Una vez más, toca resumir. ¿Qué podemos decir? Pues que ha sido un año de altos y bajos, de bienvenidas y también de despedidas. Quizá, más que ningún otro de los años anteriores, ha sido el año de la Luna. Tres misiones, tres, todas con rumbo a la superficie selenita. La primera rusa en casi cincuenta años, Luna 25, pues sí, se lanzó bien, llegó a la órbita bien, pero se dio el morrón. La culpa, un orden incorrecta que hizo a la sonda encender su propulsión más de lo que debía. Otro fiasco de espacio profundo. La segunda, fue el intento de la India de resarcirse. Y lo lograron. Chandrayaan-3 fue un éxito de principio a fin, con su rover recorriendo el regolito del polo sur lunar sin problemas, mientras el módulo de propulsión por allí permanece, dando vueltas a nuestro alrededor. ¿Nos hubiera encantado de que sobreviviera a su primera noche selenita? Pues claro, aunque no se diseñaron para ello. Y la tercera, desde Japón, aún está de misión. Lanzada en septiembre, SLIM sólo ahora ha llegado a la órbita, y para mediados del mes que viene espera alunizar, con éxito, claro. Esta misión es principalmente tecnológica, para probar que tienen lo necesario para un aterrizaje de suma precisión. En cuanto a Marte, nuestros dos embajadores por su superficie (el rover de China, Zhurong, claudicó el año pasado, y no se le espera) han alcanzado hitos de sus viajes. Curiosity superó los cuatro mil soles de funcionamiento desde que llegó, y aún con capacidades menguadas (la rueda de filtros de una de las cámaras se bloqueó entre posiciones, y hasta la fecha no hay respuesta) sigue su ascenso cumpliendo sus tareas ejemplarmente. Perseverance, ya en tarea extendida, y con más de mil soles en su plataforma, avanza a ritmo de récord, habiéndose adentrado en el delta de su cráter. ¿Achaques? Ninguno todavía, si bien su experimento MOXIE ha sido desactivado. No porque funcione mal, todo lo contrario, ha sido un éxito, pero con él se han hecho todas las pruebas que se las han ocurrido, y más. El siguiente aparato, gracias a la experiencia, será mayor y más potente y eficiente. Ah, y no nos olvidamos de Ingenuity. El helicóptero sí ha sufrido alguna dificultad (aterrizaje de "emergencia" incluido), pero sigue fuerte a pesar de las adversidades. En órbita, poco que informar. Por Júpiter, la bella dama del espacio mantiene su buen hacer, incluso con su tour por los satélites galileanos. Es el turno de Io, la más cercana de todas las lunas grandes jovianas, la más activa, y a la que es más peligroso acercarse, por la brutal radiación en la que está empotrada. Precisamente, ya empieza a manifestarse a bordo, en especial en su cámara de divulgación. Diseñada para sobrevivir a sólo unos pasos por el perihelio, que haya llegado hasta aquí es un éxito rotundo. El último paso de este año de Juno a Io fue ayer, y esperamos ansiosos las imágenes. Son las más cercanas desde los tiempos de Galileo, así que ya ha llovido. Otros lugares, como Mercurio, recibieron su visita preceptiva de BepiColombo, Lucy nos ha enseñado un nuevo asteroide (tres, en realidad), Parker Solar Probe ha acortado distancias con Helios, y New Horizons sigue con su viaje por la porra, como las gemelas Voyager, otras que han sufrido, y sufren diversos problemillas. Se las ha actualizado para garantizar más años de ciencia interestelar, previa a su desactivación final, tal vez a finales de la década. En cuanto a la sección telescópica, la cosa marcha, con el telescopio James Webb a la vanguardia. Desde lo más cercano a lo más lejano, esta herramienta cumple con lo prometido. A la zaga siguen Hubble y Chandra, XMM-Newton e INTEGRAL (con su fin próximo, todo hay que decirlo), NuSTAR e IXPE, Fermi y Swift, Astrosat... Y se une uno más al lote, en el universo X con XRISM, aún en fase de verificación. Y no nos olvidamos del grande, y esperadísimo Euclid. Lanzado este verano, sus pruebas se alargaron más de lo anticipado, pero ya está manos a la obra en su tarea de desentrañar los misterios oscuros del cosmos. Ya que estamos, otra misión europea importantísima es JUICE, lanzada brillantemente, dirigiéndose al hermano mayor del sistema, como otras, por la ruta indirecta. Pequeños problemas, ya resueltos, no impiden su progreso. Para el año que viene