Phoenix, un tributo

miércoles, 24 de febrero de 2010

El futuro... ¿ya aquí?

Si tras leer una entrada anterior de esta Crónica os entraron las dudas o la curiosidad de por qué la nueva dirección de la NASA ha deshechado el programa Constellation en favor de programas privados, os la daremos: En comparación con el programa tripulado lunar ahora cancelado, éstos están realmente adelantados. No solo están contemplados cohetes capaces de elevar pesadas cargas allí arriba, sino también, naturalmente con la debida certificación, transportar astronautas.

La empresa con el programa más adelantado es la SpaceX, ya con un cohete, aunque pequeño, bastante capaz. La apuesta es su Falcon 9, especialmente diseñado para transportar cápsulas, tanto de carga como para astronautas. El primer ejemplar ya está en Cabo Cañaveral, en pleno montaje final, y se espera que en dos meses pueda ser lanzado en el que sería el primer lanzamiento de este cohete. Por otra parte, en construcción está el primer ejemplar de su cápsula, Dragon, que su primera variante será solo para carga. Está previsto que, si el Falcon 9 tiene éxito, pueda ya volar este año, e incluso, abastecer a la ISS. Este vehículo, parecido en forma a las Apollo (un diseño sencillo) posee un módulo de propulsión y energía, acompañado del módulo de carga, que será reutilizable, ya que es capaz de regresar desde la órbita. Está previsto que se realicen tres vuelos, aún sin fecha definida: el primero sería para probar sus sistemas en la órbita, así como la reentrada del módulo de carga; luego habría un segundo en el que está previsto un acercamiento a la ISS, para probar su sustema de navegación, el envío de telemetría entre la estación y Dragon y viceversa, y otra vez el retorno a Tierra; y el tercero ya sería una misión de abastecimiento, a la vez que se probarían los sistemas de acoplamiento. Equipada con una exclusa capaz de acoplarse a cualquiera de los muelles libres de los módulos Harmony o Tranquility (en el primero es más probable), o incluso en el Unity, es capaz de transportar hasta 6 toneladas de carga, bastante por el estilo de las Progress rusas, aunque poco en comparación de los ATV europeos. La NASA ha contratado nueve vuelos de abastecimiento con este vehículo, cuando esté certificado para volar, y con la posibilidad de aumentarlos a doce. Además, al tiempo que se prepara para carga, esta fase ya terminada, se está preparando Dragon para transportar astronautas. Con un volumen habitable de 10 metros cúbicos, será capaz de transportar a siete astronautas. Obviamente, con ese espacio no habrá mucho sitio para esparcimiento, pero como no se espera que se hagan viajes excesivamente prolongados, es más que de sobra. Esta variante es esperada para no más tardar del 2014, tres años antes (si no hubieran surgido más problemas) que el primer vuelo del eliminado Orion, y además a un precio inferior que la compra de plazas en las Soyuz rusas. Es un comienzo.

Por otro lado hay otra empresa que también está preparando un cohete capaz de colocar cargas importantes en órbita, además de construir un vehículo de transporte de carga para la ISS. La empresa Orbital Sciences Corporation está preparando su cohete Taurus II, capaz de elevar 5 toneladas a órbita baja. Su primer vuelo se espera para el 2011, y es posible que se use para llevar cargas a la estación. Al tiempo están construyendo el COTS o servicio de transportes orbitales comerciables, o al menos una variante de prueba. Está siendo elaborado en las instalaciones de Alenia Espazio en Italia, encargada de finalizar los módulos Harmony y Tranquility de la estación, además de la construcción de varias sondas, como Venus Express. Este vehículo es una nave de demostración para posteriormente construir Cygnus, la variante definitiva de su vehículo de carga para la ISS. Algo menos capaz que el Dragon de SpaceX (podrá transportar hasta 2.700 kg.), aún así podrá dar un buen servicio a la estación. Entre otros sistemas, equipará el mismo sistema de aproximación que el vehículo de carga japonés HTV, que realizó su primer vuelo el año pasado, con un notable éxito, y que abasteció con elementos bastante importantes a la ISS. Se espera que, al igual que con el Taurus II, Cygnus esté listo en el 2011.

Está claro que si se ha elegido este camino no es por casualidad. Se tiene la infraestructura, los medios, y el dinero. Todo ese dinero que se ahorra la NASA en desarrollar vehículos de carga y pasaje lo podrá derivar a otros proyectos más importantes. Lo que hace falta es que alguien se arriesgue y consiga continuar el camino iniciado por los transbordadores de la NASA. Ese si debería ser el futuro. Tiempo al tiempo.

domingo, 14 de febrero de 2010

Ventana al Espacio (XII)



La nebulosa NGC 7129, o nebulosa de la rosa, desde Spitzer.

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Dentro de nuestras posibilidades, el último planeta del sistema solar (desde aquí seguimos insistiendo en que es y será planeta) ha vuelto a aparecer en nuestras vidas. El Hubble ha vuelto a echar un vistado a Plutón, y nos ha mostrado que su superficie es muy dinámica, a diferencia de lo que se pensaba, ya que se creía que era un mundo muerto y congelado, aunque lo segundo si que lo es. En las nuevas imágenes nos muestra el color real, una mezcla de gris y naranja, y algo de rojo. Pero lo interesante es que, comparando el mapa global ahora tomado con el que realizó en 1994, vemos que ha habido muchos cambios en su superficie, ahora que el planeta se aproxima al verano en el polo norte porque, casi como Urano pero más exagerado, su eje de rotación está muy inclinado. Lo que está encima de la mesa a modo de debate es ese color naranja y el poco rojo que hay, ya que se sospecha que la radiación ultravioleta proveniente del Sol reacciona con el metano de la atmósfera y superficie, provocando ese color. Además, hay otra zona que interesa, ya que en ambos mapas hay una zona bastante brillante, y se cree que está compuesta de monóxido de carbono. Es todo lo que se puede hacer desde aquí.

