La Vía Láctea, y las dos Nubes de Magallanes, desde Gaia
lunes, 30 de abril de 2018
lunes, 9 de abril de 2018
Misiones exoplanetarias: TESS
Han pasado más de 20 años desde el descubrimiento del primer exoplaneta, y según el conteo actual, hay más de 3500 planetas extrasolares confirmados, con más de cuatro mil pendientes de confirmación. Con este panorama, nos asalta una pregunta: ¿qué dirección tomar? Por un lado, se pueden lanzar más misiones que vayan a la caza de nuevos exoplanetas. Por el otro, con la cantidad ya existente, uno podría tener la tentación de decidirse a construir una que tenga como misión la investigación de los ya encontrados. Esta era una de las dudas que tenía el programa Explorer de la NASA allá por el 2013, y que finalmente resolvió, eligiendo la primera opción.
Antes de lanzarse a la exploración de las distintas longitudes de onda en la astronomía y en la astrofísica, se necesitaba compilar un mapa de fuentes emisoras. El primer mapa de este tipo se elaboró en los rayos X (Uhuru), para luego hacer otros similares en ultravioleta (TD-1A), rayos gamma (Cos-B), infrarrojo (IRAS) y luz visible (HIPPARCOS). Sin embargo, no hay uno para planetas extrasolares. La inmensa mayoría de los planetas extrasolares han sido encontrados por el telescopio Kepler, concentrado en una pequeña zona del espacio, necesitando decenas de telescopios idénticos para hacer lo mismo con toda la galaxia. Esto significa que existen grandes zonas de nuestra galaxia que no han sido sondeadas en búsqueda de exoplanetas. Ahora toca completar este sondeo para así tener una mejor imagen de lo que nos rodea, y para que los futuros telescopios sepan dónde apuntar.
Seleccionada en abril del 2013 como misión MIDEX del programa Explorer, TESS, el Satélite de Reconocimiento de Exoplanetas en Tránsito, es un satélite de pequeñas dimensiones con una gran misión a sus espaldas. El concepto de este proyecto se inició con la idea de utilizar un satélite ya existente para hacer un sondeo completo de la bóveda celeste, para más tarde concebir un satélite exclusivo, que si bien pudo llegar a alguna ronda de este mismo programa, no fue seleccionada. La gente del proyecto TESS ha sacado casi dinero de debajo de las piedras, incluso Google ha soltado la mosca para conseguir su realización, y finalmente, es una realidad, estando casi listo para su lanzamiento. Básicamente, su misión es escanear la bóveda celeste, centrándose en las estrellas más brillantes y cercanas a la Tierra.
TESS se basa en una de las más habituales plataformas empleadas para satélites científicos: la LEOStar-2 de la firma Orbital-ATK, que ha construido también las de RHESSI, GALEX, SORCE, AIM, OCO-2 y más reciente NuSTAR. En este caso, esta caja hexagonal posee redundancia selectiva, significando que en caso de perder un elemento, otro distinto puede cumplir su función. Esto reduce la masa y el presupuesto, y aunque supone un pequeño riesgo, hasta ahora no ha habido grandes averías. Una vez en el espacio sus medidas son de 1.5 metros de alto por 3.9 de ancho con sus paneles solares desplegados. Básicamente, todos los sistemas internos son los habituales en las misiones de la NASA, con un ordenador basado en el de misiones anteriores, por ejemplo. El sistema de comunicaciones sí es novedoso, ya que, si bien sigue la