nos visita, para un paso muy especial. En cuanto a vuelos tripulados, poco que destacar, con las dos estaciones pasando por relevos periódicos, haciendo la habitación permanente de la órbita más permanente que nunca. Ah, es verdad: se escogieron a los cuatro astronautas que protagonizarán Artemis II, el primer vuelo tripulado a la Luna desde los tiempos de Apollo. Son tres americanos y un canadiense y, como prometieron, con una mujer y una persona afroamericana entre sus integrantes. En otro orden de cosas, la colosal ambición de SpaceX, el gigantesco Starship, es ya una realidad. Una que explota, al menos. Con un primer vuelo problemático, el segundo no fue tan mal si bien las dos etapas se perdieron, otra vez. Ah, un tercer vuelo de prueba parece estar en camino. Ha habido diversas altas este año, como los cuatro pequeños TROPICS o el instrumento TEMPO, el nuevo miembro de la familia de satélites Meteosat (en todos los sentidos), así como otros que no nos acordamos en este instante. Sobre las bajas, a la mencionada de Rusia en la Luna, mencionamos el observatorio japonés Hisaki, la misión de aerosoles CALIPSO (por falta de combustible), y la más importante: Aeolus, la misión de los vientos de la ESA, que se alargó más de lo que su equipo jamás soñó. Y ya preparan sustituto. También ha llegado el momento de otras despedidas como de los lanzadores. Este es el año en que el poderoso Ariane 5 remontó los cielos por última vez. Su sustituto pronto volará, aunque lleva cierto retraso. Hay que empezar a hacerlo, también, con otros conocidos, con el Atlas V, el Delta-4 (ambos sustituidos por el próximo Vulcan), más el HII-A nipón (su sustituto, el H3, no tuvo un buen debut) Y lo que nos espera para el 2024: más misiones a la Luna (incluyendo las sondas comerciales contratadas por la NASA), Europa Clipper a Júpiter, sondas a Marte (si nada se tuerce), tres nuevos ojos al cosmos, dos de ellos en rayos X, nueva visita de BepiColombo a Mercurio, y las solares a Venus, y otras, muchas otras, al planeta Tierra. Interesante, sí, y trataremos de estar aquí para relatarlo.
domingo, 31 de diciembre de 2023
jueves, 30 de noviembre de 2023
lunes, 20 de noviembre de 2023
Cuestión de perspectiva
Si me preguntan por qué nos gusta la astronomía, especialmente aplicada con la astronáutica, es porque nos permite descubrir y visitar mundos nuevos y extraños. El recientemente observado no ha sido una excepción.
La misión Lucy despegó hace dos años, en el 2021, y aún tardará en alcanzar sus objetivos, los asteroides troyanos. ¿Qué hacer mientras tanto? Lo primero, no aburrirse. Lo segundo, buscar cosas que hacer. Eso es lo que ha hecho su equipo.
Sí, es cierto: en el 2025 la misión realizará el ensayo general de sobrevuelo con el asteroide del cinturón principal Donaldjohanson. Sin embargo, tanto antes como después del lanzamiento, los equipos científico y de navegación estuvieron mirando si, por alguna casualidad, la sonda se acercaría a un asteroide mucho antes. A ver, en la primera órbita, había poca posibilidad, ya que estaba cerca de la Tierra (bien podrían haber visto asteroides NEO's). Pero en la segunda, gracias a la energía acumulada por el sobrevuelo terrestre, Lucy entraba en el cinturón de asteroides principal. Con su trayectoria en la mano, se pusieron a revisar las bases de datos de asteroides, los que orbitan cerca de la trayectoria prevista y, por supuesto, que estuvieran allí, y al alcance de una pequeña maniobra. ¿Era posible?
Casos se han dado, desde luego. Por ejemplo, NEAR-Shoemaker sobrevoló el asteroide Mathilde sólo porque el genio del billar cósmico, Robert Farquhar, descubrió la posibilidad antes del lanzamiento, y únicamente si se respetaban los primeros días de la ventana de lanzamiento. Lo consiguió, aunque estaba al límite de sus posibilidades técnicas. El caso de Stardust es más parecido al de Lucy. La misión al cometa Wild 2 estaba transitando por el borde interno del cinturón de asteroides cuando saltó la posibilidad. La instalación de un software de seguimiento autónomo de objetivos permitió la prueba de funcionamiento antes de vérselas con el cometa. Huelga decir que, a pesar de una distancia superior a los tres mil kilómetros del asteroide Annefrank, fue un éxito.