Tras el descubrimiento de Neptuno, la observación de sus movimientos llevó a la conclusión de que había algunas irregularidades en su órbita, ya que no seguía el camino que se le había calculado. Entonces se supuso, como en el caso de Urano, que había por allá un planeta que alteraba la órbita de Neptuno. Fue cuando empezó la fiebre por encontrar un nuevo planeta, pero el único que la siguió en serio fue Percival Lowell. Estuvo años buscando en los más alejados rincones del sistema solar ese desconocido, al que se le creía más o menos el tamaño de la Tierra o más pequeño. Lowell murió en 1914 sin descubrir nada en absoluto, y luego se probó que el supuesto error en la órbita era otro error, símplemente se había calculado mal el recorrido. Aún así se siguió buscando, y los herederos de Lowell continuaron buscando hasta que, el 21 de enero de 1930, Clyde Tombaugh localizó un punto más allá de Neptuno, lo observó durante unos días, y lanzó la noticia: un nuevo planeta para sumar al sistema solar. Se le llamó Plutón, y las dos letras del nombre son un homenaje a Lowell, la persona que impulsó su búsqueda. El problema para su observación es que está tan lejos que averiguar algo desde aquí es casi misión imposible.

Plutón es un lugar de extremos. En otra entrada de esta crónica ya comentamos el "baile" del planeta y su satélite Caronte (y también sus otros dos satélites Nix e Hydra), es decir, su particular órbita, pero lo que no relatamos va ahora. Su órbita alrededor del Sol dura 248'8 años, lo cual es una auténtica burrada de tiempo, y su órbita está inclinada 17º, la que más en el sistema solar. Luego, la propia inclinación del planeta es de 120º, por lo que es un caso parecido al de Urano, por lo que da un polo dependiendo de la zona de la órbita en la que esté. Y rizando el rizo, parte de la órbita durante un tiempo cruza la de Neptuno, por lo que a veces es Neptuno más exterior. Rota sobre sí mismo en 6'38 días (tiempo idéntico al que tarda Caronte en rodearle), y por lo que se cree, hay mucho metano en la superficie, y también se sospecha que posee una atmósfera.

Con la era de las sondas espaciales, todos los planetas han sido visitados, con más o menos asiduidad, e incluso asteroides y cometas han recibido algunos acompañantes, pero quedaba un lugar que hasta ahora no ha sido observado por el objetivo de una sonda espacial: Plutón. Solo gracias al telescopio Hubble en 1994 (y ahora) se han podido lograr mapas muy generales: manchas oscuras, manchas claras, pero nada que nos diga algo sobre su geografía. Por lo tanto se empezó a proponer la primera visita de una sonda espacial. Allá por el lejano 1997 nacía el proyecto Pluto-Kuiper Express, que como su nombre indicaba, aprovecharía la visita a Plutón para acercarse a uno de los asteroides de este masivo cinturón de asteroides. Al principio todo fueron zancadillas, problemas, bajo presupuesto. Los científicos que propusieron a la NASA este proyecto empezaban a dar prisa al organismo para que aprobara la construcción de la sonda, ya que si se demoraba en exceso (El camino es muy largo) y el planeta se alejaba del Sol, su atmósfera se congelaría. Al final el proyecto recibió luz verde, y bajo el nuevo nombre de New Horizons, la primera sonda en escudriñar este alejado astro cobró vida. En enero del 2006 fue finalmente lanzada, a la mayor velocidad que ha cogido una sonda espacial, llegó a Júpiter en febrero del 2007, y cogió el impulso necesario para acortar su camino en unos años. Actualmente este veloz vehículo está entre las órbitas de Saturno y Urano, y desde las Voyager ninguna se había aventurado por esos recónditos lugares.

Más que ninguna otra sonda que investigara por primera vez un planeta, el arsenal de instrumentos científicos es el mayor y más avanzado jamás lanzado para tener el primer vistazo. Pero obviamente lo más esperado serán las imágenes. Para ello monta un telescopio de 20'8 centímetros de apertura, enganchado a una cámara de última generación. Este instrumento se llama LORRI o cámara de reconocimiento de largo alcance, y es su más potente herramienta. Será capaz de captar detalles de 100 metros de la superficie de Plutón, y en el acercamiento a Júpiter ya nos dejó un botón de muestra de sus capacidades. Si pensamos en otras cámaras, como por ejemplo la HiRISE de MRO, que es capaz de captar detalles de 20 cm. sobre la superficie de Marte, se dirá que la LORRI es menos capaz, pero como su máximo acercamiento a Plutón lo hará a 14.000 km., la verdad es que esos cien metros de resolución que logrará son muy meritorios.

El 14 de julio del 2015 New Horizons realizará su máximo acercamiento, y ese día descubriremos un nuevo mundo, o cuatro, si le añadimos Caronte, Nix e Hydra.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Estación Termino: 2010

No solo este es el año en el que los míticos transbordadores de la NASA dejarán de volar, sino que (para algunos queja, para otros tristeza, para nosotros alegría, y de las grandes) el programa Constellation para regresar (propagandísticamente) a la Luna ha sido cancelado, más que nada porque los gastos que genera son completamente inasumibles. Ni la prueba del Ares I-X ha convencido a los nuevos jefes de que este proyecto debería continuar. Es mucho el dinero que se ha desperdiciado (generalmente dinero robado a otros proyectos más importantes) en unos cohetes que estaban dando muchos problemas. Aunque lo peor era el apretadísimo calendario que se hubiera seguido hasta el 2020, fecha en que estaba programado el desembarco lunar. Al final ha predominado la razón, al menos en parte.

