Phoenix, un tributo

jueves, 2 de diciembre de 2021

Los rayos incógnita: IXPE

Necesitamos dos entradas, pero ya hemos relatado los grandes avances proporcionados por la astronomía y astrofísica en rayos X. Y nos veríamos tentados, incluso, a decir, que ya lo hemos hecho todo. Pero, ¿lo hemos hecho en verdad? Hemos hecho mapas de todo el cielo (los últimos y más precisos están en producción), hemos obtenido imágenes, realizado espectroscopia, e incluso mediciones temporales. Sin embargo, aún nos queda algo por hacer. Y el próximo lanzamiento hará precisamente esto que aún no se ha hecho, al menos a gran escala.

Si mencionamos el término polarización, ¿qué os viene a la cabeza? Seguramente, a las gafas de sol de cristales polarizados, para protegerse la vista del Sol. Lo cierto es que es más complicado. La luz, en cualquier longitud de onda, se compone de dos elementos: un campo eléctrico, oscilante y acoplado, y un campo magnético, siempre perpendicular. Como un componente variable, el campo eléctrico tiende a variar, u vibrar,

y esta oscilación es lo que se llama polarización. La polarización puede ser lineal, en el que la oscilación viaja en una dirección, o circular, en cuyo caso giran en torno a un plano a una velocidad constante, y esta polarización circular puede desplazarse a mano derecha, o a la izquierda. La polarización se aplica a muchas cosas, entre ellas a los sistemas de radar tipo SAR situados en el espacio. Un ejemplo del uso de la polarización en astronomía, y uno reciente, es el mapa del campo magnético galáctico creado gracias al observatorio de microondas Planck. En los rayos X, la polarización de esta luz energética tiene que ver con la dispersión de los fotones. Así, al entrar en contacto con un material, el fotón de luz cambia de dirección, lo que significa que ha sido dispersado, lo que lleva a ser polarizado de manera perpendicular al plano del fotón ANTES de ser dispersado y DESPUÉS. Otra forma de polarizar la luz de rayos X está en uno tipo de electrones que viajan cerca a la velocidad de la luz, denominados electrones relativísticos. Se polarizan al entrar en contacto con un campo magnético, girar en

espiral a su alrededor, emitiendo fotones a medida que viajan, y vibrando en una dirección. Pero, ¿qué información se puede sacar con la polarización en rayos X? Por ejemplo, nos ayudaría a entender los campos magnéticos de cuerpos exóticos, como estrellas de neutrones o agujeros negros, o para averiguar la razón del brillo de las nubes próximas al centro de nuestra galaxia. ¿Ya se ha intentado hacer polarización en rayos X? La respuesta es sí. El único vehículo en practicarlo, de forma limitada, fue OSO-8, el último satélite de la familia de observatorios solares orbitales. Lanzado en junio de 1975 y apagado en octubre de 1978, durante su tiempo de operaciones, hizo historia al completar las primeras mediciones concluyentes de polarización en rayos X de un cuerpo astronómico, el púlsar de la nebulosa del Cangrejo. Ya ha pasado tiempo de aquello, y sólo cohetes de sondeo han hecho observaciones limitadas de polarización en rayos X. Sí, necesitamos la perspectiva espacial.

La Nebulosa del Cangrejo, y su púlsar en su centro, desde Chandra

El programa Explorer de la NASA es el ideal para misiones de este tipo: enfocadas y al grano. Como se recordará, la primera misión de rayos X, Uhuru, pertenecía a este programa. Es más, aprobó una misión, en el año 2009, para esto mismo, llamada GEMS. Todo iba bien… hasta que el proyecto se pasó del pequeño presupuesto durante el desarrollo de la instrumentación, obligando a la NASA a cancelarlo en el 2012. Afortunadamente, a comienzos del 2017 aprobó una segunda, hecha posible gracias a un nuevo tipo de detector desarrollado por la Agencia Espacial Italiana.

Aprendeos el nombre: IXPE, el Explorador de Polarimetría en rayos X mediante Imágenes, y pertenece a la familia de misiones SMEX del programa Explorer. Propuesta y dirigida por el Centro de Vuelos Espaciales George C. Marshall de Huntsville, Alabama (Investigador Principal Martin C. Weisskopf), es un esfuerzo no solo nacional, también internacional, con no sólo participación italiana, también canadiense y japonesa. Sus indagaciones serán realizadas de manera independiente, pero sus datos se podrán combinar con los obtenidos por los grandes observatorios Chandra y XMM-Newton, creando imágenes más completas de qué sucede en los cuerpos más exóticos del cosmos.