La oportunidad saltó hacia finales del 2022, o comienzos de este año. El interfecto respondía a la nomenclatura de (152830) 1999 VD57. Se descubrió su presencia el 4 de noviembre gracias al proyecto LINEAR de Socorro, Nuevo México. Se declaró que tenía un tamaño de unos setecientos metros, orbita el Sol a distancias de 1.9 y 2.4 unidades astronómicas, y rota sobre sí mismo en unas cincuenta y dos horas. Pertenece a la familia de asteroides del tipo S, o silicatados. Sin duda, es el objeto del cinturón de asteroides más pequeño en ser observado.
¿Por qué esta prueba? A diferencia de anteriores misiones de sobrevuelo, que tiraban imágenes para buscar su objetivo un poco a lo loco (se obtenían muchas imágenes inútiles del espacio vacío), Lucy cuenta con dos herramientas que le ayudarán a encontrar cada uno de sus objetivos y así maximizar su retorno científico. Una es el par de cámaras T2Cam, instaladas en la plataforma de instrumentos, la segunda es un software autónomo. Juntos, en teoría, se diseñaron para que cualquiera de las cámaras detectase el asteroide objetivo y el software permitiría a la sonda mantener la vista fija en él, sin importar las maniobras realizadas. Con un retardo en las comunicaciones de, en este caso, de una media hora (una, o más cuando esté con los troyanos), un control remoto en tiempo real es imposible.
El asteroide, bautizado Dinkinesh (maravilloso en amárico; es también uno de los nombres de fósil Lucy), fue visto por primera vez por la sonda a comienzos de septiembre, en su primera campaña de navegación óptica con su cámara más potente y sensible, L'LORRI. Para cumplir su distancia de paso de 425 km (más bien conservadora, hay que decirlo), lo necesitaba, para así poder maniobrar. En las horas que llevaban al encuentro, la pregunta era: ¿Cómo sería?
Todo hay que decirlo, para nada decepcionó. Resultó que Dinkinesh es un asteroide binario. ¿Resultó una sorpresa? Para este humilde cronista, por supuesto. Para el equipo, no tanto.
Es cierto que varios telescopios terrestres, así como la misión WISE, hicieron estudios del asteroide. Pero es tan pequeño... Sí, ahí estaba, sin embargo se necesitaron algunos de los activos más grandes del mundo, como los telescopios Keck, para obtener datos de interés. Pero lo definitivo llegó con Lucy, antes del encuentro. Nos explicaremos.
En una campaña de navegación óptica, cualquier sonda no hace más que conseguir imágenes para localizar primero, y seguir después, su objetivo mientras ambos viajan por el espacio. Así, ante un fondo fijo de estrellas, podemos ver un puntito moverse de derecha a izquierda, generalmente. Esta operación no para hasta pocas horas antes del encuentro. Pero esas imágenes no sólo son útiles para los navegadores, también el equipo científico obtiene información. La más básica es lo que se conoce como curva de luz, es decir, la variación de la intensidad de la luz reflejada por su superficie a medida que el objeto rota. Por la curva de luz se puede tener una medición precisa de su rotación. La de Dinkinesh revelaba una anomalía, lo que llevó a pensar en que podría tener compañía. No se equivocaron.
En un primer momento, se puede pensar que el mayor de los dos guarda cierto parecido con los asteroides Ryugu y Bennu, los objetivos de Hayabusa2 y OSIRIS-REx, respectivamente. Pero no. Por tamaño, está entre medias, con un diámetro de unos 790 metros. Su superficie exhibe rocas grandes, sí, pero también cráteres, algún que otro risco, zonas relativamente planas... En cuanto a su satélite, es casi una réplica, pero de unos 220 metros de diámetro. Tras el asteroide Ida, visto por Galileo, Dinkinesh es el segundo cuerpo de cinturón principal con un satélite, aunque se trata más de un sistema binario, como Didymos-Dimorphos, visto por DART.