Para muchos el sueño de volver a ver un hombre (o una mujer, no discriminemos) pisando nuestro satélite era mucho más importante que buscar una razón lógica para regresar. Los hay que pensaban que el dinero gastado no importaba si se volvía a poner cápsulas tripuladas sobre el regolito lunar. Pero como detalle, el programa Apollo estaba programado para llegar al número 21, y debido al gigantesco gasto de dinero que dejó a la NASA casi arruinada el último fue el 17. Solo es de imaginar todo lo se podrían haber gastado ahora, ya que los vuelos dependían no de un cohete, sino de dos. En fin, ahora la NASA ha cambiado de rumbo, lo malo es que durante unos años carecerán de vehículo propio mediante el cual enviar a sus astronautas a la órbita, dependiendo de las veteranas Soyuz rusas. Ahora os preguntaréis: ¿Qué nuevo rumbo?. Muy sencillo: el diseño y construcción de los nuevos vehículos tripulados recaerá en empresas privadas. Con esto no solo se ahorra mucho dinero, sino que ese dinero podrá regresar a los programas de investigación robótica, como el marciano, como la misión de Cassini (prolongada hasta el 2017), y también a la ISS, que extenderá su vida útil hasta el 2020. Antes estaba programado su fin para el 2015, demasiado poco. Teniendo en cuenta que la estación debería haberse finalizado en el 2004, se ha perdido mucho tiempo. Programas de investigación que se habían previsto para hace más de 5 años se han iniciado en este año pasado, cuando los módulos europeo y japonés por fin llegaron al complejo. Todo originado por la tragedia del Columbia en el 2003, que esperemos que aún recordéis. Volviendo al tema (aunque no nos hemos separado mucho de él) han aparecido voces críticas con este programa nuevo, acusando que lo que busca la actual administración es que la NASA nunca vuelva a enviar astronautas al espacio. Una soberana estupidez. Lo que ocurre es que se cortó una inercia cuando los transbordadores empezaron a lanzarse.

Todo comenzó con la carrera espacial: El Sputnik se lanzó, luego los americanos lanzaron su satélite, luego las primeras sondas a la Luna, y después el primer vuelo tripulado. Los rusos tenían su cápsula, y los americanos aún estaban diseñando la suya: la Mercury. Los primeros vuelos fueron por debajo de los 200 km. de altitud, por lo que se les considera suborbitales, ya que no entraron en órbita, sino que las lanzaron, llegaba a cierta altura y bajaban. Las últimas si que alcanzaron la órbita, recorriendo varias veces la órbita. Pero a la vez se preparaba la siguiente generación: las Gemini, ya con capacidad para dos astronautas y posibilidad de paseos espaciales. Con ellas se hicieron las pruebas que más tarde se utilizarían en las misiones lunares. Y mientras las Gemini eran lanzadas, la siguiente generación estaba en preparación: las archifamosas Apollo, ya preparadas parra tres tripulantes, aunque con el mismo espacio habitable que una cabina de teléfonos. Y a medida que las Apollo eran lanzadas, incluso después del desembarco lunar (a la estación Skylab, la primera misión conjunta EE.UU-URSS Apollo-Soyuz) sus sustitutos estaban en plena fase de desarrollo: el ya mítico transbordador. Sus primeras pruebas en California, utilizando el primer ejemplar de ellos, el Enterprise, fueron para probar sus capacidades de planeo en el cielo, y fueron satisfactorias. Y entonces en 1981 se lanzó la primera misión oficial del Columbia, al cual le siguieron el Challenger, el Atlantis, el Discovery y el Endeavour. A partir de ahí se cortó la inercia. Pensando en el vehículo del futuro, creían que con los transbordadores iban a ser el vehículo definitivo, que con ellos se iniciaría el primer servicio Tierra-espacio contínuo, como si fuera una aerolíea, con lanzamientos cada mes. Pero la realidad chocó con ellos cuando el Challenger explotó en 1986 a los 73 segundos del lanzamiento. A partir de ese suceso se olvidaron de su idea de lanzamientos mes a mes, ya que son unos vehículos realmente complejos y que necesitan frecuente mantenimiento. Y en todos estos años han estado más preocupados del mantenimiento de estos vehículos que en preparar la nueva generación. Si a esto le sumamos algunos dirigentes de pensamientos más bien caducos, que tramaban la vuelta a las cápsulas, pues aún menos se ha podido pensar en la siguiente evolución del transbordador, que si bien no ha salido todo lo rentable que se esperaba, indudablemente es el camino a seguir para una exploración tripulada del sistema solar.

Pero lo privado pide paso: Al igual que la aviación a principios del siglo XX, empezó en manos de pioneros, y posteriormente acabó en manos privadas, compañías aéreas, y otros organismos, las empresas privadas del sector espacial llevan años luchando para que se les permita poder lanzar sus ingenios allí arriba. Al final fue en el 2005, cuando el SpaceShip One alcanzó los 100 km. de altitud, convirtiéndose en el primer vehículo privado que alcanzo el espacio. Mientras, a la par, están surgiendo los proyectos de los primeros hoteles espaciales, mediante módulos hinchables. Obviamente los billetes no serían precisamente baratos, pero puede ser el comienzo de la popularización del espacio. Y un nuevo paso para ello lo inició la empresa Virgin Galactic, el año pasado, cuando presentó su vehículo espacial, para tres personas, el VSS Enterprise, mediante el cual enviará a gente al espacio durante un tiempo. Esta es la primera empresa que explotará comercialmente los vuelos espaciales. Y esto es solo el comienzo.

Volviendo al tema del cambio de rumbo en la NASA, y en concreto con aquellos que vociferan que hay que volver a la Luna cueste lo que cueste (literalmente hablando), hay que recordar una cosa muy importante: el costo de mandar vehículos al espacio es enorme, y a cada kilo de más que mandas allí arriba suma a la cuenta, sobre todo cuando utilizas cohetes. Al tener que fabricar un cohete cada vez que vas a lanzar algo, está el costo de la construcción del satélite, más el costo de la fabricación del cohete que, dependiendo de lo que tenga que lanzar, será más capaz o menos. Por eso se hicieron los transbordadores: Si en vez de construir un cohete cada vez que tengas que lanzar satélites, lo haces con un vehículo que esté disponible para diez, veinte, o más vuelos naturalmente el costo es mucho menor, aunque el caso es que no tuvieron en cuenta el mantenimiento de ellos, que cada uno, por ejemplo, equipaba la mareante cifra de ¡300 kilómetros de cables!. Imagináos el tener que buscar uno solo que esté pelado. Pero que el programa no haya sido exitoso no quiere decir que tengamos que tirar esta experiencia a la basura.

