras que han sufrido, y sufren diversos problemillas. Se las ha actualizado para garantizar más años de ciencia interestelar, previa a su desactivación final, tal vez a finales de la década. En cuanto a la sección telescópica, la cosa marcha, con el telescopio James Webb a la vanguardia. Desde lo más cercano a lo más lejano, esta herramienta cumple con lo prometido. A la zaga siguen Hubble y Chandra, XMM-Newton e INTEGRAL (con su fin próximo, todo hay que decirlo), NuSTAR e IXPE, Fermi y Swift, Astrosat... Y se une uno más al lote, en el universo X con XRISM, aún en fase de verificación. Y no nos olvidamos del grande, y esperadísimo Euclid. Lanzado este verano, sus pruebas se alargaron más de lo anticipado, pero ya está manos a la obra en su tarea de desentrañar los misterios oscuros del cosmos. Ya que estamos, otra misión europea importantísima es JUICE, lanzada brillantemente, dirigiéndose al hermano mayor del sistema, como otras, por la ruta indirecta. Pequeños problemas, ya resueltos, no impiden su progreso. Para el año que viene nos visita, para un paso muy especial. En cuanto a vuelos tripulados, poco que destacar, con las dos estaciones pasando por relevos periódicos, haciendo la habitación permanente de la órbita más permanente que nunca. Ah, es verdad: se escogieron a los cuatro astronautas que protagonizarán Artemis II, el primer vuelo tripulado a la Luna desde los tiempos de Apollo. Son tres americanos y un canadiense y, como prometieron, con una mujer y una persona afroamericana entre sus integrantes. En otro orden de cosas, la colosal ambición de SpaceX, el gigantesco Starship, es ya una realidad. Una que explota, al menos. Con un primer vuelo problemático, el segundo no fue tan mal si bien las dos etapas se perdieron, otra vez. Ah, un tercer vuelo de prueba parece estar en camino. Ha habido diversas altas este año, como los cuatro pequeños TROPICS o el instrumento TEMPO, el nuevo miembro de la familia de satélites Meteosat (en todos los sentidos), así como otros que no nos acordamos en este instante. Sobre las bajas, a la mencionada de Rusia en la Luna, mencionamos el observatorio japonés Hisaki, la misión de aerosoles CALIPSO (por falta de combustible), y la más importante: Aeolus, la misión de los vientos de la ESA, que se alargó más de lo que su equipo jamás soñó. Y ya preparan sustituto. También ha llegado el momento de otras despedidas como de los lanzadores. Este es el año en que el poderoso Ariane 5 remontó los cielos por última vez. Su sustituto pronto volará, aunque lleva cierto retraso. Hay que empezar a hacerlo, también, con otros conocidos, con el Atlas V, el Delta-4 (ambos sustituidos por el próximo Vulcan), más el HII-A nipón (su sustituto, el H3, no tuvo un buen debut) Y lo que nos espera para el 2024: más misiones a la Luna (incluyendo las sondas comerciales contratadas por la NASA), Europa Clipper a Júpiter, sondas a Marte (si nada se tuerce), tres nuevos ojos al cosmos, dos de ellos en rayos X, nueva visita de BepiColombo a Mercurio, y las solares a Venus, y otras, muchas otras, al planeta Tierra. Interesante, sí, y trataremos de estar aquí para relatarlo.