Al ver el satélite por primera vez, nos viene a la cabeza otra misión de rayos X también de SMEX: NuSTAR, el observatorio de rayos X de alta energía lanzado hace ya algo más de 9 años. Sus similitudes son evidentes: plataforma común, pequeño tamaño, y un sistema telescópico desplegable, sólo que con una longitud seis metros inferior. Esto hace que sus dimensiones varíen notablemente: en configuración de lanzamiento, mide 1.1 metros de ancho por 1.8 de alto; con todo desplegado, sus medidas crecen a 2.6 de ancho por 5.2 de alto. Como con NuSTAR, el sistema de vuelo, es decir, el satélite, está formado por dos elementos: la plataforma y la carga útil. La primera usa un bus común, en esta ocasión el BCP-100 de la firma
Ball Aerospace. De forma hexagonal y con dos plataformas, está construida enteramente en aluminio, y aloja todo lo necesario para funcionar, en una configuración de redundancia selectiva o casi nula. Así, la computación y las operaciones las maneja el típico ordenador de la NASA, usando un procesador RAD750 como núcleo, y contando con una memoria de a bordo de 6 Gb. Las telecomunicaciones las gestiona un sencillo transpondedor de banda-S, acoplado a dos antenas de baja ganancia, transmitiendo ya sea a las estaciones terrestres (la principal en Malindi, Kenia), ya sea a los satélites TDRS, transmitiendo a velocidades de hasta 2 Mbps. Para
obtener su energía, usará cinco paneles solares, cuatro de ellos desplegables tras el lanzamiento, pero fijos en su posición final, para alimentar los sistemas de a bordo, y cargar una batería, tal vez de ion-litio. Por supuesto, su control de actitud será triaxial, y muy preciso, contando con una unidad de referencia inercial, doce sensores solares ordinarios, un par de escáneres estelares, receptor GPS, ruedas de reacción y sistemas de descompensación magnéticos unidos a un magnetómetro. Posiblemente la situación de los escáneres estelares en el satélite sea lo más pintoresco, estando uno en cada extremo del satélite. Uno de ellos se encuentra en la plataforma trasera, en el interior del anillo de unión al lanzador. El segundo, mientras, está acoplado al soporte óptico desplegable, y ambos mirarán en direcciones opuestas. Como NuSTAR, carece completamente de propulsión. Y su control termal se
gestionará de la forma habitual, con mantas multicapa, calentadores eléctricos y radiadores. Sobre la plataforma superior se ha montado la carga útil: el sistema de telescopios, los detectores de nueva tecnología, y el mástil desplegable que los separa. En cualquier telescopio, el componente básico es su elemento óptico. Al tratarse de uno de rayos X, se configura empleando conjuntos de incidencia oblicua. IXPE cuenta con tres módulos ópticos, configurados como sistemas tipo Wolter 1, y basados en sistemas ya desarrollados en el Centro Marshall para otros proyectos, el más reciente el instrumento ART-XC a bordo de la misión germano-rusa Spektr-RG. Se han construido usando una aleación de níquel-cobalto mediante el proceso de
electroforma, miden 60 cm. de longitud total, y cuentan con un diámetro externo de 27.2 cm, e interno de 16.2 cm. No se ha aplicado ningún recubrimiento para aumentar el enfoque de los telescopios, el propio material basta. Cada módulo está formado por 24 vainas concéntricas, y el peso total de cada unidad no supera los 100 kg. Los tres módulos se han ensamblado a la Estructura de Soporte de los Módulos Espejo, formada por una base de aluminio y un tubo central de materiales compuestos. Se han montado siguiendo una configuración triangular, en cuyo centro del triángulo está uno de los escáneres estelares del observatorio. Esta estructura se ha buscado para ser lo más rígida posible y evitar perder el enfoque. Un último elemento situado en la estructura es un trío de escudos de rayos X, uno por cada módulo óptico, fijos en su montaje alrededor de la estructura de soporte, cuya misión es evitar que la luz de rayos X que no sea la enfocada por los módulos lleguen a los sensores. En el otro extremo de cada elemento óptico se sitúan las llamadas Unidades Detectoras, una por cada módulo telescópico. Cada Unidad Detectora (DU) es idéntica a las otras, y se ha construido como una caja metálica rectangular, en cuyo interior se aloja el sensor de polarización. Pero antes de entrar, los rayos X necesitan más discriminación de la que es posible sólo con los escudos montados junto a los módulos. Es por ello que, sobre la apertura que da al sensor dentro de la DU hay un largo tubo cilíndrico, el colimador, que tiene la misión de rechazar la luz de rayos X parásita que no ha de llegar al detector y entorpecer las mediciones. En el extremo final de este elemento está la ventana de apertura del sistema, que posee un filtro ultravioleta. La DU cuenta con otro elemento importante antes de llegar al sensor, una rueda de filtros y calibración. Cuenta con siete posiciones, abierta, cerrada, atenuador, y cuatro de calibración mediante fuentes radioactivas de Fe-55. Solo la primera, Cal A, es una fuente polarizada en dos bandas, 2.98 keV y 5.89 keV, el resto no, con las B y C en 5.89 keV, la primera como punto, la segunda como oleada, y la D, en la banda de 1.74 keV, también como oleada. Entonces, la luz de rayos X llegan al sensor, el Detector de Pixels de Gas, o GPD. Es una suerte de contador proporcional avanzado, en el
que los rayos X enfocados por los módulos ópticos atraviesan la ventana del detector, entrando en un entorno lleno de gas llamado GEM o Multiplicador de Electrones con Gas, rellenado de Dimetil-éter a una presión de 0.8 atmósferas, que amplifica la luz de rayos X dentro del sistema. Al amplificarse, el sensor es capaz de formar una estela de ionización, que contiene la información sobre la energía y, sobre todo, la dirección de llegada, relativa a la orientación de polarización del rayo X emitido. Finalmente, llegan hasta los ánodos de pixel, que genera la respuesta final. Estos GPD observarán la polarización en la gama de entre los 2 y los 8 keV. Cada GPD está montado dentro de un montaje sellado, cuya primera capa es una
placa de titanio con una abertura cuadrada en su centro, y debajo, una ventana hecha en berilio. Justo debajo está el GEM, soportado por un marco superior y una base inferior, dando espacio de sobra para el gas interno. Y lo último del paquete es el propio GPD, integrado en una tarjeta de circuitos ASIC. Todo rematado por la placa de interfaz mecánica, y debajo, las electrónicas de control. A su vez, las tres DU’s se conectan a la DSU, o Unidad de Servicio de los Detectores, que es, en esencia, el ordenador que controlará el telescopio y el interfaz con el resto del satélite. El tercer elemento, y no menos importante, es el mástil desplegable. Completamente recogido en configuración de lanzamiento, una vez en el espacio se desplegará hasta su longitud máxima de 4 metros, definiendo la
longitud focal del telescopio. En esencia, usa el mismo diseño que el construido para NuSTAR, con modificaciones en términos de rigidez y exactitud de posicionamiento. Una suerte de manta de dos capas servirá de protección termal. En la conexión entre el mástil y la estructura de soporte se encuentra un soporte motorizado con la misión de rotar, inclinar y posicionar la estructura para alinear los módulos de espejos con las DU’s. En IXPE, sin embargo, no hay sistema de metrología para conservar el alineamiento, bastará observar con el telescopio. Aunque sólo se espera usar el alineamiento durante la verificación posterior al lanzamiento, no se descarta utilizarlo en caso de producirse cambios en el alineamiento. Para mantener fija la estructura de soporte durante el lanzamiento se han colocado tres soportes de dos patas, coronados con bloqueos de lanzamiento. Todo el montaje del telescopio se fija a la plataforma superior del bus, pero la DSU se encuentra en el interior de la plataforma. Con el satélite listo para el lanzamiento, su peso en Tierra es de 340 kg.