Rebuscando en el baúl de los recuerdos, los de la NASA no fueron los únicos transbordadores. Ya sea físicos o en los tableros de diseño, tanto la URSS como la ESA se plantearon este sistema para enviar a su gente al espacio. El que llegó a avanzar, e incluso volar, fue el Buran soviético, lo que ocurrió fue que cuando se derrumbó la URSS todo el dinero, todos los proyectos, se hundieron, y el transbordador ruso ha quedado como un residuo exótico su programa tripulado. Si se viera uno y otro, se comprobaría que en diseño eran idénticos, casi gemelos, aunque un pelín más grande el Buran, pero a diferencia de los de la NASA, el ruso era capaz de volar en piloto automático, que fue como voló en su único lanzamiento al espacio en 1988. Dejando volar la imaginación, vemos como la estación espacial estaría siendo construida utilizando ambos transbordadores, el americano y el ruso, instalando módulos, cambiando las tripulaciones de la ISS... Pero en fin, solo es imaginación. Ahora sobrevive como pieza de museo. Y por otro lado Europa planeó su propio sistema, aprovechando la excelente base del cohete Ariane 5. Este transbordador ligero, el Hermes, fue una de las propuestas ganadoras para preparar un vehículo propio sin tener que recurrir a ambas potencias. Con capacidad para tres tripulantes, hubiera sido una eficaz ayuda en los tiempos que corren ahora en la ISS, pero a al hora de la verdad los paises miembros decidieron seguir como antes.

En los últimos años, sobre todo cuando la ISS estaba en preparación, tímidos esfuerzos se realizaron para diseñar y preparar nuevas naves que usar aprovechando esta instalación. El primero fue el denominado CRV, un vehículo de forma aerodinámica, a modo de vehículo salvavidas, que estaría acoplado permanentemente a la ISS, con capacidad para siete astronautas, que sería capaz de aterrizar como el transbordador, y así no depender de las Soyuz, con capacidad para tres personas. Pero con el cambio de administración, se hicieron varios recortes en el proyecto, incluyendo este minitransbordador salvavidas, que fue probado solo en modo de planeo lanzado por un B-52 especialmente modificado. Y por otro lado, existía el proyecto X-43, que en realidad era un motor experimental que utilizaba el oxígeno de la atmósfera para alimentarse, en conjunción con otro combustible previamente almacenado en el motor. Si bien la prueba que se realizó fue un éxito, el programa se olvidó. Si hubieran continuado, ese motor sería la clave para lanzar transbordadores al espacio sin necesitar un conjunto como necesita la lanzadera actualmente. Hablando claramente: este vehículo despegaría como un avión, utilizando una pista, y al alcanzar cierta altura, encendía ese motor del que hemos hablado y el vehículo así alcanzaría el espacio. La clave es que al equipar al menos la mitad del combustible que necesita, posibilitaría enviar más cargas y más pesadas, a la órbita. Pero esto es utopía.

Al tiempo, nuevas tecnologías de propulsión espacial se están desarrollando, unas ya vuelan, otras están casi listas para hacerlo. Nos referimos al motor iónico y al motor de plasma. El iónico, que equipan entre otras la sonda Dawn que se dirige hacia dos grandes asteroides del cinturón principal, utiliza gas xenon, en una cantidad realmente pequeña, que a veces no llega a los 20 kg. Este tipo de motor utiliza electricidad para calentar y así movilizar los átomos de xenon, que antes de ser expulsados por la tobera son acelerados por una serie de imanes. Si bien el primer impulso que da es pequeño, al ser capaces de estar encendidos durante meses ese pequeño impulso acumulado durante tanto tiempo le da una increíble velocidad. Y por otro lado, está el motor de plasma. Los principios son similares, pero en vez de usar gases ionizados como el xenon, se utilizan gases neutros, que calentados a cierta temperatura, acaba formando el plasma, y entonces se lleva a una especie de cámara de combustión, donde los átomos del plasma son concentrados alrededor de un arco eléctrico calentado a temperaturas muy elevadas, y entonces gracias a un campo eléctrico estos átomos de plasma son acelerados y expulsados. Se cree que los motores de plasma serán más eficientes que los iónicos, por lo que pueden ser la clave para los viajes por todo nuestro sistema solar.

Esta es una época de buenas y malas noticias, y la primera de las últimas misiones del transbordador, la última que ha despegado por la noche, fue lanzada este lunes, en una de las últimas misiones para finalizar la construcción de la ISS. Es el fin de una era. Y desde aquí lanzamos un llamamiento para que se forme una agencia espacial mundial. Es nuestro mayor deseo.

lunes, 25 de enero de 2010

Ventana al Espacio (X)



Valles Marineris, Marte, desde Mars Odyssey
(De lado a lado es como Estados Unidos de costa a costa, 4.500 km.)

miércoles, 13 de enero de 2010

Sopa de satélites (y II)

A medida que nos vamos alejando hacia los límites exteriores del sistema solar, el frío es el medio más común que nos encontramos en los mundos exteriores, tanto en los planetas como en los satélites. Y con ellos seguimos. Según nos movemos hacia fuera en nuestra parcela hacia el espacio interestelar, vemos que la mayoría de satélites que rodean a los planetas son mundos congelados, compuestos casi en su totalidad por hielo de agua, o incluso por compuestos más fríos y más raros. En ellos la norma es la absoluta craterización de sus superficies, aunque hay raras y curiosas excepciones.