tendencia de los satélites actuales, con dos frecuencias distintas, una de ellas cambia. El sistema bidireccional (recepción de comandos y transmisión de telemetría) sigue siendo el básico y sencillo transpondedor de banda-S, usando dos antenas de baja ganancia. Por su parte, el transmisor de alto rendimiento cambia de uno de banda-X a uno más potente de banda-Ka, conectado a una antena de alta ganancia parabólica de 0.7 metros de diámetro, fija a uno de los laterales de la plataforma. Este sistema permitirá descargas, durante periodos de contacto con las antenas de la Red de Espacio Profundo (DSN) de la NASA, de hasta 100 megabits por segundo. Esta misión requiere un control de posición sumamente estable, por lo que se recurre a lo mejor que hay, contando con una unidad de medición inercial, un grupo de sensores solares digitales, dos escáneres estelares y un complejo de cuatro ruedas de reacción, junto con sistemas de descompensación magnéticas. Además, cuenta con un pequeño sistema de propulsión, con cuatro propulsores situados en la zona inferior del satélite, para así poder cumplir con las maniobras que necesitará una vez esté en órbita. Como ya hemos dicho, los paneles solares le abastecerán de energía. En total lleva dos, de dos secciones cada uno, que proporcionan la energía necesaria para funcionar, además de cargar una batería de ión-litio. En cuanto a la protección termal, lo básico: mantas multicapa, radiadores y calentadores eléctricos. La carga útil de TESS, lo que importa, está en la parte superior. Se trata de un
conjunto de cuatro telescopios idénticos. Cada unidad es un sistema refractor de siete elementos, cinco de ellos lentes esféricas, todos con recubrimientos antireflejo. Cuenta con una apertura de 10.5 centímetros y una corta longitud focal (f/1.4), entregando la luz que obtienen a un conjunto de cuatro CCD's de alta eficiencia. Son del mismo tipo que los usados para el sistema ACIS del Observatorio de rayos X Chandra, y cuentan con una superficie cada uno de 2048 x 4096 pixels. Sin embargo, solo la mitad de la superficie de cada uno es activa, la otra mitad es una zona de almacenamiento previa a su envío al sistema de almacenamiento de a
bordo, cubierta con una máscara para evitar luz no deseada. De esta manera, una vez conjuntados los cuatro, se obtiene un área de imagen de 4096 x 4096 pixels en un rango de longitud de onda de entre 600 (limite fijado usando un filtro fijado a una de las lentes) y 1000 nm, y dada la corta longitud focal de cada telescopio, cada uno cubre una zona del cielo equivalente al tamaño de la constelación de Orión. Los cuatro telescopios están fijados a una placa base rígida para mantener así el alineamiento de los telescopios, y de los bordes de ésta sale un escudo solar para evitar el exceso de luz y calor sobre los telescopios, con un diámetro máximo de 1.2
metros. Además, cada telescopio cuenta con su propio bafle solar, evitando así la entrada de luz no deseada en el sistema, cubriéndose unos sistemas a otros. Sin embargo, el verdadero cerebro del sistema es su Unidad de Manejo de Datos o DHU. Yendo más allá que sistemas similares, el de TESS no solo recibe comandos desde tierra para luego ejecutarlos, sino que realiza todo un procesado de los productos generados, aprovechando así al máximo la capacidad de almacenamiento de los dos sistemas de almacenamiento masivo (uno de reserva), que es una de las más grandes desarrolladas hasta ahora, con 192 GB de capacidad. Además, usando las estrellas que observa será capaz de enviar información para el sistema de control de actitud para mejorar todavía más la estabilidad de observación. Una vez a plena carga, declarará un peso en báscula de 350 kg.
Para su lanzamiento se han decidido por el excelente Falcon 9 de SpaceX, usando la última variante, la Falcon 9 FT (Full Thrust) que, comparado con la versión anterior, ha mejorado su rendimiento en un 33% usando combustibles más enfriados de lo normal (siendo capaz de almacenar más en un mismo volumen) y motores Merlin-1D mejorados, entre otras cosas. Con 70 metros de alto contando con la cofia, es más que capaz de lanzar a TESS a la órbita inicial designada, ya que es más que capaz de enviar pesados satélites geoestacionarios de una vez, además de permitir el retorno de las primeras etapas para ser recuperadas, reparadas, y vueltas a utilizar. Si no hay problemas, el lanzamiento está fijado para el 16 de abril.