Por sus dimensiones plegado, IXPE era el candidato ideal para ser lanzado usando el Pegasus-XL. Sin embargo, los problemas mostrados durante los preparativos del lanzamiento de ICON hicieron que la NASA optara por otra alternativa. Sin lanzadores ligeros apropiados (un Delta 2 hubiera estado bien) se ha optado por el Falcon 9 que, no hace falta decirlo, ofrece prestaciones más que de sobra. El 9 de diciembre será su lanzamiento, y se producirá desde la histórica plataforma 39A de Cabo Cañaveral, desde donde se lanzó, entre otras, la misión Apollo 11 a la Luna.

La órbita escogida es a 600 km. de altitud, inclinada 0.2º con respecto al ecuador terrestre. Si buscas razón para ello, os la damos: su estación terrestre principal es Malindi, Kenia, a 3º latitud sur, con una secundaria fijada en Singapur, a 1º latitud norte. Otra razón por la que es ventajosa esta órbita es por dejar a IXPE casi fuera de la Anomalía del Atlántico Sur, una concentración peligrosa de radiación, generada por los cinturones de Van Allen, en la que muchos satélites sufren problemas.

La misión principal de IXPE durará dos años, y se dedicará a observar algunos objetos de las siguientes categorías de cuerpos y fenómenos celestes: núcleos galácticos activos o AGN’s, quásares, púlsares y nebulosas de viento pulsares, magnetares (estrellas de neutrones con campos magnéticos potentísimos), sistemas binarios de rayos X de acreción, remanentes de supernovas y el centro galáctico de la Vía Láctea. Además de mejorar con mucho la sensibilidad a la polarización de OSO-8, buscará proporcionar también mediciones simultáneas espectrales, espaciales y temporales; determinará la geometría y mecanismos de emisión de AGN’s y micro-quásares; mostrará la configuración del campo magnético de los magnetares,
determinando su magnitud; buscará el mecanismo de producción de rayos X en los púlsares, determinando además su geometría; y podrá ver cómo las nebulosas de viento pulsar aceleran las partículas. Esto entre otras muchas cosas. Y si esto ya os parece formidable, lo hará todavía más porque los sensores serán capaces de producir imágenes, formando mapas de polarización de las fuentes que observará, permitiendo así no solo extraer conclusiones con mayor rapidez, sino capturando el sentido de la exploración para la que fue diseñado. Como suele decirse, vale más una imagen que mil palabras.