Tras abandonar Júpiter y repostar en Calixto, llegamos a la joya del sistema solar: Saturno. Aquí en el muro de las rarezas son nada menos que 61 satélites los que colecciona el segundo planeta por tamaño del sistema solar, y prácticamente la mitad encontrados desde el 2004 cuando la Cassini comenzó su misión. Pero los más interesantes llevan descubiertos mucho más tiempo y fueron observados por primera vez por las Voyager en 1980. Mimas es el más cercano de los principales, y aunque solo tiene un diámetro de 397 km., está asolado por los cráteres. Descubierto por William Herschel en septiembre de 1789, no fue naturalmente hasta que Voyager 1 pasó cerca de él cuando supimos algo sobre su superficie. Al igual que Calixto en Júpiter, su superficie está plagada por los cráteres, uno encima del otro, a un lado, a otro, encima, arriba, abajo, pero quizás su más famoso accidente, como no, es un cráter: el Herschel. Esta gran cicatriz tiene 130 km. de diámetro, pero la altura de sus paredes es de unos 5, a veces llega a los 10. Este gran impacto fue tan brutal, que provocó grandes grietas en el lado opuesto del cráter Se calcula que si el objeto que lo impactó hubiera sido un poco más grande, el satélite hubiera desaparecido. Su baja densidad (por otra parte habitual en los satélites exteriores del sistema solar) es quizás porque existe en Mimas mucho hielo, incluso en su interior. Que sea pequeño no quiere decir que no tenga impactos de meteoritos. Y que sea pequeño tampoco quiere decir que tenga actividad geológica, como nuestra siguiente estación: Encélado. Descubierto por Herschel a la vez que Mimas, tiene un diámetro de 499 km. Es el objeto del sistema solar más brillante, lo que indica que su superficie es puro hielo, y cuando las Voyager se acercaron a él, descubrieron que sus dos hemisferios eran diferentes entre sí: uno está saturado de cráteres de todas las formas y tamaños, mientras que la otra carece de ellos, lo que evidencia que esa región del satélite es jóven. Muchas fallas corren por su superficie, lo que evidenciaba alguna clase de tectónica como en Ganímedes, pero el poco tiempo que tuvieron las Voyager para examinarle no les dio para determinar si aún tenía procesos geológicos actualmente. Por suerte (y por casualidad, todo hay que decirlo) en el 2005 Cassini observó Encélado cuando éste eclipsaba al Sol, y lo que en principio nos pareció defectos en las imágenes, resulta que eran chorros de agua expulsados a alta velocidad desde unas fracturas en el polo sur, que no existían cuando Voyager 2 se acercó a esa región. Esas cuatro fracturas, llamadas ahora Alexandria, Cairo, Baghdad y Damascus sulci, son de cientos de kilómetros de largo, y con profundidad suficiente para alcanzar lo que parece ser un depósito de agua liquida, calentada desde el interior del satélite. Además de generar una muy leve atmósfera de vapor de agua, las partículas que expulsa alimentan el anillo E de Saturno. Y la aparición de partículas de amoniaco que emite junto al agua colabora con que el agua en el interior de Encélado sea líquida, al menos en el polo sur. Tras estos hallazgos las extensiones de misión de Cassini centrarán más atención sobre este pequeño, cuyos accidentes están llamados con nombres de la fábula de "Las Mil y Una Noches". Otro candidato para contener vida. Seguimos recorriendo los alrededores de Saturno, y nos encontramos con Tetis. Descubierta por Giovanni Cassini en 1684, es la quinta luna saturniana por tamaño. Tiene un diámetro de 1.060 km., y también con muchos cráteres, pero también con enormes cañones que recorren parte de su superficie. Su superficie es muy vieja y castigada por los impactos asteroidales, de los que destaca el inmenso cráter Odiseo, de unos 400 km. de diámetro, lo que le convierte en la segunda estructura circular más grande del sistema solar tras el Olympus Mons en Marte. Es de destacar también por lo escasamente profundo comparado con otros cráteres que posee. Y entre los cañones, el más destacable, y el más importante, es el Ithaca Chasma, un enorme acantilado de 2000 km. de longitud y un máximo de 5 km. de profundidad. Este enorme cañón que tiene 100 km de ancho es casi tan viejo o más que los cráteres que lo poblan, y se sospecha que podría haber sido formado tras el impacto que generó el cráter Odiseo. Es un satélite de tamaño medio, testigo mudo del bombardeo asteroidal del comienzo del sistema solar. Sus estructuras son nombradas utilizando "La Odisea" de Homero. Y lo más curioso es que comparte su órbita con otros dos pequeños satélites: Telesto y Calypso, situados a 60º cada uno a un lado de Tetis, por lo que nunca impactarán entre ellos. Avanzando por la cohorte de satélites de Saturno, alcanzamos Dione. Descubierta por Cassini a la vez que Tetis, éste es un poco más grande, con 1.118 km. de diámetro, también con cráteres por toda su superficie, y también con muchos cañones recorriendo su superficie, entrecruzándose en modo de X. Posee un gran cráter llamado Aeneas, pero nada en comparación con Odiseo en Tetis o Herschel en Mimas. Es probable que éste sea el satélite con menos hielo de todos los de Saturno. "La Eneida" ha servido para nombrar las estructuras de este satélite. Dione también tiene compañia orbital, con Helena y Pollux en su misma órbita, el mismo caso de Tetis. El siguiente por distancia a Saturno es Rea. Descubierto por Cassini en 1672, es el segundo más grande que posee Saturno con 1.529 km., y probablemente sea el que más hielo contenga, debido a su muy baja densidad. Como el resto, para variar, los cráteres están a la orden del día, siendo el Tirawa el que más diámetro tiene, seguido de Izanagi. Sin embargo, por lo que ha llegado a destacar es porque el es único satélite del sistema solar con su propio sistema de anillos, descubierto casualmente por la sonda Cassini, cuando tras sobrevolarlo descubrió que a cada lado, simétricamente, la cantidad de radiación que recibía la sonda disminuía notablemente. Este anillo, enormemente tenue (solo ha sido vista su sombra a través del ultravioleta) llega a una altura de 5900 km. sobre su superficie, y se cree que lo conforman partículas de hielo y rocas. Cada mundo posee su propia personalidad, y quizás el que más personalidad tenga sea nuestro siguiente destino: Titán. Descubierto por el astrónomo holandés Christiaan Huygens en 1655, éste fue el primero que se le encontró a Saturno. La luna gigante de Saturno es la segunda del sistema solar por tamaño, con un diámetro de 5.150 km. de diámetro, y ha sido hasta la llegada de la sonda Cassini cuando hemos empezado a descubrir todos sus secretos. Hasta entonces ha sido uno de los lugares más enigmáticos del sistema solar, sobre todo porque es la luna que tiene la atmósfera más densa, casi tanto como Venus. Esta particularidad, predicha por el astrónomo español Josep Comas i Solà en 1908 y confirmada por Gerard Kuiper años más tarde, es la que evitó que las sondas Voyager descubrieran algo de su superficie, debido a sus nubes permanentes. Esta atmósfera, compuesta m ayoritariamente por Nitrógeno y Metano, es muy posible que encierre los ingredientes creadores de vida, y los científicos sostienen que Titán es una especie de laboratorio, que es como fue la Tierra cuando las primeras formas de vida microbióticas se formaron. Mucho se teorizó sobre qué formaba la superficie de Titán. ¿Sería un mundo de roca? ¿Sería un mundo oceánico? ¿O una mezcla de ámbos? A tal efecto tanto la NASA como la Agencia Europea del Espacio diseñaron la misión Cassini-Huygens, con un potente orbitador (NASA) y un aterrizador para Titán (ESA), para escudriñar lo que ocurre por ahí debajo de su espesa y nublada atmósfera. Como no se sabía con qué se iban a encontrar, fue diseñada para que flotara, por si daba la casualidad de que aterrizaba en el primer mar extraterrestre. El 15 de enero del 2005 Huygens entró en Titán, y alcanzó su superficie, justo en lo que parecía ser la desembocadura de un río de metano. Gracias a sus imágenes se empezaron a desentrañar los secretos que encerraba: rocas de hielo, ríos de metano, lluvia de metano... Nos empezó a abrir los ojos, labor que continúa Cassini. A pesar de que sus cámaras son capaces de atravesar sus nubes, es el RADAR (o SAR, el radar de apertura sintética) el que está enseñándonos todo lo que es en realidad la superficie: escasos cráteres (el más grande es Menrva, de 440 km. de diámetro) muchos ríos por la superficie, dunas por doquier, y lagos llenos de metano e hidrocarburos en ambos polos (como el ya famoso Ontario Lacus en el polo sur o el Kraken Mare en el polo norte). A modo de detalle, el metano en Titán cumple la función del agua en la Tierra: erosiona la superficie, se evapora, llueve sobre la superficie... A pesar de los lagos de los polos, hace falta averiguar si tiene un océano subsuperficial de metano (algo casi confirmado) para alimentar el continuo ciclo de metano. En Titán todo son hidrocarburos (no arrimar allí ni una cerilla) y se habla de sacar los recursos de los hidrocarburos para combustibles. Son ya más de 65 acercamientos los que Cassini ha realizado, y aún le quedan muchos más por realizar, por lo que más secretos serán desvelados en la luna gigante de Saturno. Cerca de Titán está el siguiente según su distancia al planeta: Hiperión. Descubierto por William P. Bond e independientemente por William Lassel en 1848, parece los restos de un satélite que se hubiera fragmentado y del que solo nos quedó Hiperión. Cuando las Voyager se acercaron a él, parecieron encontrar una cordillera (bautizada como Bond-Lassel en honor a sus descubrimientos). Sin embargo, Cassini se acercó en septiembre del 2005 a 513 km. de su superficie. Entonces vieron lo que era el satélite en realidad: no es que esté plagado de cráteres de impacto, lo que ocurre es que es tal la concentración de ellos que es muy complicado encontrar en él un trozo llano. Con forma irregular, tiene un tamaño de 360x280x225 km. Lo que parecía una cordillera, visto lejanamente en 1980, no es más que el borde de lo que debió ser un cráter enorme. Visto desde la lejanía más parece una esponja que un satélite. Lo más curioso es el descubrimiento de hidratos de carbono, además de todo el hielo que existe en él. Desde luego, uno de los más particulares. Abandonando este satélite, nos seguimos alejando de Saturno, para alcanzar Japeto. Descubierto en 1671 por Cassini, es uno de los más extraños del sistema solar. Cuando Cassini lo observó por primera vez, no comprendió por qué una parte del satélite era completamente brillante, y otra absolutamente oscura. Como siempre hasta las sondas espaciales, no se ha determinado ni su forma y su extensión. Es el tercero más grande de Saturno, con un diámetro de 1.436 km. y a todo su hemisferio oscuro se le ha dado el nombre de Regio Cassini. A pesar de que gracias a las Voyager se sabe bastante de él, tuvo que ser Cassini quien nos introdujera profundamente en él. Para empezar, y más recientemente, se ha averiguado la dicotomía que divide el satélite, de claro a oscuro, y es debido a que el hielo se evapora por acción del Sol, pero a medida que Japeto rota este hielo evaporado llega a la zona nocturna del satélite y acaba congelado otra vez sobre la superficie. Pero lo más extraño es la enorme cordillera ecuatorial, llamada Toledo Montes, que recorre toda la Regio Cassini, alcanzando casi los 13 km. de altitud dependiendo de las zonas. Además, se han encontrado varios cráteres decentes también en la zona oscura, porque, como no, no podían faltar. Es una luna singular, y aún tiene mucho que descubrirse sobre ella. Y por último, acabamos en el más lejano de los importantes: Febe. Voyager 2 nos dio algún retazo de ella, pero su distancia hacia ella hacían imposible ver algo de la superficie. Descubierta por William Pickering en 1898, no fue hasta junio del 2004 cuando vimos con asombroso detalle su superficie, obviamente por obra y gracia de la poderosa Cassini. Con un tamaño de unos 220 km., es muy probable que sea un asteroide capturado proveniente del remoto cinturón de Kuiper, ya que se parece más a un cometa que a un asteroide. Gracias a las imágenes de Cassini sabemos que, para variar, posee numerosos cráteres, nombrados gracias al relato "Jasón y los argonautas", y naturalmente, el más grande de Febe es el Jasón. Solo se encontró una vez Cassini con Febe, está tan lejos de Saturno que solo gracias a la trayectoria que seguía para entrar en órbita de Saturno pudo acercarse. No fue más que un aperitivo de todo lo que nos ha enseñado (y todo lo que queda) Cassini allá en el señor de los anillos.