Una vez liberado de la etapa superior, la misión de TESS no empezará inmediatamente, sino que le esperan varias semanas de maniobras hasta situarse en su trayectoria definitiva. Cuando el Falcon 9 acabe su trabajo, el pequeño observatorio estará en una órbita altamente elíptica que le llevará a cruzar la órbita lunar. En esa órbita esperará hasta encontrarse con nuestro satélite, y usando su gravedad se moverá a una órbita de transferencia camino de la que usará para sus investigaciones. Cuando todas las maniobras acaben, se encontrará en una trayectoria nunca antes intentada, una órbita de resonancia 2:1 con la Luna, con su apogeo siempre coincidiendo con que nuestro satélite siempre estará en el lado opuesto de su órbita, evitando así influir en la órbita de TESS. Esta órbita circulará a distancias terrestres de entre 108.000 y 373.000 km., siempre más allá de los cinturones de Van Allen, garantizando además observaciones sin ningún bloqueo por parte del sistema Tierra-Luna. Esta órbita durará 13.7 días.
Una vez situado en órbita y todos sus sistemas verificados, comenzará su misión de escaneo del cielo, con el primer año enfocado en el hemisferio sur de la bóveda celeste, para hacer lo opuesto en el segundo. Cada hemisferio celeste está dividido en 13 sectores determinados por el campo de visión de los cuatro telescopios del observatorio, cubriendo así 24º x 96º del cielo, pasando en cada sector al menos 27 días antes de pasar al siguiente. Observará estrellas enanas más brillantes que la 12ª magnitud, desde enanas similares a nuestro Sol a enanas rojas. La DHU entonces actuará, recogiendo pequeños conjuntos de pixels (centrados en las estrellas que observe) cada dos minutos, e imágenes completas del campo de visión cada 30 minutos. Cuando acaben los dos años de la misión principal, se espera que haya localizado al menos 20.000 candidatos a exoplanetas mediante el método del tránsito, midiendo la caída del brillo de una estrella provocado por el paso de un planeta frente a ella. Además, gracias al gran campo de observación que tendrá, sus observaciones se utilizarán para otras tareas no centradas en los exoplanetas, como hallazgos no esperados, detección de eventos transitorios (GRB's o similares) o estudios centrados incluso en el sistema solar.
Este proyecto es importante también para los futuros telescopios que tienen previsto su lanzamiento en años próximos. De hecho, muchos de los resultados generados por TESS servirán de base para la utilización del gigantesco telescopio espacial James Webb, con su lanzamiento previsto para la primavera del 2020. El JWST, como el primero de su tipo diseñado, entre otras cosas, para el examen exoplanetario, podrá beneficiarse de todo lo que vaya encontrando el pequeño cazador de exoplanetas.
Si las promesas se cumplen, TESS supondrá un gigantesco salto adelante en la ciencia de los exoplanetas, como lo ha sido en su momento Kepler. ¿Encontraremos planetas tipo Tierra al fin? La suerte lo dirá.
Antes de lanzarse a la exploración de las distintas longitudes de onda en la astronomía y en la astrofísica, se necesitaba compilar un mapa de fuentes emisoras. El primer mapa de este tipo se elaboró en los rayos X (Uhuru), para luego hacer otros similares en ultravioleta (TD-1A), rayos gamma (Cos-B), infrarrojo (IRAS) y luz visible (HIPPARCOS). Sin embargo, no hay uno para planetas extrasolares. La inmensa mayoría de los planetas extrasolares han sido encontrados por el telescopio Kepler, concentrado en una pequeña zona del espacio, necesitando decenas de telescopios idénticos para hacer lo mismo con toda la galaxia. Esto significa que existen grandes zonas de nuestra galaxia que no han sido sondeadas en búsqueda de exoplanetas. Ahora toca completar este sondeo para así tener una mejor imagen de lo que nos rodea, y para que los futuros telescopios sepan dónde apuntar.
Seleccionada en abril del 2013 como misión MIDEX del programa Explorer, TESS, el Satélite de Reconocimiento de Exoplanetas en Tránsito, es un satélite de pequeñas dimensiones con una gran misión a sus espaldas. El concepto de este proyecto se inició con la idea de utilizar un satélite ya existente para hacer un sondeo completo de la bóveda celeste, para más tarde concebir un satélite exclusivo, que si bien pudo llegar a alguna ronda de este mismo programa, no fue seleccionada. La gente del proyecto TESS ha sacado casi dinero de debajo de las piedras, incluso Google ha soltado la mosca para conseguir su realización, y finalmente, es una realidad, estando casi listo para su lanzamiento. Básicamente, su misión es escanear la bóveda celeste, centrándose en las estrellas más brillantes y cercanas a la Tierra.
