La Luna por delante de la Tierra, desde DSCOVR.
lunes, 31 de agosto de 2015
sábado, 8 de agosto de 2015
Desastre y triunfo
La suerte, ese elemento esquivo, suele estar por todas partes. Ya sea
de la buena, o de la mala, es parte indispensable de muchos ámbitos. En el de
las misiones espaciales, tanto tripuladas como robóticas, es algo que siempre
hay que tener en cuenta. Naves como Apollo
13, varias de las Soyuz rusas, o
sondas como Mariner 2, Venera 7, Galileo, Mars Global Surveyor
u otras, han visto como la suerte, tanto de la buena como de la mala, han
afectado su desarrollo. Sin embargo, hay una en la que la suerte ha sido parte
fundamental. El proyecto que hoy diseccionaremos fue tan influenciado por la
suerte, que hizo de esto un factor decisivo en las conclusiones futuras que nos
pueda dar. ¿Pero qué tipo de suerte? Seguid leyendo y sabréis de lo que estamos
hablando.
De todos los proyectos cuyo objetivo es estudiar a Helios, existió uno
con unos objetivos cuanto menos curiosos. Adscrita al programa Discovery
(elegida en octubre de 1997 junto con CONTOUR),
con este vehículo lo que se buscaba era recolectar muestras del Sol, con el
objetivo de buscar los ingredientes que lo conforman y que formaron parte de la
nebulosa planetaria que generó finalmente el sistema solar. En esencia, era un
viaje en el tiempo, nada menos que al comienzo de todo, en una época en la que
el Sol no era más que un conjunto de elementos volátiles. Este hecho propició
que el nombre que recibió el proyecto fuera enormemente simbólico: nada menos
que Genesis, como el primer libro de
la Biblia de los cristianos en el que relataba la creación del universo en
manos de Dios.
¿Cómo que recoger muestras del mismo Sol?, os preguntaréis. Bueno, la
verdad es que el proyecto no iría directamente a nuestra estrella para coger
una cucharada de la superficie solar, sino que se colocaría justo delante de
Helios, a una distancia segura, eso sí, para capturar partículas del viento
solar, y devolverlas a la Tierra para su posterior estudio. Genesis, por lo tanto, era un proyecto
en esencia a largo plazo, ya que lo que se buscaba era tener ese conjunto de
muestras para que, cuando los medios analíticos hubieran avanzado lo
suficiente, poder estudiarlas y buscar pistas sobre esos ingredientes de la
nebulosa planetaria.
Antes de esta misión, el viento solar ha sido objeto de examen por
muchas misiones. Casi todas las misiones Apollo
que pisaron la Luna portaron recolectores especiales para capturar en la
superficie selenita partículas del viento solar, volviendo con ellas después,
proporcionando resultados muy interesantes. Posteriormente, misiones como Ulysses, SOHO, Wind, ACE, TRACE,
TIMED o RHESSI (estas dos últimas lanzadas después de Genesis) han ido estudiando desde distintos aspectos ese viento
solar, que afecta a todo el sistema solar de alguna forma u otra. Muchos
científicos pensaron que, gracias a las muestras traídas por las tripulaciones Apollo, en el Sol existe una especie de
registro fósil de las partículas que conformaron la nebulosa que dio paso al
sistema solar tal y como lo conocemos, de la misma manera que los anillos de
crecimiento de un árbol nos pueden indicar el clima de una región y los cambios a lo largo del tiempo.
¿Qué elementos utilizaría para capturar esas partículas del viento solar? Lo más puro y limpio que se pudiera, de ahí que gran parte del presupuesto asignado al proyecto fuera a la elaboración de los materiales destinados a cosechar ese preciado tesoro. En cuanto al vehículo en sí, echaría mano de gran parte de las tecnologías ya desarrolladas para hacer más baratos los vuelos espaciales. Genesis se estructuró en torno a una plataforma de equipamiento de diseño rectangular, de 2.3 x 2 metros, sobre la cual se colocaron los elementos electrónicos, la generación de energía y los aparatos científicos. El ordenador era el habitual de los últimos proyectos de la NASA, estructurado alrededor del procesador RAD6000, con los tradicionales 128 MB de memoria RAM dinámica para alojar el software de control y el almacenamiento de los datos, junto con 3 MB de memoria no volátil. Para las comunicaciones usó un sencillo transpondedor de banda-S, debido a que no se iba a alejar demasiado de la Tierra, y para contactar con el centro de control incorporó una antena de media ganancia de forma espiral, colocada en el lado que ofrecía a la Tierra, mientras que cuatro pequeñas antenas de baja ganancia servían durante los eventos de modo seguro o en los momentos iniciales o finales de la misión. La orientación de Genesis, para hacerla más sencilla, se conseguía por rotación, con un ratio de 1.6 rpm una vez en la actitud de recolección. Un par de escáneres estelares y un grupo de sensores solares
digitales (dos en los paneles solares y dos en la plataforma de equipamiento) proporcionaban la información necesaria. Si el ratio de giro era igual o inferior a las 2 rpm, los escáneres estelares y los sensores solares colocados en los paneles garantizaban la estabilidad. Si el ratio de giro era superior a las 2 rpm, principalmente en las maniobras propulsivas, los sensores colocados en la plataforma localizaban al Sol para asegurar la posición correcta a la vez que informaba al ordenador de a bordo sobre el ratio de giro. Fue equipada con dos grupos de propulsores. Cuatro de ellos, los más potentes, se encargaban de colocar a Genesis en su órbita de trabajo, mientras que dos grupos de cuatro pequeñas aberturas servían para maniobras con las cuales mantener la órbita o controlar el ratio de giro. El control de la temperatura de a bordo lo garantizaban los calentadores eléctricos, láminas de kaptón negro en la cara que ofrecía a la Tierra, y mantas elaboradas a base de óxido de indio-10 cubrían la cara que ofrecía al Sol. La energía la proporcionaban dos paneles solares, que nacían de los lados opuestos de la plataforma. Elaborados en aluminio y silicio, contenían células solares también fabricadas a base de silicio, y una vez en su lugar proporcionaban a Genesis una envergadura total de 7 metros. La energía la almacenaba una pequeña batería de níquel hidrógeno. En la cara que ofrecía al Sol estaba situado el elemento principal del proyecto: la cápsula de retorno con el sistema de recolección. Esta cápsula quedaba sujeta al resto de la sonda apoyada en tres puntales de dos soportes cada uno, en cuyo final se encontraba un anillo sobre el que se colocó el escudo de reentrada. Unos cables de energía y datos proporcionaban alimentación y comunicación entre los sistemas de la cápsula y el resto de Genesis, y unos dispositivos pirotécnicos unidos a unos resortes se encargaban de la separación una vez estuviera lista para ello. La cápsula poseía un diseño similar a la de Stardust, aunque con mayores medidas. Medía 1.52 metros de diámetro por 81 centímetros de altura, y estaba compuesta por cinco elementos: el escudo de reentrada (construido en grafito-epoxi con placas cerámicas de Carbono-Carbono, diseñadas para soportar reentradas a altas velocidades y eliminar el 99% de la energía cinética de la cápsula), la aerovaina (elaborada también en grafito-epoxi, con material de protección termal desarrollado para la misión Viking, para ofrecer los puntos de unión con el resto de elementos de la cápsula de retorno), el contenedor científico (una lata de aluminio que alojaba los componentes recolectores), el sistema de paracaídas (estructurado alrededor de un mortero que accionaba un paracaídas de estabilización de 2.1 metros de diámetro, que posteriormente provocaba la extensión de un parapente de 10.5 x 3.1 metros) y las aviónicas (destinadas a provocar la extensión de los paracaídas y a enviar señales sobre su localización mediante una baliza UHF). El equipo científico se estructuraba alrededor de cuatro dispositivos. El principal era el Conjunto de Colectores del Viento