Una operación de sobrevuelo no acaba con su máxima aproximación. Las fases de aproximación y alejamiento son igualmente importantes. Por las distintas perspectivas que ofrecen, las imágenes y los datos pueden darnos una imagen más amplia, más completa. Por ejemplo, nos ayudaría a construir un modelo tridimensional del objeto, ver otras zonas de su superficie... Dinkinesh se superó a sí mismo, de hecho. Seis minutos después de la máxima aproximación, y con el sistema aún en su campo de visión, se añadió una nueva pieza al puzle: el satélite no es uno, sino dos cuerpos, uno junto al otro. ¿Inaudito? Bueno, en un sistema binario de asteroides, es la primera vez que lo vemos. En verdad, ya hemos estudiado dos similares. Uno lo examinó Rosetta en profundidad, el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, con su peculiar forma de patito de goma. El otro nos pilla en la verdadera porra del sistema solar, el objeto del cinturón de Kuiper Arrokoth, visto por New Horizons, con esas dos "galletas" pegadas una junto a otra. Al ver los dos cuerpos que forman el satélite de Dinkinesh, podemos suponer que no difieren demasiado. Y, la verdad, examinando la imagen de alta resolución, ¿no os parece que sobresale por debajo? Opinad, por favor.
Tened en cuenta que aún quedan cosas por saber, misterios que desentrañar, porque faltan los datos de los otros dos instrumentos de Lucy. La misión empezó siendo ya la que más objetos observaría, con siete. Pero, entre unas cosas y otras, ya vamos por los doce, que podrían ser trece si se confirma el probable satélite en Orus. ¿Quién da más?
martes, 31 de octubre de 2023
sábado, 30 de septiembre de 2023
jueves, 28 de septiembre de 2023
Las próximas misiones a los asteroides: Psyche
Hasta la fecha, son sólo dieciocho asteroides los que hemos visitado. Más grandes, como Ceres, más pequeños, como Dimorphos... También en variedad: de silicatos, basálticos, carbonáceos... pero sólo uno metálico. Y, en verdad, fue una visita breve, no viendo más que su forma de diamante y diversos cráteres. Decididos a compensar esta escasez, una propuesta Discovery apuntaba a indagar en el mayor de todos ellos.
¿Qué razones pueden haber para una visita se este tipo? Al menos, una de peso: bien podría ser el núcleo de un planetesimal de lo que sólo queda este asteroide. Si fuera así, una misión de este tipo sería como visitar el núcleo de un planeta terrestre.
Descubierto el 17 de marzo de 1852, 16 Psyche es el mayor de los asteroides metálicos. Posee unas dimensiones de 279 x 232 x 189 km, con una notable densidad de entre 3.4 y 4.1 gramos por centímetro cúbico. Un día allí dura cuatro horas y doce minutos. Su órbita discurre por la parte más alejada del cinturón de asteroides principal, a una distancia media de tres unidades astronómicas. Lo que le hace más singular es su alta reflectividad al radar, siendo el que más de todos los asteroides. Eso ha hecho suponer que, como poco, su composición es, al noventa por ciento, de hierro y níquel, como la de los núcleos de los planetas terrestres. Si ya por esto no merecería una misión, ¿entonces, qué?
¿Cómo plantear una misión hasta allí? En vista que, por medios convencionales (a la Rosetta, vamos) se tardaría más de una década, se ha optado por otra forma más económica, directa y avanzada tecnológicamente hablando. La de Dawn.
Os presentamos la misión Psyche. Lo sé, no han sido la leche de originales. Al menos, sabemos cual es su destino. Para cumplir su programa científico, está potentemente equipada, en términos de instrumentación, con elementos a la última y alta herencia de misiones previas, incluyendo proyectos Discovery.
