La galaxia IC 5063, desde el telescopio Hubble.
domingo, 28 de febrero de 2021
viernes, 12 de febrero de 2021
Los 23 ojos de Perseverance y... ¿dos oídos?
Puesto que queda poco para que llegue a Marte, es hora de hablar algo más de Perseverance. Ya lo hicimos con Curiosity en su momento, y ahora es el turno del nuevo.
Ahora nos toca hablar de las de ingeniería. Y las dividimos en dos categorías: las puras de ingeniería, es decir, las HazCam, NavCam, y la nueva CacheCam, y las de EDL, que usará durante el proceso de entrada, descenso y aterrizaje. Vayamos a las primeras. Como los MER y Curiosity, cuenta con cámaras de navegación y de prevención de peligros, pero a diferencia de su primo hermano, cuenta con cuatro menos. Las
Ahora pasamos a las cámaras de EDL. Son, en total, siete, si contamos la Cámara del Sistema de Visión del Lander o LCAM, una parte crucial del sistema TRN. Tres observarán el despliegue del paracaídas como las Cámaras de visión hacia arriba del Paracaídas o PUC’s. En la etapa de descenso, es decir, la mochila cohete, hay otra llamada DDC, cámara de visión hacia debajo de la etapa de descenso, mientras que el rover cuenta con el resto: la cámara RUC o de visión hacia arriba, y la RDC, de visión hacia abajo. Estas seis son prácticamente idénticas: sistemas refractivos de seis elementos y longitud focal de 9.5 mm. (f/2.8) sirviendo a CCD de filtro bayer de 1280 x 1024 pixels (la DDC cuenta con un séptimo, con una longitud focal de 8 mm. y f/5.6, entregando la luz a un sensor, también CCD de filtro bayer con una superficie activa de 2048 x 1536), y
Si pensabais que Perseverance era complicado, esta entrada lo demuestra. Y preparaos, porque lo más complejo, el helicóptero Ingenuity, está al caer…
domingo, 31 de enero de 2021
sábado, 16 de enero de 2021
Las próximas misiones a Marte: Tianwen-1
La misión casi a punto de llegar es la primera parte del programa. Se la conoce como Tianwen-1, y a diferencia de su antecesora, cuenta con sus propios medios para viajar y llegar a Marte. Podemos entender esta misión como una suerte de combinación de las misiones lunares Chamg’e 1 y Chang’e 3, en que combina la capacidad de estudiar su objetivo desde la órbita, así como desde la superficie, con movilidad. A pesar de que existen grandes bases de datos sobre el planeta rojo, la intención china, antes de ir con objetivos aún más ambiciosos es amasar su propia base de datos acerca del planeta y su entorno. Es a lo que apunta Tianwen-1.
consiste en un orbitador instrumentalizado, que es a la vez módulo portador para un conjunto de descenso. El orbitador es una estructura hexagonal plana, que no solo sirve de fijación para el conjunto de descenso, sino que alberga en su interior lo necesario para funcionar de manera independiente. Lo más visible en el exterior son sus dos paneles solares, de tres secciones cada uno, y una antena de alta ganancia fija a uno de los laterales de la plataforma. En el extremo opuesto al del módulo de entrada está el motor principal, una única unidad de 7500 Newtons de empuje, muy potente para los estándares del espacio profundo. Puesto que contiene instrumentación de escaneo remoto, es un orbitador estabilizado triaxialmente, y puesto que no sólo se trata del orbitador, contará con los medios para contactar con su elemento de superficie de forma bidireccional. Practicará ciencia usando siete investigaciones: una cámara de alta resolución (2 metros desde 400 km. de distancia), cámara de media resolución (100 metros desde 400 km. de distancia), un espectrómetro de minerales, infrarrojo, un radar subsuperficial (el tercero tras el MARSIS de Mars Express y el SHARAD de MRO), un magnetómetro, un analizador de iones y partículas neutrales y un analizador de partículas energéticas. A plena carga, sólo el orbitador desplaza una masa de 3175 kg. El segundo componente de la misión es un rover. Se basa, hasta cierta medida, en sus hermanos lunares, los dos Yutu,