Solar. Situados dentro del contenedor científico, poseía cinco paneles en cuyo interior fueron colocadas losetas hexagonales elaboradas por materiales ultrapuros para recolectar las partículas del viento solar. Dos de esos paneles fueron diseñados para recolectar viento solar en todas las circunstancias. Llamados paneles de recolección en bruto, uno estaba situado dentro de la tapa del contenedor, y el otro en la parte superior del conjunto de paneles apilados. Las otras tres placas cosechadoras se encontraban bajo el panel de recolección en bruto, y se extendían en respuesta a los regímenes del viento solar (placa L, velocidad lenta; placa H, alta velocidad; placa E, CME’s). Las losetas hexagonales estaban elaboradas individualmente, y estaban fabricadas en silicio, germanio, zafiro, diamante creado artificialmente, cristal metálico y otros elementos. Cada una medía 10 centímetros, y en total cargaba 55 losetas entre los cinco paneles. Una vez se abría la cápsula y el contenedor, el conjunto de paneles apilados se desplazaba para que
así el segundo elemento recolector pudiera almacenar otro tipo de partículas. Este elemento recibía el nombre de Concentrador Solar. Formado por una serie de rejillas cargadas eléctricamente y una serie de espejos, y finalizada en un objetivo elaborado por cuatro porciones (una de diamante, dos de carburo de silicio, y una última de silicio con un recubrimiento de carbono similar al diamante) que totalizaban 26 centímetros cuadrados, poseía la tarea de acumular átomos de oxígeno provenientes del viento solar, discriminando el resto de elementos usando los elementos incorporados, para así poder realizar un análisis del tipo (o tipos) de molécula de oxígeno que expulsa el Sol a través del viento solar. Todo esto quedaba dentro del contenedor científico, que fue objeto de una descontaminación enormemente rigurosa para eliminar toda partícula terrestre. Quedaba alojado dentro de la cápsula, sujeto entre la aerovaina y el escudo de reentrada mediante puntales. Debido a que poseía paneles para diferentes regímenes del viento solar, fue necesario colocar detectores que pudieran indicar a la sonda qué panel era el más apropiado para extraer. Así, Genesis recibió dos monitores proporcionados por el Laboratorio Nacional Los Alamos. El GIM, Monitor de Iones de Genesis, situado en la plataforma de equipamiento cara al Sol, se encargaba de medir una amplia gama de energía proveniente de los elementos del viento solar, tales como protones, partículas Alfa o iones menores. Así, podía determinar la velocidad (o energía) de las partículas cuando éstas entraban en el instrumento a través de una pequeña abertura de 1 milímetro de ancho y dirigidas a un par de placas cargadas eléctricamente. En esencia, GIM medía la velocidad de las partículas calculando así la temperatura a través de la energía emitida. El cálculo de la velocidad indicaba el régimen de viento solar al que se exponía. El Monitor de Electrones de Genesis, GEM, actuaba de manera similar, aunque su tarea era la de indicar la dirección de las partículas del viento solar, además de analizar los electrones dentro de este flujo de partículas. Compuesto por dos semiesferas elaboradas en oro y cargadas eléctricamente, recibía los electrones mediante una pequeña abertura en la carcasa del aparato. Su posición en uno de los extremos de la plataforma de equipamiento, en la cara que ofrecía al Sol, le proporcionaba la capacidad de detectar los electrones que llegan de todas partes. Dependiendo de la dirección de las partículas entrantes, determinaba qué tipo de régimen del viento solar tenía enfrente. Cuando todas estas partes quedaron unidas, y con todo el combustible cargado, declaraba una masa de 636 kg.
Es posible que os estéis rascando la cabeza al haber leído esa cosa
tan rara llamada regímenes del viento solar. El amplio estudio de Helios en los
últimos años ha permitido observar relaciones entre diversas características de
la superficie del Sol, la magnetosfera y la emisión de las partículas
energéticas, o plasma, procedente de nuestra estrella. Los científicos han
determinado que existen tres regímenes. El viento solar de alta velocidad
proviene de unos lugares llamados agujeros coronales
(zonas de la corona solar que permanecen oscuros en el espectro de los rayos X) en forma de gas caliente a una velocidad de hasta 1.200 km/s. El viento solar de baja velocidad proviene de las regiones fronterizas de los agujeros coronales, donde la geometría magnética de esas zonas permite un escape “fácil” y a una velocidad relativamente lenta, de hasta 300 km/s. El tercer régimen es el de las eyecciones de masa coronal (CME), que supone una interrupción de los regímenes normales, y se crea cuando una o un grupo de espirales magnéticas alrededor del Sol se vuelven inestables, y estalla hacia el espacio, expulsando una gran cantidad de materia, acompañadas algunas veces por llamaradas solares excepcionalmente brillantes que provocan grandes emisiones de partículas radiactivas que pueden alcanzar la Tierra en un día o dos. Las CME’s pueden ser “lentas”
o “rápidas”, y son mucho más frecuentes en las épocas de máxima concentración de manchas solares. Estas emisiones son tremendamente peligrosas, debido a que pueden averiar gravemente las electrónicas de los satélites y los equipos electrónicos en la superficie. En esencia, estos son los regímenes del viento solar de Helios, y esta es la razón de que posea un panel cosechador dependiendo del régimen que reciba. Para que Genesis pudiera desplegar el panel apropiado se incorporó un algoritmo llamado WIND que, alimentado por la información de los monitores, ordenaba el despliegue del correspondiente.
(zonas de la corona solar que permanecen oscuros en el espectro de los rayos X) en forma de gas caliente a una velocidad de hasta 1.200 km/s. El viento solar de baja velocidad proviene de las regiones fronterizas de los agujeros coronales, donde la geometría magnética de esas zonas permite un escape “fácil” y a una velocidad relativamente lenta, de hasta 300 km/s. El tercer régimen es el de las eyecciones de masa coronal (CME), que supone una interrupción de los regímenes normales, y se crea cuando una o un grupo de espirales magnéticas alrededor del Sol se vuelven inestables, y estalla hacia el espacio, expulsando una gran cantidad de materia, acompañadas algunas veces por llamaradas solares excepcionalmente brillantes que provocan grandes emisiones de partículas radiactivas que pueden alcanzar la Tierra en un día o dos. Las CME’s pueden ser “lentas”
o “rápidas”, y son mucho más frecuentes en las épocas de máxima concentración de manchas solares. Estas emisiones son tremendamente peligrosas, debido a que pueden averiar gravemente las electrónicas de los satélites y los equipos electrónicos en la superficie. En esencia, estos son los regímenes del viento solar de Helios, y esta es la razón de que posea un panel cosechador dependiendo del régimen que reciba. Para que Genesis pudiera desplegar el panel apropiado se incorporó un algoritmo llamado WIND que, alimentado por la información de los monitores, ordenaba el despliegue del correspondiente.
Muchos celebraron la aprobación de este proyecto. Otros, se quejaron
porque era la segunda nave que en poco tiempo tenía la misión de recoger
muestras extraterrestres, de ahí que afirmaran que era la segunda vez que la
NASA duplicaba proyectos (la primera vez que se quejaron sobre esta duplicidad
fue cuando apareció Mars Odyssey, ya
que MGS disponía de un instrumento,
el TES, similar al THEMIS de la sonda marciana del 2001). Como en 1999 se había
lanzado Stardust con la misión de
recoger fragmentos del núcleo de un cometa, para así estudiar el origen de los
cometas, al principio de la creación del sistema solar, los objetivos de Genesis, aseguraban, eran idénticos. En
realidad, la sonda solar viajaba mucho más atrás en el tiempo.
En la primavera del 2001, Genesis
ya se encontraba en Cabo Cañaveral, y se le realizaron las pruebas finales
antes de ser colocada en su lanzador, el Delta
2-7326. Su lanzamiento se programó para el 30 de julio, aunque inicialmente
estaba previsto para enero, y después para febrero de ese mismo año. Se decidió
retrasarlo para posibilitar el lanzamiento de Mars Odyssey a Marte en su ventana de lanzamiento. El destino de la
sonda era el de situarse en torno al punto lagrangiano L1, en donde ya estaban SOHO, Wind y ACE, en una denominada
órbita de halo, en la cual orbita un punto en el espacio en vez de un cuerpo
planetario. Desde allí, situado a 1.5 millones de km. delante de la Tierra y
camino de Helios, se encuentra fuera de toda interferencia magnética de la
magnetosfera terrestre, quedando así libre para recoger todo lo que le echara
el viento solar.