Para facilitar las cosas, mejor entender a Psyche como una prima de Dawn en muchas cosas: un bus central, grandes paneles solares, impulsión iónica, antena principal fija y cuatro investigaciones. Sí el núcleo de la sonda es, también, producto de una firma constructora. El bus se basa en la plataforma de satélite geoestacionario SSL 1300 de la actual firma Maxar (anteriormente Space Systems Loral), con decenas de unidades en órbita con éxito. Esta será, sin embargo, su primera incursión en el espacio profundo. La plataforma, conocida por la misión como chasis SEP, incorpora todo lo necesario parafuncionar. El chasis SEP, de 3.1 metros de largo, 2.2 de ancho y 2.4 de profundidad, fue construido y probado por Maxar, pero el resto de hardware fue instalado en el JPL. Al bus hay que añadirle, además de sus paneles solares, dos mástiles de dos metros cada uno, proyectándose de la parte superior del bus, y muy cerca se sitúa su antena principal, así que su altura total es de 4.9 metros. Prácticamente todo es herencia de misiones previas. Como decimos, lo básico para funcionar proviene del JPL, en su mayoría, como el ordenador, que cuenta con el procesador típico, el RAD750, que gestionará todo el funcionamiento de a bordo, y cuenta con un grabador de datos de estado sólido de 4 GB para telemetría de ingeniería y datos científicos. Su sistema de comunicaciones es, también, clásico, al usar una antena de alta ganancia, de dos metros de diámetro, situada en la parte superior, e inclinada, y tres antenas de baja ganancia. Todas las antenas son fijas, por lo que se requiere de maniobrar la sonda para apuntarlas a la Tierra, si bien con las de baja esto no es necesario. Hay que decir una cosa: Psyche será la última misión, que sepamos, que confiará el el extraordinario transpondedor SDST, cuyo origen proviene de la misión Deep Space 1, y que gran parte de misiones de espacio profundo hasta la fecha han llevado y llevan en la actualidad. Es una sonda que exige grandes demandas de consumo eléctrico, por ello se ha dotado a la misión de unos paneles solares nada despreciables. Es la segunda misión de espacio profundo en lanzarse con esta configuración en forma de signo más. Cada panel cuenta con cinco secciones y, una vez desplegados, otorgan una envergadura a la sonda de 24.76 metros, más una altura de 7.34 metros. Todo, para alimentar los sistemas de a bordo, y cargar una única batería de ión-litio de trece células. Su sistema de orientación garantizará un control de actitud triaxial, con lo típico en estos casos: unidad de medición inercial (en miniatura), sensores solares, dos escáneres estelares, cuatro ruedas de reacción y su propulsión que, en este caso, es un sistema de gas frío, empleando gas de nitrógeno, cuyo uso será, por lo general, auxiliar. Lo que realmente importa es su sistema de impulsión iónica. Sin embargo, no usa el motor iónico NSTAR, ya anticuado, ni el NEXT-Cque empleó DART (con resultados, para este cronista, desconocidos), sino que emplea un sistema comercial que tiene su miga: se llama SPT-140, es un motor de efecto Hall, y tiene sus orígenes en un diseño desarrollado en la Unión Soviética. Esta familia de motores iónicos lleva volando en satélites soviéticos desde 1971 (SPT significa Propulsor de Plasma Estacionario), y llegaron a occidente tras la caída del régimen soviético. Por lo general, este tipo de motores se usa, en la actualidad, en satélites geoestacionarios como forma de mantener su posición orbital con un gasto mínimo de combustible. Es cierto que un motor de estas características empujó la misión europea SMART-1 a la Luna, pero esta será su primeraincursión en el espacio profundo. ¿Qué características tiene? Posee un impulso específico de 1800 segundos, consume energía entre 900 vatios (mínimo) y 4.500 vatios (a plena potencia) proporcionando un empuje de 280 milinewtons, si bien el sistema es graduable. El sistema completo cuenta con cuatro unidades del SPT-140, dos por cada mástil que les alberga, móvil en dos ejes, más dos Unidades de Procesado de Energía, así como un complicado aparataje de interconexiones más todo el subsistema del manejo del combustible, que es xenón. En pura teoría, cualquier PPU puede controlar cualquiera de los motores, si bien la misión sólo puede usar uno cada vez. Un total de siete tanques de combustible almacenarán todo el xenón para la misión, totalizando 1085 kg. En cuanto al control termal, nada nuevo, con mantas multicapa, calentadores eléctricos, radiadores, además de pequeñas ventanillas de apertura mecánica, accionadas por calor. Puesto que el sistema de impulsión iónica generará mucha