Los gigantes gaseosos, desde el telescopio Hubble.
viernes, 30 de abril de 2021
lunes, 26 de abril de 2021
Las estrellas y sus tipos
¿Cómo sabemos a qué tipo de estrella estamos mirando? Durante un tiempo, esto fue imposible. Por supuesto, los observadores a simple vista, cuando no había telescopios, solo podían recoger el brillo de cada estrella tal y como la podemos ver, filtrada por la atmósfera. La invención de la espectrografía cambió la forma que tenemos para estudiarlas. El primer paso fue tener un espectro del Sol, y fue Sir Isaac Newton el primero que lo consiguió, en 1666. No será hasta el siglo XIX cuando se daría el siguiente salto. Fue el científico alemán Joseph von Franhofer el que descubrió que en el espectro de luz recogido, resaltaban unas líneas oscuras, casi como el código de barras actual. Estas líneas son, en realidad la representación de los elementos que componen el Sol, absorbidos en luz visible, una interpretación descubierta en 1859 por dos astrónomos, Gustav Kirchhoff y Robert Bunsen. El siguiente paso era llevar esto a las otras estrellas que no fueran el Sol, y para ello, obligatoriamente, urgía la necesidad de un telescopio al que acoplar un espectroscopio. Así, de manera independiente, el italiano Angelo Secchi y el inglés William Huggins hicieron el primer estudio pormenorizado de las estrellas mediante el estudio de su espectro visible, encontrando diferencias entre ellas, las suficientes como para empezar a hablar de tipos de estrellas. ¿Qué diferencias? Si bien todas las estrellas tienen una composición de gases muy similar unas de otras, los espectros permitían ver en qué parte del espectro visible estas líneas están más concentradas, obteniendo información sobre lo que pasa en esas estrellas y, sobre todo, de su temperatura.
Es conocido como el sistema Harvard, y Cannon asignó a cada tipo estelar una letra. De este modo, del más frío al más caliente, tenemos los siguientes:
- Las
más frías son las estrellas tipo M, las que resaltan más que nada en luz roja. Las
que generan destacan en esta clasificación son las gigantes rojas, pero son
más, muchas más, las enanas rojas, las cuales, de hecho, son el tipo más
frecuente en esta galaxia. Entre las gigantes rojas, tenemos, por
ejemplo, a la célebre Betelgeuse, mientras que entre las enanas, podemos mencionar, para empezar, Proxima Centauri, Wolf 359, Lalande 21185, y muchísimas más, tantas, que 50 de las 60 más próximas al Sol son precisamente enanas rojas. Más que rojas, más bien son estrellas de una tonalidad anaranjada, con temperaturas superficiales que no superan los 3500ºC. Mientras que las gigantes rojas son estrellas en las últimas etapas del ciclo vital estelar, las enanas rojas son pequeñas estrellas (más incluso que el Sol) en su secuencia principal. A causa de su tamaño, y su temperatura, fusionan hidrógeno a un ritmo muy lento, por lo que son estrellas de muy larga vida, superando incluso los 10 billones de años. Su irradiación es poca en luz visible, pero muy intensa en ultravioleta y rayos X.
- De
mayor temperatura, tenemos las estrellas del tipo K. en este tipo se encuadran
estrellas gigantes,
súper-gigantes e híper-gigantes, pero también enanas naranjas. Por temperatura, son algo más calientes que las tipo M, llegando a temperaturas de “sólo” 4.000ºC. Entre las grandes, tenemos alguna tan célebre como Arcturus (que, en realidad, es una gigante roja), monstruosidades como RW Cephei (con un radio más de 1000 veces superior al de Helios) o estrellas en la secuencia principal como Alfa Centauri B o Epsilon Eridani. Las enanas, al ser más calientes, queman hidrógeno algo más rápidamente que las enanas rojas, por lo que, además, pueden ser buenas candidatas a contener planetas potencialmente habitables.