Después de varios retrasos (problemas con el suministro de energía hacia uno de los escáneres estelares en una unidad idéntica en un satélite en órbita a la que equipaba la sonda, y después por la meteorología), Genesis fue lanzado el 8 de agosto camino del L1. Le esperaba un trayecto de unos tres meses, en los cuales realizó solo una maniobra de corrección de rumbo (dada la trayectoria tan precisa en que la inyectó el lanzador) y se comprobó el estado de los sistemas de a bordo. En estos días de crucero, mientras la sonda respondía bien, la cápsula de retorno de muestras empezó a exhibir una temperatura más alta a lo proyectado. Estudiado el problema en Tierra, parecía que el recubrimiento termal interno se había degradado en exceso, pero un análisis a distintos componentes de hardware con configuración muy parecida a la de vuelo (batería, contenedor de las placas cosechadoras) mostró que podría sobrevivir sin problemas. Finalmente, el 16 de noviembre Genesis realizó una inserción orbital tipo Lissajous, entrando en una órbita elíptica alrededor del L1. En total, la sonda realizaría 5 órbitas en las cuales estaría recogiendo moléculas casi continuamente.
Después de comprobar el correcto estado de la sonda, el 3 de diciembre
recibió la orden de abrir la aerovaina y la tapa del contenedor científico, y
exponer los paneles cosechadores al viento solar. En total serían 850 días de
recolección, y durante todo este tiempo estuvo funcionando sin novedad, salvo
porque en mayo del 2002 una enorme eyección de masa coronal tocó la sonda,
saturando así los escáneres estelares. Tras la entrada en modo seguro
correspondiente, Genesis regresó a la
tarea. Y así el 1 de abril del 2004, el centro de control ordenó el cierre del
contenedor científico y de la cápsula de retorno. El proceso culminó el día
dos, con el sellado de la aerovaina. Tiempo antes de este evento, los
científicos que controlaban los monitores solicitaron que Genesis recibiera una extensión de misión para permitir que la
sonda continuara estudiando el viento solar, ya que la información
proporcionada por los monitores era de una calidad extraordinaria y sobre todo
por la sorpresa que dieron el 30 de mayo del 2002: el flujo del viento solar
cayó a un nivel tan bajo que los monitores no lo detectaron, el llamado día en
el que el viento solar desapareció. Con este deseo, se inició el viaje de
retorno.
La órbita en la que se encontraba fue diseñada para que pudiera salir
de ella naturalmente, sin necesidad de mucho gasto de energía. Debido a la,
digamos, especial, forma de recogida, el vehículo se dirigió hacia el punto L2,
en el lado opuesto al L1, al cual rodeó, poniendo así rumbo hacia la Tierra al
punto de entrega. Se eligió esta trayectoria porque se quería que la reentrada
en el punto designado (el Utah Test and Training Range) coincidiera con las
primeras horas del día con el Sol ya sobre las áridas planicies del estado de
Utah. Además, la maniobra contemplaba que la recogida de la
cápsula se hiciera en el aire. A tal efecto se prepararon dos helicópteros tipo Eurocopter Astar 350-B2, cada uno tripulado por 3 personas, y equipado por un mástil de 5.6 metros y un cable de kevlar de 137 metros, finalizado en un gancho que atraparía en vuelo la cápsula. A causa de la altísima sensibilidad de las muestras recogidas se eligió este sistema, y hacía falta luz diurna para estas operaciones.
cápsula se hiciera en el aire. A tal efecto se prepararon dos helicópteros tipo Eurocopter Astar 350-B2, cada uno tripulado por 3 personas, y equipado por un mástil de 5.6 metros y un cable de kevlar de 137 metros, finalizado en un gancho que atraparía en vuelo la cápsula. A causa de la altísima sensibilidad de las muestras recogidas se eligió este sistema, y hacía falta luz diurna para estas operaciones.
Genesis abandonó la órbita
del L1 el 22 de abril, poniendo rumbo al L2, que rodeó, para dirigirse posteriormente
al punto designado para la liberación, programada para el 8 de septiembre. Como
la cápsula carecía de cualquier elemento de propulsión, se diseñó una
trayectoria de reserva en el caso de que surgiera algún problema durante la
fase de separación. La llamada fase de recuperación, de un mes de
duración, fue de intensa preparación, tanto en la sonda, afinando la trayectoria, como en el lugar de recogida, ensayando el método de captura. Para conseguir llegar al sitio designado, se necesitó llevar a Genesis para que la cápsula contactara con la atmósfera terrestre dentro de una elipse de 33 x 10 km. de extensión. Tres maniobras (completadas los días 9 y 28 de agosto y 6 de septiembre) situaron a la sonda para dirigir a la cápsula de retorno en el pasillo correcto. Después de comprobar que todos los dispositivos de a bordo estaban listos, se recibió la luz verde para comenzar el proceso de liberación.
duración, fue de intensa preparación, tanto en la sonda, afinando la trayectoria, como en el lugar de recogida, ensayando el método de captura. Para conseguir llegar al sitio designado, se necesitó llevar a Genesis para que la cápsula contactara con la atmósfera terrestre dentro de una elipse de 33 x 10 km. de extensión. Tres maniobras (completadas los días 9 y 28 de agosto y 6 de septiembre) situaron a la sonda para dirigir a la cápsula de retorno en el pasillo correcto. Después de comprobar que todos los dispositivos de a bordo estaban listos, se recibió la luz verde para comenzar el proceso de liberación.
A las dos de la mañana, hora del lugar de recogida, los sistemas
pirotécnicos que accionaban la separación se armaron. Dos horas y media
después, los cables de energía y datos entre la sonda y la cápsula quedaron
cortados, dejándola lista para la liberación. Una bisagra, último punto de
unión entre los dos vehículos, se separó. El destino estaba echado. Poco
después, los propulsores de la sonda provocaron una aceleración del ratio de
giro, hasta las 10 rpm, para proporcionar a la cápsula estabilidad para la
reentrada. Una hora después, Genesis
se dio la vuelta, y después incrementó el ratio de giro hasta las 15 rpm. Como
el escudo de reentrada
estaba apoyado en el anillo colocado en la plataforma de equipamiento, esta reorientación resultaba necesaria. Finalmente, aproximadamente a las 5:53 de la mañana (hora de la región) Genesis liberó la cápsula, a una altura aproximada de 65.896 km. 22 minutos después, la sonda se reorientó, redujo su ratio de rotación, y realizó una maniobra de desviación, para evitar la incineración con la atmósfera. Todo lo demás, corrió a cargo de la cápsula.
estaba apoyado en el anillo colocado en la plataforma de equipamiento, esta reorientación resultaba necesaria. Finalmente, aproximadamente a las 5:53 de la mañana (hora de la región) Genesis liberó la cápsula, a una altura aproximada de 65.896 km. 22 minutos después, la sonda se reorientó, redujo su ratio de rotación, y realizó una maniobra de desviación, para evitar la incineración con la atmósfera. Todo lo demás, corrió a cargo de la cápsula.
A 11.04 km/s, la cápsula de Genesis
contactó con las capas altas de la atmósfera, a las 9:55 de la mañana,
convirtiéndose en ese momento en el segundo objeto fabricado por el ser humano
que más rápido había entrado con la atmósfera. Aproximadamente 45 segundos después, alcanzó la máxima deceleración, de 3 G’s.