temperatura, hace falta su rápida disipación. Su programa científico lo conseguirá gracias a cuatro investigaciones. El principal es el Espectrómetro de Rayos Gamma y Neutrones de Psyche. Se trata, en realidad, de dos sistemas separados. El espectrómetro de rayos gamma es un diseño virtualmente idéntico al usado en MESSENGER, es decir, que cuenta con un cristal de germanio de alta pureza de cinco centímetros de diámetro y otros tantos de alto como detector, acoplado a un tubo fotomultiplicador. Dentro de un criostato, y refrigerado por un criorefrigerador tipo Stirling de una sola etapa, permitirá mediciones de una estupenda resolución. Para protegerle de los rayos gamma de fondo, cuenta con un escudo anticoincidencia plástico. Por su ubicación, y experiencia en Mercurio, se ha eliminado la ventana que tenía en la parte superior, para ver la superficie del asteroide a través del escudo anticoincidencia. Un aspecto particular del sistema es una forma de recuperar la sensibilidad casi total del cristal. Puesto que se verá sometido a un bombardeo continuo de protones de alta velocidad, éstos dañarán inevitablemente el cristal. La experiencia ha demostrado que, al calentar el cristal a altas temperaturas (105ºC) durante aproximadamente diez días. Está instalado en uno de los mástiles, justo en su extremo. Su acompañamiento, el espectrómetro de neutrones, también tiene pedigrí, porque se basa, ni más ni menos que en el que voló en Lunar Prospector, es decir, el primero de todos. Por supuesto, viene concambios. Se trata de dos cilindros rellenos de helio-3 que se proyectan, paralelos, de su placa de montaje, mientras que se añade un tercero que está instalado perpendicular a los otros dos y montado a lo largo de la placa. Uno de ellos carece de cobertura, un segundo posee una cobertura de cadmio en los sensores, mientras que el tercero cuenta con un recubrimiento de un centímetro de poliuretano. Este diseño es significativamente más sencillo de ensamblar y adaptar al montaje en la sonda, que se sitúa en la mitad de la longitud del mástil en el que se sitúa su hermano de rayos gamma. La intención es estudiar y compilar un mapa de composición elemental de Psyche, hasta una profundidad aproximada de un metro. Puesto que es un asteroide metálico, se espera detectar hierro y níquel, y además podrá medir otros elementos como el silicio, potasio, aluminio, calcio, torio y uranio, entre otros, siendo capaz de hacer, con los datos recopilados, la diferenciación entre elementos metálicos y los de silicatos. Otros parámetros que estudiará será el flujo de rayos gamma de alta energía en el entorno del asteroide, buscará hidrógeno o cobalto, medirá el contenido isotópico del elemento Hierro-54, así como medir el flujo de partículas energéticas. El segundo en importancia es el Magnetómetro de Psyche. Otro instrumento con alta herencia, el sistema cuenta con dos sensores de flujo saturado triaxiales, típicos de misiones de espacio profundo. El primer sensor está en el extremo del segundo mástil; el segundo está 0.7 metros por detrás. Como siempre, la configuración de dos sensores permitirá diferenciar entre el entorno magnético ambiente (en el entorno de la sonda, en una tan "magnética" como Psyche por su impulsión iónica) y el del exterior. Puesto que se cree que el asteroide es, o fue, un núcleo propoplanetario, es muy probable que aún esté magnetizado o, en caso de que no, conservar un magnetismo remanente. De menor importancia, pero básica, es la Cámara Multiespectral de Psyche. No es un sistema nuevo; se trata de la combinación de dos elementos conocidos. Desarrollado por la Malin SpaceScience Systems, combina una versión modificada del sistema óptico desarrollado para la cámara de media resolución del sistema MARCI de Mars Climate Orbiter con el tipo de sensor, rueda de filtros y electrónicas que el sistema Mastcam-Z de Perseverance. Así, cuenta con un sistema refractor de 148 milímetros de longitud focal (f/1.8) que entrega la luz a un sensor CCD de 1600 x 1200 pixels, sin filtro bayer en este caso. Con la rueda de filtros de ocho posiciones podrá hacer diversas tareas. La principal será la de navegación óptica, para lo que cuenta con un filtro claro de banda ancha. Los otros siete, además de servir para la construcción de imágenes a casi color real y falso color, buscarán elementos de silicatos como el piroxeno o la olivina, los restos de impactos de asteroides contra Psyche. En torno al asteroide, no sólo servirá para crear un mapa de su superficie, también hará un mapa de minerales más bien general. Por supuesto, al ser un lugar nuevo que visitar, esperamos que nos enseñe