- Las
que más conocemos, más que nada porque convivimos con una, son las tipo G. Por
temperatura,
como bien sabemos, llegan hasta los 6.000ºC. De las estrellas en la secuencia principal en el vecindario solar, estas estrellas son el 7.5% del total. En general, las tipo G son estrellas enanas como Helios o 61 Ursae Majoris, pero también existen súper-gigantes amarillas. La más célebre es la estrella principal del sistema trinario de estrellas Polaris, es decir, la Estrella Polar, con una masa casi seis veces superior a la solar, y un radio casi cuarenta veces mayor. Por si faltara poco, además, es variable, en la categoría de las Cefeidas. Lo peculiar con las tipo G es que no hay término medio: o enanas, o a lo grande, por lo que el espacio entre medias se le conoce como el Vacío Evolucionario Amarillo.
- Más
calientes, nos encontramos con las tipo F. Su color es de un blanco amarillento,
con temperaturas
alcanzando los 7500ºC. Se trata, hasta donde sabemos, de estrellas enanas, como Procyon A, sólo un poco mayor que nuestra estrella. Esto no quita con que haya súper-gigantes, como Canopus, con un radio 71 veces el de Helios y una masa superior a entre 8 y 10 veces el solar. Claro, que esta gigantesca estrella contiene características que lo ponen en la siguiente categoría.
- Las
estrellas tipo A están ya caldeando el ambiente. Su temperatura es tal que
alcanza los 10.000ºC, y
exhiben fuertes líneas de absorción de hidrógeno. Éstas son las estrellas blancas, y muchas famosas caen en esta categoría: Sirio A, Vega, Deneb o Formalhaut entre ellas. Sirio A, por ejemplo, tiene una masa el doble que la solar, pero 25 veces su luminosidad. Vega, también el doble de masa, y el doble de tamaño que Helios, es todavía más brillante, hasta 40 veces más. Su ciclo de vida es más corto, y por si faltara poco, son estrellas que carecen de zona convectiva, por lo que carecen no solo de dinamo magnética, tampoco tienen emisión de rayos X.
- Si
se habla de calor extremo, las estrellas tipo B casi se llevan la palma. Estas son
las estrellas azules.
Sus temperaturas son tan altas que alcanzan los 30.000ºC, y las hay en la secuencia principal, y gigantes y súper-gigantes. El gran problema que tienen estas es que son estrellas de muy corta vida, porque queman hidrógeno a ritmos muy altos. Entre los ejemplos azules, tenemos la célebre Rigel, que es una súper-gigante azul, con una masa 21 veces, un radio de 78 veces, y una luminosidad de hasta 363.000 veces la de Helios, una estrella que seguramente acabe su vida como una supernova, dando origen a una estrella de neutrones o un agujero negro. En la categoría de las situadas en la secuencia principal, un ejemplo es h Aurigae, con una masa casi seis veces superior a la solar, y una luminosidad 955 veces superior.
- Las
estrellas tipo O, también azules, suelen quedar muy cercanamente asociadas a
las anteriores, de ahí
que muchos unifiquen el tipo como OB. Las tipo O son tan calientes, o más, que las tipo B, y son todavía más azules, superando los 30.000ºC. La mayoría de radiación la emiten en luz ultravioleta, y si confeccionáis alguna lista de estrellas gordas, muchas pertenecen a esta categoría. Como las tipo B, también están en la secuencia principal, pero también gigantes y súper-gigantes. Eso sí, son increíblemente raras. En éstas, el elemento que domina en el espectro es el helio, nada raro si tenemos en cuenta que fusiona átomos de hidrógeno a ritmos imposibles. Por ello, son estrellas de vidas muy breves y muertes explosivas.
- Por
último, las más calientes, y más raras, conocidas como estrellas tipo W, o más
célebremente, las
estrellas Wolf-Rayet. Este tipo entra y sale de la lista de tipos espectrales por sus raros espectros, en los que predominan no solo el helio, también el nitrógeno y el carbono. Son estrellas extremadamente calientes, con temperaturas de hasta 210.000ºC. Son estrellas masivas y ya evolucionadas, pero increíblemente luminosas, emitiendo casi toda su luz en la gama ultravioleta. Muchas estrellas de este tipo dan nacimiento a grandes nebulosas planetarias, pero cuanto más grandes, más explosivo es su final. Entre las más destacadas está la que se encuentra en el sistema cuádruple g Velorum, como parte de un sistema doble conocido como g Velorum A, que tiene una masa actual de 9 veces la solar (originalmente, 35 veces) pero una luminosidad 170.000 veces superior. La más masiva de todas las descubiertas, y de hecho, la estrella más masiva en los catálogos, es R136a1, situada en el cúmulo abierto NGC 2070 en 30 Doradus, en la Gran Nube de Magallanes, con una masa 215 veces la de Helios, un radio 39.2 veces superior, y una luminosidad 6.2 millones mayor, lo que supone una temperatura superior a los 46.000ºC.