A partir de ese momento, la aviónica entró en marcha. A 33 km., el paracaídas de estabilización debería haberse abierto, para así controlar y frenar un poco más el descenso, para después, separar parte de la aerovaina para desplegar el parapente, para provocar un descenso en espiral reduciendo de manera efectiva la velocidad de descenso, bajando a 3.7 m/s. A 3.000 metros, los helicópteros empezarían las maniobras para capturar el parapente y la cápsula adosada, y una vez cogida, descender para que la cápsula tocara tierra de manera suave. Una vez allí, el personal de tierra cortaría el cable que unía el parapente a la cápsula, para después volver a enganchar un cable para que el helicóptero transportara la cápsula a un aeródromo cercano, en donde se llenaría de gas de nitrógeno para eliminar todo gas de la alta atmósfera que hubiera en su interior. Después de dos horas, y en una sala limpia colocada a propósito, la cápsula se abriría para extraer el contenedor, meterlo en un avión y enviarlo al Centro Espacial Johnson de Houston, en cuyas instalaciones de curación se construyó una zona exclusiva para las muestras. Por desgracia, la realidad quiso que ninguno de los paracaídas se extendiera, por lo que se acabó estrellando en el suelo del Terreno de Pruebas Dugway a 311 km/h., y todo en riguroso directo a través del canal CNN (eran las primeras muestras extraterrestres que conseguíamos desde las de Luna 24 en 1976, y las primeras de más allá de la Luna).
A partir de ese momento, la aviónica entró en marcha. A 33 km., el paracaídas de estabilización debería haberse abierto, para así controlar y frenar un poco más el descenso, para después, separar parte de la aerovaina para desplegar el parapente, para provocar un descenso en espiral reduciendo de manera efectiva la velocidad de descenso, bajando a 3.7 m/s. A 3.000 metros, los helicópteros empezarían las maniobras para capturar el parapente y la cápsula adosada, y una vez cogida, descender para que la cápsula tocara tierra de manera suave. Una vez allí, el personal de tierra cortaría el cable que unía el parapente a la cápsula, para después volver a enganchar un cable para que el helicóptero transportara la cápsula a un aeródromo cercano, en donde se llenaría de gas de nitrógeno para eliminar todo gas de la alta atmósfera que hubiera en su interior. Después de dos horas, y en una sala limpia colocada a propósito, la cápsula se abriría para extraer el contenedor, meterlo en un avión y enviarlo al Centro Espacial Johnson de Houston, en cuyas instalaciones de curación se construyó una zona exclusiva para las muestras. Por desgracia, la realidad quiso que ninguno de los paracaídas se extendiera, por lo que se acabó estrellando en el suelo del Terreno de Pruebas Dugway a 311 km/h., y todo en riguroso directo a través del canal CNN (eran las primeras muestras extraterrestres que conseguíamos desde las de Luna 24 en 1976, y las primeras de más allá de la Luna).
Con el impacto, la cápsula se abrió y destrozó, a la vez que el
contenedor científico. Eso sí, hubo cierta suerte, debido a que el terreno
estaba en un estado casi fangoso, proporcionando cierta amortiguación. De esta
manera los daños fueron menores a los que se suponían a causa de la velocidad
terminal de la cápsula. Permaneció varias horas allí a causa del peligro que
suponían los dispositivos pirotécnicos no disparados y los ácidos de la batería
de la aviónica. Cuando consiguieron acercarse, un grupo extrajo la cápsula, y la
subió a uno de los helicópteros llevándola al lugar previsto. Otro equipo se
quedó un mes recogiendo y catalogando los restos que habían quedado esparcidos.
Un primer examen del contenedor mostró que parte de la tierra de la zona había
quedado adherida a las losetas, pero parecía que muchas de ellas estaban
intactas. Cuando el contenedor llegó al Centro Espacial Johnson lo abrieron y
empezaron la limpieza.
El análisis preliminar mostró que la contaminación, en muchos casos se
podía eliminar, en otros, evitar. Muchas estaban limpias, y en cuanto empezaron
a extraer las losetas, empezaron a enviarlas a otros centros especializados. A
la vez, a causa del fallo de la cápsula en desplegar los paracaídas, se abrió
la habitual comisión de investigación. Esta vez lo tenían fácil, porque tenían
los componentes en la mano para analizarlos.
Después de revisar de arriba abajo la cápsula, descubrieron con horror
la causa: los acelerómetros (en realidad, un interruptor de fuerzas G, diseñado
para provocar un contacto eléctrico entre los componentes del aparato),
diseñados para sentir la deceleración a la que iba a someter la cápsula y
provocar el despliegue de los paracaídas, se habían montado ¡al revés! De esta
manera, resultaba prácticamente imposible el correcto funcionamiento de estos
sistemas. Pero eso no fue lo peor, ya que ninguna revisión de diseño detectó el
problema, y más grave aún, la empresa constructora, la Lockheed Martin Space
Sistems, se había saltado un procedimiento previo a uno de los tests de
verificación, con el que fácilmente se hubiera descubierto el problema, que
resultaba muy fácil de solucionar.
De manera inesperada, no fue el polvo del desierto lo que supuso una dificultad para analizar las losetas. Fueron los mecanismos internos (lubricantes y otras sustancias entre las electrónicas) los que fastidiaron parte del material. Aún con eso, se han podido hacer varios descubrimientos notables. Como uno de los objetivos principales era el de estudiar la composición concreta de Helios, nos ha deparado ciertas sorpresas: un isótopo, el oxígeno-16, se descubrió que estaba en el Sol en mayor proporción que en la Tierra, indicando que de alguna manera existió un mecanismo que eliminó este isótopo antes de la formación de nuestro planeta. Otros análisis mostraron concentraciones de argón y neón que ayudaron a descartar teorías sobre la formación del sistema solar. Eso sí, de momento otros tipos de análisis están quedando vetados a los científicos debido a que aún no existen los métodos analíticos apropiados, aunque se espera que con el tiempo se puedan conseguir. En palabras de uno de los científicos del proyecto, a pesar del fallo en la cápsula de retorno, se han conseguido la mayoría, sino todos, los objetivos con los que se abrió el proyecto Genesis.
Ciertamente, la suerte jugó un papel esencial a lo largo del
desarrollo de la misión. Una pequeña pieza del diámetro de un lápiz provocó la
mala suerte, condenando a la cápsula a estrellarse sin remedio. Aunque sin
embargo, la suerte ha querido que el objetivo que se buscaba se haya conseguido
de manera casi completa, aunque todavía quedan muchas losetas por examinar, y
muchos métodos analíticos por desarrollar. De ahí que el proyecto Genesis siga abierto, y aún nos enseñará
cosas muy interesantes sobre Helios.
viernes, 31 de julio de 2015
sábado, 4 de julio de 2015
La sonda más versátil
“Lo mismo te sirve para un roto que para un descosido”. Este viejo
refrán bien podría haberlo rescatado la NASA para utilizarla como filosofía de
una de sus últimas misiones. La protagonista de nuestra historia no solo
cumplió los cometidos que se le encargaron, sino que posteriormente realizó
tareas completamente distintas a las que tenía originalmente programadas, y
encima, de forma exitosa.
Corría el mes de noviembre de 1998, Stardust estaba a cuatro meses de su lanzamiento, y por esos días,
el programa Discovery preseleccionó cinco propuestas, con objetivos
completamente distintos. Una de ellas, tenía como objetivo Júpiter (INSIDE Jupiter), otra, Venus (Vesper), una tercera, a Fobos y Deimos (Aladdin), la cuarta, a Mercurio (MESSENGER), y la última, a un cometa.
Como este programa fomenta perfiles de misión novedosos, la cometaria llamaba
la atención. Lo que se buscaba era estrellar un vehículo con la superficie de
uno de estos cuerpos, para tratar de desentrañar lo que ocultan en su interior.
En junio de 1999, se tomó la decisión. De todas, la misión joviana continuó
avanzando para seguir con sus estudios de viabilidad, y de las otras cuatro, se
tomó la decisión de elegir dos: la mercuriana y, sobre todo, la cometaria. Ese
fue el inicio del proyecto Deep Impact.