TESS se basa en una de las más habituales plataformas empleadas para satélites científicos: la LEOStar-2 de la firma Orbital-ATK, que ha construido también las de RHESSI, GALEX, SORCE, AIM, OCO-2 y más reciente NuSTAR. En este caso, esta caja hexagonal posee redundancia selectiva, significando que en caso de perder un elemento, otro distinto puede cumplir su función. Esto reduce la masa y el presupuesto, y aunque supone un pequeño riesgo, hasta ahora no ha habido grandes averías. Una vez en el espacio sus medidas son de 1.5 metros de alto por 3.9 de ancho con sus paneles solares desplegados. Básicamente, todos los sistemas internos son los habituales en las misiones de la NASA, con un ordenador basado en el de misiones anteriores, por ejemplo. El sistema de comunicaciones sí es novedoso, ya que, si bien sigue la
tendencia de los satélites actuales, con dos frecuencias distintas, una de ellas cambia. El sistema bidireccional (recepción de comandos y transmisión de telemetría) sigue siendo el básico y sencillo transpondedor de banda-S, usando dos antenas de baja ganancia. Por su parte, el transmisor de alto rendimiento cambia de uno de banda-X a uno más potente de banda-Ka, conectado a una antena de alta ganancia parabólica de 0.7 metros de diámetro, fija a uno de los laterales de la plataforma. Este sistema permitirá descargas, durante periodos de contacto con las antenas de la Red de Espacio Profundo (DSN) de la NASA, de hasta 100 megabits por segundo. Esta misión requiere un control de posición sumamente estable, por lo que se recurre a lo mejor que hay, contando con una unidad de medición inercial, un grupo de sensores solares digitales, dos escáneres estelares y un complejo de cuatro ruedas de reacción, junto con sistemas de descompensación magnéticas. Además, cuenta con un pequeño sistema de propulsión, con cuatro propulsores situados en la zona inferior del satélite, para así poder cumplir con las maniobras que necesitará una vez esté en órbita. Como ya hemos dicho, los paneles solares le abastecerán de energía. En total lleva dos, de dos secciones cada uno, que proporcionan la energía necesaria para funcionar, además de cargar una batería de ión-litio. En cuanto a la protección termal, lo básico: mantas multicapa, radiadores y calentadores eléctricos. La carga útil de TESS, lo que importa, está en la parte superior. Se trata de un
conjunto de cuatro telescopios idénticos. Cada unidad es un sistema refractor de siete elementos, cinco de ellos lentes esféricas, todos con recubrimientos antireflejo. Cuenta con una apertura de 10.5 centímetros y una corta longitud focal (f/1.4), entregando la luz que obtienen a un conjunto de cuatro CCD's de alta eficiencia. Son del mismo tipo que los usados para el sistema ACIS del Observatorio de rayos X Chandra, y cuentan con una superficie cada uno de 2048 x 4096 pixels. Sin embargo, solo la mitad de la superficie de cada uno es activa, la otra mitad es una zona de almacenamiento previa a su envío al sistema de almacenamiento de a
bordo, cubierta con una máscara para evitar luz no deseada. De esta manera, una vez conjuntados los cuatro, se obtiene un área de imagen de 4096 x 4096 pixels en un rango de longitud de onda de entre 600 (limite fijado usando un filtro fijado a una de las lentes) y 1000 nm, y dada la corta longitud focal de cada telescopio, cada uno cubre una zona del cielo equivalente al tamaño de la constelación de Orión. Los cuatro telescopios están fijados a una placa base rígida para mantener así el alineamiento de los telescopios, y de los bordes de ésta sale un escudo solar para evitar el exceso de luz y calor sobre los telescopios, con un diámetro máximo de 1.2
metros. Además, cada telescopio cuenta con su propio bafle solar, evitando así la entrada de luz no deseada en el sistema, cubriéndose unos sistemas a otros. Sin embargo, el verdadero cerebro del sistema es su Unidad de Manejo de Datos o DHU. Yendo más allá que sistemas similares, el de TESS no solo recibe comandos desde tierra para luego ejecutarlos, sino que realiza todo un procesado de los productos generados, aprovechando así al máximo la capacidad de almacenamiento de los dos sistemas de almacenamiento masivo (uno de reserva), que es una de las más grandes desarrolladas hasta ahora, con 192 GB de capacidad. Además, usando las estrellas que observa será capaz de enviar información para el sistema de control de actitud para mejorar todavía más la estabilidad de observación. Una vez a plena carga, declarará un peso en báscula de 350 kg.