Ocho tipos de estrellas, y millones de ellas por clasificar. Es una suerte que tengamos la misión Gaia para ayudarnos a contar estrellas.
viernes, 9 de abril de 2021
El sistema solar exterior
Hace tiempo (pero MUCHO, podéis comprobarlo) empezamos a hablar del sistema solar el general, arrancando con el sistema solar interior, los asteroides y los cometas. Prometimos hablar del sistema exterior y más allá, pero entre pitos y flautas, se nos ha pasado. Bueno, decidiendo retomar las costumbres antiguas, pues lo mejor es continuar donde lo dejamos, atravesando el cinturón de asteroides.
Tras cruzar la línea divisoria del sistema solar, cruzamos hasta el sistema solar exterior. Allí, nos encontramos toda una colección de mundos, más grandes más pequeños, sólidos, gaseosos, incluso líquidos. Nuestra
Hasta 1789, Saturno era el límite del sistema solar, hasta que se descubrió el séptimo planeta. El inexpresivo Urano está lejos, lejísimos, distando de Helios casi 2.900 millones de km., o 19.2 unidades astronómicas. Es un planeta que destaca por una atmósfera azul verdoso, y casi todo lo que sabemos nos lo entregó Voyager 2. Es mucho más pequeño que
satélites, ¿qué? Hasta la fecha, se han encontrado 27, siendo los más interesantes, que sepamos, los cinco más grandes, y naturalmente los primeros descubiertos: Miranda, Ariel, Umbriel, Titania y Oberón, el primero en particular por su accidentada geografía. Para su examen en profundidad, no soñéis con misiones de nombres poéticos o acrónimos complicados. No hay nada más que propuestas de mandar algo allá. Es cierto que se habló de mandar a Cassini a sobrevolarlo para terminar su misión extendida, pero esa posibilidad se descartó por completo.
Ya estamos casi de salida del sistema solar, listos para adentrarnos en los gélidos confines de nuestra parcela cósmica. Preparaos, y tened paciencia.
miércoles, 31 de marzo de 2021
Ventana al espacio (CXLIV)
miércoles, 10 de marzo de 2021
Volare, volare...
Si los hermanos Wright levantaran la cabeza, sin duda estarían muy orgullosos. Sí, porque, si todo va bien, en unos días podríamos estar ante un nuevo día histórico: el primer vuelo propulsado realizado en otro planeta. Seguro que ya sabéis de lo que hablamos.
Por supuesto, el rover Perseverance llegó a Marte sin problemas, y no desembarcó en el cráter Jezero él solo. Consigo transporta un diminuto vehículo de demostración tecnológica, cuyo objetivo es simple aunque hercúleo: volar por los cielos del planeta rojo. Esta pequeña misión recuerda a las dos microsondas que volaron a Marte acompañando a InSight, y su objetivo es puramente tecnológico. Más allá de ahí, ya se verá.
La tecnología de los Cubesats se sigue propagando a cada vez mayor velocidad. Ideados, al principio, como un medio barato y simple para educación y pruebas tecnológicas en órbita terrestre, con el tiempo sus capacidades y alcance aumentan. De sus tareas originales ya se está pasando a misiones puramente científicas, siempre en el entorno terrestre, protegidos por la magnetosfera de nuestro planeta. Ir más allá es un reto, un reto que MarCO completó con éxito, no solo sobreviviendo al viaje, también retransmitiendo en “tiempo real” (si nos olvidamos en el retardo
en las comunicaciones) el descenso de InSight hacia Elysium Planitia. Así, durante la preparación del proyecto Mars 2020, se pensó en otro tipo de experimentos tecnológicos. Lo cierto es que la idea de volar por los tenues cielos de dióxido de carbono marciano es una idea no tan nueva, pero los Cubesats ofrecían la posibilidad de construir un vehículo de prueba diminuto, usando por lo general elementos baratos, para así dedicar el presupuesto para lo importante. El proyecto avanzó, y llegó al gran rover sin ningún problema. Y ahora está allí, esperando su momento.