No importa el tamaño del satélite: la ciencia será enorme, y las prestaciones de IXPE se llevan buscando desde hace mucho tiempo. Y no desfallezcáis: relativamente pronto, tendrá compañía, procedente de ISRO.

martes, 30 de noviembre de 2021

martes, 16 de noviembre de 2021

Las próximas misiones a los asteroides: DART

El 4 de julio del 2005 pasó a la historia como el día en que hicimos impactar, deliberadamente, un objeto artificial contra un cuerpo celeste más allá de nuestro satélite. El motivo de la misión Deep impact era puramente científico: en esencia, cómo es por dentro un cometa. Pero el impacto tuvo otras consecuencias, además del cráter formado. Sí, el impacto hizo que el cometa Tempel 1 alterase su trayectoria y su tiempo orbita. Es cierto que los cambios fueron nimios, imperceptibles a escala cósmica, pero medibles. Ahora, se va a lanzar una misión cuyo único propósito es impactar contra un asteroide. No por el puro placer de hacerlo, sino como experimento tecnológico y de defensa planetaria.

Hace tiempo que se viene hablando del concepto de defensa planetaria contra el impacto de cuerpos celestes. Por supuesto, el primer problema es identificar un asteroide en rumbo de colisión contra la Tierra. Superado este problema (no sólo detectarlo, sino calcular su órbita y su masa) llega el más importante. La pregunta es sencilla: ¿qué hacer? Esto no es como en las películas. Se plantean, como conceptos, hacerlos explotar (haciendo más mal que bien), o usar tractores de gravedad, o emplear sistemas de energía dirigida (usar sistemas láser) para desviarlos. Estas dos últimas son, sin duda técnicamente complejas. Yendo a lo sencillo y rápido, la mejor alternativa es lo que se llama el impactador cinético. En esencia, es lo que hizo Deep Impact, pero a mayor escala: un vehículo de impacto más grande y de mayor masa, y una velocidad de impacto superior. Esta idea fue el punto de partida para diversos conceptos, y uno de ellos, la cooperación entre la NASA y la ESA llamada AIDA (Valoración de Impacto y Desvío de Asteroides) arrancó en la década de los 2000. AIDA se configuró como dos misiones, una encargada del impacto,  y una segunda para estudiar sus consecuencias. El concepto inicial era lanzar primero la segunda, para llegar cuanto antes y poder estudiar el objetivo meses antes del impacto. Luego llegaría la segunda, impactaría con su objetivo, y la primera, tras ser testigo de la colisión, estudiase sus consecuencias. Pero como muchas otras misiones, no se dio a AIDA mucha prioridad.

Todo cambió el 15 de febrero del 2013, con el meteorito de Chelyabinsk. Esta minúscula roca (de aproximadamente 20 metros de diámetro) fue detectada horas antes de entrar en la atmósfera, demasiado tarde como para hacer nada, salvo avisar. Hubo suerte, porque explotó en el aire, y no impacto sobre zonas pobladas, aunque mucha gente fue testigo del suceso. Chelyabinsk demostró que nuestros preparativos contra impactos de asteroides son completamente inadecuados. La primera medida fue reactivar el telescopio de infrarrojos WISE para buscar y caracterizar asteroides cercanos a la Tierra, detectando los que en el futuro pueden ser peligrosos. Otra medida fue impulsar AIDA.

Con este nuevo impulso, la NASA se encargó de la misión de impacto, con la ESA dedicándose a la sonda exploradora. Ésta última, denominada AIM, se debería haber lanzado en el otoño del 2020, llegando meses después a su destino prefijado y estudiarlo como paso previo al impacto, y luego ser testigo del impacto de la sonda de la NASA (con su lanzamiento previsto inicialmente para el verano del 2021) hacia finales de septiembre del 2022, para después seguir con las exploraciones. Lamentablemente, cuando la ESA, empujada por Alemania (que prefirió financiar ExoMars) optó por la cancelación de AIM, obviamente resultó imposible cumplir este concepto. Pero esta cancelación no impidió que la NASA continuase con su parte del programa.

Encargada al JHU/APL, DART (Prueba de Redirección de Asteroide Doble) es lo que anuncia su acrónimo, un proyecto dirigido a un asteroide binario. Se ha diseñado con un único propósito en mente, que es impactar y desviar. Y, ¿a dónde se dirigirá? A un asteroide NEO binario, el 65803 Didymos. Y, ¿por qué un binario? Porque en uno de estos será más sencillo de comprobar si la técnica funciona que en vez de en uno solo. El objetivo será el cuerpo secundario, más pequeño y, por lo tanto, más susceptible de ser desviado de su trayectoria de manera visible.