aunque bien vistos, casi son primos hermanos de los MER. Es decir, cuenta con un sistema de movilidad compuesto por seis ruedas, con un esquema de suspensiones muy similar al ya usado por los anteriores rover marcianos. Una plataforma más o menos rectangular Alberga lo esencial para que funcione, y está cerrada por una tapa que hace las veces de panel solar, del que se despliegan otras cuatro secciones. De la parte superior, también le salen dos apéndices: un mástil para las cámaras, y una antena de alta ganancia direccionable. En el caso del rover, aún sin nombre, la ciencia la entregarán seis indagaciones: un juego de cámaras de terreno y de navegación, cámara multiespectral, detector de composición de minerales (en esencia, un sistema láser similar al ChemCam de Curiosity), estación meteorológica, un detector de campos magnéticos, y un radar penetrador del suelo. La masa de este vehículo es de unos 240 kg., unos 70 kg, más que los MER. Puesto que el peso en báscula de todo el conjunto es de unas cinco toneladas, aún queda masa que contar, que es la que ayudará al rover a descender a la superficie: el conjunto de descenso, compuesto por el escudo de reentrada y la aerovaina, un gran paracaídas supersónico, y la plataforma de descenso, formada por la plataforma sobre la que descansa el rover, cuatro patas del tren de aterrizaje, potentes motores de descenso, y las rampas que permitirán que el rover descienda a la superficie. Muchos consideran esta plataforma de aterrizaje un lander, pero hay que verla más como las plataformas usadas por los rover lunares soviéticos Lunokhod de los años 1970.
Para elevar tanta masa a Marte, China ha recurrido a su lanzador actual más potente, el CZ-5, o Larga Marcha-5, que en términos de potencia, está más cerca del Proton-M que del Ariane 5. De hecho, este es el escogido para lanzar los módulos de la próxima estación espacial china. El despegue se produjo desde el centro espacial de Wenchang, en la isla de Hainan, el pasado 23 de julio. La inyección estuvo a la altura de lo demandado, y desde entonces, la sonda ha cumplimentado tres maniobras de corrección, a la espera de una cuarta.
cuando, en septiembre, lanzó una cámara al espacio, equipada con dos lentes y conexión Wi-Fi, que obtuvo imágenes del orbitador en el espacio profundo, toda una primicia.
imágenes de alta resolución del lugar designado para el amartizaje del rover. Si el plan va según se ha previsto, el elemento de superficie descenderá a Utopia Planitia, al sur de donde amartizó Viking 2, hacia el mes de mayo. Esta región es parte de la mayor extensión de terreno plano del sistema solar, más que los fondos oceánicos terrestres, estando ya al norte de la línea divisoria entre los dos hemisferios, los terrenos altos del sur, y los terrenos bajos del norte. La principal razón de aterrizar allí está en la ingeniería: Utopia Planitia es una zona baja de Marte, y eso significa tener más atmósfera para frenar. Sin embargo, la ciencia ha determinado que es uno de los lugares más interesantes que se pueden estudiar en Marte.
Como casi todo programa marciano, lo que se busca al final es una cosa: vida. Sin embargo, Tianwen-1 no está preparada para ello, sino más bien que está enfocada hacia la obtención de pistas que apoye la tesis, cada vez más clara, de un pasado acuático de Marte. Para ello, la tradicional: mapas, geográficos, mineralógicos, topográficos, además de buscar hielo bajo la superficie, y estudiar el entorno espacial alrededor del planeta. Mientras, en la superficie buscará, a escala microscópica, esas señales minerales, geológicas y geográficas que lleven a eso. Al tiempo que se prueban los medios para una futura misión de recogida de muestras. Una cosa que el rover no será capaz de hacer es ciencia de contacto, carece de brazo robot instrumentalizado que pueda situar sobre las rocas o el suelo.
una amplia región sólo vislumbrada de cerca con Viking Lander 2 a lo largo de 1290 soles. La única pega es que la información de esta misión, como suele ocurrir con sus homólogas lunares, será escasa. Esperamos equivocarnos. Toda la suerte del mundo.
