La Luna tras la Tierra, desde GOES-16
martes, 28 de febrero de 2017
martes, 31 de enero de 2017
miércoles, 25 de enero de 2017
Los nuevos destinos Discovery
Hace unas semanas, la NASA descubría cuáles de las misiones Discovery finalistas había escogido. En la lista, había dos a Venus y tres con la mira puesta a los asteroides. Pues bien, la NASA deja abandonada a Venus de nuevo, para centrarse en los asteroides. Son dos las misiones las escogidas, con dos destinos novedosos: los asteroides troyanos de Júpiter, y el mayor de los asteroides metálicos.
En la entrada que versaba sobre los asteroides en general, y los investigados de cerca en particular, comentamos algo acerca de los asteroides troyanos. ¿Qué son los troyanos? Bueno, son dos acumulaciones de rocas situados en (casi) la misma órbita de Júpiter, pero con la suficiente separación como para no impactar nunca. Se encuentran alrededor de dos de los puntos de libración orbitales predecidos por el matemático francés Joseph-Louis Lagrange, y que son conocidos como puntos de Lagrange L4 y L5, estando el primero situado a 60º delante de (en este caso) Júpiter, y el segundo, 60º por detrás. Aunque el primer troyano fue encontrado por Edward Barnard en 1904, lo confundió con otro descubrimiento suyo, el satélite de Saturno Febe. El primer troyano identificado como tal lo encontró Max Wolf, en torno al punto L4 Joviano. Hoy lo conocemos como 588 Achilles. Desde entonces hasta ahora, hay listados más de 6000 asteroides troyanos, estando el punto L4 más poblado que el L5. ¿Pero por qué llamarlos troyanos? La idea la tuvo Johann Palisa (descubridor de asteroides célebres como 243 Ida y 253 Mathilde) porque, como los asteroides del cinturón recibían nombres femeninos, y los que se situaban fuera de él, masculinos, se le ocurrió que cada grupo de asteroides en los puntos L4 y L5 recibieran nombres a partir de la historia de las Guerras de Troya. De esta forma, los situados alrededor del L4 son conocidos como los "griegos", mientras que el L5 son los "troyanos" propiamente dichos. Sin embargo, los primeros asteroides troyanos bautizados antes de la regla de Palissa provocaron problemas, pero el asunto se quedó como estaba, de manera que entre los "griegos" hay un espía troyano (624 Hektor), y entre los "troyanos" hay un espía griego (617 Patroclus).
Las investigaciones realizadas a los troyanos muestran que son objetos oscuros, cayendo la mayoría en la categoría de los tipo D de asteroides carbonáceos, aunque los hay también de los tipos C y P. El problema es que, de momento, no podemos trazar su origen, ya que apenas tienen parecidos entre el cinturón de asteroides principal, y tampoco parecen tener parientes en el lejano cinturón de Kuiper. Las indagaciones espectrales realizadas desde observaciones basadas en Tierra parecen mostrar un mayor parecido con
algunos cometas, así como con varios de los satélites irregulares de Júpiter. Por las líneas espectrales detectadas, parecen tener una mezcla de hielo de agua, elementos parecidos al carbón y, en algunos casos, silicatos de magnesio. Más recientemente, el telescopio de infrarrojos WISE los investigó, llegando a unas cuantas conclusiones. La primera confirma que los griegos son más que los troyanos (en torno a un 40% más), la segunda, la clasificación de ellos, y la tercera, que son viejos, tanto, que deben ser los restos más antiguos del sistema solar, o estar entre ellos. Todavía tenemos preguntas sin respuesta, siendo la principal de ellas la de su origen. ¿De dónde vienen?