Obligados por las características y restricciones del programa
Discovery, los técnicos del proyecto tuvieron que diseñar un vehículo
escasamente cargado de instrumental, para también alojar el proyectil dirigido
destinado a su objetivo. Eso sí, para suplirlo, pidieron, y consiguieron, el
uso de los principales telescopios de la NASA, los colocados en el espacio (Hubble, Chandra, el telescopio SIRTF,
con su lanzamiento programado para el verano del 2003), así como otros situados
en Tierra (los situados en la zona del Pacífico). Con ellos, lo que se buscaba
era detectar el tipo de materiales que se expulsarían del interior del núcleo
cometario tras el impacto. Pero ahí no acababa la cosa: se lanzó una llamada
general tanto a astrónomos profesionales como a aficionados, para unirse a un
programa de divulgación, motivándoles a observar en el momento crucial de la
misión. Realmente eran pocos los medios, pero el objetivo era ambicioso, y a la
vez, irresistible.
usuales para su orientación (sensores solares, dos
escáneres estelares, un complejo de ruedas de reacción y 2 unidades de medición
inercial). El control termal interno se aseguraba mediante mantas aislantes
multicapa, radiadores y calentadores eléctricos. Las comunicaciones las
gestionaba un pequeño transpondedor de banda-X tipo SDST, unido a una antena parabólica
de alta ganancia, de metro y medio de diámetro, situada encima de una
estructura trípode colocada en la parte superior del bus, y apoyada sobre un
mecanismo direccionable en dos ejes, para así poder apuntarla hacia la Tierra,
mientras que disponía de tres de baja ganancia, dos de banda-X colocadas en la
plataforma de instrumentación, para las fases iniciales de la misión y eventos
de modo seguro, y una tercera en un lateral de la estructura para recibir la
señal del Impactor, usando un transmisor-receptor
en banda-S. Deep Impact obtenía la
energía de un panel solar fijo, formado por dos secciones, que una vez
desplegadas, tenían unas dimensiones de 2.8 x 2.8 metros, disponiendo de 7.5
metros cuadrados de superficie activa, y alimentando una pequeña batería de
níquel hidrógeno. En configuración de lanzamiento, las dos secciones del panel
solar estaban apoyadas en la estructura del bus. Cuando se encontraban en su
sitio, protegía la totalidad de la estructura de la sonda de la luz solar,
salvo la antena de alta ganancia, que era el único apéndice que sobresalía.
Para protegerla de las partículas cometarias, se colocaron pequeños escudos
Whipple en las zonas bajas así como en lugares escogidos de la plataforma de
instrumentación y los paneles solares. De la propulsión se encargaban un grupo
de pequeños motores, así como del control de actitud. La mayoría de los sistemas
electrónicos eran redundantes, por lo que si ocurría algún problema no deseado
existía su correspondiente repuesto. La plataforma de instrumentación estaba
situada en el lado opuesto al del panel solar, y estaba colocada de tal manera
que proporcionaba un ángulo de 45º sobre la vertical de la sonda, y alojaba los
escáneres estelares y los instrumentos científicos. El instrumental estaba formado por
arquitectura similar, aunque con inferiores
características. Combinaba un pequeño telescopio Cassegrain de 12 centímetros
de apertura y 2.1 metros de distancia focal (f/17.5), que entregaba la luz a una cámara monocromática CCD con idéntica
rueda de filtros que la cámara del HRI, aunque con algunos filtros distintos
para adquirir imágenes de la coma del cometa. Disponía de un mayor campo de
visión que la más potente, y resultaba más adecuada para los propósitos de
navegación en los días finales antes del encuentro cometario. A pesar de ser
cinco veces menos potente que el HRI, disponía de la nada despreciable
resolución de 10 metros desde 700 km. de distancia. Por lo tanto, era mucho más
poderosa incluso que la cámara de navegación de la otra sonda cometaria de la
NASA, Stardust. Una característica
interesante de tanto HRI como de MRI era que para la construcción de ambos
sistemas se siguió un patrón base, empleando grafito para dar forma a los tubos
de ambos telescopios. Por su parte, los espejos de los telescopios se
construyeron en cristal cerámico de Zerodur, recubiertos de aluminio para
propósitos de una máxima recolección de la luz y una lámina de dióxido de
silicio para proteger el recubrimiento. Con su combustible correspondiente, Deep Impact tenía un peso máximo en
Tierra de 601 kg. Mientras, el Impactor
era el proyectil dirigido inteligente de la misión. Con unas
dimensiones de un
metro de largo por un metro de diámetro, estaba formado por dos secciones. Por
una parte tenía lo que se llamaba la masa de craterización, que no era más que
peso muerto para ayudar al Impactor a
producir un agujero sustancial en el núcleo del cometa. Estaba elaborado
principalmente por placas de cobre alrededor de una estructura de aluminio. Se
había elegido el cobre porque no es un mineral que se esperara encontrar en el
cometa, y así poderlo separar fácilmente de manera espectral. La masa de
craterización era exactamente un 49% de la masa total del Impactor. La segunda sección poseía los elementos electrónicos que
controlarían el breve viaje hacia la superficie del cometa. En esencia,
disponía de ejemplares únicos idénticos a los que equipaba Deep Impact, tales como ordenador, sistema de orientación (escáner
estelar, unidad de medición inercial, sensor solar), propulsores y
calentadores. La energía provenía de una batería no recargable de 250
amperios-hora. Un emisor-receptor en banda-S permitía enlazar con Deep Impact usando una antena plana,
para enviarle las imágenes que su único sistema científico recogiera. Este recibía el nombre de ITS, Sensor de Apuntamiento del Impactor.
Este sistema era en esencia una copia exacta del MRI, con
la única diferencia de que carecía de la rueda de filtros. El Impactor usaría este sistema para
orientarse en su camino hacia la superficie del cometa y, aunque disponía de la
misma capacidad de resolución que el MRI, era la cámara que nos regalaría las
mejores imágenes del evento, ya que (si sobrevivía al paso por la coma)
observaría detalles del cometa de apenas unos centímetros, calculando que a 20
km. del objetivo podría distinguir estructuras de unas dimensiones mínimas de
20 centímetros. En total, con los 8 kg. de combustible, el Impactor desplazaba una masa de 372 kg. Los dos vehículos fueron
unidos mediante cables, y se instalaron unos disparadores pirotécnicos unidos a
unos resortes para provocar la separación. Una vez quedaron unidos, en el
momento del lanzamiento declaraban en báscula 973 kg.
Hemos mencionado que el Impactor
era un proyectil inteligente. A decir verdad, los dos vehículos eran
inteligentes. Debido a la distancia entre la Tierra y el cometa en el momento
del impacto, a la necesidad de maniobrar dos sondas independientes, a causa del
retraso en las comunicaciones (aproximadamente 7 minutos), y gracias a la nueva
arquitectura de ordenador, el proyecto Deep
Impact fue la primera misión científica que hizo uso completo del software
AutoNav desarrollado y probado en la sonda ultratecnológica Deep Space 1. La altísima complejidad de
las maniobras que ambos vehículos tendrían que realizar en las cercanías del
objetivo durante las dos últimas horas previas a la colisión del Impactor (y la necesidad de mantener la
filosofía del programa Discovery) motivaron a los ingenieros a implementar este
sistema, sobre todo porque el nuevo procesador, más potente y capaz, sería el
elemento perfecto para alojar semejante herramienta. De esta manera, la tarea
de los navegantes quedaba suprimida, redundando en una reducción de costes
considerable. En esencia, con AutoNav, la gente del proyecto solo podía
sentarse y esperar, dejando a las dos naves manejar su propia navegación. Eso
sí, existían diferencias lógicas entre los dos programas: mientras el alojado
en Deep Impact mantendría su sistema
MRI (y por defecto a HRI) hacia el cometa, el cargado en el Impactor le llevaría directamente a
contactar rudamente con su objetivo. Para ello, Impactor tenía el software completo, mientras que la sonda de
sobrevuelo solo poseía dos de los tres módulos principales, el encargado del
procesado de las imágenes y el dedicado a determinar su localización en el
espacio, cuyos cálculos suministraría al Impactor
para compararlo con su propia información y así dirigirse de una manera óptima
hacia su colisión.
Problemas técnicos (contaminación del conjunto propulsor, construcción
de los ordenadores) y de administración (retrasos en la entrega de varios
componentes) provocaron varios retrasos en el proyecto. Una primera fecha de
lanzamiento se fijó para enero del 2004, para pasar después al 30 de diciembre
de ese año. Un problema encontrado en la segunda fase del lanzador (que obligó
a su sustitución) provocó un nuevo retraso, situándolo el 8 de enero del 2005.