jueves, 31 de diciembre de 2020
Resumen del 2020
Bueno, este 2020 se acaba, y sólo podemos decir una cosa: ya era hora. Creemos que no hace falta decir el por qué. Pero con bichejo o sin bichejo, la actividad no se detiene. El año pasado esperábamos un periodo excitante y, bueno, todo se ha ralentizado. Menos novedades, menos lanzamientos, menos problemas, pero la misma actividad. Un año que empezamos acalorados, con el lanzamiento, el 10 de febrero, de la esperadísima Solar Orbiter rumbo a Helios, a verlo como nunca. Lo prometía, y lo cumplió, porque ya nos ha entregado las imágenes más próximas tomadas a nuestra estrella,dando un descubrimiento: “hogueras”, es decir, llamaradas diminutas. Y esto es solo el anticipo. Para finales del año que viene empezará lo bueno de verdad. Así, se une a la ya brillantísima Parker Solar Probe, con seis perihelios ya a sus espaldas, y lista para un séptimo. ¿Cuál era el siguiente foco de interés? Ah, sí, Marte. Este año prometía cuatro lanzamientos en fila india, pero solo se han producido tres. ExoMars 2020 se ha quedado en tierra dos años más, para solucionar diversos problemas, en particular con sus paracaídas, por lo que no volará hacia su destino hasta finales de septiembre del 2022. El resto, ya en ruta. Primero Al-Amal, elevada desde Japón el día 19 de julio, seguida por la china Tianwen-1, conjunto de orbitador y rover mandados al planeta rojo el día 23 de julio. Sin quedarse atrás, le tocó turno al nuevo rover de la NASA, llamado Perseverance, el 30 de julio. Este trío está a dos meses de llegar, siendo el primero el orbitador de Emiratos Árabes, el próximo ocho de febrero. Sobre lo que ha acontecido allí, diverso. A una atmósfera que brilla en la oscuridad en luz ultravioleta, a una atmósfera que, durante la última tormenta de polvo global, se expandió, facilitando su expulsión al espacio. Y en la superficie, por un lado, una suerte de road trip para Curiosity, y progresos, lentos, para InSight. Este año el rover ha taladrado seis veces en el suelo marciano, ha
escalado, llegando a inclinaciones de 30º (record de misión, no record total) y ahora está en travesía para llegar a una nueva zona de indagación, pasando de explorar minerales de carbonatos a minerales de sulfatos. Teóricamente, ya debería haber llegado, pero se detuvo a taladrar, y tan interesante fue que se quedó mucho más tiempo del inicialmente previsto. El lander, mientras, ha seguido su trabajo de meter el Mole a la profundidad, al menos, mínima de 3 metros. No ha sido tarea fácil: se volvió a salir, y hubo que empujar colocando la pala del brazo robot encima del aparato. Éxito, sí, pero costoso en el tiempo. El Mole ha está bajo la superficie, y enterrado gracias a la pala, ahora hay que esperar a que el subsuelo marciano colabore. Y sí, ha detectado terremotos. Marte fue tímido al principio, pero cuando se soltó, se lanzó. El temblor más potente registrado apenas supera los cuatro grados en la escala terrestre, pero fue suficiente para localizar su origen, la fracturada región de Cerberus Fossae. Y entonces… se apagó. No el lander, sino el planeta. Fue comenzar la estación ventosa, y la detección de terremotos se detuvo. ¿La razón? Interferencias del viento, incluso en la misma superficie. Este es un año de aniversarios: 15 desde el lanzamiento de MRO, diez del de SDO, pero el más importante es el de los 25 desde el despegue del glorioso observatorio solar SOHO, que
además, añade a su cuenta de cometas un montón más, superando los 4000 descubiertos. Lo bien hecho dura, y más en su caso, tras sobrevivir a lo que tuvo que sobrevivir esta misión impresionante. Y todo esto, con un nuevo ciclo solar, con Helios camino de un nuevo máximo, que no se espera en, al menos, tres años. Este año también ha sido el de los tesoros. El primero en llegarnos nos lo entregó Hayabusa2. Una vez en casa, y desenvuelto el regalo, más muestras de las que esperaban. Habrá ciencia para décadas. También, en un viaje de ida y vuelta a la Luna, Chang’e 5 vio, llegó, retornó, y triunfó. Una de las misiones más complejas jamás lanzada, y una de las más pesadas, culminó con rotundo éxito con el retorno de algo menos de 2 kg. de material selenita. Y todo esto, con Chang’e 4 y Yutu-2 todavía circulando. Sólo nos queda la de OSIRIS-REx, recogida en octubre, pero no la esperéis hasta septiembre del 2023. También hemos tenido novedades de otras parcelas de este rincón cósmico nuestro. Por ejemplo, el “corazón” de Plutón late, en