Aquí es donde entra la misión Discovery número 13. Recibe el nombre de Lucy, y como el fósil del australopitecus encontrado en África, pretende averiguar los orígenes de los troyanos y trazar una historia del sistema solar partiendo de ellos, comprendiendo cómo eran las condiciones cuando se formaron. Para ello, llevará a cabo un tour viajando a los dos grupos de troyanos para investigar varios de ellos de cerca. Empleando asistencias gravitatorias, la sonda será lanzada en una trayectoria que le llevará a cruzar el grupo de los "griegos" primero, donde visitará cuatro de ellos (3548 Eurybates, del tipo C y 64 km. de diámetro, 15094 Polymele, del tipo P y 21 km. de diámetro, 11351 Leucus, del tipo D y 34 km. de diámetro, y 21900 Orus, del tipo D y 51 km. de diámetro), para después lanzarse al campo de los "troyanos", visitando allí al infiltrado griego: 617 Patroclus, que se da la circunstancia de que es un sistema binario de asteroides, con dos objetos de interesantes proporciones (113 km. de diámetro Patroclus, y 104 km. de diámetro su compañero Menoetius), y que orbitan alrededor de un baricentro, estando separados por 680 km. de distancia. Ambos son objetos tipo P, y dado que están muy próximos entre sí, se conoce que su densidad es inferior a la del agua, haciéndoles parecerse más a cometas que a asteroides. Pero será Lucy quien desvelará el misterio, observando todos estos asteroides con un potente equipo científico heredado de misiones anteriores, y que ha dado excelentes resultados, con dos de los instrumentos provenientes de New Horizons (los sistemas Ralph y LORRI) y un tercero de OSIRIS-REx (el OTES, con gran herencia a sus espaldas). Lucy tiene previsto su lanzamiento en el año 2021, y tiene por delante una misión enormemente larga, de al menos 12 años, ya que alcanzar a los troyanos no es nada sencillo.
Como ya hemos dicho, la misión número 14 del programa Discovery tiene la vista fija en el mayor de los asteroides metálicos. Cualquiera podría pensar, ¿qué tiene de especial este cuerpo? De acuerdo con los estudios realizados desde Tierra, es lo más parecido al núcleo de un planeta terrestre que existe allí arriba. Descubierto el 17 de marzo de 1852 desde Nápoles por Annibale de Gasparis, 16 Psyche es un objeto tipo M de forma elipsoidal, con un diámetro que puede ir entre los 253 y los 214 km. de diámetro, y parece estar inclinado sobre la eclíptica de unos 95º, un poco al estilo de 21 Lutetia. Más lejano al Sol que Vesta y Ceres (los destinos de Dawn), su distancia media a Helios es de 2.9 unidades astronómicas. La gran pista acerca de la teoría del posible núcleo terrestre la dio el radiotelescopio de Arecibo, ya que Psyche es el asteroide más reflectivo al radar, lo que parece demostrar una composición casi pura de hierro y níquel, que son los materiales que conforman los núcleos de planetas como la Tierra o Mercurio. Lo que sugiere la teoría es que los impactos asteroidales provocaron que se pelara como una cebolla, dejando inalterado el núcleo de lo que un día fue un protoplaneta o planetesimal. Otras investigaciones han probado la existencia de hasta un 10% de material silicatado, concretamente piroxeno, que seguramente sean los restos de los asteroides que han impactado contra él. Aún más reciente, parece que se ha localizado hielo de agua o hidróxilo, tal vez dejado por asteroides carbonáceos.
enfriado, es muy posible que exista todavía allí un campo magnético remanente. Si existe, eso querrá decir que se ha enfriado de fuera hacia adentro, así como tratará de averiguar si todavía dispone de una dinamo interna que siga produciendo magnetismo. El tercero en importancia será la cámara multiespectral. Derivada de las MastCam de Curiosity, además de servir para las operaciones de navegación óptica (que le permitirán entrar en órbita), permitirá crear mapas geográficos, topográficos y geológicos de su superficie. Nadie ha visto de cerca un asteroide metálico de estas proporciones y tipo, por lo que se prevé un paisaje completamente distinto a todo lo que estamos acostumbrados. Además, con los filtros espectrales a su disposición, investigará en el poco material rocoso que existe en su superficie. Y por último, el habitual sistema de radio ciencia, para investigar por dentro el asteroide empleando la gravedad de Psyche y su señal de comunicaciones por radio usando el desplazamiento Doppler. Esta investigación durará dos años, o más si aguanta.