El APL es famoso por añadir innovaciones en sus vehículos espaciales, ya sea en los satélites terrestres (como TIMED o Van Allen Probes) o en sus sondas de espacio profundo, a partir de CONTOUR y en adelante. DART no es una excepción a la norma. Es más, lo lleva a un grado mucho mayor. Pero, si la ves la primera vez, descubrirás una sonda sencilla, basada en una plataforma rectangular, construida alrededor de un cilindro central como núcleo y elemento principal de

soporte de carga. La plataforma es de medidas modestas (1.2 x 1.3 x 1.3 metros), pero con todo montado, y una vez en el espacio, se convierte en una sonda de 2.4 x 12.5 metros, principalmente por sus dos paneles solares desplegables. Sí, parece simple, pero no lo es, porque incorpora muchos elementos tecnológicos nuevos, empezando por su elemento de computación.  DART ha recibido lo que en el APL llaman electrónicas CORESAT, o Juego de Aviónica Pequeña CORE y, en vez de usar un procesador como núcleo, emplea una matriz de puertas lógicas programable en campo o FPGA en inglés. No es desconocido en las misiones espaciales, ya que muchos instrumentos actuales lo usan como sus cerebros, pero será la primera vez que se emplee como control completo de una sonda. Como un ordenador normal, este
FPGA, tipo RTG4 lo controlará todo, y más. Estará completamente particionado, para que cada una de ellas controle una función, de lo general al control de actitud, e incluso la adquisición, procesado y transmisión de imágenes, y cuenta con un procesador LEON3 como apoyo. Esta arquitectura se ha diseñado para ocupar muy poco, y gastar una menor cantidad energética, y con ello, en el futuro, tener misiones con una mayor instrumentación. Claro está, el sistema cuenta incluso con almacenamiento a bordo, con 32 MB de memoria RAM estática para el procesado de imágenes, y 16 GB de memoria flash. También hay novedades en el sistema de comunicaciones. Es más que probable que cuente con el sistema Frontier, fabricado en casa (que vuela actualmente en Parker Solar Probe y Al-Amal), conectado a un par de antenas de baja ganancia y un nuevo tipo de antena de alta ganancia
conocida como RLSA o Conjunto de Slot de Línea Radial. Exteriormente, tiene forma de disco, plano y delgado con una serie de cavidades en una de sus superficies. Esta tecnología se desarrolló para satélites de telecomunicaciones, pero también, más recientemente, como antenas de Wi-Fi. Sus ventajas son su ligereza y un alto rendimiento, fruto de su tiempo de desarrollo. Su rendimiento será muy alto, hasta el punto de transmitir a 3 Mb por segundo durante el encuentro y colisión. Se encuentra instalada en uno de los laterales, saliendo de uno de los extremos del cubo, acoplada a un mecanismo pivotante en dos ejes, para así mantenerla apuntada constantemente a la Tierra. Su control de actitud será triaxial, empleando una unidad de medición inercial, un escáner estelar, cinco sensores solares, y un grupo de 12 propulsores químicos de hidracina. Lo más importante es que ha recibido un sistema de impulsión iónica de altísimo rendimiento. Se le conoce como NEXT, el Motor de
Instalación del motor iónico
Xenón Evolucionado de la NASA. Se trata de un aumento significativo con respecto al sistema NSTAR que voló en Deep Space 1 y Dawn con un rotundo éxito. La arquitectura del sistema es esencialmente la misma, con el propio motor iónico, el ordenador de control (DCIU), la unidad de procesado de energía (PPU) y el sistema de regulación de xenón. Sí, nada cambia, pero evolucionan muchas cosas. Para empezar, si bien el motor conserva su arquitectura (un sistema de rejillas, o tipo Kaufman), sí aumenta de tamaño, pasando de los 30 cm. de diámetro del NSTAR a los 40 de NEXT. ¿Qué significa? Mayor empuje. Sí, sigue siendo un susurro comparado con los propulsores químicos, pero aumenta el empuje máximo de los 92 mN del NSTAR a los 236 de NEXT. Para conseguirlo, necesita aceptar más energía, por lo que la PPU ha sido construida desde cero específicamente para NEXT. Ahora, puede llegar hasta los 6.9 kW (2.5 en NSTAR) y, como en sus hermanos pequeños, la potencia de salida, y por tanto la energía a consumir, es graduable, con un mínimo de 0.5 kW. Físicamente, el motor NEXT (sería más apropiado llamarlo NEXT-C, ya que es ahora un producto comercial) se sitúa en uno de los extremos de la plataforma, instalada a ella mediante un sistema ligero de pivotes móvil en dos ejes, sin duda herencia de Dawn. De este modo, el motor iónico será capaz no solo de mantener la actitud óptima de crucero a impulsión, sino también de gobernar la actitud de la sonda, como ya se ha hecho en el pasado. NEXT-C aportará la flexibilidad de viaje que la propulsión química es incapaz de proporcionar. En la generación de energía, más novedades. Sí, funciona a base de energía solar, almacenándola en una batería, más que probable, una unidad de ión-litio. Pero lo importante son los paneles solares en sí. En virtud de su sistema de impulsión iónica, necesita o grandes paneles, o paneles de alta
eficiencia. Se ha optado por ambas gracias al empleo de la tecnología ROSA de panel solar enrollable. Demostrada en órbita terrestre en la ISS, es un elemento que ahorra mucho en términos de masa y volumen. La tecnología ROSA emplea un sustrato flexible y ligero acoplado a una base de titanio. En configuración de lanzamiento, están enrollados como en una bobina, y en el espacio, el lento proceso de despliegue será como rebobinar una cinta de casette. Las células que usa, también flexibles, son de alta eficiencia, generando energía más que sobra para el funcionamiento de la sonda. Pero esto no es todo. Cuando ambos paneles estén desplegados (cada uno medirá 8.6 metros, y con una superficie activa de 22
metros cuadrados) se abrirá otra prueba tecnológica llamada Paneles solares Transformacionales. En términos sencillos, se trata de un nuevo tipo de células, con un alto potencial de generación de energía, y unos concentradores reflectivos. Las células se denominan Células Metamórficas Invertidas, y las primeras unidades de prueba (de hace casi una década) ya mostraban eficiencias superiores al 30%, cifras que los sistemas actuales no alcanzan. Las que van en ROSA tienen una mayor eficiencia, y cuentan con elementos concentradores. No son lentes, como los paneles SCARLET de Deep Space 1, sino láminas reflectivas que recibirán la luz solar y la reflejan hacia las células metamórficas. Teniendo en cuenta que los paneles solares rotarán para seguir al Sol, esto aumentará todavía más la eficiencia de este nuevo concepto. Afortunadamente, no hay nada nuevo en la protección termal, con mantas multicapa, radiadores y calentadores eléctricos. Eso sí, la PPU del motor iónico cuenta con un sistema propio a base de tuberías que redirigen todo el calor a uno de los paneles radiadores.
DART solo cuenta con un instrumento: DRACO, la Cámara para el Reconocimiento de Didymos y otros Asteroides para Navegación Óptica. Esta es la segunda cámara, en poco tiempo, basada en el sistema LORRI de New Horizons. Es un sistema reflector tipo Ritchey-Chretién con una apertura de 208 mm. (f/12.6) y una longitud focal de 2.6 metros. Sin embargo, a diferencia de los dos LORRI anteriores (New Horizons y Lucy), DRACO cuenta con cambios importantes. El que más es la construcción de las ópticas en aluminio, y no carburo de silicio. Como no se enfrentará a grandes cambios térmicos durante su misión, esto reduce complejidad al proyecto. Otro cambio notable es la utilización de lentes correctoras de nuevo diseño justo después del telescopio; y el mayor es la utilización de un sensor y unas electrónicas específicas. El detector es de tecnología CMOS (CCD en sus
hermanos), y de mayor formato, de 2560 x 2160 pixels. Este nuevo sensor se acopla a las electrónicas del plano focal directamente, que aportan energía y comandos directamente de la sonda. Sin embargo, todo el trabajo de la operación de DRACO ocurrirá dentro de CORESAT, comandando, procesando y transmitiendo las imágenes a la Tierra a alta cadencia. Será crucial para toda la operación, sirviendo como base a la navegación óptica, permitiendo a DART llegar hasta su destino sin desviaciones, y entregando imágenes nítidas, esperando que las últimas cuenten con resoluciones inferiores a los 50 cm. Para ello, la cámara será capaz de trabajar con velocidades de obturación inferiores al milisegundo, para evitar imágenes saturadas. Con todo en su sitio, y lista para el lanzamiento (incluyendo los 50 kg de hidracina, y 60 de xenón), DART da un peso en Tierra de 610 kg.