El vehículo volador es un helicóptero, configuración elegida principalmente por sencillez. Conocido inicialmente como Mars Helicopter, y más recientemente como Ingenuity, su propósito es el de remontar el vuelo. Pero, ¿qué busca la NASA? La idea es simple. Los anteriores rovers marcianos, es decir, Sojourner, Spirit y Opportunity y Curiosity, confiaban en sus cámaras para localizar lugares a los que ir e investigar. En el caso del abuelo de todos los rover, en realidad confiaba en esto en la cámara de Mars Pathfinder, y los demás empleaban y emplean sus cámaras de navegación para observar sus alrededores, y detectar formaciones de interés. El problema es que esta actividad quita tiempo de investigación, que podrían dedicarse a las tareas científicas en vez de estar enfrascados en compilar un retrato del paisaje y sus accidentes. Por eso, ¿y si se pasa esta tarea de reconocimiento a otro vehículo, y aéreo? Esa es la idea tras ingenuity.
Este pequeño helicóptero es diminuto. Para que os hagáis una idea, la caja que alberga casi todo lo principal para funcionar, su “fuselaje”, mide 13.6 x 19.5 x 16.3 cm., y gran parte de su tecnología deriva de la que se usa para fabricar los teléfonos móviles actuales. Uno de los elementos clave de la misión será su batería de ión-litio de seis células, que permitirá al vehículo vuelos de hasta 90 segundos. Una vez en el suelo, se asentará sobre cuatro delgadas patas de compuestos de carbono, cada una de 0.38 metros de largo, que dejan una altura libre al suelo de 13 cm. Sobre el fuselaje se levantan los dos rotores de fibra de carbono y 1.2 metros de largo, uno sobre otro, y sobre ellos, el panel solar rectangular y la antena de comunicaciones. En total, el
paquete apenas se levantará del suelo 0.49 metros. Careciendo de instrumentación científica, sí porta dos cámaras: una para observaciones en la vertical, hacia el suelo, siendo un sistema de blanco y negro de 0.5 megapixels, y una segunda para observación del horizonte, que adquirirá imágenes a color con un sensor de 13 megapixels. Su peso en tierra era de 1.8 kg., pero en Marte desciende a 0.68 kg., por su menor gravedad.
Si bien volar en la Tierra es “fácil”, en Marte se ve como algo muy complicado. El principal problema es que la atmósfera marciana es apenas un 1% de la terrestre, y formada en general por dióxido de carbono. Así, el principal problema es generar la sustentación necesaria para que un vehículo alce el vuelo. Y debemos recordar que, a medida que se sube en la atmósfera, ésta se va haciendo más delgada, complicando aún más la tarea. Ingenuity tendrá que demostrar que se puede, al menos hasta una altitud razonable, así como maniobrar en todas direcciones, y finalmente, aterrizar sin problemas. Y todo, TODO, de forma autónoma.
Ahora mismo Perseverance está en fase de puesta a punto, lo que implica verificar todos sus sistemas. Al menos sabemos que Ingenuity ya ha pasado su primer chequeo de salud, con éxito, y ha cargado parcialmente sus baterías. Un rover tan complejo como Perseverance necesita tiempo para saber que todas sus prestaciones están operativas, por lo que el rover no se moverá en serio hasta que todo esté comprobado. Lo siguiente, en vez de comenzar su tarea científica, será dedicarse a Ingenuity.