Ya hace tiempo que el programa Discovery no aprobaba dos misiones de una tacada, pero es sin duda bienvenida la selección. Lamentamos que no haya sonda a Venus, pero estos nuevos destinos sin duda que saciarán nuestro apetito por descubrir nuevos mundos.
sábado, 31 de diciembre de 2016
Resumen del año 2016
En fin, se acaba el año y toca resumir. Si un acontecimiento ha
marcado el 2016 es el retorno al hermano mayor del sistema, Júpiter. Así es, ya
que el 4 de julio la bella dama del espacio, la sonda Juno, entró en su órbita para una misión que nos llevará a intentar
entender al mayor planeta del sistema solar por dentro, cómo funciona, y como
afecta al entorno que le rodea. Todo hay que decirlo, tras esta llegada
exitosa, un problema con las válvulas del sistema de propulsión principal han
evitado que esté en la órbita que le diseñaron, y esperemos que el año que
viene baje a ella. No importa, ya que la información que tenemos hasta ahora es
tremenda, y nos sirve como aperitivo para lo que está por llegar. Marte ha sido
otro centro de atención, porque ha recibido savia nueva. Lanzadas el mes de marzo,
tanto ExoMars TGO como su aterrizador
Schiaparelli alcanzaron el planeta
rojo, y mientras el orbitador sigue en una forma excelente, su complemento de
superficie nos narró su descenso, pero un problema evitó que nos contara su
aterrizaje. A pesar de esta baja, ahora tenemos nueva cifra récord de vehículos
funcionando allí, nada menos que ocho, y es más que seguro que en el 2018
llegue otro más que sumar a la cuenta. Sobre los que están allí, siguen
trabajando, con Curiosity taladrando
como nunca (y con pequeños problemas por el camino), con Opportunity abandonando el Marathon Valley para recorrer todavía
más el borde del cráter Endeavour (y de paso tratar de estudiar unos
pequeños
barrancos que hay allí), con Mars Odyssey
y MRO cumpliendo años en Marte (15 el
primero, 10 el segundo), y el resto sigue sin más problemas. Ya hace un año que
Akatsuki alcanzó Venus a la segunda,
y ya en misión principal, nos regala, de cuando en cuando, asombrosas postales
desde la diosa de la belleza. Y mientras, por Saturno, nuestra cronista desde
allá, la venerable sonda Cassini,
cierra el que es su último año completo de indagación, y está ya en la
penúltima fase de su tarea. Con tiempo aún hasta su reentrada el 15 de
septiembre, todavía tiene mucho que hacer, con sus anillos, con sus satélites
pequeños, con el propio planeta, etc., pero este año tampoco ha estado
descansando, ya que nos ha intrigado con su exploración de los fondos de los
lagos de Titán (embarrados), nuevos cañones que culminan en sus lagos, el
fascinante cambio de tiempo en su polo norte del satélite gigante, nuevas
intrigas sobre sus anillos, y otras cosas. Para sorpresa de todos, en el
cinturón de asteroides sigue nuestra aventurera, la sonda Dawn que, tras observar Ceres desde más cerca que nunca, y con una
misión extendida aprobada (tras entregar muchísimo más de lo que le pedimos
originalmente) ha remontado el vuelo, y se encuentra a más de 7.000 km. de su
superficie, para ampliar todo lo que nos ha enseñado hasta la fecha. No sabemos
cuánto más durará, pero este tiempo será sin duda bienvenido. No nos olvidamos
de la última gran aventurera del sistema solar: New Horizons. Ahora que ha vaciado el cofre del tesoro, se prepara
para su nueva tarea, que es la de estudiar de lejos los objetos del Cinturón de
Kuiper que pasen frente a su objetivo, y que culminará con el broche de oro de
examinar uno de cerca, el 2014 MU69, el 1 de enero del 2019. Entre tanto, hemos sido testigos de cómo ese punto de luz llamado Plutón (y sus satélites) se
convertían en astros fascinantes,
demostrando que el planeta es un lugar vivo,
