Bueno, este 2020 se acaba, y sólo podemos decir una cosa: ya era hora.
Creemos que no hace falta decir el por qué. Pero con bichejo o sin bichejo, la
actividad no se detiene. El año pasado esperábamos un periodo excitante y,
bueno, todo se ha ralentizado. Menos novedades, menos lanzamientos, menos
problemas, pero la misma actividad. Un año que empezamos acalorados, con el
lanzamiento, el 10 de febrero, de la esperadísima
Solar Orbiter rumbo a Helios, a verlo como nunca. Lo prometía, y lo
cumplió, porque ya nos ha entregado las imágenes más próximas tomadas a nuestra
estrella,dando un descubrimiento: “
hogueras”, es decir, llamaradas diminutas. Y
esto es solo el anticipo. Para finales del año que viene empezará lo bueno de
verdad. Así, se une a la ya brillantísima
Parker
Solar Probe, con seis perihelios ya a sus espaldas, y lista para un
séptimo. ¿Cuál era el siguiente foco de interés? Ah, sí, Marte. Este año
prometía cuatro lanzamientos en fila india, pero solo se han producido tres.
ExoMars 2020 se ha quedado en tierra dos
años más, para solucionar diversos problemas, en particular con sus paracaídas,
por lo que no volará hacia su destino hasta finales de septiembre del 2022. El resto,
ya en ruta. Primero
Al-Amal, elevada
desde Japón el día 19 de julio, seguida por la china
Tianwen-1, conjunto de orbitador y rover mandados al planeta rojo
el día 23 de julio. Sin quedarse atrás, le tocó turno al nuevo rover de la
NASA, llamado
Perseverance, el 30 de
julio. Este trío está a dos meses de llegar, siendo el primero el orbitador de
Emiratos Árabes, el próximo ocho de febrero. Sobre lo que ha acontecido allí,
diverso. A una atmósfera que brilla en la oscuridad en
luz ultravioleta, a una
atmósfera que, durante la última tormenta de polvo global, se expandió,
facilitando su expulsión al espacio. Y en la superficie, por un lado, una suerte de
road trip para
Curiosity, y progresos, lentos, para
InSight. Este año el rover ha taladrado
seis veces en el suelo marciano, ha
escalado, llegando a inclinaciones de 30º (record
de misión, no record total) y ahora está en travesía para llegar a una nueva
zona de indagación, pasando de explorar minerales de carbonatos a minerales de
sulfatos. Teóricamente, ya debería haber llegado, pero se detuvo a taladrar, y
tan interesante fue que se quedó mucho más tiempo del inicialmente previsto. El
lander, mientras, ha seguido su trabajo de meter el Mole a la profundidad, al
menos, mínima de 3 metros. No ha sido tarea fácil: se
volvió a salir, y hubo
que empujar colocando la pala del brazo robot encima del aparato. Éxito, sí,
pero costoso en el tiempo. El Mole ha está bajo la superficie, y enterrado
gracias a la pala, ahora hay que esperar a que el subsuelo marciano
colabore. Y sí, ha detectado terremotos. Marte
fue tímido al principio, pero cuando se soltó, se lanzó. El temblor más potente
registrado apenas supera los cuatro grados en la escala terrestre, pero fue
suficiente para localizar su origen, la fracturada región de Cerberus Fossae. Y
entonces… se apagó. No el lander, sino el planeta. Fue comenzar la estación
ventosa, y la detección de terremotos se detuvo. ¿La razón? Interferencias del
viento, incluso en la misma superficie. Este es un año de aniversarios: 15 desde
el lanzamiento de
MRO, diez del de
SDO, pero el más importante es el de los
25 desde el despegue del glorioso observatorio solar
SOHO, que
además, añade a su cuenta de cometas un montón más,
superando los 4000 descubiertos. Lo bien hecho dura, y más en su caso, tras
sobrevivir a lo que tuvo que sobrevivir esta misión impresionante. Y todo esto,
con un nuevo ciclo solar, con Helios camino de un nuevo máximo, que no se
espera en, al menos, tres años. Este año también ha sido el de los tesoros. El primero
en llegarnos nos lo entregó
Hayabusa2.