Un pequeño porcentaje de esa masa al despegue corresponde a un pequeño complemento. Al perder AIM, se perdió la posibilidad de ver el impacto tal y como ocurrió con Deep Impact. Así, en el 2018, se tomó la decisión de acompañar a DART con un Cubesat. Fue propuesto por la Agencia Espacial Italiana, y su misión, simple: observar el sistema binario antes, durante (sobre todo) y después del impacto. Diseñado, construido, y una vez en el espacio, operado por la firma italiana Argotec, recibe el nombre de LICIACube, Cubesat Ligero Italiano para imágenes de asteroides. Se basa en una arquitectura de seis unidades, o 6U, con un diseño de plataforma conocido como HAWK, y aloja todo lo básico para funcionar: un ordenador para controlar el funcionamiento a partir de un software autónomo, así como almacenaje propio; un sistema de comunicaciones que trabaja en banda-X a través de dos pares de antenas (uno principal, otro de reserva); un sistema de control de actitud triaxial, basado en una unidad de medición inercial, un escáner estelar y dos sensores solares, así como un conjunto de ruedas de reacción, así como un sistema de propulsión con dos grupos de motores, usando gas frío; dos paneles solares desplegables para proporcionar energía y cargar una batería de a bordo; y un sistema de control termal pasivo, a base de radiadores y pinturas termales. Junto a todo esto, el Cubesat también porta sistemas de visión. La cámara principal se llama LEIA (Cámara para el Asteroide del Explorador LICIACube), y se trata de una cámara catadióptrica que emplea un sistema reflector de dos elementos, y uno refractor de 3, sirviendo a un sensor CMOS monocromático de 2048 x 2048 pixels, esperando entregar una