y sus satélites, lugares a los que volver, como al propio Plutón. Y un acontecimiento ocurrió a mitad de año, y es la resurrección de un observatorio solar tras 22 meses de silencio: STEREO-Behind. A pesar de unos primeros esfuerzos de recuperarlo, esta sonda sigue más o menos como estaba en el momento del primero contacto, y van a esperar a que esté más cerca para hacer un nuevo intento serio para devolverla a la actividad. No nos
podemos olvidar de los exoplanetas. A la nueva ristra de ellos confirmados a
partir de los datos de Kepler (que
elevan la cuenta a más de 2000) hay otros que en cierta medida reclaman
atención, como el más cercano a nosotros, Proxima b, orbitando alrededor de la
estrella más próxima al
Sol, Proxima Centauri, y sobre el que se está
debatiendo enormemente, o como el sistema TRAPPIST-1, tres planetas orbitando
una pequeña y fría estrella, y con posibilidades de que alguno de ellos pueda
ser tipo Tierra. Y en el resto de noticias del cosmos, mucho y variado, y
posiblemente las que destaquemos sean la del descubrimiento de la primera
estrella de neutrones en la galaxia de Andrómeda por parte de XMM-Newton, y sobre todo, el hallazgo, por primera vez, de ondas gravitacionales emitidas por la fusión de agujeros negros. Y hay que decirlo, tanto XMM-Newton
como su hermano de la NASA Chandra
han cumplido 17 años de trabajo impecable, y todo lo que les espera todavía. No
tenemos recursos como ellos allí arriba. Y por aquí abajo, en la Tierra, la
ciencia terrestre sigue en marcha, con un resultado sobre todo que enfada, que
es la detección de emisiones contaminantes de dióxido de azufre no reconocidas, por parte
de los satélites que hay en órbita. Por supuesto, se ha seguido monitorizando
el dióxido de carbono, observando y cuantificando los desastres, vigilando el
fenómeno de El Niño, ya acabado, y más cosas. Por supuesto, no nos olvidamos de la ISS, que este año ha recibido nuevo espacio habitable, en forma de módulo inflable, que no solo
cumple las expectativas, las está superando. También este
es el año del retorno al vuelo del cohete Antares,
el que envía la nave de carga Cygnus
al complejo, y tras dos vuelos en los que ha usado el veterano y fiable Atlas V, vuelve a los orígenes, aunque
con calma. En cuanto a la lista de altas, mucha ciencia terrestre, en forma de Jason-3, Sentinel-3A y Sentinel-1B,
GOES-R (ya GOES 16), CYGNSS y la misión japonesa a los cinturones de radiación ERG, ya conocida como Arase, pero
al espacio profundo, además de ExoMars
TGO y Schiaparelli, la misión de
recogida de muestras de un asteroide OSIRIS-REx,
elevada este mes de septiembre, cogiendo el billete de ida hacia el asteroide
Bennu. La de bajas es más bien corta: el sensor de vientos ISS-RapidScat (un problema con el suministro de energía), el ya
mencionado Schiaparelli (problemas en
el descenso y colisión con la superficie), el breve y trágico vuelo del
observatorio japonés Hitomi (problemas
informáticos y mal manejo) y, por supuesto, la misión que nos ha mantenido en
vilo estos últimos años: Rosetta y Philae, con ambas ya descansando al fin
en la superficie del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, enseñándonos cosas hasta
el mismísimo fin de misión, y todo lo que queda por analizar, comprender,
publicar y alucinar. Y lo que nos espera en el 2017: el aerofrenado de ExoMars TGO, el séquito marciano continuando
sus tareas, el sobrevuelo de OSIRIS-REx
a la Tierra en septiembre, nuevas misiones al planeta Tierra (dos o tres Sentinel más, la esperada ADM-Aeolus, el explorador de alta
atmósfera ICON), y el fin de misión
de dos misiones que se han hecho un hueco en la historia: Dawn en Ceres, y el más anunciado pero no menos doloroso, Cassini en Saturno, en el año en que
cumplirá los 20 desde su lanzamiento. Las despediremos como merecen. Y estaremos
aquí para relatarlo.
