La galaxia M95, desde Swift.
Ya ha habido misiones a los asteroides, como NEAR-Shoemaker a Eros, Hayabusa a Itokawa, Dawn a Vesta y Ceres, Hayabusa2 a Ryugu, OSIRIS-REx a Bennu, y otras que han pasado cerca de camino a sus destinos, como Galileo, Stardust, Cassini, New Horizons o Rosetta, y una tecnológica que se puso a prueba cerca de uno, la mítica Deep Space 1. Todos los cuerpos visitados por estas misiones se encuentran en el sistema solar interior, ya como asteroides NEO’s, ya en el cinturón principal. Así, es hora de
Después de una misión “convencional” como es InSight, hacía falta un proyecto que estirara los límites de la técnica. Podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que con Lucy volvemos al más puro espíritu de las misiones Discovery. La misión realizará casi el viaje más largo en distancia, y el que más en tiempo, para así poder cumplir su misión. Como el presupuesto del proyecto es limitado, la última parte de la recomendación (la exploración orbital) se descarta, pero no se evita visitar un número más que notable de cuerpos asteroidales de diversas condiciones, tamaños y formas. Al investigarlos con un único equipo científico, conseguiremos mayores conclusiones de las que se podrían alcanzar con misiones separadas e instrumentaciones diversas.
Para lanzar a Lucy, se ha optado por el valor seguro del Atlas-401. Ya ha lanzado muchas misiones, entre ellas varias sondas, como MRO, LRO/LCROSS, MAVEN e InSight, y cuenta con prestaciones de sobra. La numeración tiene su significado, con el primer número refiriéndose al diámetro de la cofia protectora, de 4 metros de diámetro, el segundo a que su núcleo carece de aceleradores sólidos expulsables, y el tercero a que la etapa superior Centaur usa un solo motor. El lanzamiento está fijado para el próximo día 16, y una vez termine el proceso, la sonda estará en camino. Pero sólo será el inicio de una odisea que durará 12 años.
Tras el segundo sobrevuelo, la misión se encontrará en una trayectoria altamente elíptica, con su afelio un poco más allá de la órbita joviana. Es interesante porque la órbita resultará ser sumamente estable con el tiempo. Por supuesto, lanzarse hacia el sistema solar exterior significa atravesar el cinturón de asteroides, y es allí donde Lucy tiene su primera cita. El cuerpo a visitar recibe la nomenclatura 52246 Donaldjohanson, nombrado así por el co-descubridor de Lucy, a sugerencia del equipo de la misión. Lo tiene todo para la misión: es un objeto tipo C, oscuro (albedo: 0.1), pequeño (menos de 4 km. de diámetro) y de rotación relativamente larga, con 252 horas. Fue descubierto el 2 de marzo de 1981 desde el observatorio de Siding Springs, Australia. Orbita en torno al Sol a distancias de entre 1.9 y 2.8 unidades astronómicas (inclinada 4º con respecto a la eclíptica), tardando 3 años y ocho meses. Según su curva de luz, podría ser un objeto alargado, o un sistema binario sincrónico. La razón de esta visita es para usarlo como ensayo general para cuando llegue el momento de sobrevolar los troyanos. Las operaciones de sobrevuelo comenzarán sesenta días antes del encuentro (en la jerga de la misión, E-60) cuando se inicien las operaciones de navegación óptica con L’LORRI, con tres sesiones por semana. Cabe la posibilidad de que no encuentre el asteroide en las primeras sesiones, y sólo con el procesado en tierra, superponiendo las imágenes (un proceso llamado co-añadido) puede localizarlo. Al hecho de su bajo albedo se sumará, en este caso, en un ángulo solar muy pequeño, porque la órbita del asteroide y la trayectoria de Lucy en el momento del encuentro serán casi coplanares. A este método se le sumará la precisa radio navegación (métodos Doppler y Delta-DOR) que sitúa la sonda en un punto concreto del espacio con metros de exactitud La cadencia aumentará a partir de E-45 días, con sesiones de imágenes para navegación óptica ocurriendo diariamente. Toda esta información (posición de la sonda relativa a la Tierra, situación del asteroide) servirá para practicar maniobras de corrección para llegar al punto de sobrevuelo deseado. A partir de E-12 días comenzarán las secuencias científicas, apuntadas a buscar satélites alrededor del asteroide, lo que no quiere decir que imágenes anteriores no puedan ser utilizadas para lo mismo. Es a partir de ese momento en que se solapará la tarea de L’LORRI, con sesiones científicas y de navegación óptica una detrás de otra. El periodo verdaderamente científico arrancará a E-4 días, y se prolongará hasta E+4 días, denominada subfase de máxima aproximación, y toda la instrumentación entrará en juego. Al mismo tiempo el software iniciará un modo de protección contra fallos llamado modo de auto recuperación. Puesto que la secuencia científica ya estará programada de antemano, y a consecuencia de la distancia entre la sonda y la Tierra, en caso de problemas esta herramienta tratará de resolver por su cuenta los problemas que surjan, minimizando así las pérdidas de datos. En esta fase, las T2CAM serán cruciales, ya que, como las observaciones dependen de la distancia al asteroide, tener un conocimiento actualizado en tiempo real de su localización mejorará el retorno científico. Terminada la etapa de sobrevuelo, tras el E+4 días, y concluida la descarga de datos, Lucy retornará al crucero. La máxima aproximación a 52246 Donaldjohnson ocurrirá el 20 de abril del 2025, a una distancia de 1000 km., la estándar para los troyanos. Obviamente, apenas podremos distinguir su forma. Todavía le quedarán dos años hasta llegar al primero de los troyanos.