Júpiter hay “bolas de naftalina”, y en Venus, estamos más cerca de llegar al meollo de la superrotación atmosférica, y está el descubrimiento (o no) de fosfina en su atmósfera. La fosfina es un elemento precursor de la vida, pero entre unos que dicen que sí está, y otros que no, pues no sabemos qué pensar. Para confirmarlo (o desmentirlo) ya sabéis la solución: ir allí. Además, la propia diosa de la belleza ah sido punto de encuentro para tres misiones: Parker Solar Probe, BepiColombo y la ya mencionada Solar Orbiter. Las tres han aprovechado la gravedad del planeta para manipular sus órbitas, y al tiempo, tomar datos. A estos sobrevuelos se suman el que practicó BepiColombo antes, a la Tierra, mientras el mundo estaba bajo llave. Hay almas que todavía nos hablan, como el de Rosetta, informándonos que su cometa cambia de color con la distancia (rojo cuanto más cerca, azul cuanto más lejos), o que es increíblemente poroso y prístino, o como el de Cassini, que nos enseñó que en el polo norte de Encélado hay una actividad semejante, pero menor, a la que se encuentra en el sur. En
cuanto a lo que hay más allá, diversos apuntes: un exoplaneta en órbita de un sistema binario, no alrededor de una de las dos estrellas, ráfagas de radio ultrapotentes, el cálculo del tamaño del halo de Andrómeda, pero sobre todo, está en dos: la misión de rayos X Spektr-RG y la misión exoplanetaria CHEOPS. El primero nos está entregando datos espectaculares sobre el universo X, los suficientes como para haber formado, hasta ahora, dos escaneos del cielo, quedando seis más. La segunda, nos ofrece lo que prometió: mediciones ultraprecisas del tamaño de planetas extrasolares, lo que está permitiendo saber cómo son. A esto se añade mediciones similares… de sus estrellas. Como suele decirse, esencia grande en frasco pequeño. La lista de altas de este año es breve: a las tres marcianas, se suma únicamente Sentinel-6A, que continuará la serie de datos de topografía oceánica con mayor precisión que nunca. Deberíamos haber sumado también a SEOSAT-Ingenio y TARANIS, pero un problema con el lanzador Vega lo impidió. Y en la de bajas, solo una, la ya anunciada del observatorio de infrarrojos Spitzer. La más longeva de la historia de la astronomía infrarroja, nos enseñó de todo, desde lo más cercano a lo más lejano, de lo más pequeño a lo más grande, y siempre con calidad. Nos quedan pocos de los viejos guerreros. Pero el año que viene llegarán nuevos, y también nos asombrarán. En la ISS, nueva época, cuando, el 30 de mayo, se lanzó una nave Dragon, la Endeavour, y esta con tripulación de dos astronautas. Y por si no fuera poco, en octubre la nave Resilience, con cuatro, ya en misión oficial, elevando la dotación del complejo a siete, la cifra
proyectada originalmente. Ya se nos olvidaba: finalmente, la astronauta Christina Koch batió el record de permanencia en el espacio para una mujer en una sola misión, con 328 días. Un triunfo. No podemos acabar sin mencionar el delito de dejar morir de sus heridas al radiotelescopio de Arecibo, cuya estructura suspendida se desplomó sobre el plato, destrozándolo casi por completo. La mejor herramienta en el estudio de asteroides cercanos a la Tierra, y la abandonan a su suerte. Y todo lo que nos espera el 2021: Marte más jungla que nunca, con la llegada de los lanzados este verano, la nueva misión de Hayabusa2, las operaciones conjuntas de Parker Solar Probe y Solar Orbiter, BepiColombo y su deambular, y lanzamientos, como el de las misiones asteroidales DART y Lucy, la misión de rayos X IXPE, y la más esperada de la década, el gran observatorio espacial James Webb. Y estaremos aquí para relatarlo.
miércoles, 16 de diciembre de 2020
Sopa de satélites pequeños (y II)
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