lunes, 5 de diciembre de 2016
Misión al planeta Tierra: CYGNSS
¿Cómo os quedáis si os decimos que estamos a punto de medir los
vientos oceánicos usando las señales GPS? Pues sí, ya que un proyecto está a
punto de ser enviado allí arriba para ello, para proporcionarnos una nueva
perspectiva de los ciclones tropicales, y sus sucedáneos.
¿Qué es una señal GPS? Básicamente, se trata de una emisión de radio
que lleva insertada un código de tiempo (procedente de un reloj atómico
enormemente exacto) que se corresponde al momento en que esta señal fue
transmitida. Para una determinación fiable y precisa de una localización, hacen
falta como mínimo tres señales independientes de cuatro satélites independientes.
Creado inicialmente con propósitos militares, el sistema de posicionamiento
global (actualmente GNSS, Sistema Global de Navegación por Satélite) está
compuesto de varias constelaciones: la estadounidense GPS, el sistema ruso
GLONASS, el sistema chino BeiDou, el sistem regional hindú IRNSS y el europeo Galileo (el único 100% civil actualmente). En realidad, transporte
lo que transporte, las señales GPS son lo que son: una emisión de radio, y como
tal, está sujeta a los efectos atmosféricos, oceánicos, etc. Aunque el primer
satélite en usar un receptor GPS para su geolocalización sobre la Tierra fue el
oceánico TOPEX/Poseidon, el primero
en usar científicamente estas señales fue el alemán CHAMP, en cuanto a sondeos de la alta atmósfera se refiere, algo
que ha continuado el tándem GRACE
desde el 2002 hasta la fecha. Tan rápida ha sido su implantación que los dos
satélites meteorológicos europeos MetOp
portan un sistema similar operacional. Con el tiempo, se ha investigado en
nuevas formas de usar las emisiones GPS
para la ciencia, y la dispersometría fue uno de ellos. Dado que muchas de estas señales están desaprovechadas, las que rebotan en la superficie oceánica son distorsionadas por los efectos de la velocidad del viento y, como poseen una frecuencia distinta a la de los instrumentos activos, son capaces de atravesar las enormes concentraciones de precipitación en las zonas próximas a la pared del ojo de un huracán o similar. Tras mucho desarrollo, al fin hay una misión lista para llevar esta dispersometría por GNSS desde el espacio, pero… ¿con un satélite?, no, con ocho.
para la ciencia, y la dispersometría fue uno de ellos. Dado que muchas de estas señales están desaprovechadas, las que rebotan en la superficie oceánica son distorsionadas por los efectos de la velocidad del viento y, como poseen una frecuencia distinta a la de los instrumentos activos, son capaces de atravesar las enormes concentraciones de precipitación en las zonas próximas a la pared del ojo de un huracán o similar. Tras mucho desarrollo, al fin hay una misión lista para llevar esta dispersometría por GNSS desde el espacio, pero… ¿con un satélite?, no, con ocho.
Encuadrado en el programa Earth System Science Pathfinder, que ha dado
otras misiones como GRACE y OCO-2, es la primera de toda una serie
de proyectos denominada Earth Venture, que usará tanto misiones completas como
instrumentos para realizar ciencia innovadora. Como la primera de estas
misiones, CYGNSS (Sistema Global de
Navegación por Satélite para Ciclones) es una prueba de concepto para comprobar
que este método de medición funciona, tomando por el camino datos imposibles de
obtener usando otras técnicas. Como hemos dicho, son ocho los satélites, porque
para tomar las mediciones necesarias un único satélite se quedaría corto,
mientras una constelación ofrece una mayor oportunidad de muestreo en el
dinámico ambiente de una tormenta tropical.