Cuando el rover se ponga en marcha, la tarea principal será buscar un terreno apto para las pruebas de vuelo. Usando sus cámaras situadas en lo alto del mástil, estudiará el terreno para encontrar un parche de 10 x 10 metros, con la menor cantidad de rocas posibles, y las que estén, que sean menores de 5 cm. de altura, y que tenga una inclinación no superior a 4º. Esta zona será denominada el Aeródromo. Aproximadamente en el centro del aeródromo estará la zona desde la que Ingenuity despegará, y sobre la que aterrizará. Su extensión será de 3 x 3 metros, y los requisitos sobre inclinación del terreno y rocas será la misma que para el aeródromo. Esta zona recibirá el nombre de Helipuerto. Vistas las imágenes que tenemos, desde la órbita y desde el propio Perseverance, tal vez la búsqueda sea corta, aunque bien podríamos equivocarnos. Pero en fin…
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| Primer panorama de Perseverance |
Para proteger al pequeño helicóptero durante las fases de vuelo, especialmente el descenso y aterrizaje, se instaló una cubierta negra llamada Escudo de Restos, que no se separará hasta que esté el rover próximo al Aeródromo, a 15 metros o más del Helipuerto. Cuanto más, mejor. Con el escudo fuera, Perseverance se moverá hasta quedar en el centro del Helipuerto. Ingenuity está fijado a la panza del rover con el sistema de
entrega, que conecta ambos vehículos tanto mecánica como eléctricamente, así como la transferencia de datos entre ambos. El despliegue llevará 10 soles marcianos, y todos los pasos serán registrados por la cámara microscópica WATSON, parte del sistema SHERLOC. El último paso, antes de la separación definitiva, será cargar las baterías al máximo, ya que antes sólo se las mantenía al 35% de su capacidad para evitar desgaste innecesario. Hecho esto, ingenuity quedará liberado, cayendo 15 cm. desde su última fijación al rover hasta el suelo oxidado de Marte. Después, Perseverance se retirará marcha atrás, dejando expuesto totalmente el helicóptero a la luz solar, y se marchará a un punto situado, como poco, a unos 100 metros de Ingenuity, en un punto en el que tenga buena vista del helicóptero, así como un terreno nivelado.
Al estar separados ya físicamente, ¿cómo comunicará Ingenuity con la Tierra? En una repetición de lo empleado con Mars Pathfinder y Sojourner, Perseverance será el vínculo con Tierra a través de la llamada Estación Remota, instalada en la trasera del rover. Ambos comunicarán entre sí en frecuencia UHF, transmitiendo datos a 250 kilobytes por segundo, hasta distancias de unos 1000 metros. El helicóptero carece de potencia para emitir directamente a la Tierra, por lo que esta Estación Remota es básica.
Cuando Ingenuity esté en el suelo, y el rover apartado, la misión de prueba comenzará, que durará unos 30 soles. El primer hito a sobrepasar será sobrevivir a su primera noche marciana, con temperaturas muy bajas, por lo que tendrá que mantenerse en el rango de temperaturas apropiado de forma autónoma. Otro paso importante será comunicar con Perseverance, seguido, claro está, porque su panel solar cargue la batería. Con el vínculo de comunicaciones confirmado, llegarán los siguientes pasos. Todo será autónomo: las órdenes se transmiten a través de la Red de Espacio Profundo hacia Marte, ya sea comunicando directamente con el rover, o usando alguno de los orbitadores (Mars Odyssey, MRO, MAVEN o ExoMars TGO), y cuando lleguen a Perseverance, pasan a la Estación Remota hasta el helicóptero. El viaje en sentido contrario es idéntico, salvo por el hecho que el rover transmitirá todo lo recibido a cualquiera de los orbitadores para que éstos lo envíen a la Tierra. Así se ha hecho en el pasado, y así se hará. El siguiente paso será desbloquear las palas de los rotores, comprobar que pueden cambiar de ángulo, y luego hacerlas girar. Los rotores son contrarrotantes, uno girará en el sentido de las agujas del reloj, y el otro en el opuesto. Lo que sigue es accionar los motores de los rotores, haciendo que giren, primero despacio, hasta 50 revoluciones por minuto, y después llegando hasta su máximo de 2400 rpm. Tras cumplimentar todos estos pasos, lo siguiente será lo verdaderamente importante: volar.