algunos rasgos geológicos de lo más interesantes. En realidad cuenta con dos unidades, como redundancia, una apunta directamente hacia abajo, la segunda lo hace levemente desviada 3.7º a un lado. ¿Podría usar ambas para construir un mapa topográfico? Puede. Ah, y cada cámara contará con su propio almacenaje de imágenes. También realizará una investigación de Radio Ciencia. Para ello contará con lo de siempre: su propia señal enviada a casa, donde se verá, según el efecto doppler, cómo se altera por la gravedad del asteroide, creando así una visión de cómo es Psyche por dentro. A esto, hay que añadir una investigación tecnológica: DSOC, Comunicaciones Ópticas de Espacio Profundo. Esta es una nueva prueba de comunicaciones basadas en láser, como el sistema LLCD en la misión LADEE. Psyche llevará la prueba más lejos, con un sistema bastante complicado, la verdad. DSOC cuenta con una sección fija, o Estacionaria, y una sección más móvil, o Flotante. Puesto que se trata de transmitir y recibir emisiones láser para transmitir información entre dos puntos, la sonda cuenta con un gran telescopio, la parte Flotante del diseño. Visto en las fotos, casi parece un cañón, pero no. Es un complejo sistema que combina un telescopio afocal tipo gregoriano más un sistema reflector tipo Cassegrain, con una apertura de 22 cm. En total son cuatro espejos más su estructura de soporte, todo de carburo de silicio, más un potente blafle para rechazar la luz no deseada. Al final del telescopio doble se encuentra un ensamblaje de divisor de haz dicrótico, que separa o combina los canales emisores y receptores, un retro-espejo, hasta llegar a la cámara de conteo de fotones. Puesto que se trata de haces muy estrechos, hay que afinar mucho el apuntamiento del sistema, por ello primero hay que establecer el alineamiento entre el transmisor (en la sonda o en Tierra) y el receptor, antes de proceder a la transferencia de datos. Por lo general, será la terminal terrestre la que busque iniciar el contacto con una emisión láser de baliza. Será DSOC quien se fije, estabilice la señal, y se prepare para enviar. Un transmisor láser conectado a una variante del transmisor será quien envíe los datos. En Tierra, serán dos telescopios los que formen parte del experimento: el Telescopio de Comunicaciones Ópticas instalado en Table Mountain, California, y el gran telescopio Hale del observatorio del Monte Palomar, como receptor. DSOC será capaz de detectar luz laser entre 1064 y 1550 nm. Existe la posibilidad, remota, además, de usar DSOC como altímetro láser en Psyche, pero es eso, posibilidad. Una vez repostada y lista, dará un peso en báscula de 2747 kg. Poca broma.
Ya debería estar en el espacio, pero los distintos cambios y problemas hicieron que se retrasase hasta ahora. Es cierto que, al ser seleccionada, Psyche tenía su lanzamiento fijado para este año. Poco después, se dio con una solución por la que se hizo posible adelantarlo un año. Se escogió el Falcón Heavy para su lanzamiento para así llegar antes, e iría acompañado de cuatro sondas pequeñas: dos correspondientes a la misión EscaPADE con destino a Marte, y las otras dos del proyecto Janus, para explorar asteroides binarios; ambas pertenecen a SIMPLEx. Al final, viaja solo. Primero cayó la marciana, porque la trayectoria no resultó ideal, y cuando se retrasó Psyche a este año por problemas con el software de vuelo y la reparación de su transmisor, lo hizo la de los asteroides, al perder sus objetivos previstos. Aún más, Janus está actualmente suspendida, su hardware almacenado en caso de que surja una buena oportunidad. El lanzamiento de Psyche está programado para el 5 de octubre, y lo hará desde la histórica plataforma 39A de Cabo Cañaveral.
Durante la planificación de Dawn, el camino hacia su primer destino era, digamos, directo, sin paradas intermedias, es decir, asistencias gravitatorias. Más tarde, se vio la oportunidad de sobrevolar Marte. No sólo resultaba útil para calibración de sus instrumentos, sino muy provechoso en términos de trayectoria, dando un empuje extra a la misión y, lo que es más importante, cambió su inclinación con respecto a la eclíptica. En Psyche, se repite la fórmula. Así, tras su lanzamiento, y después de un arco de impulsión iónica, se acercará al planeta rojo, en mayo del 2026, para tomar prestada un poco de energía orbital para acortar su ruta y manipular su inclinación. La distancia no será menor a 3000 km. Después, usando vigorosamente sus motores iónicos, alcanzará el asteroide Psyche el mes de agosto del 2029. Claro, si se hubiera enviado el año pasado, lo hubiera hecho en el 2026. Más paciencia.