A diferencia de muchas de las misiones que hemos relatado en esta Crónica,
los ocho satélites CYGNSS son
pequeños microsatélites, con medidas de 51 centímetros de largo, 59 de ancho y
22 de alto, y una vez desplegados en el espacio, una envergadura de 160
centímetros. Tienen forma triangular, más estrecha en el lado terrestre, y más
ancho en el espacial, contando en su interior con todo lo necesario para funcionar
en un paquete completamente integrado. Todos los elementos son de amplia
herencia, usados en muchas misiones, tanto de órbita terrestre como de espacio
profundo. Eso sí, la redundancia es funciona o selectiva. El poco espacio
obliga. Su ordenador está centralizado en el procesador de doble núcleo LEON3 FT,
y a su alrededor se ha construido la arquitectura Centaur, para
ejercitar todas las operaciones de a bordo, y va acompañado por un grabador de datos de 4 GB empleando tecnología de memoria flash. Sus comunicaciones son mediante un sistema de banda-S, empleando un sistema bidireccional (emisión y recepción) conectado a dos antenas del tipo parche de microtiras, una en la parte inferior y otra en la superior. La energía la recibe del Sol, empleando las células solares colocadas por todas las superficies disponibles, tanto en los paneles frontal y trasero, inferiores, y sobre todo, los superiores, a los que van conectados los paneles desplegables. Estos
poseen tres secciones por panel, y emplean células de alta eficiencia, totalizando una superficie activa de 0.71 metros cuadrados, suficiente para alimentar los sistemas de a bordo, y al tiempo cargar las dos pequeñas baterías de ión-litio. Estabilizados en sus tres ejes, carecen de toda propulsión, empleando para ello un sistema de referencia inercial, un escáner estelar, tres ruedas de reacción acopladas a sistemas de descompensación magnética y un magnetómetro, además de sensores solares. En cuanto al control termal, emplea mantas multicapa, radiadores, y diversos tratamientos sobre varias de las superficies. La única carga útil de cada satélite se llama DDMI, Instrumento de Cartografía de Retraso Doppler. Está compuesto por el Receptor de Cartografía de Retraso, dos antenas receptoras GPS (en las superficies superior e inferior de cada satélite) y cinco receptores GPS, uno para la tarea habitual de posicionar el satélite alrededor de la Tierra, y otros cuatro para realizar el procesado de señal para las mediciones científicas. Cada receptor modificado generará un mapa de Retraso Doppler, y con los cuatro, se consigue extraer la velocidad del viento en superficie. Pero al ser una constelación, el resultado serán 32 de estos mapas de Retraso Doppler para conseguir mediciones de la velocidad del viento más exactas. Toda esta información será guardada en un grabador propio, con capacidad de 1 GB. La masa de cada satélite es de 24 kg.