14 días después del segundo encuentro troyano, ejecutara la cuarta maniobra de espacio profundo, reduciendo su inclinación a 4.56º. Esta maniobra la realizará muy en avance del tercer encuentro, fijado para el 18 de abril
La quinta DSM no ocurrirá hasta tres meses después, en julio del 2028, siendo la segunda mayor de la misión, tanto que reducirá la inclinación hasta los 1.83º sobre la eclíptica. Así, quedará lista para el último encuentro troyano en el enjambre del punto L4. Sobrevolará 21900 Orus el 11 de noviembre del 2028. Fue descubierto
Siguiendo su trayectoria elíptica alrededor de Helios, Lucy hará un tercer encuentro con la Tierra, el 26 de diciembre del 2030, pasando a unos 660 km. de la superficie. Este encuentro sólo servirá para una pequeña corrección en su órbita, iniciando así el retorno al sistema solar exterior, solo que para entrar en el segundo grupo de troyanos, aprovechando los movimientos orbitales de Júpiter. El efecto que sí tendrá este sobrevuelo será aumentar de forma considerable su inclinación orbital, pasando ahora a 10.74º sobre la eclíptica.
En todos y cada uno, Lucy apunta a estos objetivos: geología (estudios de la forma, albedo, distribución de cráteres y de sus tamaños; estructura de su corteza y estratificación; edades superficiales), color y composición (especialmente, distribución y propiedades de los distintos materiales: mineral, hielo y elementos orgánicos), interior y propiedades brutas (masa, densidad, composición subsuperficial observando el interior de los cráteres, de las fracturas, los eyectas, y las rocas expuestas en superficie) y satélites y anillos (búsqueda de ambos en cada cuerpo). Este será un viaje a la diversidad. A pesar de sus similares tipos espectrales, por composición son muy distintos entre sí, lo que apunta a formaciones en lugares muy distintos del sistema solar. Los troyanos son considerados como los escombros que quedaron de la formación del sistema solar exterior, y lo mejor es que han pasado prácticamente inalterados desde que se crearon. A la pregunta de cómo llegaron allí, esa es otra historia.
Una vez más, una misión Discovery
nos lleva atrás en el tiempo, a una época violenta y peligrosa de nuestro
sistema solar. Y si pensáis que aquí se acaba todo, para nada. Su larga órbita
es tan estable que, hasta donde aguante el combustible, será posible visitar
más troyanos durante una misión extendida. Pero como siempre toca, habrá que
sentarse, y esperar.
No es nuestra intención repetirnos, no. Ya hablamos de Landsat en su día, con motivo del despegue de Landsat 8. Más de ocho años después, han pasado muchas cosas, y en unos días, un nuevo ejemplar, el noveno, quedará situado en órbita para continuar la tarea.