Al fin, el 12, tras nuevos retrasos, un Delta2-7925 depositó a Deep Impact en
la trayectoria de escape, camino del cometa. Al poco de desplegar el panel
solar y de adquirir la orientación, entró en modo seguro, y así estuvo durante
un día. Después del susto, y tras un análisis de la telemetría enviada, vieron
un pequeño error en los márgenes de temperatura tolerable en la programación de
protección contra fallos. Tras corregir este error, la sonda volvió a la
normalidad y comenzó a probar sus sistemas de a bordo, en la llamada fase de
comisión, que duraría aproximadamente un mes.
Durante esta fase de pruebas, se puso en marcha el AutoNav para
comprobar su capacidad de apuntar a Deep
Impact autónomamente. Si bien las pruebas fueron satisfactorias, dirigiendo el HRI primero a la Luna,
y posteriormente a Júpiter, las imágenes entregadas
por el sistema se mostraron de una calidad inferior a la proyectada. Se pensó
que los espejos del telescopio estaban empañados, de manera parecida a como lo
estuvo la de Stardust. Se realizó el
mismo procedimiento, a base de calentar el instrumento para evaporar las
partículas acumuladas, y si bien la resolución mejoró de manera importante, aún
se encontraban por debajo de lo que el HRI debería entregar. Un equipo de
ingenieros estudió el problema durante los primeros meses de viaje, y llegaron
a la conclusión de que uno de los espejos del telescopio, fabricado para estar
plano, parecía que había desarrollado cierta curvatura durante las pruebas de
ambiente espacial dentro de la cámara de vacío. Este problema no era
subsanable, sin embargo, encontraron una solución: usando una técnica de
procesamiento de imágenes llamada deconvolución, desarrollada para corregir el
defecto en el espejo primario del telescopio Hubble antes de la misión de reparación, sería posible recuperar
casi toda la resolución proyectada para la cámara. Una vez superada la fase de
comisión, la de crucero dio comienzo.
La primera maniobra de corrección de trayectoria, realizada el 11 de
febrero, fue tan precisa que la
segunda, planeada para marzo, resultó innecesaria.
La siguiente, el 9 de mayo, acercó aún más su trayectoria hacia su objetivo.
Eso sí, a 69 días de la fecha prevista para el encuentro, Deep Impact detectó por primera vez su destino: el cometa 9P/Tempel 1.
El cometa Tempel 1 es uno de los viejos conocidos entre los astros de
este tipo. Debido a su órbita entre el Sol y Júpiter, es uno de los más fáciles
de seguir, bastante activo, y con un tamaño relativamente mediano (los cálculos
iniciales antes de la misión pronosticaban unas dimensiones de 14 x 4.6 x 4.6
km.) para un objeto de sus características. Se esperaba que tuviera forma
alargada e irregular, y se suponía que estaba compuesto por una mezcla de
silicatos, hielo y compuestos orgánicos. La misión Deep Impact no solo trataría de resolver la duda, sino que nos
daría pistas de cómo se formó y de su estructura interna.
La fase de aproximación comenzó 60 días antes del encuentro (es decir,
el período durante el cual se esperaba que las cámaras de a bordo pudieran
comenzar a enseñarnos el Tempel 1), sin embargo, como ya había sido capaz de
verlo 9 días antes, empezaron a monitorizar al cometa, para estudiar sus movimientos
(para calcular más exactamente su órbita y su rotación), la actividad del
núcleo y densidad de la coma. Ya en el mes de junio, los días 14 y 22 detectó
estallidos potentes de material por parte del núcleo (más potente el segundo,
en el orden de unas seis veces más), evidenciando que es un objeto aún bastante
activo. El 23 de junio, la primera de las maniobras de apuntamiento hacia el Tempel
1 tuvo lugar de manera exitosa, colocando al conjunto en una ventana de impacto
de unos 100 km. de anchura. A 5 días de la fecha fijada para el encuentro,
comenzó la fase final de la misión, la de impacto.
El 29 de junio, configuraron a la sonda para adquirir secuencias del
Tempel 1 de manera más seguida, para conocer su posición en el espacio y su
distancia al cometa para así calcular la distancia y la velocidad de
aproximación. A medida que se acercaba, la actividad del objeto aumentaba, ya
que se encontraba cerca del perihelio de su órbita, facilitando así a la sonda
la tarea de navegación. El 2 de julio, a unas 30 horas del impacto, completó la
maniobra final de apuntamiento, reduciendo la ventana de impacto a una de un
ancho de 15 km. Con esto, estaba casi lista para liberar el Impactor. A su vez, Tempel 1 volvió a
dar muestras de su actividad con otro estallido de material proveniente de la
superficie de su núcleo. Una forma de saludar al dúo que se aproximaba.
A apenas 24 horas del impacto, Deep
Impact separó al Impactor. Para
ello armó el sistema pirotécnico, a la vez que los sistemas de a bordo del
impactador se preparaban para iniciar su funcionamiento. Después de colocarse
en la posición de liberación hacia el cometa, la separación entre los dos
vehículos se hizo efectiva. Los cables de unión detectaron este hecho,
provocando el arranque del ordenador del
Impactor. Una vez orientada, el ITS adquirió su primera imagen del núcleo
del cometa, dos horas después de la separación. Tras esto, 12 minutos después
de la liberación, Deep Impact
cumplimentó la maniobra principal de desviación, diseñada para alejarle a una
distancia de aproximadamente 500 km. sobre el Tempel 1, manteniendo la vista
puesta sobre él.
A pesar de lo que se puede pensar, el Impactor no fue quien se dirigió hacia el cometa para colisionar
con él. Realmente, su camino de vuelo fue diseñado para que Tempel 1 fuera el
“agresor”, interceptando su rumbo. A modo de comparación, los científicos del
proyecto afirmaban que este hecho era el equivalente cósmico al impacto de un
mosquito con un Boeing 767. Para
colocarse de esta manera, este vehículo realizó varias maniobras en un
intervalo de hora y media usando AutoNav, a medida que el ITS adquiría cada vez
mejores secuencias de la aproximación, incrementando automáticamente el ritmo
de realización de instantáneas con el propósito de usarlo para su navegación.
Se esperaba que el polvo de la coma acabara con el ITS bastante antes del
impacto final, pero sin embargo, se mantuvo en funcionamiento y consiguió
Se liberó una cantidad de energía inmensa, el equivalente a detonar
4.5 toneladas de TNT. El destello provocado evitó observar el cráter generado
(uno de los objetivos de la misión), sin embargo, se pudo ver como expulsó hasta
30 millones de kilogramos de material al espacio, una mezcla entre agua y
polvo. Además de Deep Impact, los
telescopios Hubble, Chandra, Spitzer (anteriormente SIRTF),
XMM-Newton, GALEX, Keck…, contemplaron desde la distancia este evento, y a la
fiesta se unió la sonda Rosetta, el
proyecto cometario de la ESA, con su destino en ese momento a muchos años de
distancia. Los resultados devueltos por toda esta constelación de observadores
remotos nos mostraron que el Tempel 1 es un objeto complejo y extraño,
posteriormente se conjeturó que probablemente se había formado cerca de la
órbita de Urano.
La misión resultó todo lo
exitosa que se había previsto, incluso más. Se había arañado la superficie de
un cometa, se había visto su material subsuperficial, se había analizado, y no
solo nos devolvió datos tremendamente valiosos sobre estos cuerpos, sino que
produjo la que se ha convertido en una de las imágenes icónicas de la
exploración espacial: el destello del impacto sobre el Tempel 1. Casi
inmediatamente, comenzaron a surgir las preguntas: ¿es este cometa un
representante del resto de objetos de su tipo? O por el contrario, ¿es un
elemento único, distinto del resto? La verdad es que sabemos tan poco de los
cometas que esas preguntas continúan en el aire. La mejor forma de comprobarlo
sería enviar otro proyectil a otro cometa, pero eso superaba las posibilidades
técnicas de la misión. Por lo tanto, habría que esperar a que Stardust nos entregara las muestras de
la coma del cometa Wild 2 que recolectó en enero del 2004.