resolución de 1.38 metros a 55 km. de distancia. Mientras que LEIA fue diseñada a propósito para LICIACube, LUKE (Unidad Clave del Explorador LICIACube) no. Para esta cámara se ha buscado un sistema comercial, y se ha escogido un sistema ultracompacto llamado cámara Gecko. Es tan pequeña que encaja en el espacio 1U, uno de los elementos que forman la plataforma. Se ha utilizado en satélites terrestres desde, al menos, el 2017. Su sistema usa lentes que entregan la luz a un sensor digital equipado con un filtro bayer, lo que significa que ésta será la única cámara que entregará imágenes a color, con resoluciones de hasta 4.3 metros. Este sistema es customizable, hasta el punto de portar almacenamiento masivo (hasta 128 GB es capaz) pero ignoramos hasta qué punto cuenta con ello. Para viajar al asteroide, LICIACube estará dentro de un dispensador estándar, fijado a uno de los laterales. En esta configuración, sus medidas son de 36.6 x 23.9 x 11.6 cm, pero una vez lanzado al espacio, y desplegado, serán de 91.1 x 36.6 x 23.9 cm. Su masa total es de 14 kg. No lo hemos visto en ninguna parte, pero es de esperar que, además de la conexión mecánica, existan conexiones enérgicas y de datos. Decimos esto porque LICIACube será desplegado días antes de la colisión de DART con su objetivo.

DART será la segunda misión de espacio profundo en partir desde California. Su lanzamiento está previsto para el 23 de noviembre, a bordo de un Falcon 9 desde Vandenberg. Si este lanzador se ha hecho célebre es por tener componentes reutilizables, siendo el mayor su primera etapa. Para esta misión, se usará el núcleo con el código de factoría B1063, con dos misiones a sus espaldas: Sentinel-6A y un lote de 60 satélites Starlink, siendo cada lanzamiento en una base distinta. Terminado el proceso de lanzamiento, DART y LICIACube estarán en camino.

Su destino, lo dicho, es el sistema binario 65803 Didymos. Es un NEO, y se le considera un objeto potencialmente peligroso. Descubierto el 11 de abril de 1996 desde el observatorio de Kitt Peak en Arizona, está compuesto por un par de cuerpos. Su órbita (1.01 x 2.28 unidades astronómicas, durando 2.11 años e inclinada 3.4º con respecto a la eclíptica) significa que tiende a pasar muy cerca de la Tierra, y lo hace susceptible a ser observado. De hecho, es de los mejor caracterizados, ya sea con telescopios ópticos, ya sea usando potentes antenas de radar. Por tipo, se le califica como un asteroide tipo Xk, si bien estudios espectrales más recientes muestran abundancia de silicatos. No se supo que tenía compañía hasta tiempo después, en el año 2003, cuando el par hizo una

máxima aproximación a la Tierra a poco más de 7 millones de km. Gracias a los sistemas de radar, sabemos que el objeto principal (Didymos) mide 780 metros de diámetro, mientras que su pequeño satélite (Dimorphos) es de sólo 160. Y es éste último el objetivo real. La rotación del principal es de 2.26 horas, pero su satélite lo orbita en 11.92, y por lo que se ve, siempre tiene su misma cara Didymos. Sólo están separados por 1.18 km. ¿Qué ha hecho de Didymos el objetivo? Varias cosas. Es cierto que se han descubierto más de 60 asteroides NEO’s que son binarios, y su primer criterio de selección está relacionado con la capacidad de cambio de velocidad de la sonda, lo que se denomina Delta-V, y en este sentido, es el más accesible. El segundo criterio es el de tener un satélite más pequeño que el cuerpo principal, y Didymos sigue siendo así el más accesible. Otro criterio es por su caracterización, que está entre los mejores. Otro aspecto importante es que este sistema se califica como binario eclipsante, lo que significa que el satélite pasa, frecuentemente, por delante y por detrás del principal, desde la perspectiva terrestre, por lo que se puede calcular desde Tierra cualquier desvío en su trayectoria. Lo último no es un criterio, sino una oportunidad, dada por su tipo espectral y por la información proporcionada por los instrumentos infrarrojos. El hecho de que Didymos y Dimorphos posean características espectrales idénticas es de interés para poder estudiar, si es que las hay, las características que les diferencian.

El crucero de DART será, en principio, tranquilo, con momentos en trayectoria balística a secciones de impulsión iónica. En caso de haberse lanzado cuando se esperaba, este verano pasado, en el plan existía la posibilidad de sobrevolar un asteroide, o el 3361 Orpheus, o el (138971) 2001 CB21. Si sigue siendo parte del plan o no lo ignoramos, pero esperamos que sí, gracias a las capacidades de su motor iónico. Claro está, por su gran contenido tecnológico, habrá muchas pruebas en ruta, con sus aviónicas, sus paneles solares, su antena principal, el motor iónico. Finalmente, DART llegará hasta las proximidades del asteroide doble, y entonces arrancará su misión.