sábado, 31 de diciembre de 2022

Resumen del año 2022

Es el resumen. Si por algo dominará este 2022 es por un nombre: James Webb. Sí, se lanzó perfectamente el año pasado, y a estas alturas, ya trabaja a todo gas. Fueron seis primeros meses de inserción orbital, despliegues complejísimos, alineamientos, chequeos, revisiones… Todo salió bien, para entregarnos su primera luz. Y por supuesto, no ha decepcionado. Como comprenderéis, hasta ahora es difícil extraer resultados espectaculares de él, su tarea no ha hecho más que comenzar, si bien los primeros apuntes son de nota. Ya que estamos con telescopios espaciales, otro con casi su misma edad ya entrega su promesa. La misión IXPE es todo un éxito, ayudándonos a revelar un aspecto hasta ahora no muy conocido del cosmos. Mucha misión le queda. Ah, y en otro hito, tenemos la imagen de nuestro agujero negro supermasivo. Como la del que hay en M87, pero algo más… digamos, borrosa. Pero espectacular, sin duda. Otro aspecto que domina este año es… la maldita guerra, que ni siquiera el espacio se ha librado. Aquí, el  caballo de batalla ha sido la ISS. Con Rusia con un “si me voy, si me quedo” continuo, nunca ha estado más en el alambre. Pero, todo hay que decirlo, ahora no sólo hay astronautas de la NASA volando en las Soyuz, también hay cosmonautas rusos haciéndolo en las naves de SpaceX. La guerra también ha causado otras consecuencias: en la misión de rayos X Spektr-RG, el instrumento alemán eROSITA fue apagado en febrero, la cooperación Rusia-ESA se ha suspendido, imposibilitando el lanzamiento de ExoMars 2022 (la ESA está preparando una alternativa propia), los cohetes rusos apenas se usan ya para lanzamientos comerciales… En fin, es la guerra. Como guerra hay en Marte, donde hemos perdido dos de los guerreros. La misión de ISRO, MOM, desapareció tras un eclipse, para no volver a escuchar nada de ella, mientras que el lander InSight nos ha dejado por falta de energía. Tenía los paneles solares tan polvorientos, que no se ha podido hacer nada más por él. Pero lo que nos ha dado, y seguirá dándonos, con sus datos archivados, es un regalo. En cuanto a los que aún permanecen, algún que otro problema para MAVEN, observaciones interesantes del resto, y en el suelo, Curiosity y Perseverance siguen
con sus rutas. El primero, ya con diez años rodando por Marte, tenía pensado hacer un desvío hacia el oeste, una región llamada Greenheug Pediment, zona que ya visitó en otra de sus secciones. Sin embargo, el terreno que encontró hubiera sido criminal para sus ruedas. Resultado: media vuelta, y seguir el ascenso al Aeolis Mons por una ruta más suave. Y taladrados, muchos, entre ellos el primero en el área rica en sulfatos. No muchos más problemas ha tenido. Para el segundo, recorrer Jezero es casi como un rally como el Dakar,
con sus dunas. Ha adquirido más muestras (hubo problemas con el sellado de un par de ellas), un poco de regolito, y paseado por la zona, antes de adentrarse, ya el año que viene, en la región del delta. Pero antes, toca depositar diez tubos de muestras en una localización cuidadosamente escogida. Es una medida de seguridad con vistas al futuro, a la misión de recogida de muestras que planean la ESA y la NASA de forma conjunta. Y, ¿qué decir de Ingenuity? Aún aguanta, para los que dudáis. Ya ha acumulado más de una hora de vuelo, con casi ocho kilómetros recorridos en el aire, contemplando parte del hardware de descenso y aterrizaje descartado, por el camino. Sí, también ha tenido sus problemas, pero ya está reprogramado para sortearlos, y para una mejor navegación. Ahora es el explorador que prometía ser. No son los únicos por el sistema solar. Parker Solar Probe y Solar Orbiter continúan con sus misiones sin apenas despeinarse, BepiColombo practicó su segundo sobrevuelo a
Mercurio en junio, OSIRIS-REx sigue en camino, y con misión extendida aprobada, Hayabusa2 continúa sin problemas, Juno ha visitado más satélites galileanos (incluyendo un problemilla reciente), New Horizons está en hibernación, se ha hecho reparación de Voyager 1 en la distancia, Lucy practicó su sobrevuelo a la Tierra sin problemas, si bien el panel solar no completamente desplegado sigue sin asegurarse en su lugar, Y no busquéis a Psyche, no se lanzó. Problemas de hardware y software han impedido su despegue este año. Y hablando de lanzar, dos que dieron que hablar, como el, al fin, primer vuelo normal de Starliner en mayo (el siguiente de prueba, ya con tripulación, se ha fijado para abril del año que viene), y el más importante, Artemis 1, con una prueba completa del gran cohete SLS y la nave completa Orion, un vuelo prácticamente perfecto, desde su despegue en noviembre y su amerizaje en diciembre. Ah, y para China, grandes noticias, porque su estación espacial está completa, con los lanzamientos de los otros dos módulos que la conforman. Y por si fuera poco, primer reemplazo en órbita, al estilo de lo que se produce en la ISS. Ahora, con sus más modernas instalaciones, la ciencia mundial se la rifa. ¿Volarán astronautas de otros países allí? No descartemos nada. Año este de algunas altas, varias de ellas importantes: todo un pelotón a la Luna (CAPSTONE, Danuri, LunaH-Map, Lunar IceCube, LunIR,
Argomoon, EQUULEUS, Lunar Flashlight, Hakuto-R1 y el rover Rashid), satélites meteorológicos como GOES-T, JPSS-2 y MTG-I1, de observación terrestre como el alemán EnMAP, el hidrológico y oceanográfico SWOT… y poco más. Alguno hemos perdido, de los lanzados este año, como NEAScout, OMOTENASHI, o un par de satélites Pleiades, y en la lista de bajas hay que añadir, a las marcianas ya mencionadas antes, más que previsiblemente, al satélite ICON, el sexto satélite de la constelación CYGNSS… y DART, que en un evento espectacular y con mayor éxito al esperado, colisionó con el asteroide Dimorphos, alterando su órbita alrededor de Didymos en más de media hora. ¿Y
qué nos espera para el 2023? JUICE a Júpiter y sus satélites helados galileanos, Psyche a su asteroide, un par de misiones de ISRO a la Luna y el Sol, el observatorio europeo Euclid, otras misiones selenitas como Lunar Trailblazer o Luna 25, así como las del programa comercial de la NASA, el probable estreno de la nave Dream Chaser en su variante de carga, en el también estreno del nuevo lanzador Vulcan, más Mercurio, Marte dando la lata, OSIRIS-REx entregándonos su tesoro, y otras cosas de las que ahora no nos acordamos. Y no nos olvidemos de lo imprevisto. Pues nada, aquí estamos, e intentaremos estar aquí para contarlo.