A medida que nos alejamos, nuestros conocimientos disminuyen. No es que no lo sepamos, es que solo la intrépida Voyager 2 se a aventurado por tan lejanos mundos. Y ésto nos conduce al inexpresivo Urano. 27 satélites acompañan el curioso viaje de este gigante de gas. Antes de empezar con los satélites más curiosos e importantes, debemos destacar que Urano tiene el eje de rotación inclinado 98º, por lo que visto desde la Tierra más parece una diana. Y claro, sus satélites orbitan sobre su ecuador, por lo que comparten esa inusual inc linación. Por eso cuando Voyager 2 fotografió sus satélites principales, lo que hizo fue ver sus polos sur. Miranda, el más pequeño de los principales de Urano, fue descubierto por Gerard Kuiper en 1948, y tiene un diámetro de 472 km. Su nombre proviene de un personaje de una obra de Willian Shakespeare, "La Tempestad". Siguiendo el ejemplo de Encélado en Saturno, Miranda es geológicamente activo y posee una de las superficies más espectaculares del sistema solar. Además de los cráteres que animan la superficie, cuenta con multitud de cañones y escarpados. Entre los cañones, está el más profundo del sistema solar, el Verona Rupes, un enorme cañón que exactamente no se sabe cuando mide de largo, ya que sigue por la zona que no conocemos del satélite, sin embargo lo que si sabemos es que tiene una profundidad de más de 20 km., lo que garantiza un buen golpe, y por otro lado posee uno de los más afilados escarpados, el Inverness Corona, con forma de V, muy característica. Desde luego este es uno de los satélites más sorprendentes del sistema solar. El siguiente más alejado de Urano es Ariel. Descubierto por William Lassel en 1851, es el más brillante satélite de Urano, por lo que muchos accidentes de su superficie han sido llamados con nombres de espíritus de la luz. Tiene un diámetro de 1.158 km. Muchos cráteres, y muy pequeños, son los que tiene, pero lo que si tiene son fallas y cañones, una de las más importantes es Korrigan Chasma, de unas dimensiones interesantes. Las creencias celtas, irlandesas y bretonas han servido también para nombrar estos accidentes. Umbriel es el siguiente en la lista, y es todo lo contrario que Ariel. Descubierto por William Lassel a la vez que Ariel, tiene 1.172 km. de diámetro, y es uno de los objetos más oscuros del sistema solar. Debido a la lejanía de su encuentro, Voyager 2 no vio sus estructuras hasta que estuvo lo suficientemente cerca. Su nombre proviene de la obra "El rizo robado" de Alexander Pope, y sus estructuras, a espíritus oscuros de las mitologías terrestres. A pesar de que hay muchos cráteres por su superficie, lo que más llama la atención es un halo brillante situado en el ecuador del satélite. Este halo, llamado Wunda, es misterioso, ya que no se sabe qué es, qué lo forma, o por qué está allí. Otros cráteres son Vuver, Skynd, Setibos, Kanaloa, y el más grande es Malingee, con 160 km. de diámetro. Así llegamos a Titania. Encontrado por William Herschel en 1787, su nombre proviene de de otra obra de Shakespeare, "El sueño de una noche de verano", y es algo más brillante que Umbriel, y tiene una superficie parecida a la de éste, aunque con cráteres más grandes. Son de destacar el Gertrude por ser el más grande encontrado allí, y el Úrsula, con sus ámplios rayos. Además son varios los cañones que recorren el satélite, siendo el más importante el Messina Chasmata. Además, posee una muy tenue atmósfera de dióxido de carbono, proveniente del que se evapora de la superficie. Su diámetro es de 1577 km. Y por último, su segundo satélite más grande: Oberón. Localizado por William Herschel en 1787 a la vez que Titania, su nombre proviene también de "El sueño de una noche de verano". Junto con Umbriel es el más oscuro, y apenas tenemos imágenes de él. Aún así han aparecido algunos cráteres de tamaño importante, siendo Hamlet el más grande con 206 km. de diámetro. La verdad es que no mucho más tenemos de él, solo un cañón ha sido localizado. Nuestro más ferviente deseo es que se realice una misión a Urano y sus satélites, como la de Galileo en Júpiter o la de Cassini en Saturno. Pero no lo hay, ni siquiera en los tableros de diseño.