Para su lanzamiento se han decidido por el excelente Falcon 9 de SpaceX, usando la última variante, la Falcon 9 FT (Full Thrust) que, comparado con la versión anterior, ha mejorado su rendimiento en un 33% usando combustibles más enfriados de lo normal (siendo capaz de almacenar más en un mismo volumen) y motores Merlin-1D mejorados, entre otras cosas. Con 70 metros de alto contando con la cofia, es más que capaz de lanzar a TESS a la órbita inicial designada, ya que es más que capaz de enviar pesados satélites geoestacionarios de una vez, además de permitir el retorno de las primeras etapas para ser recuperadas, reparadas, y vueltas a utilizar. Si no hay problemas, el lanzamiento está fijado para el 16 de abril.
Una vez liberado de la etapa superior, la misión de TESS no empezará inmediatamente, sino que le esperan varias semanas de maniobras hasta situarse en su trayectoria definitiva. Cuando el Falcon 9 acabe su trabajo, el pequeño observatorio estará en una órbita altamente elíptica que le llevará a cruzar la órbita lunar. En esa órbita esperará hasta encontrarse con nuestro satélite, y usando su gravedad se moverá a una órbita de transferencia camino de la que usará para sus investigaciones. Cuando todas las maniobras acaben, se encontrará en una trayectoria nunca antes intentada, una órbita de resonancia 2:1 con la Luna, con su apogeo siempre coincidiendo con que nuestro satélite siempre estará en el lado opuesto de su órbita, evitando así influir en la órbita de TESS. Esta órbita circulará a distancias terrestres de entre 108.000 y 373.000 km., siempre más allá de los cinturones de Van Allen, garantizando además observaciones sin ningún bloqueo por parte del sistema Tierra-Luna. Esta órbita durará 13.7 días.
Una vez situado en órbita y todos sus sistemas verificados, comenzará su misión de escaneo del cielo, con el primer año enfocado en el hemisferio sur de la bóveda celeste, para hacer lo opuesto en el segundo. Cada hemisferio celeste está dividido en 13 sectores determinados por el campo de visión de los cuatro telescopios del observatorio, cubriendo así 24º x 96º del cielo, pasando en cada sector al menos 27 días antes de pasar al siguiente. Observará estrellas enanas más brillantes que la 12ª magnitud, desde enanas similares a nuestro Sol a enanas rojas. La DHU entonces actuará, recogiendo pequeños conjuntos de pixels (centrados en las estrellas que observe) cada dos minutos, e imágenes completas del campo de visión cada 30 minutos. Cuando acaben los dos años de la misión principal, se espera que haya localizado al menos 20.000 candidatos a exoplanetas mediante el método del tránsito, midiendo la caída del brillo de una estrella provocado por el paso de un planeta frente a ella. Además, gracias al gran campo de observación que tendrá, sus observaciones se utilizarán para otras tareas no centradas en los exoplanetas, como hallazgos no esperados, detección de eventos transitorios (GRB's o similares) o estudios centrados incluso en el sistema solar.Este proyecto es importante también para los futuros telescopios que tienen previsto su lanzamiento en años próximos. De hecho, muchos de los resultados generados por TESS servirán de base para la utilización del gigantesco telescopio espacial James Webb, con su lanzamiento previsto para la primavera del 2020. El JWST, como el primero de su tipo diseñado, entre otras cosas, para el examen exoplanetario, podrá beneficiarse de todo lo que vaya encontrando el pequeño cazador de exoplanetas.