Landsat 8 introdujo este programa en el nuevo siglo, con sus sistemas a la última y con una calidad difícil de igualar. Tras su despegue en febrero del 2013, se convirtió en el satélite principal, permitiendo la jubilación del veteranísimo Landsat 5, y trabajando en coordinación con Landsat 7 y Earth Observing-1. Lamentablemente, también perdimos éste último, en el 2017, quedando nada más que los dos Landsat, orbitando a pocos minutos el uno del otro. Pero hay que entender que Landsat 7 no es un jovencito, ya tiene 21 años en órbita, y con sus problemas (en cada escena, pierde hasta un 25% de los datos por una avería en el sensor), por lo que su retiro está ya próximo. Ya comentamos que existe otro programa que tenía objetivos similares, el francés SPOT, pero ahora estos satélites se han pasado a la muy alta resolución, de 2.5 metros, por lo que se han salido de la ecuación. Eso hizo que Landsat se quedase solo… hasta la llegada de los satélites Sentinel-2. Gestionados por la ESA en nombre del programa Copernicus de la Comisión Europea, esta constelación comparte mucho con Landsat, desde objetivos hasta la cobertura espectral. Es más, su único instrumento es de características más que similares a las del principal de Landsat 8. Pero Sentinel-2 es diferente: para empezar, orbita a mayor altitud (786 km. por los 705 de Landsat), cubre más terreno (290 km. por los 185 de Landsat), y ofrece mayor resolución (10, 20 y 60 metros en multiespectral, por los 15 en pancromático, 30 multiespectral y 100 en infrarrojo termal). Sin embargo, la mayor diferencia es su posicionamiento en órbita: uno solo retornaría al mismo lugar de la Tierra en 10 días, pero como ambos orbitan con una separación de 180º, el tiempo de retorno se reduce a apenas cinco días. Esta cualidad permite incrementar el volumen de datos generados acerca de fenómenos efímeros o situaciones de alarma, pero también es útil para vigilar cosechas, controlar la expansión urbana, y mantener un ojo sobre los problemas provocados por el cambio climático, y ninguno más visible como el retroceso de los glaciares. Esta constelación, desplegada entre los años 2015 y 2017, lleva trabajando desde entonces, sin problemas aparentes. Duda: ¿acaso Landsat y Sentinel-2 compiten? En realidad, no. Ya antes del lanzamiento de la primera unidad Sentinel-2, tanto la NASA y el USGS (quien gestiona todo lo relacionado con Landsat) por un lado, como la ESA y la Comisión Europea por el otro, entendieron que ambos programas son complementarios entre sí, de modo que se firmaron acuerdos de cooperación, hasta el punto en que los primeros pueden recoger, procesar y distribuir datos de Sentinel-2, y los segundos pueden hacer lo propio con los de Landsat. Es casi como tener dos constelaciones en distintos puntos, recogiendo información con sólo horas entre una adquisición y otra. Es una gran ventaja, y más cuando fue posible, para los Landsat, aumentar, ya casi desde el principio de la misión de Landsat 8, incrementar el número de escenas recopiladas. El plan previo al despegue preveía unas 400 al día, pero con el satélite ya en operaciones, el número de escenas se incrementó a más de 700. También se aplicó a Landsat 7, pasando de las 375 a más de 450. Otra duda: ¿qué ha aportado Landsat 8 al programa? No sólo ha doblado el número de escenas capturadas, procesadas y distribuidas desde que funciona, sino que su impacto se aplica a TODA la base de datos de Landsat, que son casi cincuenta años de datos, y millones de escenas, hasta tal punto, que con las imágenes adquiridas, ha sido posible reprocesar TODA la base de datos bajo un único estándar. Esto demuestra la potencia del último satélite.No todo son fuegos artificiales, claro está. Si bien Landsat 8 está en buenas condiciones, han surgido problemas con uno de sus sensores, TIRS. Se aceptó cierto riesgo al lanzarlo, sí, pero ha demostrado un buen rendimiento. Eso sí, al poco de ser elevado, cuando capturó sus primeras secuencias, se vio que por el telescopio entraba luz solar no deseada, lo que reducía la calidad de las adquisiciones. Pero el mayor problema, sin embargo estaba en la avería de las electrónicas de un elemento denominado codificador del Espejo de Selección de Escenas, impidiendo saber al instrumento en la posición en la que está, lo que ha llevado a temporales apagados del sensor hasta resolver los problemas. Hay que recordar que se garantizó su funcionamiento para 3 años, y ya están muy atrás. A pesar de todo, Landsat 8 sigue al pie del cañón, y en unos días su gemelo le acompañará en órbita.
Landsat 9 despegará con una misión simple, la continuidad. Este era el mismo objetivo de su antecesor, tarea que ha cumplido con creces. ¿Aporta algo nuevo? No, en realidad. Entonces, ¿por qué se ha tardado tanto en lanzarlo? En eso ya no nos metemos. Pero sí tenemos que decir que su importancia es tal, que Landsat es ahora un recurso estratégico, por lo que tiene el apoyo de las más altas instituciones del estado. Su importancia, así, es capital.Landsat es de vital importancia,
y el objetivo del noveno satélite es, como ya hemos dicho, la continuidad de la
base de datos. En un mundo en crisis como en el que estamos, con desastres en
cada rincón del planeta, con científicos buscando resolver los misterios de la
formación de la Tierra, y con el reto de comprender e intentar mitigar el
cambio climático, se necesita más que nunca. Y los próximos Landsat, sin duda,
serán todavía más innovadores y necesarios, si cabe.