Todo se hará a la vista de Perseverance. Usará sus NavCam y las MastCam-Z para ver todos los pasos, al tiempo que usa su estación meteorológica MEDA para comprobar las condiciones del tiempo y así planificar el primer vuelo. Con la batería del helicóptero a plena carga, los rotores comenzarán a girar hasta llegar al máximo, y llegado a ese punto, Ingenuity alzará el vuelo. Los objetivos de este primer vuelo son modestos: levantarse del suelo, permanecer en el aire, y descender. Ascenderá a 1 metro por segundo hasta una altitud de 3 metros, permanecerá allí durante unos 20 seguidos, y descenderá, también a 1 metro por segundo, hasta
posarse. Con el vuelo comenzará un bloque de tres días, en el que además del pequeño salto, se descargará toda la información e imágenes recogidas, y se reconstruirá el vuelo desde el punto de vista del vehículo y de la telemetría. Dependiendo de los resultados, se procederá a otro bloque de prueba de tres días, con un segundo vuelo de prueba. En éste, no sólo ascendería más, hasta unos 5 metros, también se movería en horizontal unos pocos metros dentro del área del Aeródromo. Dependiendo de cómo vayan las cosas, los tres vuelos de prueba restantes permitirán a ingenuity no solo volar más lejos, hasta 50 metros del aeródromo, también más rápido, para volver a su zona de vuelo principal en los 90 segundos que es capaz de volar. Terminados los 30 días marcianos de prueba, Persverance arrancará, al fin, su misión científica.
Si Ingenuity tiene éxito, futuros rover marcianos podrían disponer de sus propios helicópteros, con mejores capacidades, que explorarán el terreno por los todoterrenos mientras éstos se dedican a sus labores científicas. Aún más, herramientas más avanzadas que Ingenuity podrían acompañar a los primeros astronautas que desembarquen en Marte para que éstos reconozcan el terreno en el que amarticen, para que éstos sepan lo que tienen a su alrededor y encuentren zonas de interés para investigar. Pero, ¿qué pasará con Ingenuity? Sinceramente, ni idea.
Y para que veáis cómo será su misión, un buen vídeo.
domingo, 28 de febrero de 2021
viernes, 12 de febrero de 2021
Los 23 ojos de Perseverance y... ¿dos oídos?
Puesto que queda poco para que llegue a Marte, es hora de hablar algo más de Perseverance. Ya lo hicimos con Curiosity en su momento, y ahora es el turno del nuevo.
Ahora nos toca hablar de las de ingeniería. Y las dividimos en dos categorías: las puras de ingeniería, es decir, las HazCam, NavCam, y la nueva CacheCam, y las de EDL, que usará durante el proceso de entrada, descenso y aterrizaje. Vayamos a las primeras. Como los MER y Curiosity, cuenta con cámaras de navegación y de prevención de peligros, pero a diferencia de su primo hermano, cuenta con cuatro menos. Las
Ahora pasamos a las cámaras de EDL. Son, en total, siete, si contamos la Cámara del Sistema de Visión del Lander o LCAM, una parte crucial del sistema TRN. Tres observarán el despliegue del paracaídas como las Cámaras de visión hacia arriba del Paracaídas o PUC’s. En la etapa de descenso, es decir, la mochila cohete, hay otra llamada DDC, cámara de visión hacia debajo de la etapa de descenso, mientras que el rover cuenta con el resto: la cámara RUC o de visión hacia arriba, y la RDC, de visión hacia abajo. Estas seis son prácticamente idénticas: sistemas refractivos de seis elementos y longitud focal de 9.5 mm. (f/2.8) sirviendo a CCD de filtro bayer de 1280 x 1024 pixels (la DDC cuenta con un séptimo, con una longitud focal de 8 mm. y f/5.6, entregando la luz a un sensor, también CCD de filtro bayer con una superficie activa de 2048 x 1536), y
Si pensabais que Perseverance era complicado, esta entrada lo demuestra. Y preparaos, porque lo más complejo, el helicóptero Ingenuity, está al caer…


























