Ya casi a punto de abandonar el sistema solar encontramos la maravilla azul: Neptuno. De los 18 satélites, del único que sabemos cosas a ciencia cierta es Tritón, su satélite más grande. Descubierto por William Lassel en 1846, 17 días después del descubrimiento de Neptuno, tiene un diámetro de 2.707 km., por lo que es de los más grandes del sistema solar. Lo que sabemos de Tritón se lo debemos a Voyager 2, convirtíendole en un satélite único en todo el sistema solar. Se cree que Tritón proviene del Cinturón de Kuiper, el segundo cinturón de asteroides de nuestro sistema solar, más allá de Plutón, y que la gravedad de Neptuno lo capturó. Solo así se explica su órbita. Para alguien que observa por primera vez Tritón, comprobará que orbita en el mismo sentido que lo hacen Fobos y Deimos alrededor de Marte. Pero para comparar su órbita con otro astro revisaremos el eje de rotación de Venus. Éste planeta se cree que rota sobre sí mismo cada 243 días, y que lo hace al revés, es decir, el Sol sale por el este, y se esconde sobre el oeste. Sin embargo lo que sucede con él es que su eje de rotación está a 177º, es decir, al revés: el polo sur es el norte y viceversa. Pues lo mismo ocurre con Tritón y su órbita. Gira alrededor de Neptuno al revés porque su órbita está inclinada 157º sobre el ecuador de Neptuno (cuyo eje de rotación esta inclinado 29'6º), por lo que le convierte en el único gran satélite que hace eso. Y esto no es más que el comienzo. Tritón es el lugar más frío del sis tema solar, llegando a alcanzar una temperatura de -235º C, y absolutamente toda su superficie está congelada, donde abundan los hielos de nitrógeno y dióxido de carbono. Son escasos los cráteres que poblan su superficie, y los que hay son de pequeñas dimensiones. A pesar de haber bastante componente de roca, tiene por encima una capa helada de nitrógeno (lo que le da ese color rosáceo), y su polo sur (el único que se conoce) posee una especie de casquete polar, como los de la Tierra y Marte. Muchas estructuras lineales parecidas a fallas surcan lo que conocemos del satélite
y muchas planicies suaves abundan por allí. En otra zona hay una región con un terreno hasta la fecha no visto en ningún otro satélite (llamado con el termino poco científico de cáscara de melón, por su similitud con éste), que tal vez haya sido formado por inundaciones, o quizás sean los restos de las crioerupciones. Porque si, en Tritón hay vulcanismo, pero no como lo conocemos. Una serie de montículos fueron encontrados escupiendo nitrógeno líquido, y columnas de humo, quizás de metano o nitrógeno, de 8 km. de altitud salían de ellos. Tal vez el interior de Tritón sea lo suficientemente caliente en el interior como para que todo esto salga, como la lava en los volcanes terrestres, modelando y renovando la superficie, convirtiéndola en una de las más jóvenes del sistema solar. Solo dos han sido encontrados expulsando material, llamados Hili y Mahilani y es de suponer que existan más criovolcanes como ellos, y no solo allí, ya que se sospecha que en Titán, en Saturno, una estructura llamada Ganesa Macula podría ser otro criovolcán, ya que han sido vistas estructuras que coincidirían con rastros de erupciones de criovolcanes. Mucho queda por explorar. Para terminar con Tritón, posee una atmósfera, tremendamente débil, formada completamente por nitrógeno. Posteriormente, utilizando ocultaciones de estrellas y telescopios muy potentes, se ha visto que la presión atmosférica se había doblado con los años. Tal vez el hielo de nitrógeno se haya derretido y evaporado en parte, acabando en la atmósfera. Los modelos teóricos coinciden con esto. Algún plan se ha hablado alguna vez para investigar tanto Neptuno como Tritón, pero no han pasado de eso, de planes. Neptuno merece como Urano una misión como las comentadas cuando hablamos de los satélites de Urano.