Toda la etapa de crucero de Psyche será un calco a la usada con Dawn, en lo que al uso de su impulsión iónica se refiere: por lo general, se impulsará durante toda una semana, en cuyo final, apagará el motor en uso para reorientarse hacia la Tierra, ofreciendo su antena principal para así transmitir los sucesos acaecidos a bordo. Terminada la sesión, la sonda, de forma automática, regresará a la actitud de impulsión más beneficiosa y reanudará la tarea. El motor iónico se usará incluso para desaturar las ruedas de reacción, conservando así el precioso gas de nitrógeno de sus propulsores de gas frío. Ah, y será durante este crucero cuando se harán las pruebas con la terminal de comunicaciones por láser, DSOC, empezando poco después del lanzamiento y terminando semanas antes del sobrevuelo marciano.
Cien días antes de llegar, la sonda iniciará la primera de muchas campañas de navegación óptica con su cámara primaria. Eso permitirá localizarlo ante el fondo de estrellas y ayudar a llegar. Cada vez más cerca, las imágenes proporcionarán parámetros como una rotación más precisa, ver si tiene satélites, si expulsa restos o gases... Luego, llegará la inserción orbital que, como Dawn, será como otro día en la oficina, pero un evento importante. Desde ahí su impulsión iónica le llevará hasta la primera órbita científica.
Una vez situada, será el inicio de 26 meses de tarea primaria. Su primera fase se llama Órbita A, a 709 km de altitud. Esta órbita es la de caracterización, con la cámara capturando el primer mapa global, de Media resolución, mientras que tanto el magnetómetro y el doble espectrómetro toman datos básicos, mediciones de fondo para usar después en comparación con los posteriores. Permanecerá en ella cincuenta y seis días. La siguiente es la Órbita B1. A 303 km de altitud, y durante noventa y dos días, la cámara creará nuevos mapas, estudiará su geografía, su geología, y capturará pares estéreo para conseguir el objetivo de esta fase, la topografía. La tercera fase, Órbita C, a 190 km de altitud, a lo largo de cien días, será el turno de la ciencia de gravedad, obteniendo los datos necesarios para saber cómo es por dentro. La siguiente, Órbita D, a 75 km (Cien días), será el momento para que los espectrómetros y el magnetómetro brillen. Cuánto más cerca, más y mejores datos obtendrán, y de más resolución y precisión. Será en la única en la que se varíe la inclinación orbital de la misión, porque en el resto de fases estará en una órbita polar, y en Órbita D se cambiará a una de 160º de inclinación. La última será la Órbita B2 (cien días), retomando a la fase de topografía, con condiciones de iluminación similares. Ese será el fin previsto, pero no irá a otro asteroide, como sí hizo Dawn. No hay otro asteroide metálico, grande o pequeño, que pueda justificar su salida. Tampoco tendrá los recursos necesarios.
Es cierto que, durante mucho tiempo, se ha asumido que Psyche es primordialmente metálico. Sin embargo, esta visión cambió recientemente. Como preparación para la misión, se han obtenido nuevos datos sobre el asteroide, cambiando la visión de un objeto básicamente metálico a una rara mezcla de metales y silicatos, con la composición metálica entre el 30% y el 60%, aproximadamente; el resto es roca escasa en hierro, con una porosidad del 20%, más o menos. ¿Estos descubrimientos invalidan la razón de ser de la misión? Para nada: lo hace más interesante.
¿Qué pretende conseguír la misión? Tres metas: estudiar un elemento primordial de la formación planetaria, un núcleo de hierro; estudiar el interior de un cuerpo diferenciado, normalmente inaccesible; y estudiar, por vez primera, un cuerpo no de roca, sino de metal. Y para ello, posee los siguientes objetivos: determinar si es un núcleo o material no fundido; determinar la edad relativa de cada región en el asteroide; ver si cuerpos pequeños como Psyche poseen los mismos elementos ligeros que, por ejemplo, la Tierra y en su núcleo a alta presión; determinar si se formó en condiciones más oxidantes o más reductoras que el núcleo terrestre; y caracterizar su topografía. Casi nada, como se dice.
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