Si las promesas se cumplen, TESS supondrá un gigantesco salto adelante en la ciencia de los exoplanetas, como lo ha sido en su momento Kepler. ¿Encontraremos planetas tipo Tierra al fin? La suerte lo dirá.
sábado, 31 de marzo de 2018
miércoles, 28 de febrero de 2018
miércoles, 31 de enero de 2018
domingo, 31 de diciembre de 2017
Resumen del año 2017
Y se acaba el 2017 y toca resumir. Ya lo anticipábamos, y estos 365
días no han sido precisamente los más movidos. Pero hay varias cosas que
destacan. Sin duda, el tema de los exoplanetas es el que sigue en boca de
todos, con dos novedades de altura: la ampliación del sistema estelar TRAPPIST-1
(que al final son siete planetas) y más tarde el encontrado alrededor de la
enana roja tranquila Ross 128, similar a la Tierra en tamaño y densidad, y sí, potencialmente
habitable. Y aunque es mucho lo acontecido en la sección telescópica, el
verdadero terremoto lo volvió a provocar el asunto de las ondas
gravitacionales, con la primera detección de una fuente de luz y radiación
previa a la detección de este evento, en el que estuvieron
involucrados
prácticamente todos los telescopios espaciales, en mayor o menor medida,
destacando los observatorios de rayos gamma INTEGRAL
y Fermi. Y todo provocado por la
fusión de dos estrellas de neutrones. Por el sistema solar, relativa
tranquilidad. Y aunque parezca mentira, Akatsuki
sigue allí, en Venus, trabajando diligentemente, aunque nos hable poco, a veces
de forma que no la entendemos. Sin novedad en el frente lunar, con todas las
misiones continuando con sus tareas. Y por Marte, dos lugares dominan: Vera
Rubin Ridge en el
cráter Gale y Perseverance Valley en el cráter Endeavour. Y es
que los dos rover llevan buena parte del año en estos destinos, investigando
todo lo posible. Para Curiosity es un
trauma estar allí, un lugar tan prometedor, y no poder usar su taladro, por un
problema con el sistema que avanza y retrae todo el conjunto. Se está avanzando
en un método para volverlo a utilizar, pero seguimos a la espera. Por su parte,
Opportunity ha tenido que lidiar con
un
nuevo inverno, de manera que, al poco de empezar a bajar por Perseverance
Valley ha tenido que parar frecuentemente para recargar su batería, como
consecuencia de la baja insolación que ha tenido que soportar. Solo queda
mejorar. Y en órbita, el decano de todas las misiones marcianas, Mars Odyssey tiene tiempo para aprender
nuevos trucos, obteniendo imágenes de Fobos, las primeras que toma desde que
llegó al planeta rojo. Del resto, solo cabe mencionar que la misión más
reciente, ExoMars TGO, está inmersa
en el aerofrenado, zambulléndose en la atmósfera marciana para reducir su
órbita. El proceso va progresando excelentemente, y para marzo del año que
viene ya estará en la trayectoria definitiva, por lo que su tarea primaria
arrancará. La sorpresa del año es sin duda Dawn,
porque sigue
laborando alrededor del gran asteroide Ceres, en un tiempo en el
que no solo ha cambiado de altitud orbital, también de plano orbital, pasando
de trayectoria polar a otra más ecuatorial. A pesar de perder una tercera rueda
de reacción todavía conserva combustible para aguantar parte del año que viene,
y usando su inmejorable impulsión iónica, descenderá más cerca de Ceres que
nunca, en una trayectoria sumamente elíptica. Ganas. No nos olvidamos de la
bella dama del espacio, orbitando diligentemente al hermano mayor del sistema. Si
bien lo más inmediato son las imágenes, ya empieza a proporcionarnos algunos
resultados tremendos acerca de la atmósfera, las auroras o los cinturones de
radiación. Su misión primaria acaba el año que viene, pero aún conserva
combustible suficiente como para aguantar más tiempo. Y camino de la porra, New Horizons continúa su implacable