lunes, 21 de noviembre de 2022

Las próximas misiones a la Luna: Lunar Flashlight

Según los estudios, el agua en la Luna puede tener dos formas: hielo enterrado bajo la superficie, varios metros bajo el regolito; y escarcha de hielo de agua, que se puede encontrar en los primeros centímetros del regolito. Ahora que estamos en plena lucha por cuantificar cuánta agua hay en nuestro satélite, especialmente cuando se plantea la ocupación lunar por el ser humano, se buscan formas de tener cifras concretas.

Clementine empezó el baile, que siguió Lunar Prospector, ampliado por misiones como Chandrayaan-1, LCROSS y LRO. De acuerdo con todos los datos, el polo sur cuenta con las mayores reservas, lo que significa que es allí donde hay que centrar los esfuerzos. Las diversas misiones lunares que volarán con Artemis 1 (ya hemos hablado de ellas) se centran en hacer mediciones de hielo de agua, pero con aproximaciones distintas: espectrometría de neutrones, infrarroja… Hay una más que debería haberles acompañado, pero que no llegó a tiempo de la fecha límite, lo que significó que se tuvo que buscarle acomodo en otro lanzamiento.

De las diversas formas que hay de examinar el hielo de agua selenita, la que usará Lunar Flashlight es sin duda la más pintoresca. Se decidió que una de las formas de estudiar el problema era usando espectrometría infrarroja. El problema estaba en el lugar que se debe estudiar: las regiones en sombra permanente o PSR. Allí, no llega nunca, o casi nunca, la luz solar. Eso implicaba que se necesitaba una fuente de iluminación. En un primer momento, y de la mano con NEAScout, esta misión también contaría con una vela solar que, en su caso, serviría para iluminar la zona que examinar. Pero lo acabaron desechando. El resultado final es una aproximación, cuanto menos, insólita, al problema.

El número total de Cubesats que iba a volar con Artemis 1 era de trece, pero tres de ellos, Lunar Flashlight entre ellos, se quedaron fuera. Sí, es un Cubesat que emplea el factor de forma 6U, como los ya mencionados.

Su bus está fabricado en aluminio, con unas medidas de 11.6 x 23.9 x 36.6 cm, alojando lo necesario para funcionar en su interior y exterior. Por sus reducidas dimensiones, la redundancia es limitada o prácticamente nula. Su ordenador, usando un procesador LEON3-FT gestionará las operaciones de a bordo autónomamente, almacenando toda la información generada en una memoria flash de ocho gigabytes. Todo este sistema ocupa un volumen de 1U. Su sistema de control de actitud es el BCT XACT-50, que alberga todo lo necesario en un único paquete. Para sus comunicaciones, empleará el transpondedor para Cubesats Iris 2.1 que trabaja en banda-X, usando dos antenas de baja ganancia para todas las comunicaciones. Para la energía, paneles solares, dos pares de tipos distintos, uno sólido y un segundo desplegable en tres secciones, cargando las baterías de a bordo. Posiblemente, el aspecto más interesante de la pequeña sonda es su propulsión. Es convencional, sí, con cuatro propulsores diseñados para trabajar con un nuevo tipo de combustible: AF-M315E, también conocido como ASCENT, probado con éxito en la misión GPIM. Es un combustible “verde” que es menos tóxico que la hidracina habitual lo que le hace más seguro de manejar y almacenar. Es más denso, lo que permite almacenar más en un mismo tipo de tanque, y proporciona un impulso específico mayor. La propulsión doblará porque además de para maniobras correctoras, se usará para controlar su actitud en caso necesario. En cuanto a su protección termal, la típica de medios activos y pasivos, con mantas multicapa, radiadores y calentadores eléctricos. Su instrumento es un reflectómetro láser. Esto significa que
necesita una fuente de iluminación para poder tomar los datos. El sistema se compone de un transmisor láser y el sistema receptor, todo ocupando un volumen 2U. El transmisor láser cuenta con cuatro diodos emisores, cada uno en una longitud de onda específica: dos para mediciones del espectro continuo (1.064 y 1.85 micrones) y dos para la detección de hielo de agua (1.495 y 1.99 micrones). El sistema cuenta con una batería propia, separada de la del sistema energético de la sonda, proporcionada por Sony (la de la sonda es de Panasonic) que se empleará para hacer disparar los láseres. En cuanto éstos reboten en la superficie, serán recogidos por un telescopio receptor con un espejo paraboloide de 70 x 70 milímetros, completamente construido en aluminio, con un eje desviado casi treinta grados. De ahí, va al sensor, una unidad de dos milímetros de diámetro, de un solo pixel, elaborado en arseniuro de indio y galio, dentro de una carcasa situada en uno de los laterales del montaje del espejo. Esto dota al sistema de una longitud focal de setenta milímetros y, para evitar luz no deseada en el diminuto detector, su carcasa cuenta con una apertura repleta de bafles y vanos. Para refrigerar el detector de forma continua a -60ºC cuenta con un radiador estabilizado por un regulador. Por supuesto, el transmisor de los láseres también cuenta con su propio radiador, siempre mirando al espacio profundo. Con su combustible cargado, su masa de despegue será de catorce kilogramos.