Alrededor de la misión Deep
Impact se concentraron varias curiosidades. Una de las más llamativas fue
que el momento crucial del proyecto coincidía con la celebración del 50
aniversario de que la primera canción de Rock and Roll, Rock Arond the Clock,
de Bill Halley and His Comets, se convirtió en número uno en las listas de
ventas. Aprovechando la coyuntura, los miembros supervivientes del grupo
realizaron un pequeño concierto para el personal del JPL, al día siguiente del
suceso, como punto final de la celebración del éxito del proyecto. Otra
curiosidad que rodeó a Deep Impact es,
cuanto menos, ridícula. Una astróloga rusa, de nombre Marina Bay, denunció a la
NASA, pidiendo nada menos que una indemnización de… ¡300 millones de dólares!,
bajo la afirmación de que el hecho de colisionar con un cometa “había alterado
el equilibrio natural de las fuerzas del Universo”. Por vía de su abogado,
buscó “testigos” para ayudarla en su demanda, declarando que “el impacto cambió
las propiedades magnéticas del cometa, y podría haber afectado a la telefonía
móvil en la Tierra. Si tu teléfono dejó de funcionar esa mañana, pregúntate
¿por qué?, y entonces acude a nosotros”. Un año después, la corte penal en
Moscú falló en contra de la astróloga, a pesar de que apeló la decisión. En
realidad, el Impactor apenas alteró
el perihelio del cometa Tempel 1 en 10 centímetros, y acortó el período de
traslación en menos de un segundo. Y una tercera vino desde la populosa
República Popular China. Mientras los científicos e ingenieros de este populoso
país no podían más que celebrar este rotundo éxito, las autoridades del país
anunciaron la intención de desarrollar una versión “más inteligente” del
concepto, es decir, aterrizar en un cometa o asteroide, y desde allí, empujarlo
fuera de su órbita. Hasta lo que sabemos, desconocemos si esa idea ha pasado de
las mentes pensantes a un proyecto concreto.
A pesar del éxito de la misión, hubo un pequeño lunar: no se había
visto el cráter generado. La gran decepción por este pequeño hecho fue
escuchada por la gente del proyecto Stardust,
cuya sonda terminaría su misión a principios del 2006. Así, a mitad del mes de
julio de ese año, con su sonda ya libre de cualquier cometido, sugirió la
posibilidad de enviarla al Tempel 1, para así finalizar la misión con la
observación del resultado. A la vez, los administradores de Deep Impact estaban planeando la misión
extendida de su sonda. Ésta estaba en hibernación, con revisiones cada seis
meses para comprobar el estado de salud de sus sistemas, a la espera de que la
encargaran nuevos cometidos.
El 3 de julio del 2007 la NASA anunció a la vez la autorización de
misiones extendidas para Stardust y Deep Impact. Por un lado, la primera
iría definitivamente al Tempel 1, con la tarea de finalizar el trabajo iniciado
en julio del 2005, realizando así el encargo NExT; por el otro, la segunda tendría dos labores diferentes a
realizar.
Bajo el nombre de EPOXI, era
la combinación de dos proyectos, diferentes entre sí. Uno de ellos se llamaba
EPOCh, Observación y Caracterización de Planetas Extrasolares; la otra, DIXI, Investigación
Extendida de Deep Impact. EPOCh, como
su propio nombre indicaba, consistía en realizar observaciones a estrellas a
las que ya se le conocen acompañantes, es decir, exoplanetas. Lo que se buscaba
era, mediante la técnica de tránsito, recoger información sobre esos cuerpos
para obtener detalles nuevos, y a la vez, buscar nuevos miembros de esos
sistemas extrasolares. Para ello usaría el HRI como herramienta de detección, y
curiosamente, haciendo del defecto del curvado de uno de los espejos una
ventaja. Más convencional era DIXI. El propósito de esta tarea era proporcionar
un punto de comparación entre el Tempel 1 y el nuevo cometa que investigaría,
el 85P/Boethin, que lo sobrevolaría el 5 de diciembre del 2008.
A pesar del comienzo de EPOXI
en julio del 2007, Deep Impact no fue
despertada hasta el 26 de septiembre, para comenzar su primera fase de crucero
hacia el nuevo cometa, y el 1 de noviembre realizó una corrección de rumbo.
Tenía previsto realizar un sobrevuelo a la Tierra para modificar su órbita y
colocarse en la trayectoria óptima. Sin embargo, ya bien entrado diciembre, y
cada vez más cercana la asistencia gravitatoria, los astrónomos del proyecto
fueron incapaces de localizar al Boethin. Debido a esto, no se podía calcular
su órbita, por lo que dirigir la sonda hacia allí sería
imposible. Con esto, no
tuvieron más remedio que recurrir al objetivo cometario secundario planificado
para DIXI, el 103P/Hartley 2, a pesar de que para alcanzarlo, necesitaría dos
años más de crucero, pudiendo encontrarse con él en noviembre del 2010. Eso sí,
daba tiempo de sobra para completar EPOCh, y cualquier otra cosa que se les
ocurriera. El sobrevuelo terrestre, realizado el 31 de diciembre, transcurrió
como fue proyectado, y aprovechando este evento, tanto el HRI como el MRI
fueron recalibrados, apuntando a la Luna como fuente de referencia.
En enero del 2008 comenzó la fase de crucero número dos hacia el
Hartley 2, y empezó a prepararse para comenzar EPOCh. Esta campaña de
observaciones extrasolares se dividió en dos segmentos, una que transcurrió de
enero a
marzo, y una segunda, entre mayo y agosto. Entre esas dos fases, tuvo
tiempo de recalibrar un poco más el instrumental, dirigiendo sus instrumentos
hacia la Tierra tres veces (18 de marzo, 29 de mayo y 5 de junio), cuando Deep Impact se encontraba a unos 50
millones de km. de ella. Esto fue un experimento para tratar de averiguar cómo
podría verse un planeta extrasolar si se tuviera la resolución apropiada,
además de proporcionar información acerca de la luz reflejada tanto por las
nubes como por la vegetación desde la distancia, para así tener una referencia
en el caso de poder detectar lo mismo en un exoplaneta. Fueron vistas
imponentes, durante las cuales pudimos ver incluso un tránsito de la Luna por
delante de la Tierra en la oportunidad de mayo. Además, el espectrómetro
infrarrojo del HRI detectó, desde la distancia, trazas de hidróxilo en la
superficie lunar, confirmado los datos de uno de los instrumentos montados en
la hindú Chandrayaan-1.
A lo largo de la campaña EPOCh, usó el HRI para realizar observaciones
fotométricas de las estrellas a las que se conocen grandes planetas, para
caracterizar sus propiedades físicas, buscar anillos, satélites, y detectar
nuevos planetas en esas estrellas. Cuando finalizó la tarea, había adquirido
casi 199.000 imágenes del fondo estelar apuntando a las estrellas indicadas. En
total, había observado siete estrellas (XO-2 en la constelación del Lince,
Gliese 436 en la constelación de Leo, BD+36º2593 en la constelación Bootes, GSC
03089-00929 en la constelación de Hércules, Wasp-3 en la constelación Lira, GSC
03549-02811 en la constelación Draco y HAT-P-7 en la constelación Cygnus),
para, mediante la cantidad de luz que el planeta distorsiona, poder averiguar
cosas sobre ellos, tales como su composición atmosférica, además de mejorar las
técnicas para la detección de estos cuerpos. Que sepamos, aún no ha deparado
resultados interesantes, pero este es un proceso largo y difícil.
Tras acabar EPOCh, ya pudo centrar su atención en las maniobras necesarias para cumplir con DIXI y su encuentro con el Hartley 2. Eso sí, antes, a mitad de noviembre, Deep Impact fue objeto de un test bastante curioso: se le llamó el internet interplanetario. Realmente lo que se buscaba era probar si se podía montar una red de comunicaciones de espacio profundo, es decir, que las sondas pudieran compartir entre ellas información. Para ello, Deep Impact se utilizó como el único nodo espacial en esta prueba (los otros 9 estaban simulados en Tierra) y enviaron docenas de imágenes desde Tierra a la sonda, y viceversa, a una distancia de unos 32 millones de kilómetros.