trayecto hacia el KBO 2014 MU69, entregándonos más cosas curiosas de Plutón (lo
que incluye su mapa con las primeras nomenclaturas oficiales), e investigando
por el camino algunos objetos del cinturón de Kuiper. En cuanto al objetivo,
varias campañas de ocultación han mostrado que 2014 MU69 puede ser más
fascinante de lo que cualquiera podría haber supuesto. Ya lo veremos. Más cerca,
tenemos a OSIRIS-REx, que ejecutó su
asistencia gravitatoria a nosotros con éxito, y ya está en ruta hacia su
destino. Y a pesar de su fin de misión, el proyecto Rosetta sigue (y seguirá)
proporcionándonos detalles de todo lo que
vio, sintió, olisqueó o tocó en el cometa 67P. En cuanto a ciencia terrestre,
lo más destacado ha sido sin duda la formación del iceberg A68, separándose de
la barrera de hielo antártica Larsen C, seguida desde distintos sensores, tanto
ópticos como de radar. Este año también ha sido el de la primera visita de un objeto interestelar por el sistema solar. Tras mucho indagar, hemos averiguado que 1I/2017 U1 ('Oumuamua) es un objeto alargado y muy probablemente rocoso, viajando por el espacio a toda pastilla. hasta que se valla de nuestro vecindario cósmico, hay tiempo para saber más. La lista de altas de este año se centran básicamente en
ciencia terrestre: los Sentinel-2B y Sentinel-5P, el meteorológico JPSS-1 (ya NOAA-20), el sensor de irradiación solar destinado a la ISS TSIS-1,
y los satélites japoneses Shikisai (para
observar nuestro planeta en diversos colores) y Tsubame (dedicado a pruebas tecnológicas y estudios atmosféricos). En
cuanto a bajas, varias que por esperadas no dejan de ser dolorosas: las
misiones de
ciencia terrestre Earth
Observing-1 (falta de combustible y presupuesto), el tándem gravitatorio GRACE (falta de combustible y avería en
la batería), el lidar de nubes y aerosoles en la ISS CATS (avería en los
sistemas internos de comandos y energía) y allí fuera, quien ha dominado este
año, la poderosa Cassini. Estos últimos
ocho meses y medio no han sido tiempo desperdiciado, y la entrada en el rincón
entre los anillos y el propio Saturno ha sido como un viaje de descubrimiento
totalmente nuevo. 20 años en el espacio, algo más de 13 en órbita de Saturno, y
un montón de resultados formidables, y lo que queda todavía por descubrir en su
gigantesca base de datos. Y año de aniversarios ha sido este. El más simbólico
es el de los 60 años del lanzamiento del Sputnik
1 (y con él, de la era espacial), pero el más especial es el del 40
aniversario del despegue de las míticas sondas Voyager, dos vehículos increíbles que, a pesar de todo el tiempo
pasado, siguen proporcionando ciencia. Y se nos olvidaba mencionar que el
formidable programa Discovery ha seleccionado sus dos nuevos proyectos, ambos a
los asteroides: Lucy
hacia los
troyanos y Psyche al asteroide del
mismo nombre. Estamos a las puertas de un año largamente esperado e increíble,
y aunque dos misiones han caído de la lista de las que debían iniciarse, esto
es todo lo que nos espera para el 2018: lanzamientos a montones, con misiones
de ciencia terrestre (el explorador de alta atmósfera ICON, el nuevo tándem gravitatorio GRACE-FO, el nuevo miembro Copernicus, Sentinel-3B, el explorador de vientos ADM-Aeolus), la misión doble a Mercurio ESA-JAXA BepiColombo, la arriesgada misión solar Parker Solar Probe, el retrasado lander
marciano InSight, las misiones
selenitas Chandrayaan-2 de la India y
las sondas chinas del proyecto Chang’e 4
y los telescopios exoplanetarios TESS
y CHEOPS, además de las llegadas a
sus destinos de las sondas asteroidales Hayabusa2
a Ryugu y OSIRIS-REx a Bennu. Un año
que se hará corto, y con esto y con lo que nos depare, estaremos aquí para
relatarlo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)