Puede parecer poquísima cosa para un Falcon 9, pero fue el escogido para elevarlo a la Luna. Será una de muchas cargas secundarias de la misión principal, el lander privado japonés Hakuto-R Misión 1, que carga con el rover Rashid, o Emirates Lunar Mission. Se ha asignado esta misión al núcleo con el número serial B1073.5, que ya ha volado cuatro veces, tres con decenas de satélites de la constelación Starlink y la restante, con el satélite de telecomunicaciones SES-22. Según el calendario de lanzamientos, no volará hasta el 28 de noviembre.

Una vez separado y volando en solitario, Lunar Flashlight tardará aproximadamente unos 190 días en alcanzar la Luna, usando una trayectoria que hará que la sobrevuele antes tres veces, dos de ellas acompañadas de pasos cercanos a la Tierra. El destino es una órbita muy especial, una trayectoria muy alargada alrededor de Selene denominada Órbita de Halo Casi Rectilínea. No es una órbita elíptica al huso. Es muy compleja la explicación, se nos escapa, pero la NASA ha puesto los ojos en ella para su estación tripulada Gateway porque al ser casi estable, se necesitará poco combustible para mantenerse en ella. Pero lo necesitará, sin embargo, con maniobras periódicas, como pasa en las órbitas de halo en los puntos de Lagrange. Su apogeo será de unos 70.000 km, con un perigeo, sobre el polo sur selenita, que podría llegar hasta los doce, tardando siete días en completarla. Para Lunar Flashlight, el paso por el perigeo coincidirá con el polo sur lunar.

Una vez instalada en su órbita de trabajo, la misión principal de este pequeño activo se planea para durar dos meses, si bien el tiempo de operación en cada paso por el perigeo durará de entre dos a tres minutos, lo que aguante la carga de la batería de los láseres. Éstos, una vez el sistema quede activado, dispararán en secuencia, con tiempos de entre uno a seis milisegundos, con periodos de espera entre disparos idénticos, pero la cadencia nominal ser de seis milisegundos, también. En la superficie, cada láser tendrá una huella de, al menos, treinta y cinco metros de diámetro, y se espera que en el tiempo de operación de los láseres, se cubra una sección recta de diez kilómetros, tanto por cráteres en sombra como por zonas iluminadas. El hecho de que haya cuatro longitudes de onda diferentes, dos para agua y dos que no, servirá para comparación. El regolito lunar carece de huellas espectrales en esta región del infrarrojo de onda corta, mientras que las longitudes de onda seleccionadas para agua cuentan con profundas señales espectrales. Esto significa que, al comparar ambas, junto con mediciones de fondo recogidas de manera pasiva por el detector, se conseguirán los resultados buscados. ¿Qué hará el resto del tiempo de cada órbita? Descargar la información, cargar la batería de los láseres, ejecutar maniobras para mantenerse en su órbita… esas cosas. Si al final de esta misión principal aún cuenta con combustible, la misión podría proseguir, pero su final quedará cantado: impactar con la superficie lunar.

Ya lo veis: otra solución imaginativa con la que investigar el problema del agua en la Luna. Y no os preocupéis. Pronto habrá otra más, pero en un formato algo más grande.