La fase de aproximación resultó ser complicada por dos factores:
primero, debido a la distinta geometría del encuentro que durante la misión
principal, tenía que apuntar sus cámaras al Hartley 2, haciendo imposible
dirigir la antena de alta ganancia hacia la Tierra, porque nuestro planeta se
encontraba en la misma dirección (más o menos) en la que apuntaba a la
instrumentación. Por ello, al comienzo de la aproximación solo podía apuntar
los sistemas científicos al cometa durante seis horas, para después hacer una
rotación sobre su eje solar de 180º para ofrecer la antena de alta ganancia a
las antenas terrestres. Esto se relacionaba con el segundo factor a tener en
cuenta: el calor del Sol. En abril del 2008, durante la tarea EPOCh, se había
descubierto una caída en la señal de comunicaciones de 8 decibelios, una
reducción del 75% con respecto a la de proyecto, lo que significaba que la
capacidad de descarga caía a la mitad. Como en aquellos momentos se encontraba
en su perihelio, y su posición en el espacio provocaba que la luz solar
calentara la plataforma superior de la estructura (donde se montó todo el
equipo de comunicaciones) había que reposicionar la sonda para permitir que
esta sección se enfriara y volviera a operaciones normales. En los primeros
días de la aproximación se corría el riesgo de que este fenómeno volviera a
ocurrir. Para intentar mitigar este efecto el equipo de ingeniería tenía
pensado cambiar del sistema principal al de reserva y viceversa (intercambiando
las antenas de alta y baja ganancia en cada inversión) cada vez que cambiaba la
actitud de la sonda para tener comunicaciones continuas. Como el fabricante del
hardware advirtió, eso provocaría un estrés adicional al aparato, provocando su
avería. Con esa advertencia decidieron usar una estrategia distinta. En
esencia, se dejaría caer la señal de comunicaciones, manteniendo la antena
principal conectada a los elementos primarios, mientras la sonda estaba en
actitud de seguimiento cometario. A este modo se le llamó “antena sin
ganancia”. Además, para proteger el sistema de comunicaciones, se configuró el software de protección contra
fallos para desactivar el HRI si la temperatura subía de 53º C, hecho que si
sucedió, y el sistema más potente no fue reactivado hasta el día 20 de
septiembre.
A medida que se iba acercando, pudo contemplar frecuentes estallidos
provenientes del núcleo del cometa.
Se calculaba que el Hartley 2 tuviera un tamaño mucho menor que el Tempel 1 (apenas unos dos kilómetros de largo), sin embargo, mostraba una violenta actividad aún desde la lejanía. También desde la Tierra se pudo observar este pequeño cuerpo, que realizó su máximo acercamiento a nuestro planeta el 20 de octubre, a 17.7 millones de kilómetros, el más cercano desde su descubrimiento. Una vez pasados los problemas de sobrecalentamiento, fue posible activar el espectrómetro infrarrojo de HRI, por lo que la información recogida por la sonda se enriqueció
Se calculaba que el Hartley 2 tuviera un tamaño mucho menor que el Tempel 1 (apenas unos dos kilómetros de largo), sin embargo, mostraba una violenta actividad aún desde la lejanía. También desde la Tierra se pudo observar este pequeño cuerpo, que realizó su máximo acercamiento a nuestro planeta el 20 de octubre, a 17.7 millones de kilómetros, el más cercano desde su descubrimiento. Una vez pasados los problemas de sobrecalentamiento, fue posible activar el espectrómetro infrarrojo de HRI, por lo que la información recogida por la sonda se enriqueció
El momento crucial del sobrevuelo se fijó para el 4 de noviembre,
esperando pasar a unos 700 km. del Hartley 2. Como cada día que pasaba Deep Impact se aproximaba
más, el equipo
de navegación demandó una cadencia mayor en la toma y envío de imágenes de
navegación para computar las correcciones necesarias para alcanzar el punto
deseado. Por su parte, el equipo científico quería una monitorización continua
de la actividad cometaria. Para acomodarse a los requerimientos, el equipo de
vuelo ideó una secuencia jocosamente llamada do-si-do, en referencia a un paso
de danza. Para ello, cada hora la sonda rotaba de apuntamiento cometario a
actitud de retransmisión de manera que tras casi una hora de obtener datos del
cometa, se desplazaba para apuntar su antena principal a la Tierra y enviar
toda la información posible, regresando a actitud de adquisición científica
durante otra hora, y así durante varios días, siete horas al día, dejando el
tiempo restante para recolectar toda la información posible. Con las imágenes
de navegación en Tierra, se pudo planificar una maniobra correctora final pocos
días antes del encuentro final. La llamada fase de encuentro comenzó el 3 de
noviembre, a 18 horas del momento crucial, se activaría AutoNav 50 minutos
antes de la máxima aproximación, y se extendería otras 18 horas tras el máximo
acercamiento.
A 21 millones de km. de la Tierra, AutoNav llevó a Deep Impact a sobrevolar el Hartley 2 a
unos 694 km. de su núcleo el 4 de noviembre del 2010, y a diferencia con el
encuentro con el Tempel 1, esta vez no utilizó su protección cometaria porque
el propósito era mantener las cámaras apuntadas continuamente hacia el núcleo,
arriesgándose con ello a sufrir daños a causa de las partículas cometarias,
aunque por suerte no fue el caso. Cuando las primeras imágenes del encuentro
llegaron al centro de control, los científicos no pudieron hacer otra cosa más
que abrir la boca: el Hartley 2 ofrecía enormes chorros de materia por casi
toda su superficie, y no solo eso, sino que también pudo ver extensas nubes de
material en los alrededores del cometa, expulsadas del núcleo a alta velocidad.
Deep Impact se había vuelo a superar.
El programa de observación de cometas hasta su encuentro muy cercano
con el asteroide 2002 GT estaba bastante relleno, con ocho hasta el 2016, y
entre los célebres, además de ISON, estaba el 2P/Encke, el
67P/Churyumov-Gerasimenko (el destino de Rosetta)
y 19P/Borrely, aquel fantástico fin de fiesta de la misión Deep Space 1. Siendo ya julio del mismo 2013, Deep Impact regresó a la observación de ISON. Para aliviar carga a
la Red de Espacio Profundo, se contactaba con la sonda de manera regular una
vez a la semana, y la última comunicación recibida se hizo el 8 de agosto. La
semana siguiente, el 15, fue imposible contactar con la sonda. Analizando el
problema llegaron a revisar cada aspecto del diseño, y finalmente descubrieron
un error potencialmente desastroso: en el código de software había una
instrucción mal escrita que, si se ejecutaba, provocaba que la sonda fuera
incapaz de contar el tiempo. Si esta capacidad, Deep Impact no podía ejecutar comandos por sí misma, de manera que
se situó en modo de emergencia en algún momento entre el 11 y el 14. Esto
provocó una rotación para intentar mantener apuntado el panel solar a Helios,
pero sin capacidad de ejecutar comandos, sería incapaz de mantenerlo orientado
hacia nuestra estrella, de manera que la presión del viento solar empujó la
sonda fuera de la actitud necesaria, perdió energía, y cuando la batería se
agotó, sucumbió al ambiente espacial. A pesar de intentar contactar hasta el 16
de septiembre, la NASA declaró el 19 a Deep
Impact como perdida. Un triste final para una extraordinaria misión
cometaria.
¿Y qué fue de la misión NExT
de Stardust? Pues el encuentro fue
todo lo exitoso que se esperaba, terminando así la tarea iniciada por Deep Impact, algo ya bien conocido en
esta Crónica.
Como bien ha quedado claro en la vida, obra y milagros de esta sonda,
con medios modestos, mucha imaginación y grandes avances tecnológicos, se han
podido hacer tareas destinadas a vehículos mucho más grandes, pesados y
difíciles de manejar. Gracias a Deep
Impact, bien podemos decir que conocemos quizás mejor que nunca esos
cuerpos diminutos pero espectaculares llamados cometas. Y desde aquí la
saludaremos siempre como una de las gigantes de la exploración espacial. No
puede ser de otro modo.
Corazón valiente Deep Impact.
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