Una vez en casa, y desenvuelto el regalo,
más muestras de las que esperaban. Habrá
ciencia para décadas. También, en un viaje de ida y vuelta a la Luna,
Chang’e 5 vio, llegó, retornó, y
triunfó. Una de las misiones más complejas jamás lanzada, y una de las más
pesadas, culminó con rotundo éxito con el retorno de algo menos de 2 kg. de
material selenita. Y todo esto, con
Chang’e
4 y
Yutu-2 todavía circulando. Sólo
nos queda la de
OSIRIS-REx, recogida
en octubre, pero no la esperéis hasta septiembre del 2023. También hemos tenido
novedades de otras parcelas de este rincón cósmico nuestro. Por ejemplo, el “corazón”
de Plutón late,
en
Júpiter hay “
bolas de naftalina”, y en Venus, estamos más cerca de llegar al meollo de la
superrotación atmosférica, y está el descubrimiento (o no) de
fosfina en su
atmósfera. La fosfina es un elemento precursor de la vida, pero entre unos que
dicen que sí está, y otros que no, pues no sabemos qué pensar. Para confirmarlo
(o desmentirlo) ya sabéis la solución: ir allí. Además, la propia diosa de la
belleza ah sido punto de encuentro para tres misiones:
Parker Solar Probe,
BepiColombo
y la ya mencionada
Solar Orbiter. Las
tres han aprovechado la gravedad del planeta para manipular sus órbitas, y al
tiempo, tomar datos. A estos sobrevuelos se suman el que practicó
BepiColombo antes, a la Tierra, mientras
el mundo estaba bajo llave. Hay almas que todavía nos hablan, como el de
Rosetta, informándonos que su cometa
cambia de color con la distancia (rojo cuanto más cerca, azul cuanto más lejos),
o que es increíblemente poroso y prístino, o como el de
Cassini, que nos enseñó que en el polo norte de
Encélado hay una
actividad semejante, pero menor, a la que se encuentra en el sur. En
cuanto a
lo que hay más allá, diversos apuntes: un exoplaneta en órbita de un sistema
binario, no alrededor de una de las dos estrellas, ráfagas de radio
ultrapotentes, el cálculo del tamaño del halo de Andrómeda, pero sobre todo,
está en dos: la misión de rayos X
Spektr-RG
y la misión exoplanetaria
CHEOPS. El primero
nos está entregando datos espectaculares sobre el universo X, los suficientes
como para haber formado, hasta ahora, dos escaneos del cielo, quedando seis más.
La segunda,
nos ofrece lo que prometió:
mediciones ultraprecisas del tamaño de
planetas extrasolares, lo que está
permitiendo saber cómo son. A esto se añade mediciones similares… de sus
estrellas. Como suele decirse, esencia grande en frasco pequeño. La lista de
altas de este año es breve: a las tres marcianas, se suma únicamente
Sentinel-6A, que continuará la serie de
datos de topografía oceánica con mayor precisión que nunca. Deberíamos haber
sumado también a
SEOSAT-Ingenio y
TARANIS, pero un problema con el
lanzador
Vega lo impidió. Y en la de
bajas, solo una, la ya anunciada del observatorio de infrarrojos
Spitzer. La más longeva de la historia
de la astronomía infrarroja, nos enseñó de todo, desde lo más cercano a lo más lejano,
de lo más pequeño a lo más grande, y siempre con calidad. Nos quedan pocos de
los viejos guerreros. Pero el año que viene llegarán nuevos, y también nos asombrarán.
En la ISS, nueva época, cuando, el 30 de mayo, se lanzó una nave
Dragon, la
Endeavour, y esta con tripulación de dos astronautas. Y por si no
fuera poco, en octubre la nave
Resilience,
con cuatro, ya en misión oficial, elevando la dotación del complejo a siete, la
cifra
proyectada originalmente. Ya se nos olvidaba: finalmente, la astronauta Christina Koch batió el record de permanencia en el espacio para una mujer en una sola misión, con 328 días. Un triunfo. No podemos acabar sin mencionar el delito de
dejar morir de sus heridas al radiotelescopio de Arecibo, cuya estructura
suspendida se desplomó sobre el plato, destrozándolo casi por completo. La mejor
herramienta en el estudio de asteroides cercanos a la Tierra, y la abandonan a
su suerte. Y todo lo que nos espera el 2021: Marte más jungla que nunca, con la
llegada de los lanzados este verano, la nueva misión de
Hayabusa2, las operaciones conjuntas de
Parker Solar Probe y
Solar
Orbiter,
BepiColombo y su deambular, y lanzamientos, como el de las
misiones asteroidales
DART y
Lucy,
la misión de rayos X
IXPE, y la más
esperada de la década, el gran observatorio espacial
James Webb. Y estaremos aquí para relatarlo.