ejercitar todas las operaciones de a bordo, y va acompañado por un grabador de datos de 4 GB empleando tecnología de memoria flash. Sus comunicaciones son mediante un sistema de banda-S, empleando un sistema bidireccional (emisión y recepción) conectado a dos antenas del tipo parche de microtiras, una en la parte inferior y otra en la superior. La energía la recibe del Sol, empleando las células solares colocadas por todas las superficies disponibles, tanto en los paneles frontal y trasero, inferiores, y sobre todo, los superiores, a los que van conectados los paneles desplegables. Estos
poseen tres secciones por panel, y emplean células de alta eficiencia, totalizando una superficie activa de 0.71 metros cuadrados, suficiente para alimentar los sistemas de a bordo, y al tiempo cargar las dos pequeñas baterías de ión-litio. Estabilizados en sus tres ejes, carecen de toda propulsión, empleando para ello un sistema de referencia inercial, un escáner estelar, tres ruedas de reacción acopladas a sistemas de descompensación magnética y un magnetómetro, además de sensores solares. En cuanto al control termal, emplea mantas multicapa, radiadores, y diversos tratamientos sobre varias de las superficies. La única carga útil de cada satélite se llama DDMI, Instrumento de Cartografía de Retraso Doppler. Está compuesto por el Receptor de Cartografía de Retraso, dos antenas receptoras GPS (en las superficies superior e inferior de cada satélite) y cinco receptores GPS, uno para la tarea habitual de posicionar el satélite alrededor de la Tierra, y otros cuatro para realizar el procesado de señal para las mediciones científicas. Cada receptor modificado generará un mapa de Retraso Doppler, y con los cuatro, se consigue extraer la velocidad del viento en superficie. Pero al ser una constelación, el resultado serán 32 de estos mapas de Retraso Doppler para conseguir mediciones de la velocidad del viento más exactas. Toda esta información será guardada en un grabador propio, con capacidad de 1 GB. La masa de cada satélite es de 24 kg.
Los ocho satélites serán elevados en un único vuelo, y dadas sus
modestas dimensiones, pueden recurrir al célebre Pegasus-XL. Eso sí, para encajar, se ha construido un módulo dedespliegue en dos filas, cada una conteniendo cuatro de los microsatélites. Además,
el viaje es de cuidado: de sus instalaciones de ensamblaje y pruebas han
viajado a la base de la fuerza aérea de Vandenberg, para su integración con el
cohete, y éste, en el avión de transporte Stargazer.
Con todas las operaciones acabadas allí, volará a Cabo Cañaveral, a la espera
del día de lanzamiento, fijado para el 12 de
diciembre. Ese día, el Stargazer despegará hacia la localización de lanzamiento, a unos 60 km. de la costa, y a una altitud de 11.800 metros. Tras esto, el Pegaus-XL será soltado, y tras cinco segundos de caída libre, arrancará el motor de su primera fase, iniciando su misión. La órbita para la constelación CYGNSS es una a 510 km. de altitud sobre la Tierra, con una inclinación de 35º con respecto al ecuador. Desde esta trayectoria tiene acceso a las regiones tropicales en las que surgen estos fenómenos meteorológicos. Tras la separación y despliegue, y después de 60 días de chequeos, su misión comenzará.
diciembre. Ese día, el Stargazer despegará hacia la localización de lanzamiento, a unos 60 km. de la costa, y a una altitud de 11.800 metros. Tras esto, el Pegaus-XL será soltado, y tras cinco segundos de caída libre, arrancará el motor de su primera fase, iniciando su misión. La órbita para la constelación CYGNSS es una a 510 km. de altitud sobre la Tierra, con una inclinación de 35º con respecto al ecuador. Desde esta trayectoria tiene acceso a las regiones tropicales en las que surgen estos fenómenos meteorológicos. Tras la separación y despliegue, y después de 60 días de chequeos, su misión comenzará.
precipitación, y medirá esta misma velocidad del viento en superficie en la zona de los núcleos internos de los sistemas tropicales, con la suficiente frecuencia como para comprender su formación y rápida intensificación. El resultado final debe ser un mejor entendimiento de cómo se forman estas tormentas, si se refuerzan o no, y cuánto se refuerzan, para así contribuir a la mejora de los pronósticos meteorológicos acerca de los ciclones tropicales, y de el rumbo que éstos seguirán una vez formados.
Desde aquí celebramos las misiones innovadoras, solo que todavía
estamos encadenados a la superficie oceánica. El año que viene, llega otro
innovador al juego de la velocidad del viento, por parte de la ESA, y ya
hablaremos de él.
miércoles, 30 de noviembre de 2016
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




.png)