Las primeras operaciones comenzarán como lo ha hecho cada misión a los cuerpos menores: navegación óptica. Así, unos 30 días antes de la llegada prevista, DRACO empezará a adquirir imágenes de la zona del espacio en la que se espera que esté el sistema binario. Una vez localizado (apenas como un punto de luz) comenzarán las maniobras para dirigirse hacia su destino. Llegado a la marca de los 10 días previos al impacto,  DART lanzará a LICIACube para su vuelo en solitario. Así, mientras la sonda principal acelera hacia el impacto, el Cubesat se activará, comunicará con Tierra, se pondrá a punto, y maniobrará (más que nada, frenará) para sobrevolar el sistema a tiempo de contemplar el impacto. Lo importante llegará en el día del impacto, previsto entre los días 26 de septiembre y 2 de octubre del 2022.

Como ya ocurrió con Deep impact, teledirigir la sonda hacia su objetivo de impacto es imposible. El retardo en las comunicaciones lo hace imposible. Por ello, es necesario dotar a la sonda de un sistema de navegación autónomo. Mientras la misión Discovery usaba AutoNav, DART usará un sistema desarrollado por el propio APL, y basado en años de desarrollo en el guiado de misiles. Este software, llamado SMART Nav (Navegación en Tiempo Real para Maniobras Autónomas para Cuerpos menores) no sólo guiará la sonda hasta el impacto, será capaz de identificar, en las imágenes de DRACO, entre Didymos y Dimorphos, su objetivo. SMART Nav arrancará sus funciones cuatro horas antes del momento del impacto, pero Dimorphos sólo aparecerá en las imágenes, se calcula, una hora antes. Con su objetivo localizado, maniobrará a DART en

Deep impact, de camino al impacto (secuencia acelerada)

consecuencia, hasta dos minutos previos a la colisión. Y como ocurrió con Deep Impact, la cámara permanecerá activa hasta el último momento, consiguiendo así imágenes con una resolución de centímetros, sino milímetros. Entonces, llegará el impacto. DART impactará con Dimorphos de frente, a una velocidad de 6.6 km/s. Sí, es menor que la de Deep Impact, pero la misión Discovery impactó una masa de cobre de menos de 400 kg contra un cometa de más de 5 km. de diámetro. Dimorphos, sin embargo, solo mide 160 metros. ¿El resultado? Se espera cambiar la órbita del satélite en varios minutos, puede que llegando hasta los 10. Entonces, la función será de LICIACube.

Por supuesto, el pequeño Cubesat estará observando el asteroide doble minutos, y horas, antes del impacto, y su primer objetivo será ser testigo de la colisión. Sin embargo, LICIACube, en virtud de su sobrevuelo, entregará un retorno científico más amplio. Como Deep Impact, obtendrá imágenes de la pluma de material expulsado, obteniendo parámetros como su forma, velocidad de expansión o brillo. Claro está, también se espera ver el cráter resultante. Pero la cosa no acaba ahí, porque su lento sobrevuelo permitirá a LICIACube ver zonas de Didymos y Dimorphos no observadas antes, y entre las imágenes monocromáticas y a color de sus dos sistemas, se obtendrán secuencias que permitirán registrar la forma completa de ambos cuerpos para así determinar mejor la forma, y por tanto, el volumen, de los dos asteroides. Pero para tener todo esto, habrá que esperar, LICIACube lo almacenará todo a bordo, y lo descargará una vez concluido el sobrevuelo, que acercará al Cubesat a unos 55 km. del cuerpo principal.

El vuelo y colisión de DART se justifica con estos objetivos: el primero es demostrar la técnica de impacto cinético. El segundo, cambiar el periodo orbital de Dimorphos en, como poco, 73 segundos. El tercero, buscará caracterizar con exactitud el periodo orbital de Dimorphos, posibilitando observaciones desde Tierra, tanto antes como después, como para poder medir con exactitud el cambio de periodo orbital. El cuarto buscará calcular cuánta energía de impacto se entrega al asteroide para así estimar la masa del objeto. Y por último, y no menos importante, obtener datos para caracterizar la  localización y las características de la zona del impacto, al tiempo que se estiman los cambios dinámicos del sistema binario con el tiempo. Para esto, serán cruciales las observaciones basadas en Tierra, porque el momento del impacto se ha fijado precisamente en el momento de menor distancia entre nosotros y el asteroide binario para que muchos observatorios estén concentrados en el momento del impacto. Así, el retorno de información será superior.

Ya lo veis, una misión breve, pero cargada de tecnología nueva, y con el potencial, si funciona, de ayudarnos a defendernos de los escombros cósmicos que llueven sobre nuestras cabezas. Y, ¿qué hay de la ESA? Que la misión Hera, heredera de AIM, volará en el 2024 para ser testigo de las consecuencias.