Y si poco se tiene de los satélites de Urano y Neptuno, de Plutón y los suyos menos todavía. Pese a que se le ha quitado la condición de planeta, uno de los tres que le acompañan es más que digno de mención aquí. Que conste en acta que siempre consideraremos a Plutón como el noveno planeta del sistema solar. En 1978, un astrónomo casi anónimo, James W. Christy, descubrió el principal satélite que posee el planeta, que recibió el nombre de Caronte. Tras unos primeros y poco interesantes estudios, tras una serie de eclipses se comprobó que efectivamente Caronte existía, y que era bastante curioso. Gracias a la puesta en órbita del Hubble se pudo separar la luz de ambos astros, y por lo tanto, estudiar tanto su órbita como su forma y algo de su superficie. Dista de Plutón 19.400 km., y tarda en orbitarle 6,38 días, el mismo tiempo en dar una vuelta sobre sí mismo. Sin embargo, como el sistema Tierra-Luna, Plutón y Caronte (y sus otros dos pequeños satélites hallados en el 2005, Nix e Hydra) giran alrededor de un centro de gravedad, que está separado incluso del propio Plutón, lo que provoca un efecto único sobre estos dos cuerpos: al ser la rotación de Plutón idéntica en tiempo al que tarda Caronte en rodearle, desde una zona de Plutón siempre veremos el satélite, mientras que desde la zona opuesta jamás le veremos. Realmente singular. También es curioso Caronte por tamaño: su diámetro es de 1.207 km, algo menos de la mitad que Plutón (2.390 km.), lo que vuelve a ser único en el sistema solar, porque ningún planeta tiene un satélite que corresponda a la mitad de su tamaño. Probablemente formado de la misma forma (supuestamente) que la Luna, sin embargo es diferente en composición superficial a Plutón (que gracias al estudio de los espectros se ha visto que en materiales de superficie se parece bastante a Tritón), ya que según parece está formado por hielo de agua en su mayoría, y tal vez posea alguna clase de criovolcán, teorizado gracias a diversos estudios realizados, en los que al parecer éstos están expulsando agua líquida a la superficie, y parte de ella acaba congelada y (esto es suposición) otra parte queda por debajo de la capa de hielo, en estado líquido, ya que está mezclada con amoniaco que actua a modo de anticongelante. Son estudios, datos, interpretaciones, que esperamos que se confirmen. Por desgracia, ni de Plutón ni de Caronte sabemos nada de cómo es geológicamente su superficie, por lo que no tiene fabulosos nombres con los que soñar... Aunque esto va a cambiar, ya que la correcaminos New Horizons se dirige a toda velocidad a su encuentro. Fue lanzada en enero del 2007, sobrevoló Júpiter en febrero del 2008 para ganar velocidad, y llegará a Plutón y Caronte el mes de julio del año 2015, y el día 14 de ese mes de ese año veremos por fin dos nuevos mundos, con los que, por qué no, poder soñar. Aún queda tiempo para ello, así que recomendamos paciencia.

Y con esto, cogemos el camino y regresamos a casa, a la Tierra. Son más los satélites de los que desconocemos incluso su forma que los que conocemos y tenemos examinados al milímetro. Pero seguro que estos no son los únicos satélites que haya en nuestra galaxia, ya que, además de la búsqueda de planetas extrasolares, se ha iniciado la búsqueda de satélites extrasolares, ya que como la inmensa mayoría de los exoplanetas localizados son enormes gigantes de gas más grandes que Júpiter, es seguro que posean exosatélites (y por qué no alguno con condiciones habitables). En fin, aún es pronto para hablar de estos temas. Esperemos que hayáis disfrutado conociendo los satélites más destacables del sistema solar.